Llegamos á España, desembarcamos en Barcelona, ciudad hermosa en tierra
y en mar, abundante de mantenimiento y regalos, que con oir hablar en
lengua española parecian suaves y substanciosos: y aunque los vecinos
tienen nombre de ser un poco ásperos, ví que á quien procede bien le
son apacibles, liberales, acariciadores de los forasteros, que en
todas las repúblicas del mundo quieren que el forastero con el buen
proceder obligue á la amistad. Si el que no es natural parece humilde,
y vive sin perjuicio de los naturales, tiene grangeada la voluntad de
todos porque junto su buen término con la soledad que padece, engendra
piedad y amor en los pechos naturales. Todos los animales de una misma
especie se llevan bien unos con otros, aunque no sean conocidos, sino
son los hombres y los perros, que teniendo mil buenas propiedades con
que suelen admirar, tienen esta propiedad bajísima, que todos muerden
al pobre forastero y le matan si pueden. Y esto mismo corre por los
hombres si el advenedizo no es como debe ser, entrando en jurisdiccion
agena; y lo que más ofende á los naturales es solicitarles las mujeres,
que en lo que más se ha de remirar el huésped es en esto, que basta
teniendo agrado para llevarse los ojos de la voluntad de todos tras de
sí. Muchos se quejan de pueblos donde han estado fuera de su patria,
mas no dicen la ocasion que dieron para ello: alaban sus tierras de
madres de forasteros, y no miran por qué camino les han obligado para
tratarlos bien. Yo sé decir, que en toda la Corona de Aragon hallé
padre y madre, y en Andalucía grandes amigos, si no son de la gente
perdida, que solamente tratan de hacer mal: estos en todo el mundo son
enemigos de la quietud, revoltosos, inquietos, levantados y soberbios,
enemigos del amor y la paz.
[Ilustración: _Y aunque los vecinos tienen nombre de ser un poco
ásperos ví que á quien procede bien le son apacibles, liberales,
acariciadores de los forasteros._]
Mucho me divierto para llegar á Madrid que tan deseado lo tenia.
Llegué y hallé muchos amigos deseosos de verme: hice asiento con un
gran príncipe muy amigo de música y poesía, que aunque siempre huí
del escuderaje, me fué forzoso acudir á él. Entré en su gracia muy
de improviso, fuí muy privado y favorecido suyo, y como yo venia
harto de pasar trabajos, viéndome con demasiado regalo acometióme la
poltronería, y engordé tanto, que comenzó la gota á martirizarme. Dí
en tener pajarillos, y entre ellos en regalar á uno muy superior á los
demás en su armonía, aunque su consonancia muy concertada. Hacíale
abrigar en mi aposento de noche, donde una de ellas sentí toda la noche
crugir cañamones, contra la costumbre de los pájaros. En amaneciendo
fuí á mirar mi pájaro, y hallé en compañía suya un ratoncillo, que de
lo mucho que habia metido de los cañamones hizo tanta barriga, que
no pudo tornar á salir. Dije entre mí: Este ratoncillo, por haber
comido tanto, ha buscado su muerte. Yo voy por el mismo camino, que
si un raton con sola una noche de regalo ha engordado tanto, yo
que todos los dias como y ceno mucho, y muy regaladamente, ¿qué fin
pienso tener sino la enfermedad, que he cogido, y alguna apoplegía,
que me acabe presto? Quitéme las cenas, que con esto y el ejercicio
me he conservado, que realmente esto de comer á costa agena engorda
demasiadamente, porque se come sin miedo, y quien no se va á la mano en
esto está muy peligroso para una enfermedad. Han de comer los hombres
mantenimiento de que sus estómagos sean capaces, porque si nó, ó será
forzoso vomitar la comida, ó poner en peligro la vida, como la perdió
el raton. Fuera de que los demás miembros del cuerpo tienen envidia
al estómago, porque todos han de trabajar para que él solo engorde,
cuando si no pueden llevarlo acuestas le dejan caer, y dan con él en
la sepultura. Yo ví que iba camino de esto, y retiréme á comer poco,
y cenar nada, que aunque al principio se lleve mal, con la costumbre
se puede alcanzar todo. Miren los que engordan mucho el peligro en que
se ponen, que ni la edad es siempre una, ni los mantenimientos de una
calidad, ni los que los dan de una misma intencion, ni el tiempo corre
de la misma manera. El que nació gordo, que siempre sea gordo no es
maravilla, que ya están enseñados sus miembros á sufrirle y traerle
acuestas; pero el que nace flaco y delgado, y en breve engorda, en
sospecha pone su duracion y su vida. Como puse enmienda en mi comer y
beber de noche, fuése consumiendo la gordura un poco, y yo sintiéndome
más ágil para cualquiera cosa. Que ciertamente la poltronería manca
y tulle los hombres. Con esto me torné inquieto que fué causa que el
príncipe á quien servia, con la ayuda de los congraciadores, se entibió
en favorecerme, y yo con servirle, que los señores son hombres sujetos
no solo á las estrellas, pero tambien á sus pasiones y apetitos; y
cuanto más superiores son, tanto más presto se cansan de las acciones
de sus criados, que quien los sirve es necesario que renuncie su
voluntad, y se ajuste con la del príncipe; y es razon que quien se
dispone á servir sacrifique su gusto á quien le da su hacienda, porque
todos quieren ser bien servidos; aunque he visto muchos señores de tan
piadosa condicion, que llevan con mucho valor y paciencia los descuidos
de los criados; pero lo contrario es lo más ordinario.
[Ilustración]
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