_Álv._
Tuve dicha, que pasaba
Por vuestra puerta.
_Ana._
¡Oh señor
Don Álvaro!
_Álv._
Del amor
Que me debeis me acordaba,
Y en las rejas reparé.
_Ana._
Olvidado estais de mí.
_Álv._
Tan vuestro soy como fuí,
Nunca de vos me olvidé.
_Ana._
Tello, déjanos y cierra.
_Álv._
¿Qué teneis, que no solia
Ser así vuestra alegría?
_Ana._
La tierna edad siempre yerra;
Mucho tengo que os decir.
_Álv._
Ya me apercibo á escuchar.
_Ana._
Puedo decir confesar
Porque me quiero morir.
Don Álvaro, pintaros los errores
De la edad juvenil y sus desvelos,
Era querer contar al campo flores,
Olas al mar y estrellas á los cielos;
Todos los más se fundan en amores
Y en desatinos á que obligan celos;
Oid, aunque de amor fábulas vanas
Escuchan mal las venerables canas.
Cuando la primavera de mis años,
De las primeras rosas guarnecia
El campo de mi edad y los engaños
De amor, ni amaba yo ni aborrecia,
Un caballero ilustre, de mis daños
Principio, como deudo entrar podia
Á todas horas para hablarme y verme,
Que la ocasion despierta honor que duerme.
No reparaba yo que me miraba,
Ó era muy tierna yo, ó era inocente;
Mas debo de mentir que reparaba,
Pues muchas veces la vergüenza miente;
Él mentia tan bien, que me alababa
De lo que en mí faltaba claramente;
Mas no sé qué de discrecion y brío
Debió de ser su amor y el daño mio.
El alba, por el mes de los amantes,
Poniendo estaba lirios y azucenas
Una mañana, pocos tiempos ántes
De la ocasion, principio de mis penas,
Cuando me dan mis padres ignorantes
(Tambien error) licencia á manos llenas
Para que salga al campo, en que primero
Tomé yerros de amor que anduve á acero.
Fuí al prado de la santa, que atrevida,
Á quien le dió los piés tomó las manos,
Y hallé á don Juan, que, con suave herida,
Rindió de amor mis pensamientos vanos;
Gallardo á la jineta y á la brida
Domaba dos caballos castellanos,
Que no siempre han de ser los andaluces,
De airosas manos y fogosas luces;
Vine á mi casa llena de deseos,
Que la imaginacion conmigo hacia
Los mismos caracoles y escarceos
Que en el campo don Juan formado habia;
Desde entónces juzgué que sus empleos
Á conquistar mi gusto reducia,
Miré si me miraba, hablé si hablaba,
Que amor, rendida yo, cerró el aljaba.
Concertamos los dos que en una huerta,
Saltando las paredes de mi casa,
Entrase cierta noche, que cubierta
De negras nubes, fué la luna escasa;
Mas ¡qué locuras el amor concierta!
¡Qué de doncellas con mentiras casa!
¡Qué de tormentas son despues espumas!
¡Qué de ánsias hielos y palabras plumas!
Turbámonos los dos, y parecia
Que se burlaban de los dos las flores,
El agua murmuraba que corria,
Y culpaba el silencio los amores,
Juntó las manos el temor del dia,
Que amando son valientes los temores,
Venciendo su cobarde atrevimiento
La poca resistencia de mi intento.
No sé qué fué de mí, ó él es fingido,
Ó yo soy en extremo desdichada,
Pues dicen que me tiene tal su olvido,
Que se casa y me deja despreciada;
Vuestra hija Beatriz la culpa ha sido,
Ó su hermosura justamente amada;
Que se casa con ella me han contado,
De mis obligaciones olvidado.
Si áun hay lugar, don Álvaro, yo os ruego
Que no pase adelante su locura,
Pues no es razon que en nombre de amor ciego
Me dé lugar á tanta desventura;
Iréme al Rey, y refiriendo luégo
Lo que advertido vuestro error procura,
Quedaréis deshonrado y yo vengada,
Que á quien tiene razon sobra la espada.
_Álv._
Doña Ana, mi intento ha sido
Del vuestro tan diferente,
Que respondo brevemente
Que el Rey la culpa ha tenido.
Mi hija me mandó dar
Hoy á don Juan de Aragon,
Ignorando la ocasion
Que me acabais de contar,
Porque ni querrá su alteza
Ni yo querré...
_Ana._
No paseis
Más adelante, que habeis
Animado mi tristeza;
¿Qué, no es don Juan de Padilla?
_Álv._
No, que estos conciertos son
Con don Juan el de Aragon,
Hombre tan rico en Castilla.
_Ana._
Pues sabed que yo, engañada
De las nuevas y de amor,
Hice este agravio á mi honor,
Celosa y desesperada,
Que ni él de noche me vió,
Ni en tal huerta me ha burlado.
_Álv._
Á ser cortés obligado
Del crédito, nací yo,
Y de vuestra gran nobleza,
Os confieso que dudé
La historia, no dando fe
Tal virtud á tal bajeza.
_Ana._
¿En fin, es el de Aragon?
_Álv._
Como del Rey es Castilla.
_Ana._
Pues yo adoro al de Padilla.
_Álv._
Adios.
_Ana._
Adios.
_Álv._
¡Qué invencion!
_(Váyanse.)_