DESCANSO XIII.

Ofrece la ocasion algunas veces cosas que divierten del intento

principal, como me ha sucedido en este paréntesis, dejando mi historia

y tratando cosas que no son de mi profesion, mas de conforme naturaleza

las dicta y ofrece. Habiendo sucedido en mi buena suerte salir con lo

que se pretendia por el lenguaje de mi tordo, mi amo cumplió su palabra

despues de haber cumplido el Virey la suya; y admirándose del secreto

y prudencia con que el renegado se hubo en aquel caso, por donde

escusó el daño de tanta gente como habia presa, que si no fuera por la

sagacidad suya pereciera él primero, si no fuera por aquel camino, y

muchos de los presos sin culpa. Él me dió libertad con mucha voluntad,

aunque contra la de su hija, que ya la ví muy inclinada á la verdadera

religion, y al hermano, á quien yo habia persuadido la misma verdad, de

manera que ambos á dos tenian deseo del bautismo; aunque el padre no se

daba por entendido, sí lo sospechaba, porque aunque callaba, sin duda

lo deseaba. Llamábase el muchacho Mustafá, y la hermana Alima, aunque

despues que yo la pude comunicar y encaminarla á la verdad católica se

llamó María. Tuve lugar de hablar con ella á solas con mucho gusto,

pero no en cosas lascivas, que nunca tuve intento de ofenderla; y por

último la aseguré viniendo á España, que por todos los caminos posibles

la avisaria de mi estado, y la advertiria de lo que le convenia hacer

para ser cristiana como deseaba, que enterneciéndose más con su intento

principal que conmigo destiló algunas lágrimas de piedad cristiana,

y de rendida al amor honesto, con que siendo la última vez que la

hablé, me despedí de su presencia para lo que era comunicarla más, y

ella besando muchas veces el rosario que yo le habia dado, dijo, que

le guardaria para siempre. Díjome despues mi amo con muchas muestras

de amor: Obregon, yo no puedo dejar de cumplir la palabra que te dí,

por haberlo tú merecido, y por la obligacion que tengo de ser español,

y por las reliquias que me quedaron del bautismo (y miró al rededor

á ver si le escuchaba álguien) que tan en las entrañas tengo, que

ninguno de cuantos ves en todo Argel (de los moros hablo) te guardara

fé ni palabra, ni te agradeciera lo hecho. Y si el rey de Argel me

agradeció y cumplió la promesa que habia hecho á quien descubriese el

hurto, es porque es hijo de padres cristianos, donde la verdad y la

palabra inviolable se guardan. Y por acá esta bárbara nacion dice que

el guardar la palabra es de mercaderes, y no de caballeros. Y aunque

yo te la cumplo, hágolo contra mi voluntad, porque al fin estando tú

aquí tenia con quien descansar en las cosas que no pueden comunicarse.

Pero ya que es fuerza y tú estás inclinado á no estar en Argel, como

yo tenia trazado, yo mismo te quiero llevar á España en mis galeotas,

y dejarte donde puedas con libertad acudir á tu religion. Ahora es el

tiempo propio, en que salen todos en corso; yo habré de ir deshermanado

de los demás, por dejarte en alguna de las islas más cercanas á España,

que más á poniente no osaré, porque me traen muy sobre ojo por toda la

costa, donde he hecho algunos daños muy notables: y si el galeon en

que venias no tuviera ventura en venirle buen viento, todos veníades

acá. Aprestóse mi amo para hacer su viaje, llevando algunos turcos muy

valientes consigo, y muy acostumbrados á ser piratas; y escogiendo

buen tiempo, puso la proa hácia las islas Baleares, dejando en las

orillas á su mujer é hija muy llorosas, la una encomendándolo al gran

profeta Mahoma, y la otra llamando muy á voces y muy desconsolada á la

Vírgen María, que como no habia cerca quien pudiese reprehenderla, lo

decia como lo sentia. Yo iba volviendo los ojos á la ciudad, rogando

á Dios que algun tiempo pudiese tornar á ella siendo de cristianos,

que como yo dejaba lo mejor de mi persona en ella, iba, aunque libre,

doliéndome de dejar entre aquella canalla una prenda que se pudiera

desempeñar con la sangre del corazon, pues deseaba aprovecharse de la

de Cristo, que aunque la supe dejar muy satisfecha y confiada de mi

voluntad, llevaba entre mí una batalla que no me dejaba acudir á otra

cosa sino al pensamiento que me aquejaba por cruel y desagradecido, me

martirizaba por ausente, y me acusaba dejar un alma cristiana entre

cuerpos moros; pero no sé qué confianza me aseguraba que la habia de

volver á ver cristiana. Al fin caminamos con felicísimo viento; y

como mi amo me via volver el rostro á la ciudad, decíame: Obregon,

paréceme que vas mirando á Argel y echándola maldiciones por verla tan

llena de cristianos cautivos, y por eso la llamas ladronera ó cueva de

ladrones á esta ciudad, pues asegúrote que no es el mayor daño el que

los corsarios hacen, que al fin van con su riesgo, y alguna vez van

por lana y no vuelven trasquilados, ni por trasquilar. Que el mayor

daño es que por ver que son en Argel bien recibidos, muchos de su

voluntad se vienen de todas las fronteras de África con sus arcabuces,

ó por necesidad de libertad, ó por la falta de regalos, ó por ser mal

inclinados y tener el aparejo tan fácil, que es lastimosa cosa ver que

por la ocasion dicha está llena esta ciudad de cristianos de poniente

y de levante; que aunque voy á hacer mal por mi provecho, no puedo

dejar de sentir el daño de la sangre bautizada que me tiene trabado el

corazon. Otras veces, dije yo, he sentido á vuesa merced enternecerse

en esta materia, como á hombre piadoso de corazon y de noble sangre;

pero no le veo con mudanza de religion, ni con propósito de volverse á

la inviolable fé de San Pedro que profesaron sus pasados. No quiero,

respondió mi amo, decirte que el amor de la hacienda, la hidalguía de

la libertad, ni la fuerza de mujer é hijos, ni los muchos daños que

en mi propia patria he hecho me divierten de ello, sino preguntarte,

si alguna vez me has visto curioso en saber qué doctrina enseñabas á

mis hijos: que por aquí verás cómo debe estar mi fé en mi pecho. Y

asegúrote que de cuantos renegados has visto muy poderosos, ricos de

esclavos y hacienda, ninguno deja de saber que va engañado; que la

libertad que tienen tan grande, y las honras y haciendas, en que son

preferidos á los demás turcos y moros, los detienen, siendo señores, y

mandando lo que quieren, y á quien quieren; pero saben bien la verdad.

Y para prueba de esto en tanto que el tiempo refresca en nuestro favor,

te quiero contar lo que sucedió poco tiempo há en Argel.

Hay aquí un turco muy poderoso en hacienda, y abundante en esclavos,

venturoso en la mar, y esperimentado en la tierra, llamado Mami

Reis, es hombre de gentil determinacion, de buen talle, liberal y

bien quisto. Yendo este en corso por la costa de Valencia anduvo

algunos dias sin poder encontrar presa en el agua, hasta tanto que

los mantenimientos le faltaron; vista la necesidad saltaron en tierra

él y sus compañeros con mucho riesgo y peligro de sus personas,

porque encendiendo hachas por toda la costa los inquietaron de modo

que se tornaron al agua, disparando algunas piezas contra la gente

del socorro. Con la priesa que llevaban se dejaron en tierra al

señor de la galeota y á otro soldado amigo suyo muy valiente, que

viéndose perdidos se entraron en un molino, donde hallaron solamente

una doncella hermosísima, que de turbada no pudo huir con las demás

gentes. Amenazáronla porque no diese voces, y en viendo la costa quieta

hicieron la seña que tenian hácia las galeotas, y en viendo la primera

noche vinieron al molino, y antes que tornase la gente del rebato

cogieron al capitan y su compañero, llevándolos á su galeota juntamente

con la cautiva doncella. La hermosura de ella era de manera que

dijeron, y con verdad, que tal joya de talle y rostro no se habia jamás

visto en Argel. El capitan, dueño de las galeotas, dijo que estimaba

en más aquella presa que si hubiera saqueado á toda Valencia. Ella iba

acongojadísima y llorosa, y él diciéndola que no fuese desagradecida

á su buena fortuna, pues iba á ser señora de toda aquella hacienda

y otra mayor y de más importancia, y no á ser esclava como pensaba.

Pero la hermosura y apacibilidad del rostro, acompañada con una mansa

gravedad, era de modo que se puede decir que siendo de noche dió luz

á toda la galeota, á quien todos se rindieron y humillaron como á

cosa divina, admirándose que Valencia criase tan soberanas prendas.

Fuéla consolando por toda la navegacion, que el turco sabe hablar un

poco la lengua española, y es hombre de muy buena suerte y talle, muy

venturoso en cuantas empresas ha acometido, muy rico en tierras, joyas

y dineros, muy acepto á la voluntad de todos los reyes de Argel. Para

abreviar, fuése á desembarcar, no á la ciudad, sino á una heredad suya

de grande recreacion de viñas y jardines muy regalados. Ella que se

vió tan obedecida de esclavos y amigos del turco, parece que se fué

ablandando y dejando la tristeza que le habia causado el cautiverio.

Vino andando el tiempo á querer bien á su amo, y á casarse con él,

dejando su religion verdadera por la del marido, en que vivió con

grandísimo gusto seis años ó siete, querida, servida, regalada, llena

de joyas y perlas, y muy olvidada de haber sido cristiana. Por cuya

contemplacion se hicieron y hacian cada dia alegrísimas fiestas de

cañas y otras invenciones, porque su condicion se parecia mucho á su

cara, y la cara se aventajaba á todas las de Argel, de manera, que

si no se casára luego con ella, se la quitáran para enviarla al gran

Turco. Pues viviendo con toda esta idolatría, siendo su gusto la norma

con que todos vivian, habia allí un esclavo de Menorca, hombre de

suerte, que como los demás comunicaba con ella: vino su rescate, y el

buen hombre fuése á despedir de ella, y preguntóle en qué lugar habia

de residir; él se lo dijo, y ella le mandó que viviese con cuidado

para lo que sucediese. Él, que no era lerdo, la entendió, y yéndose á

Menorca, vivió con él todo el tiempo que pasó, hasta que tuvo ella modo

como escribirle una carta á Menorca, en que le decia que viniese con un

bergantin, bien puesto, á la heredad de su marido, á media noche para

tal dia. Como llegó el tiempo en que todos salen de Argel en corso,

su marido armó sus galeotas con trescientos esclavos, muy hombres de

hechos, llevando vestidos á la española, y fué á su ventura, azotando

las olas con mucha gallardía, mirándolo su mujer, y dándole mil favores

desde una torre de su propia casa. El tiempo era muy caluroso, y el dia

que tenia concertado en la carta se acercaba. Fingióse muy afligida

de la ausencia y del calor, y dijo á sus esclavos y gente que se

queria ir á consolar á su heredad y jardines, y llevó consigo, como

para estar muchos dias, algunos cofres, donde iban vestidos, joyas y

dineros y toda la riqueza de oro y plata que habia en su casa, donde

estuvo algunos dias regalándose á sí y á sus esclavos y mujeres, que

si antes la querian mucho, entonces la adoraban. Llegó la noche que

tenia concertada sin haberse descubierto á nadie, con tan grande

sagacidad y secreto, que ni aun por el pensamiento se pudiera imaginar

su determinacion, y puesta á una ventana aguardó hasta las doce de

la noche, sin dormir ni pegar sus ojos, que vió un bulto que venia

de hácia la mar: hizo la seña que estaba concertada por la carta, y

acudiendo bien á ella el hidalgo, dijo: Ea, que aquí está el bergantin.

Entonces la determinada señora habló con toda la brevedad que pudo á

sus esclavos, diciendo: Hermanos y amigos, comprados con la sangre

de Jesucristo; mi determinacion es esta, el que quisiere libertad y

vivir como cristiano, sígame hasta España. Respondió por todos un gran

soldado cautivo, natural de Málaga: Señora, todos estamos determinados

de obedecer vuestro mandamiento; pero mirad el peligro en que os poneis

y nos poneis, que ya las torres dan aviso, y en amaneciendo cuajarán la

mar de galeotas, y nos darán caza sin duda. Á que ella respondió: Quien

me puso esto en el corazon me guiará á salvamento; y cuando no suceda,

más quiero ser manjar de horribles mónstruos marinos en los profundos

abismos de las profundas cavernas del mar, muriendo cristiana, que

ser reina de Argel contra la religion que profesaron nuestros pasados.

Y sirviendo la hermosísima mujer de valeroso capitan, alentó á sus

esclavos de manera que en un instante llevaron al bergantin los cofres

y riquezas, dejando muertos á puñaladas á una negra y á dos turquillos

que daban voces. Juntos los esclavos, que ya no lo eran, con los que

venian en el bergantin, todos hombres honrados y de gran pecho, se

confortaron de manera unos á otros, que el bergantin volaba con la

fuerza de los remos y el viento que ayudaba.

En sabiéndose el caso en Argel, que fué luego, echaron tras ellos

cuarenta ó cincuenta galeotas, llevando cada cual su centinela en la

gavia y en la entena, que entendieron dar luego con el bergantin;

más parece que Dios ó lo guió ó lo hizo invisible; pues fuera de la

diligencia dicha, su marido Mami Reis andaba por las islas, y ni los

unos ni los otros dieron con el bergantin, hasta que al amanecer se

hallaron entre las dos galeotas de su marido, que para la tierra

adentro llevaba su gente vestida á la española. Ella con gran presteza

y sagacidad mandó que los demás que iban en el bergantin con los

esclavos se pusiesen como turcos, para que pudiesen huir dando á

entender que huian de españoles. Fué gallarda y astuta la advertencia,

porque viendo Mami Reis que huian de él se holgó, diciendo: Sin

duda parecemos españoles, pues aquel bergantin de turcos se huye de

nosotros, y con grande risa celebraron la huida del bergantin, que

con esta traza se libraron, y llegaron á España, donde está muy rica

y contenta, haciendo grandes limosnas de la hacienda de su marido: y

aunque en Argel sucedió otro caso semejante á este, fué con más poder

y menos circunstancias. Ya sabes á qué propósito te he contado este

caso, sucedido poco tiempo há, y sin duda yo creo que ninguno hay que

no tenga estampada en el corazon la primera religion que profesó,

digo de los bautizados, si bien esta mujer mostró más que todos aquel

pecho varonil, y determinacion cristiana. No me espanto, dije yo,

que esa señora haya tenido tan grande valor en su determinacion, que

es propio de mujeres poner por obra lo que se les pone en la testa,

ni que haya vencido en atrevimiento á los hombres, ni de que tuviese

traza para ejecutar su intento, que todo eso es creible en su natural

inclinacion. Lo que me admira es que haya tenido capacidad para guardar

el secreto tanto tiempo, que es más dificultoso en las mujeres guardar

el secreto que guardar la castidad; porque ninguna se escapa de tener

una amiga con quien comunica lo pasado, presente y venidero. Que lo

otro no fué más de encajársele en la cabeza que lo habia de hacer,

porque carecia del discurso que habia menester un caso tan árduo,

importante y peligroso, que se atrevia á su marido, á los corsarios y

á todo Argel, á todas las olas y borrascas del mar Mediterráneo, á las

bestias marinas jamás vistas, ni conocidas en su elemento, ni fuera

de él, y todo esto no fué tan grande hazaña como no revelar todo el

secreto que tanto importaba. Todo eso, dijo mi amo, es verdad, pero una

cosa me hace más contradiccion, y es: ¿Cómo esa, siendo doncella, no

tuvo valor para huir del molino con las demás cuando la cautivaron, y

lo tuvo despues para emprender un hecho tan heroico? Á eso, dije yo,

es fácil la respuesta, porque cuando esa señora era doncella, con la

frialdad natural que todas ordinariamente tienen, la trabó el temor los

miembros y venas del cuerpo, de manera que no pudo huir, ni aun moverse

de su lugar: pero despues que se casó, y la abrigó la fuerza del calor

del marido, mejoró su naturaleza, y cobró espíritu para acometer esa

empresa tan difícil. Y de todas las mujeres de quien se hace mencion en

la antigüedad no se sabe que fuesen doncellas, ni aun se puede creer.

¿Pues las Amazonas, preguntó mi amo, no se dice que fuesen doncellas?

Señor no, respondí yo, ni en tanto que lo eran salian á las batallas,

sino ejercitándose, no en ócio, ni en lanificio, sino en cazas de

fieras, en andar á caballo, usando de la lanza, arco y saeta; y para

hacerse más fieras, se mantenian de tortugas y lagartos: y en siendo

de edad para ello se mezclaban con los varones circunvecinos: y si del

concúbito parian hijo varon, ó le mataban, ó le mancaban de manera que

no quedase para ejercicio de hombre; y si parian hembra, porque no

fuese impedimento para tirar al arco, le sacaban ó cortaban el pecho

diestro, que eso quiere decir Amazonas, _Id est, sine ubere_, sin teta;

pero ninguna de ellas por sí sola hizo tan grande hazaña como esta

valenciana.

[Ilustración]

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Vida del escudero Marcos de Obregón · 第 64 / 101 题