Salen los nuestros de Galípoli á pelear con los Griegos, y alcanzan de
ellos señaladísima victoria.
Después de barrenados los navios, contentos de verse fuera de peligro de
perder la reputacion con la retirada, dispusieron su gobierno. Dieron á
Rocafort doce Consejeros por cuyo parecer se gobernase. Esta eleccion se
hacia por los votos de la mayor parte del ejército, y su poder en los
consejos era igual al de Rocafort, y él ejecutaba lo que por parecer de
los demás se rresolvia. Hicieron sello para sus despachos, y patentes,
con la imagen de San George, y escritas en su orla estas letras: Sello
de la Hueste de los Francos que reynan en Thracia y Macedonia.
Prudentemente á mi juicio pusieron en lugar de Catalanes Francos, por
ser nombre mas universal, y menos aborrecido, y quisieron mostrar que
aquel ejército era compuesto de casi todas las naciones de Europa contra
los Griegos, y que era causa comun de todos el socorrerles. Por grandeza
de ánimo tengo no estrecharle los hombres al nombre de su patria, porque
con este nombre no se extrañasen los Españoles de otras Provincias,
Italianos, y Franceses sino dilatarle por todo el orbe de la tierra;
patria comun de todos los vivientes.
El enemigo se venia llegando á las murallas de Galípoli y estrechaba á
los sitiados, y como en las ordinarias escaramuzas, aunque con mayor
daño de los Griegos, se perdia gente de nuestra parte, resolvieron de
salir á pelear con todas sus fuerzas, y aventurar en un trance de una
batalla su vida, y libertad; consejo que le deben seguir los que no
pueden largo tiempo conservar la guerra. No se hallaron en Galípoli para
salir á pelear entre infantes y caballeros mil y quinientos, puesto que
Nicephoro dice, que fueron tres mil; pero el autor escribió por relacion
de los Griegos á quien el temor pudo engañar, y parecer doblado el
número de los enemigos. Levantaron un estandarte antes de salir á pelear
con la imagen de San Pedro pusieronle sobre la torre principal de
Galípoli con grandes demostraciones de piedad, puestos de rodillas,
después de haber hecho una breve oracion al santo, invocaron á la
Virgen. Al tiempo que empezaron la Salve con devotas aunque confusas
voces, estando el cielo sereno les cubrió una nuve, y llovió sobre
ellos, hasta que acabaron, y luego de improviso se desvaneció. Quedaron
admirados de tan gran prodigio, y sintieron en sus corazones grandes
afectos de piedad y religion, con que les creció el ánimo, y tuvieron
por cierta la victoria, pues con tan claras señales el cielo les
favorecia. Reposaron aquella noche, no con poco cuidado de que fuese la
última de su vida. Sábado por la mañana que fué el siguiente, á los 21
de Junio salieron de sus murallas y reparos. El enemigo dejado por
guarda de sus Reales que estaban en el siguiente, Brachilao dos millas
de Galípoli parte de su ejército con ocho mil caballos y mayor número de
infantes se adelantó á pelear. Los nuestro hecharon su caballería por el
lado izquierdo de su infantería abrigándose por el derecho del terreno
algo quebrado. Guillén Perez de Caldés, Caballero anciano de Cataluña,
llevaba el estandarte del Rey de Aragon, Fernan Gori el de Don Fadrique
Rey de Sicilia, que olvidados de sus Príncipes, jamás olvidaron su
memoria. El de San George dieron á Gimeno de Albaro, y Rocafort
encomendó el suyo á Guillén de Tous. Las centinelas que estaban en lo
alto de las torres de Galípoli dieron la señal de acometer, porque
descubrian mejor al enemigo que venia mejorándose por los collados.
Cerraron de una y otra parte con gallardia y fué tanta la furia del
primer encuentro, que afirma Montaner que los que quedaron dentro de
Galípoli les parecio que todo el lugar venia al suelo, á semejanza de
terremoto.
No pudieron los Griegos contra soldados tan practicos y valientes,
aunque con tanta desigualdad, salir con victoria. Dieron luego la vuelta
hacia sus reales, donde pensaron rehacerse. Los que quedaron en su
defensa, viendo su gente rota, salieron á detener al enemigo que con
furia y rigor increible venia ejecutando su victoria. El nuevo socorro
de gente descansada detuvo algo á los vencedores, porque era lo mejor
del ejército; pero repetido el nombre de San George cerraron con igual
ánimo, y segunda vez vencieron á los Griegos, ganándoles sus
alojamientos. Volvieron las espaldas Umbertos Polo Basilia, y el grande
Eteriarca. Siguióse el alcance veinte y cuatro millas hasta Monocastano,
degollando siempre sin resistencia alguna porque la huida les hizo dejar
las armas con que apretados pudieran defenderse de los nuestros, que
esparcidos, cansados y pocos, les seguían; pero la vileza de los Griegos
era tanta, que refiere un Autor que por las heridas en el rostro no
osaban volverle, aunque con solo este riesgo se pudieran defender;
ultima miseria á que puede llegar un hombre cuando teme las heridas mas
que la infamia. La mayor parte de los Griegos vencidos murieron
ahogados, porque seguidos de los Catalanes de quien no esperaban buena
guerra sino afrenta, y muerte, se arrojaban en los barcos y leños de la
ribera, cargando en ellos mas gente de la que pudieran llevar, con cuyo
peso, con la priesa de los que entraban venian al fondo y se habrian,
ayudando á esta pérdida los propios Catalanes, que metidos en el agua á
cuchilladas, y asidos de los bordes de los barcos, les forzaban á
echarse en el agua ó morir. Con la noche dejaron el alcance, y cerca de
la media volvieron á Galípoli sin haber reconocido los despojos que el
enemigo les dejaba, juzgando por mayor ganancia quitar vidas, y derramar
sangre de los que con tanta impiedad quitaron las de sus compañeros y
amigos. A la mañana salieron á recoger la presa, y fué de manera que
tardaron ocho dias en retirarla dentro de Galípoli, vestidos de seda y
oro, en aquel tiempo mas estimados por no ser tan comunes, en gran
cantidad, armas lucidas, y joyas de mucho precio, tres mil caballos de
servicio, y bastimentos en tanta abundancia, que en muchos dias no se
pudiera temer en Galípoli falta de ellos. Murieron de los vencidos
veinte mil infantes y seis mil caballos y de los nuestros un caballo, y
dos infantes; no me atreviera á referirlo por parecerme caso imposible,
si Autores de mucho crédito no refirieran semejantes acontecimientos.
Paulo Orosio escritor antiguo y Christiano, cuenta de Agatocles, que
degolló con dos mil hombres treinta mil Cartagineses con su General
Annon, y él perdió solos dos hombres.