Sucesos De Berenguer de Entenza después de su prision hasta su libertad,
y su vuelta á Galípoli.
Con los nuevos socorros de turcoples, y turcos y de muchos otros
españoles que andaban antes encubiertos en los lugares del imperio, como
mercaderes, ó debajo del nombre de otra nacion, se aumentaron los
nuestros, porque acreditados con tantas victorias, todos procuraban su
amistad; movidos algunos con el deseo de venganza, los más con su
codicia, querian participar de las riquezas que la fama publicaba que
habian adquirido en aquella guerra. En este mismo tiempo Berenguer de
Entenza, después de su larga y trabajosa prision, y haber peregrinado en
vano por las córtes de algunos príncipes de Europa, para dar calor á la
empresa de los catalanes, llegó á Galípoli con una nave, y con
quinientos hombres, gente toda de estimacion. Turbó la paz y sosiego del
ejército su venida, por las competencias del gobierno entre Rocafort y
él se levantaron; pero antes de escribir las causas y razones que los
unos y los otros tuvieron de competir, será bien dar una larga relacion
de lo que sucedió á Berenguer, desde que le prendieron hasta su vuelta.
Después que Ramon Montaner por órden de los capitanes del ejército
intentó, sin poderlo concluir, el rescate de Berenguer, cuando las
galeras de genoveses pasaron por el estrecho de Galípoli á la vuelta de
Trapisonda, se tuvo por cosa muy cierta que en llegando á Génova se
pondría á Berenguer en libertad, y se le daria satisfaccion, por ser
vasallo y capitan de un rey amigo. No sucedió como pensaron, antes bien
la república autorizó caso tan feo, ni castigando á su general, ni dando
libertad, y enmienda de lo perdido á Berenguer, porque siempre que el
délito no se castiga, se aprueba. Llegó á noticia de los Catalanes de
Thracia como Berenguer estaba detenido en Génova, en cárceles indignas
de su persona, sin tratar de darle libertad, y determinaron de comun
parecer, ya que por las armas no se podia intentar, suplicar al rey de
Aragon Don Jaime interpusiese su autoridad con los de aquella república.
Para esto se nombraron tres embajadores, que fueron, García de Vergua,
Perez de Arbe, Pedro Roldan, entrambos del consejo de los doce. Llegaron
á Cataluña, y dieron al rey su embajada; propusieron el agravio grande
que se les habia hecho emprender debajo de fé y palabra á Berenguer su
capitan, y continuar lo mal hecho alargando su libertad; que de parte de
todos venian ellos á hecharse á sus pies, esperando de su clemencia, que
olvidados los disgustos pasados, daria el remedio que conviniese, y buen
despacho á su peticion. Diéronle particular relacion de sus victorias, y
del estado en que se hallaban sus cosas, y las del imperio, cuyo señorio
le ofrecieron si les ayudaba con calor, por estar sus provincias sin
defensa, expuestas al rigor y armas del que primero las acometiese; y
que tendrían por uno de sus mayores blasones, poder á costa de su
trabajo, y de su sangre, acrecentar su corona, y hacer obedecer su
nombre en lo mas remoto y apartado de Europa y Asia. Respondió el rey,
que por dar gusto á tan buenos vasallos, pondría su autoridad y las
armas cuando importase, y mas por Berenguer de Entenza, uno de sus
mayores vasallos. En lo de darles socorro se escusó, por parecelle que
al rey Don Fadrique de Sicilia su hermano le convenia mas el dársele:
que él estaba léjos, y difícilmente se podrían dar las manos, ni
sustentar cuando se ganasen las provincias de Grecia con Cataluña; pero
agradeció y estimó su voluntad. Hecha esta diligencia, los tres
embajadores se fueron á Roma, á representar al Papa la ocasion que
tenian de reducir aquel imperio de Grecia á su obediencia, si á los
catalanes de Thracia se les daba alguna ayuda grande, como lo sería si á
Don Fadrique se le concediese la investidura, para que con su persona
pasase á la empresa, con un Legado de la Santa Sete, y se publicase la
Cruzada á favor de los que irian, ó ayudarian con limosnas. El papa no
recibió bien esta embajada, ni le pareció ponerla en trato, porque de
suyo habia grandes dificultades y la mayor era, el temer de que la casa
de Aragon no se engrandeciese por este medio. El rey Don Jaime para
cumplimiento de su promesa, envió su embajada á la república de Génova,
significando el sentimiento grande que habia tenido de la prision de
Berenguer, uno de sus mayores y mas principales vasallos; y que esto
habia sido contravenir á los tratados de paz, si con sabiduría de la
señoria se hubiese ejecutado; que les pedia pusiesen en libertad á
Berenguer, y le diesen satisfaccion del daño que habia recibido, porque
de otra manera no podia dejar de hacer alguna demostracion. La república
determinó de venir en lo que el rey mandaba, y respondió, que habia
sentido lo que Eduardo de Oria su general hizo con Berenguer de Entenza;
y que fué motin de la gente vil de las galeras el que causó tan grande
exceso; que no se pudo atajar por los capitanes, y general, hasta
después de ejecutado; que ellos pondrían desde luego á Berenguer en
libertad, y nombraron once personas para que se juntasen con los
deputados que el rey enviaria en el lugar donde fuese servido, para
tratar de la enmienda que se habia de dar á Berenguer por los daños que
habia recibido en la pérdida de las galeras, y en su prision. Con este
buen despacho se despidieron los embajadores del rey, y la república
envió otros para que de su parte representasen lo mismo y el vivo
sentimiento que habian tenido todos los de ella, de que su general,
aunque sin culpa, hubiese ofendido sus vasallos, y que luego que se supo
mandaron que á Berenguer le llevasen á Sicilia, y le restituyesen lo que
le habian tomado. Suplicáronle después que mandase á los catalanes que
dejasen la compañía de los turcos, y se saliesen de aquellas provincias
donde ellos tenian la mayor parte de su trato, y que le iban perdiendo
por los daños, y correrias que continuamente se hacian por ellas. El rey
ofreció que se lo enviaria á mandar si Berenguer quedaba satisfecho.
Puesto Berenguer en libertad, el rey envió sus deputados á Mompeller,
lugar que se señaló para tratar de la recompensa; y la república envió á
Señorino Donzelli, Meliado Salvagio, Gabriel de Sauro, Rogelio de
Savigniano, Antonio de Guillelmis, Manuel Cigala, Jacomio Bachonio,
Raffo de Oria, Opisino Capsario, Guiderio Pignolo, y Jorge de Bonifacio,
todos de su consejo. Estos fueron los que se juntaron con los deputados
del rey, y después de muchas juntas y acuerdos que se propusieron, jamás
por parte de la señoria se vino bien á ellos, hallando en todos
ocasiones de dudar para concluir, y últimamente se deshizo la junta sin
dar alguna satisfaccion por parte de la señoria, y con esto pareció que
la respuesta tan cortés que dieron al rey, fué para que en este medio el
rey mandáse á los catalanes que no innovasen por el camino de las armas
cosa contra Genoveses, pues amigablemente se ofrecieron á componerlo.
Berenguer desesperado de poder alcanzar la recompensa, se fué al rey de
Francia, y al Papa á tentar segunda vez que diesen ayuda á los catalanes
de Thracia, proponiendo lo mismo que los tres embajadores propusieron;
pero ni el rey, ni el Papa, quisieron darsele, y él se hubo de volver á
Cataluña, donde vendió parte de su hacienda, y juntó quinientos hombres,
todos gente conocida y plática, y embarcado en un grueso navío, dejó la
quietud de su casa para acudir á los amigos que tenia en Galípoli.