CAPITULO XLIX.

El infante D. Fernando, hijo del rey de Mallorca, enviado del rey D.

Fadrique, llega á Galípoli para gobernar el ejército en su nombre.

Divididos los capitanes en los sitios de Nona, y Megarix, el infante D.

Fernando, hijo del rey de Mallorca, con cuatro galeras llegó á Galípoli,

por órden del rey de Sicilia D. Fadrique, porque juzgó que importaba

para el aumento de su casa enviar persona puesta por su mano que

gobernase el ejército de los Catalanes de Thracia, pues ellos mismos le

habian llamado y prestado juramento de fidelidad, no acordándose quizá

de que esto habia sido cinco años antes, cuando la necesidad les obligó,

y que entonces pudiera haber dificultad en admitirle. Tomó el infante

esta jornada á su cargo por servir al rey solamente, él se la encargó,

con palabra, de que no se casaria en Francia sin su consentimiento, y

que gobernaria aquellos estados en su nombre. Tanta estimacion se hizo

de aquellas armas cuando las vieron superiores á las del imperio, que no

las quisieron apartar de su obediencia los reyes, aunque fuese para un

infante de su misma casa. Don Fadrique, príncipe de singular prudencia,

y maestro grande de la arte del reinar, no quiso empeñar su reputacion

en nuestras armas, porque las tubo por perdidas cuando le pidieron

socorro, ni declararse por enemigo de Andronico hasta que le vió sin

fuerzas para defenderse; pero los accidentes fueron tan diferentes de lo

que se presumia, que la resolucion del rey con tanta razon determinada,

vino como veremos, á no tener el efecto que hubiera si antes les

socorriera. La venida del infante dió notable contento á los que

entonces se hallaron en Galípoli, particularmente á Montaner grande

criado, y apasionado de su casa. Admitieronle como á Lugarteniente del

rey sin dificultad ni réplica todos los que se hallaron presentes, que

aunque fueron pocos, por ser los primeros se les agradeció de parte del

rey. Enviaronse luego correos á los tres capitanes principales, Entenza,

Rocafort, y Fernan Jiménez, haciendoles saber la venida del infante, y

juntamente les remitieron las cartas del rey que vinieron para ellos,

dándole razon de cómo venia á gobernarles en su nombre. Dio Montaner

para su servicio cincuenta caballos, y mayor número de acémilas que hubo

menester para su casa; y porque la posada de Montaner era de las mejores

de Galípoli se salió de ella, y se la dió al infante. Berenguer de

Entenza estaba sobre el sitio de Megarix treinta millas de Galípoli,

donde recibió el aviso de la venida del infante por los dos caballeros

que Montaner embió para que se le diesen, juntamente con la carta del

rey. Partió luego con pocos, y llegó á Galípoli el primero de los

capitanes. Dio la bien venida al infante, y le juró por su general y

suprema cabeza. Luego tras él vino Fernan Jiménez de Arenós de Modico, y

siguió en todo á Berenguer. Mejoróseles el partido á estos dos ricos

hombres, porque su vando menos poderoso, siempre temia al de Rocafort, y

con la venida del infante parece que todo se habia de sosegar, y las

cosas, fuera de sus lugares por la violencia de uno, volverían al suyo,

y serian todos estimados según sus merecimientos, y calidades. Fué el

contento universal en todos, así del vando de Berenguer, como de

Rocafort, á quien alteró mucho la venida tan fuera de tiempo del

infante, y sin duda que desde luego le negara la obediencia si no fuera

porque conoció en los suyos el gusto que les habia dado esta nueva.

Hallóse en notable confusion era hombre sagaz, y prevenido en todos sus

consejos, pero no pudo prevenir con sus artes acostumbradas lo que nunca

pudo temer. Después de haber consultado con sus intimos amigos caso,

pareció que convenia responder mostrando mucho gusto de la venida del

infante, unico deseo de todos ellos, y que por estar el sitio tan

adelante no se atrevia á dejarle para ir á darle la obedencia, que le

suplicase de parte de todos, que viniese á Nona donde le esperaban con

mucho gusto. En esta sustancia se respondió al infante, y el entre tanto

con los deudos, y amigos confidentes, dispuso los ánimos á seguir su

parecer y consejo. Llegó la respuesta de Rocafort á Galípoli, y el

infante no quiso determinarse sin el parecer de Berenguer de Entenza, y

Fernan Jimenez, y de algunos otros capitanes bien afectos á su servicio,

y de gran conocimiento de las trazas y designios de Rocafort. A todos

pareció peligrosa la detencion, y que debia el infante partir luego,

porque el ejército no se enfriase en el gusto que tenia de su venida, y

Rocafort no tuviese tiempo de concluir ni mover nuevas pláticas en

deservicio del rey, y excluir del gobierno su persona. Con esta

resolucion dispuso el infante su partida, fué acompañado de la mayor

parte de la gente de Berenguer de Entenza, y de Fernan Jimenez, sus

personas no pareció llevarlas porque no fuera acertado antes de tener

ganada la voluntad de Rocafort, y de los suyos, ponerle delante por

primera entrada sus competidores en mejor lugar cabe el infante; y así

defirieron la ida estos dos ricos hombres cuando el infante hubiese

jurado, porque entonces estando con entera autoridad se podrían hacer

las amistades.

Expedición de Catalanes y Aragoneses al Oriente · 第 77 / 112 题