Fernan Jimenez de Arenós llega á Galípoli, entra á correr la tierra, y
al retirarse derrota dos mil infantes, y ochocientos caballos del
enemigo.
Fernan Jiménez de Arenós, uno de los mas principales Capitanes
Aragoneses que vinieron con Roger en Grecia, por algunos disgustos, como
dijimos arriba, se apartó de nuestra compañía. Con los pocos que le
siguieron se fué al Duque de Athenas, donde se detuvo algun tiempo
sirviendo en las guerras que el Duque tuvo con sus vecinos; que fueron
muchas y varias; accidentes forzosos que padecen los estados pequeños
que tienen por vecinos Príncipes poderosos. En todas ellas Fernan
Jiménez ganó reputacion y ocupó lugar honroso, pero el peligro de sus
amigos en su ánimo pudo tanto, que dejó sus acrecentamientos seguros y
ciertos, por socorrerles con su persona. Habida licencia del Duque, con
una galera, y en ella ochenta soldados viejos, llegó á Galípoli. Fué de
todos recibido con notables muestras de agradecimiento. Diéronle muchos
caballos y armas para poner su gente en órden, y con algunos amigos que
le quisieron seguir juntó trescientos infantes, y sesenta caballos, y
con ellos entró la tierra adentro. Después de haberse visto con los
Capitanes que estaban en Rodesto, y Pacía, y comunicado con ellos su
resolucion, caminó con su gente la vuelta de Constantinopla y pasado el
rio, que los antiguos llamaron Batinia, saqueó y quemó muchos pueblos á
vista de la Ciudad. Andronico de los muros miraba como se ardian las
casas, y creyendo que todo nuestro campo era el que tenía delante, no
quiso que saliese gente, antes la puso en guarda y seguridad de
Constantinopla, repartida por sus muros esperando que nuestras espadas
se habian de emplear aquel dia en su última ruina: recelos fueron estos
de Andronico bien fundados y advertidos; porque el pueblo lleno de
pavor, acostumbrado al ocio, no trataba de tomar las armas para su
propia defensa. La gente de guerra mercenaria de Turcoples, y Alanos, ni
por naturaleza ni por beneficio obligada al servicio de su Príncipe,
rehusaba y temia los peligros, á mas de las sospechas del trato que
tenian con nuestros Capitanes. Entre estos temores y desconfianzas
andaba metido Andronico, cuando supo que Fernan Jiménez de Arenós con
solos trescientos era el autor de tantos daños, y que Rocafort con el
grueso del ejército andaba junto á Rodope. Entresaco Andronico de su
caballería ochocientos, y con dos mil infantes, les mandó salir ó cargar
á Fernan Jiménez que se retiraba con riquísima presa. Salieron con buen
ánimo y resolucion, y pasando aquella noche el rio, ocupando un puesto
aventajado, paso forzoso para los nuestros, se pusieron en emboscada.
Descubrieronla luego los corredores de Fernan Jiménez, y como la
retirada no podia ser por otra parte, hecho alto, dijo á los suyos: Ya
veis amigos que el enemigo nos tiene cerrado el paso, y que solo puede
allanarle nuestro valor. Lo que en esto se interesa, no es menos que la
vida nuestra en el último peligro. Los contrarios que tenemos delante,
son los mismos que habeis vencido tantas veces con mayor desigualdad. Su
multitud solo ha servido siempre de aumentar nuestras victorias, tan
segura la tenemos en esta como en las demas ocasiones pues se resuelven,
según vemos, de aguardarnos y pelear. El puesto aventajado les dá
confianza, olvidados de que nuestras espadas penetran defensas y reparos
inexpugnables. Conozco esta gente vil que donde quiera les ha de
alcanzar el rigor de nuestra justa venganza. Dicho esto hizo cerrar su
infantería de almugavares, y el con sus pocos caballos envistió las
tropas de la caballería enemiga. Peleóse valientemente, pero los dos mil
infantes Griegos, acometidos de los trescientos Almugavares, fueron casi
todos degollados con tanta presteza, que tuvieron lugar de socorrer á
Fernan que andava peleando con la caballería, y fué tan importante su
ayuda, que luego dejaron los enemigos el paso libre con pérdida de 690
caballos entre muertos y presos. Victoriosos y llenos de despojos
pasaron adelante y llegaron á Pacía, donde Rocafort poco antes habia
llegado de correr de Rodope.