CAPITULO XLVI.

Sucesos De Berenguer de Entenza después de su prision hasta su libertad,

y su vuelta á Galípoli.

Con los nuevos socorros de turcoples, y turcos y de muchos otros

españoles que andaban antes encubiertos en los lugares del imperio, como

mercaderes, ó debajo del nombre de otra nacion, se aumentaron los

nuestros, porque acreditados con tantas victorias, todos procuraban su

amistad; movidos algunos con el deseo de venganza, los más con su

codicia, querian participar de las riquezas que la fama publicaba que

habian adquirido en aquella guerra. En este mismo tiempo Berenguer de

Entenza, después de su larga y trabajosa prision, y haber peregrinado en

vano por las córtes de algunos príncipes de Europa, para dar calor á la

empresa de los catalanes, llegó á Galípoli con una nave, y con

quinientos hombres, gente toda de estimacion. Turbó la paz y sosiego del

ejército su venida, por las competencias del gobierno entre Rocafort y

él se levantaron; pero antes de escribir las causas y razones que los

unos y los otros tuvieron de competir, será bien dar una larga relacion

de lo que sucedió á Berenguer, desde que le prendieron hasta su vuelta.

Después que Ramon Montaner por órden de los capitanes del ejército

intentó, sin poderlo concluir, el rescate de Berenguer, cuando las

galeras de genoveses pasaron por el estrecho de Galípoli á la vuelta de

Trapisonda, se tuvo por cosa muy cierta que en llegando á Génova se

pondría á Berenguer en libertad, y se le daria satisfaccion, por ser

vasallo y capitan de un rey amigo. No sucedió como pensaron, antes bien

la república autorizó caso tan feo, ni castigando á su general, ni dando

libertad, y enmienda de lo perdido á Berenguer, porque siempre que el

délito no se castiga, se aprueba. Llegó á noticia de los Catalanes de

Thracia como Berenguer estaba detenido en Génova, en cárceles indignas

de su persona, sin tratar de darle libertad, y determinaron de comun

parecer, ya que por las armas no se podia intentar, suplicar al rey de

Aragon Don Jaime interpusiese su autoridad con los de aquella república.

Para esto se nombraron tres embajadores, que fueron, García de Vergua,

Perez de Arbe, Pedro Roldan, entrambos del consejo de los doce. Llegaron

á Cataluña, y dieron al rey su embajada; propusieron el agravio grande

que se les habia hecho emprender debajo de fé y palabra á Berenguer su

capitan, y continuar lo mal hecho alargando su libertad; que de parte de

todos venian ellos á hecharse á sus pies, esperando de su clemencia, que

olvidados los disgustos pasados, daria el remedio que conviniese, y buen

despacho á su peticion. Diéronle particular relacion de sus victorias, y

del estado en que se hallaban sus cosas, y las del imperio, cuyo señorio

le ofrecieron si les ayudaba con calor, por estar sus provincias sin

defensa, expuestas al rigor y armas del que primero las acometiese; y

que tendrían por uno de sus mayores blasones, poder á costa de su

trabajo, y de su sangre, acrecentar su corona, y hacer obedecer su

nombre en lo mas remoto y apartado de Europa y Asia. Respondió el rey,

que por dar gusto á tan buenos vasallos, pondría su autoridad y las

armas cuando importase, y mas por Berenguer de Entenza, uno de sus

mayores vasallos. En lo de darles socorro se escusó, por parecelle que

al rey Don Fadrique de Sicilia su hermano le convenia mas el dársele:

que él estaba léjos, y difícilmente se podrían dar las manos, ni

sustentar cuando se ganasen las provincias de Grecia con Cataluña; pero

agradeció y estimó su voluntad. Hecha esta diligencia, los tres

embajadores se fueron á Roma, á representar al Papa la ocasion que

tenian de reducir aquel imperio de Grecia á su obediencia, si á los

catalanes de Thracia se les daba alguna ayuda grande, como lo sería si á

Don Fadrique se le concediese la investidura, para que con su persona

pasase á la empresa, con un Legado de la Santa Sete, y se publicase la

Cruzada á favor de los que irian, ó ayudarian con limosnas. El papa no

recibió bien esta embajada, ni le pareció ponerla en trato, porque de

suyo habia grandes dificultades y la mayor era, el temer de que la casa

de Aragon no se engrandeciese por este medio. El rey Don Jaime para

cumplimiento de su promesa, envió su embajada á la república de Génova,

significando el sentimiento grande que habia tenido de la prision de

Berenguer, uno de sus mayores y mas principales vasallos; y que esto

habia sido contravenir á los tratados de paz, si con sabiduría de la

señoria se hubiese ejecutado; que les pedia pusiesen en libertad á

Berenguer, y le diesen satisfaccion del daño que habia recibido, porque

de otra manera no podia dejar de hacer alguna demostracion. La república

determinó de venir en lo que el rey mandaba, y respondió, que habia

sentido lo que Eduardo de Oria su general hizo con Berenguer de Entenza;

y que fué motin de la gente vil de las galeras el que causó tan grande

exceso; que no se pudo atajar por los capitanes, y general, hasta

después de ejecutado; que ellos pondrían desde luego á Berenguer en

libertad, y nombraron once personas para que se juntasen con los

deputados que el rey enviaria en el lugar donde fuese servido, para

tratar de la enmienda que se habia de dar á Berenguer por los daños que

habia recibido en la pérdida de las galeras, y en su prision. Con este

buen despacho se despidieron los embajadores del rey, y la república

envió otros para que de su parte representasen lo mismo y el vivo

sentimiento que habian tenido todos los de ella, de que su general,

aunque sin culpa, hubiese ofendido sus vasallos, y que luego que se supo

mandaron que á Berenguer le llevasen á Sicilia, y le restituyesen lo que

le habian tomado. Suplicáronle después que mandase á los catalanes que

dejasen la compañía de los turcos, y se saliesen de aquellas provincias

donde ellos tenian la mayor parte de su trato, y que le iban perdiendo

por los daños, y correrias que continuamente se hacian por ellas. El rey

ofreció que se lo enviaria á mandar si Berenguer quedaba satisfecho.

Puesto Berenguer en libertad, el rey envió sus deputados á Mompeller,

lugar que se señaló para tratar de la recompensa; y la república envió á

Señorino Donzelli, Meliado Salvagio, Gabriel de Sauro, Rogelio de

Savigniano, Antonio de Guillelmis, Manuel Cigala, Jacomio Bachonio,

Raffo de Oria, Opisino Capsario, Guiderio Pignolo, y Jorge de Bonifacio,

todos de su consejo. Estos fueron los que se juntaron con los deputados

del rey, y después de muchas juntas y acuerdos que se propusieron, jamás

por parte de la señoria se vino bien á ellos, hallando en todos

ocasiones de dudar para concluir, y últimamente se deshizo la junta sin

dar alguna satisfaccion por parte de la señoria, y con esto pareció que

la respuesta tan cortés que dieron al rey, fué para que en este medio el

rey mandáse á los catalanes que no innovasen por el camino de las armas

cosa contra Genoveses, pues amigablemente se ofrecieron á componerlo.

Berenguer desesperado de poder alcanzar la recompensa, se fué al rey de

Francia, y al Papa á tentar segunda vez que diesen ayuda á los catalanes

de Thracia, proponiendo lo mismo que los tres embajadores propusieron;

pero ni el rey, ni el Papa, quisieron darsele, y él se hubo de volver á

Cataluña, donde vendió parte de su hacienda, y juntó quinientos hombres,

todos gente conocida y plática, y embarcado en un grueso navío, dejó la

quietud de su casa para acudir á los amigos que tenia en Galípoli.

Expedición de Catalanes y Aragoneses al Oriente · 第 74 / 112 题