Ofrece la ocasion algunas veces cosas que divierten del intento
principal, como me ha sucedido en este paréntesis, dejando mi historia
y tratando cosas que no son de mi profesion, mas de conforme naturaleza
las dicta y ofrece. Habiendo sucedido en mi buena suerte salir con lo
que se pretendia por el lenguaje de mi tordo, mi amo cumplió su palabra
despues de haber cumplido el Virey la suya; y admirándose del secreto
y prudencia con que el renegado se hubo en aquel caso, por donde
escusó el daño de tanta gente como habia presa, que si no fuera por la
sagacidad suya pereciera él primero, si no fuera por aquel camino, y
muchos de los presos sin culpa. Él me dió libertad con mucha voluntad,
aunque contra la de su hija, que ya la ví muy inclinada á la verdadera
religion, y al hermano, á quien yo habia persuadido la misma verdad, de
manera que ambos á dos tenian deseo del bautismo; aunque el padre no se
daba por entendido, sí lo sospechaba, porque aunque callaba, sin duda
lo deseaba. Llamábase el muchacho Mustafá, y la hermana Alima, aunque
despues que yo la pude comunicar y encaminarla á la verdad católica se
llamó María. Tuve lugar de hablar con ella á solas con mucho gusto,
pero no en cosas lascivas, que nunca tuve intento de ofenderla; y por
último la aseguré viniendo á España, que por todos los caminos posibles
la avisaria de mi estado, y la advertiria de lo que le convenia hacer
para ser cristiana como deseaba, que enterneciéndose más con su intento
principal que conmigo destiló algunas lágrimas de piedad cristiana,
y de rendida al amor honesto, con que siendo la última vez que la
hablé, me despedí de su presencia para lo que era comunicarla más, y
ella besando muchas veces el rosario que yo le habia dado, dijo, que
le guardaria para siempre. Díjome despues mi amo con muchas muestras
de amor: Obregon, yo no puedo dejar de cumplir la palabra que te dí,
por haberlo tú merecido, y por la obligacion que tengo de ser español,
y por las reliquias que me quedaron del bautismo (y miró al rededor
á ver si le escuchaba álguien) que tan en las entrañas tengo, que
ninguno de cuantos ves en todo Argel (de los moros hablo) te guardara
fé ni palabra, ni te agradeciera lo hecho. Y si el rey de Argel me
agradeció y cumplió la promesa que habia hecho á quien descubriese el
hurto, es porque es hijo de padres cristianos, donde la verdad y la
palabra inviolable se guardan. Y por acá esta bárbara nacion dice que
el guardar la palabra es de mercaderes, y no de caballeros. Y aunque
yo te la cumplo, hágolo contra mi voluntad, porque al fin estando tú
aquí tenia con quien descansar en las cosas que no pueden comunicarse.
Pero ya que es fuerza y tú estás inclinado á no estar en Argel, como
yo tenia trazado, yo mismo te quiero llevar á España en mis galeotas,
y dejarte donde puedas con libertad acudir á tu religion. Ahora es el
tiempo propio, en que salen todos en corso; yo habré de ir deshermanado
de los demás, por dejarte en alguna de las islas más cercanas á España,
que más á poniente no osaré, porque me traen muy sobre ojo por toda la
costa, donde he hecho algunos daños muy notables: y si el galeon en
que venias no tuviera ventura en venirle buen viento, todos veníades
acá. Aprestóse mi amo para hacer su viaje, llevando algunos turcos muy
valientes consigo, y muy acostumbrados á ser piratas; y escogiendo
buen tiempo, puso la proa hácia las islas Baleares, dejando en las
orillas á su mujer é hija muy llorosas, la una encomendándolo al gran
profeta Mahoma, y la otra llamando muy á voces y muy desconsolada á la
Vírgen María, que como no habia cerca quien pudiese reprehenderla, lo
decia como lo sentia. Yo iba volviendo los ojos á la ciudad, rogando
á Dios que algun tiempo pudiese tornar á ella siendo de cristianos,
que como yo dejaba lo mejor de mi persona en ella, iba, aunque libre,
doliéndome de dejar entre aquella canalla una prenda que se pudiera
desempeñar con la sangre del corazon, pues deseaba aprovecharse de la
de Cristo, que aunque la supe dejar muy satisfecha y confiada de mi
voluntad, llevaba entre mí una batalla que no me dejaba acudir á otra
cosa sino al pensamiento que me aquejaba por cruel y desagradecido, me
martirizaba por ausente, y me acusaba dejar un alma cristiana entre
cuerpos moros; pero no sé qué confianza me aseguraba que la habia de
volver á ver cristiana. Al fin caminamos con felicísimo viento; y
como mi amo me via volver el rostro á la ciudad, decíame: Obregon,
paréceme que vas mirando á Argel y echándola maldiciones por verla tan
llena de cristianos cautivos, y por eso la llamas ladronera ó cueva de
ladrones á esta ciudad, pues asegúrote que no es el mayor daño el que
los corsarios hacen, que al fin van con su riesgo, y alguna vez van
por lana y no vuelven trasquilados, ni por trasquilar. Que el mayor
daño es que por ver que son en Argel bien recibidos, muchos de su
voluntad se vienen de todas las fronteras de África con sus arcabuces,
ó por necesidad de libertad, ó por la falta de regalos, ó por ser mal
inclinados y tener el aparejo tan fácil, que es lastimosa cosa ver que
por la ocasion dicha está llena esta ciudad de cristianos de poniente
y de levante; que aunque voy á hacer mal por mi provecho, no puedo
dejar de sentir el daño de la sangre bautizada que me tiene trabado el
corazon. Otras veces, dije yo, he sentido á vuesa merced enternecerse
en esta materia, como á hombre piadoso de corazon y de noble sangre;
pero no le veo con mudanza de religion, ni con propósito de volverse á
la inviolable fé de San Pedro que profesaron sus pasados. No quiero,
respondió mi amo, decirte que el amor de la hacienda, la hidalguía de
la libertad, ni la fuerza de mujer é hijos, ni los muchos daños que
en mi propia patria he hecho me divierten de ello, sino preguntarte,
si alguna vez me has visto curioso en saber qué doctrina enseñabas á
mis hijos: que por aquí verás cómo debe estar mi fé en mi pecho. Y
asegúrote que de cuantos renegados has visto muy poderosos, ricos de
esclavos y hacienda, ninguno deja de saber que va engañado; que la
libertad que tienen tan grande, y las honras y haciendas, en que son
preferidos á los demás turcos y moros, los detienen, siendo señores, y
mandando lo que quieren, y á quien quieren; pero saben bien la verdad.
Y para prueba de esto en tanto que el tiempo refresca en nuestro favor,
te quiero contar lo que sucedió poco tiempo há en Argel.
Hay aquí un turco muy poderoso en hacienda, y abundante en esclavos,
venturoso en la mar, y esperimentado en la tierra, llamado Mami
Reis, es hombre de gentil determinacion, de buen talle, liberal y
bien quisto. Yendo este en corso por la costa de Valencia anduvo
algunos dias sin poder encontrar presa en el agua, hasta tanto que
los mantenimientos le faltaron; vista la necesidad saltaron en tierra
él y sus compañeros con mucho riesgo y peligro de sus personas,
porque encendiendo hachas por toda la costa los inquietaron de modo
que se tornaron al agua, disparando algunas piezas contra la gente
del socorro. Con la priesa que llevaban se dejaron en tierra al
señor de la galeota y á otro soldado amigo suyo muy valiente, que
viéndose perdidos se entraron en un molino, donde hallaron solamente
una doncella hermosísima, que de turbada no pudo huir con las demás
gentes. Amenazáronla porque no diese voces, y en viendo la costa quieta
hicieron la seña que tenian hácia las galeotas, y en viendo la primera
noche vinieron al molino, y antes que tornase la gente del rebato
cogieron al capitan y su compañero, llevándolos á su galeota juntamente
con la cautiva doncella. La hermosura de ella era de manera que
dijeron, y con verdad, que tal joya de talle y rostro no se habia jamás
visto en Argel. El capitan, dueño de las galeotas, dijo que estimaba
en más aquella presa que si hubiera saqueado á toda Valencia. Ella iba
acongojadísima y llorosa, y él diciéndola que no fuese desagradecida
á su buena fortuna, pues iba á ser señora de toda aquella hacienda
y otra mayor y de más importancia, y no á ser esclava como pensaba.
Pero la hermosura y apacibilidad del rostro, acompañada con una mansa
gravedad, era de modo que se puede decir que siendo de noche dió luz
á toda la galeota, á quien todos se rindieron y humillaron como á
cosa divina, admirándose que Valencia criase tan soberanas prendas.
Fuéla consolando por toda la navegacion, que el turco sabe hablar un
poco la lengua española, y es hombre de muy buena suerte y talle, muy
venturoso en cuantas empresas ha acometido, muy rico en tierras, joyas
y dineros, muy acepto á la voluntad de todos los reyes de Argel. Para
abreviar, fuése á desembarcar, no á la ciudad, sino á una heredad suya
de grande recreacion de viñas y jardines muy regalados. Ella que se
vió tan obedecida de esclavos y amigos del turco, parece que se fué
ablandando y dejando la tristeza que le habia causado el cautiverio.
Vino andando el tiempo á querer bien á su amo, y á casarse con él,
dejando su religion verdadera por la del marido, en que vivió con
grandísimo gusto seis años ó siete, querida, servida, regalada, llena
de joyas y perlas, y muy olvidada de haber sido cristiana. Por cuya
contemplacion se hicieron y hacian cada dia alegrísimas fiestas de
cañas y otras invenciones, porque su condicion se parecia mucho á su
cara, y la cara se aventajaba á todas las de Argel, de manera, que
si no se casára luego con ella, se la quitáran para enviarla al gran
Turco. Pues viviendo con toda esta idolatría, siendo su gusto la norma
con que todos vivian, habia allí un esclavo de Menorca, hombre de
suerte, que como los demás comunicaba con ella: vino su rescate, y el
buen hombre fuése á despedir de ella, y preguntóle en qué lugar habia
de residir; él se lo dijo, y ella le mandó que viviese con cuidado
para lo que sucediese. Él, que no era lerdo, la entendió, y yéndose á
Menorca, vivió con él todo el tiempo que pasó, hasta que tuvo ella modo
como escribirle una carta á Menorca, en que le decia que viniese con un
bergantin, bien puesto, á la heredad de su marido, á media noche para
tal dia. Como llegó el tiempo en que todos salen de Argel en corso,
su marido armó sus galeotas con trescientos esclavos, muy hombres de
hechos, llevando vestidos á la española, y fué á su ventura, azotando
las olas con mucha gallardía, mirándolo su mujer, y dándole mil favores
desde una torre de su propia casa. El tiempo era muy caluroso, y el dia
que tenia concertado en la carta se acercaba. Fingióse muy afligida
de la ausencia y del calor, y dijo á sus esclavos y gente que se
queria ir á consolar á su heredad y jardines, y llevó consigo, como
para estar muchos dias, algunos cofres, donde iban vestidos, joyas y
dineros y toda la riqueza de oro y plata que habia en su casa, donde
estuvo algunos dias regalándose á sí y á sus esclavos y mujeres, que
si antes la querian mucho, entonces la adoraban. Llegó la noche que
tenia concertada sin haberse descubierto á nadie, con tan grande
sagacidad y secreto, que ni aun por el pensamiento se pudiera imaginar
su determinacion, y puesta á una ventana aguardó hasta las doce de
la noche, sin dormir ni pegar sus ojos, que vió un bulto que venia
de hácia la mar: hizo la seña que estaba concertada por la carta, y
acudiendo bien á ella el hidalgo, dijo: Ea, que aquí está el bergantin.
Entonces la determinada señora habló con toda la brevedad que pudo á
sus esclavos, diciendo: Hermanos y amigos, comprados con la sangre
de Jesucristo; mi determinacion es esta, el que quisiere libertad y
vivir como cristiano, sígame hasta España. Respondió por todos un gran
soldado cautivo, natural de Málaga: Señora, todos estamos determinados
de obedecer vuestro mandamiento; pero mirad el peligro en que os poneis
y nos poneis, que ya las torres dan aviso, y en amaneciendo cuajarán la
mar de galeotas, y nos darán caza sin duda. Á que ella respondió: Quien
me puso esto en el corazon me guiará á salvamento; y cuando no suceda,
más quiero ser manjar de horribles mónstruos marinos en los profundos
abismos de las profundas cavernas del mar, muriendo cristiana, que
ser reina de Argel contra la religion que profesaron nuestros pasados.
Y sirviendo la hermosísima mujer de valeroso capitan, alentó á sus
esclavos de manera que en un instante llevaron al bergantin los cofres
y riquezas, dejando muertos á puñaladas á una negra y á dos turquillos
que daban voces. Juntos los esclavos, que ya no lo eran, con los que
venian en el bergantin, todos hombres honrados y de gran pecho, se
confortaron de manera unos á otros, que el bergantin volaba con la
fuerza de los remos y el viento que ayudaba.
En sabiéndose el caso en Argel, que fué luego, echaron tras ellos
cuarenta ó cincuenta galeotas, llevando cada cual su centinela en la
gavia y en la entena, que entendieron dar luego con el bergantin;
más parece que Dios ó lo guió ó lo hizo invisible; pues fuera de la
diligencia dicha, su marido Mami Reis andaba por las islas, y ni los
unos ni los otros dieron con el bergantin, hasta que al amanecer se
hallaron entre las dos galeotas de su marido, que para la tierra
adentro llevaba su gente vestida á la española. Ella con gran presteza
y sagacidad mandó que los demás que iban en el bergantin con los
esclavos se pusiesen como turcos, para que pudiesen huir dando á
entender que huian de españoles. Fué gallarda y astuta la advertencia,
porque viendo Mami Reis que huian de él se holgó, diciendo: Sin
duda parecemos españoles, pues aquel bergantin de turcos se huye de
nosotros, y con grande risa celebraron la huida del bergantin, que
con esta traza se libraron, y llegaron á España, donde está muy rica
y contenta, haciendo grandes limosnas de la hacienda de su marido: y
aunque en Argel sucedió otro caso semejante á este, fué con más poder
y menos circunstancias. Ya sabes á qué propósito te he contado este
caso, sucedido poco tiempo há, y sin duda yo creo que ninguno hay que
no tenga estampada en el corazon la primera religion que profesó,
digo de los bautizados, si bien esta mujer mostró más que todos aquel
pecho varonil, y determinacion cristiana. No me espanto, dije yo,
que esa señora haya tenido tan grande valor en su determinacion, que
es propio de mujeres poner por obra lo que se les pone en la testa,
ni que haya vencido en atrevimiento á los hombres, ni de que tuviese
traza para ejecutar su intento, que todo eso es creible en su natural
inclinacion. Lo que me admira es que haya tenido capacidad para guardar
el secreto tanto tiempo, que es más dificultoso en las mujeres guardar
el secreto que guardar la castidad; porque ninguna se escapa de tener
una amiga con quien comunica lo pasado, presente y venidero. Que lo
otro no fué más de encajársele en la cabeza que lo habia de hacer,
porque carecia del discurso que habia menester un caso tan árduo,
importante y peligroso, que se atrevia á su marido, á los corsarios y
á todo Argel, á todas las olas y borrascas del mar Mediterráneo, á las
bestias marinas jamás vistas, ni conocidas en su elemento, ni fuera
de él, y todo esto no fué tan grande hazaña como no revelar todo el
secreto que tanto importaba. Todo eso, dijo mi amo, es verdad, pero una
cosa me hace más contradiccion, y es: ¿Cómo esa, siendo doncella, no
tuvo valor para huir del molino con las demás cuando la cautivaron, y
lo tuvo despues para emprender un hecho tan heroico? Á eso, dije yo,
es fácil la respuesta, porque cuando esa señora era doncella, con la
frialdad natural que todas ordinariamente tienen, la trabó el temor los
miembros y venas del cuerpo, de manera que no pudo huir, ni aun moverse
de su lugar: pero despues que se casó, y la abrigó la fuerza del calor
del marido, mejoró su naturaleza, y cobró espíritu para acometer esa
empresa tan difícil. Y de todas las mujeres de quien se hace mencion en
la antigüedad no se sabe que fuesen doncellas, ni aun se puede creer.
¿Pues las Amazonas, preguntó mi amo, no se dice que fuesen doncellas?
Señor no, respondí yo, ni en tanto que lo eran salian á las batallas,
sino ejercitándose, no en ócio, ni en lanificio, sino en cazas de
fieras, en andar á caballo, usando de la lanza, arco y saeta; y para
hacerse más fieras, se mantenian de tortugas y lagartos: y en siendo
de edad para ello se mezclaban con los varones circunvecinos: y si del
concúbito parian hijo varon, ó le mataban, ó le mancaban de manera que
no quedase para ejercicio de hombre; y si parian hembra, porque no
fuese impedimento para tirar al arco, le sacaban ó cortaban el pecho
diestro, que eso quiere decir Amazonas, _Id est, sine ubere_, sin teta;
pero ninguna de ellas por sí sola hizo tan grande hazaña como esta
valenciana.
[Ilustración]
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