_Otra receta comentada_:
En una reverenda cacerola de buen fondo se pone lo siguiente: una clara
de huevo (lo más clara que pueda ser), dos vasos de vino blanco (lo más
blanco posible), un cuarterón de vaca picada, y aun banderilleada si se
quiere; dos perros que estén bien limpios (_puerros_ debe decir) y un
poco de opio (debe de ser _apio_). Se menea bien esta mezcla hasta que
le venga en voluntad hacer espuma, y acto continuo se añaden dos libros
de caldo de gallina (dos _litros_ deben de ser). Se pone en fuego suave
y se deja hervir suavemente durante treinta suaves minutos, no sin
haberle dado antes una ducha, de agua fría ó de vino blanco para que
tome ánimos y buen color. Después de hervir se coge el consomé y se le
hace pasar por el aro de una servilleta que no esté todavía muy sucia,
poniéndole luego al fuego en otra cacerola con cinco cucharadas de
tapioca huérfana, y se tiene en danza á la pobre tapioca mientras dure
la coacción (léase _cocción_), que será diez minutos,
pasado lo cual
se concede el retiro al potaje
si está bien de sal.
Luego se le completa con filetitos microscópicos de lengua á la
escalinata, trufas de luto y pechugas de pollo simpático.
Cuando la cocinera vaya á servir este potaje, hay que hacer que lo
vuelque (procurando que no se derrame) en una sopera, ó mejor aún, en
una potajera.
Hay que servir este plato hirviendo materialmente, y si algún comensal
se quema, se le echa por la cabeza un cubo de agua fría.
Sólo resta decir que el potaje á la Gouffé está exquisitísimo y muy
lejos del alcance de los maestros de escuela.