CAPITULO XXXV.

Salen los nuestros de Galípoli á pelear con los Griegos, y alcanzan de

ellos señaladísima victoria.

Después de barrenados los navios, contentos de verse fuera de peligro de

perder la reputacion con la retirada, dispusieron su gobierno. Dieron á

Rocafort doce Consejeros por cuyo parecer se gobernase. Esta eleccion se

hacia por los votos de la mayor parte del ejército, y su poder en los

consejos era igual al de Rocafort, y él ejecutaba lo que por parecer de

los demás se rresolvia. Hicieron sello para sus despachos, y patentes,

con la imagen de San George, y escritas en su orla estas letras: Sello

de la Hueste de los Francos que reynan en Thracia y Macedonia.

Prudentemente á mi juicio pusieron en lugar de Catalanes Francos, por

ser nombre mas universal, y menos aborrecido, y quisieron mostrar que

aquel ejército era compuesto de casi todas las naciones de Europa contra

los Griegos, y que era causa comun de todos el socorrerles. Por grandeza

de ánimo tengo no estrecharle los hombres al nombre de su patria, porque

con este nombre no se extrañasen los Españoles de otras Provincias,

Italianos, y Franceses sino dilatarle por todo el orbe de la tierra;

patria comun de todos los vivientes.

El enemigo se venia llegando á las murallas de Galípoli y estrechaba á

los sitiados, y como en las ordinarias escaramuzas, aunque con mayor

daño de los Griegos, se perdia gente de nuestra parte, resolvieron de

salir á pelear con todas sus fuerzas, y aventurar en un trance de una

batalla su vida, y libertad; consejo que le deben seguir los que no

pueden largo tiempo conservar la guerra. No se hallaron en Galípoli para

salir á pelear entre infantes y caballeros mil y quinientos, puesto que

Nicephoro dice, que fueron tres mil; pero el autor escribió por relacion

de los Griegos á quien el temor pudo engañar, y parecer doblado el

número de los enemigos. Levantaron un estandarte antes de salir á pelear

con la imagen de San Pedro pusieronle sobre la torre principal de

Galípoli con grandes demostraciones de piedad, puestos de rodillas,

después de haber hecho una breve oracion al santo, invocaron á la

Virgen. Al tiempo que empezaron la Salve con devotas aunque confusas

voces, estando el cielo sereno les cubrió una nuve, y llovió sobre

ellos, hasta que acabaron, y luego de improviso se desvaneció. Quedaron

admirados de tan gran prodigio, y sintieron en sus corazones grandes

afectos de piedad y religion, con que les creció el ánimo, y tuvieron

por cierta la victoria, pues con tan claras señales el cielo les

favorecia. Reposaron aquella noche, no con poco cuidado de que fuese la

última de su vida. Sábado por la mañana que fué el siguiente, á los 21

de Junio salieron de sus murallas y reparos. El enemigo dejado por

guarda de sus Reales que estaban en el siguiente, Brachilao dos millas

de Galípoli parte de su ejército con ocho mil caballos y mayor número de

infantes se adelantó á pelear. Los nuestro hecharon su caballería por el

lado izquierdo de su infantería abrigándose por el derecho del terreno

algo quebrado. Guillén Perez de Caldés, Caballero anciano de Cataluña,

llevaba el estandarte del Rey de Aragon, Fernan Gori el de Don Fadrique

Rey de Sicilia, que olvidados de sus Príncipes, jamás olvidaron su

memoria. El de San George dieron á Gimeno de Albaro, y Rocafort

encomendó el suyo á Guillén de Tous. Las centinelas que estaban en lo

alto de las torres de Galípoli dieron la señal de acometer, porque

descubrian mejor al enemigo que venia mejorándose por los collados.

Cerraron de una y otra parte con gallardia y fué tanta la furia del

primer encuentro, que afirma Montaner que los que quedaron dentro de

Galípoli les parecio que todo el lugar venia al suelo, á semejanza de

terremoto.

No pudieron los Griegos contra soldados tan practicos y valientes,

aunque con tanta desigualdad, salir con victoria. Dieron luego la vuelta

hacia sus reales, donde pensaron rehacerse. Los que quedaron en su

defensa, viendo su gente rota, salieron á detener al enemigo que con

furia y rigor increible venia ejecutando su victoria. El nuevo socorro

de gente descansada detuvo algo á los vencedores, porque era lo mejor

del ejército; pero repetido el nombre de San George cerraron con igual

ánimo, y segunda vez vencieron á los Griegos, ganándoles sus

alojamientos. Volvieron las espaldas Umbertos Polo Basilia, y el grande

Eteriarca. Siguióse el alcance veinte y cuatro millas hasta Monocastano,

degollando siempre sin resistencia alguna porque la huida les hizo dejar

las armas con que apretados pudieran defenderse de los nuestros, que

esparcidos, cansados y pocos, les seguían; pero la vileza de los Griegos

era tanta, que refiere un Autor que por las heridas en el rostro no

osaban volverle, aunque con solo este riesgo se pudieran defender;

ultima miseria á que puede llegar un hombre cuando teme las heridas mas

que la infamia. La mayor parte de los Griegos vencidos murieron

ahogados, porque seguidos de los Catalanes de quien no esperaban buena

guerra sino afrenta, y muerte, se arrojaban en los barcos y leños de la

ribera, cargando en ellos mas gente de la que pudieran llevar, con cuyo

peso, con la priesa de los que entraban venian al fondo y se habrian,

ayudando á esta pérdida los propios Catalanes, que metidos en el agua á

cuchilladas, y asidos de los bordes de los barcos, les forzaban á

echarse en el agua ó morir. Con la noche dejaron el alcance, y cerca de

la media volvieron á Galípoli sin haber reconocido los despojos que el

enemigo les dejaba, juzgando por mayor ganancia quitar vidas, y derramar

sangre de los que con tanta impiedad quitaron las de sus compañeros y

amigos. A la mañana salieron á recoger la presa, y fué de manera que

tardaron ocho dias en retirarla dentro de Galípoli, vestidos de seda y

oro, en aquel tiempo mas estimados por no ser tan comunes, en gran

cantidad, armas lucidas, y joyas de mucho precio, tres mil caballos de

servicio, y bastimentos en tanta abundancia, que en muchos dias no se

pudiera temer en Galípoli falta de ellos. Murieron de los vencidos

veinte mil infantes y seis mil caballos y de los nuestros un caballo, y

dos infantes; no me atreviera á referirlo por parecerme caso imposible,

si Autores de mucho crédito no refirieran semejantes acontecimientos.

Paulo Orosio escritor antiguo y Christiano, cuenta de Agatocles, que

degolló con dos mil hombres treinta mil Cartagineses con su General

Annon, y él perdió solos dos hombres.

Expedición de Catalanes y Aragoneses al Oriente · 第 63 / 112 题