PRÓLOGO DEL AUTOR.

Muchos dias, y algunos meses y años estuve dudoso si echaria en el

corro á este pobre _Escudero_, desnudo de partes y lleno de trabajos,

que la confianza y la desconfianza me hacian una muy trabada é interior

guerra. La confianza llena de errores, la desconfianza encogida de

terrores; aquella muy presuntuosa, y estotra muy abatida; aquella

desvaneciendo el celebro, y ésta desjarretando las fuerzas; y así me

determiné de poner por medio á la humildad, que no solamente es tan

acepta á los ojos de Dios, pero á los de los más ásperos jueces del

mundo. Comuniquélas con el Licenciado Tribaldos de Toledo, muy gran

poeta latino y español, docto en la lengua griega y latina, y en las

ordinarias hombre de consumada verdad; y con el maestro fray Hortensio

Félix Paravesin, doctísimo en letras divinas y humanas, muy gran poeta

y orador; y alguna parte de ello con el Padre Juan Luis de la Cerda,

cuyas letras, virtud y verdad están muy conocidas y loadas; y con el

divino ingenio de Lope de Vega, que como él se rindió á sujetar sus

versos á mi correccion en su mocedad, yo en mi vejez me rendí á pasar

por su censura y parecer; con Domingo Ortiz, secretario del Supremo

Consejo de Aragon, hombre de excelente ingenio y notable juicio; con

Pedro Mantuano, mozo de mucha virtud, y versado en mucha leccion de

autores graves que me pusieron más ánimo que yo tenia; y no sólo me

sujeté á su censura, pero á la de todos cuantos encontraren alguna cosa

digna de reprehension, suplico me adviertan de ella, que seré humilde

en recibilla. El intento mio fué ver si acertaria á escribir en prosa

algo que aprovechase á mi república, deleitando y enseñando, siguiendo

aquel consejo de mi maestro Horacio, porque han salido algunos libros

de hombres doctísimos en letras y en opinion, que le abrazan tanto con

sola la doctrina, que no dejan lugar donde pueda el ingenio alentarse

y recibir gusto: y otros tan enfrascados en parecerles que deleitan

con burlas y cuentos entremesiles, que despues de haberlos leido,

revuelto, aechado y aun cernido, son tan fútiles y vanos, que no dejan

cosa de sustancia ni provecho para el lector, ni de fama y opinion para

sus autores. El padre maestro Fonseca escribió divinamente del amor

de Dios, y con ser materia tan alta, tiene muchas cosas donde puede

el ingenio espaciarse y vagarse con deleite y gusto, que ni siempre

se ha de ir con el rigor de la doctrina, ni siempre se ha de caminar

con la flojedad del entretenimiento: lugar tiene la moralidad para el

deleite, y espacio el deleite para la doctrina; que la virtud (mirada

cerca) tiene grandes gustos para quien la quiere; y el deleite y

entretenimiento dan mucha ocasion para considerar el fin de las cosas.

En tanto que no tuve determinacion (así por la persecucion de la

gota, como por la desconfianza mia) para sacar al teatro público mi

_Escudero_, un caballero amigo me pidió unos cuadernillos de él, y

llegando á la noticia de cierto gentil-hombre (á quien yo no conozco)

aquella novela de la tumba de San Ginés, pareciéndole que no habia

de salir á luz, la contó por suya, diciendo y afirmando que á él le

habia sucedido; que hay algunos espíritus tan fuera de la estimacion

suya, que se arrojan á entretener á quien los oye, con lo que se ha de

averiguar no ser suyo.

Si á alguno se le asentare bien tratar de personas vivas, y alegar con

sugetos conocidos y presentes, digo que yo he alcanzado la monarquía

de España tan llena y abundante de gallardos espíritus en armas y

letras, que no creo que la Romana los tuvo mayores, y me arrojo á decir

que ni tantos ni tan grandes. Y no quiero tratar de las cosas que los

españoles han hecho en Flandes tan superiores á las antiguas, como

escribió Luis de Cabrera en su _Perfecto Príncipe_, sino de los que

nuestros ojos han visto cada dia, y nuestras manos han tocado, como

los que hizo Don Pedro Enriquez, conde de Fuentes, con tan increible

ánimo; la toma y saco de Amiens, que escribió en sus _Comentarios_ don

Diego de Villalobos, donde fué valeroso Capitan de lanzas é infantería,

que con un carro de heno y un costal de nueces, seis capitanes

tomaron una ciudad tan grande, plataforma y amparo de toda Francia;

la felicidad y determinacion con que acuden al servicio de su rey los

españoles, poniendo sus vidas á peligro de perderlas, como se vió ahora

en lo de la Mámora, que anduvieron nadando toda la noche, no hallando

bajel ni tierra donde ampararse, sobrepujando con valor á su fortuna,

cosas que no se vieron en la Monarquía romana. ¿Qué autores antiguos

escedieron á los que ha engendrado España en los pocos años que ha

estado libre de guerras? ¿Qué oradores fueron mayores que Don Fernando

Carrillo, Don Francisco de la Cueva, el Licenciado Berrio, y otros que

con excelentísimos y levantados conceptos persuaden á la verdad de

sus partes? De no leer los autores muertos, ni advertir los vivos los

secretos que llevan encerrados en lo que profesan, nace no darles el

aplauso que merecen; que no es sólo la corteza lo que se debe mirar,

sino pasar con los ojos de la consideracion más adentro. Ni por ser los

autores más antiguos son mejores, ni por ser más modernos son de menos

provecho y estimacion. Quien se contenta con sola la corteza, no saca

fruto del trabajo del autor; mas quien lo advierte con los ojos del

alma, saca milagroso fruto.

Dos estudiantes iban á Salamanca desde Antequera, uno muy descuidado,

otro muy curioso: uno muy enemigo de trabajar y saber, y otro muy

vigilante escudriñador de la lengua latina; y aunque muy diferentes en

todas las cosas, en una eran iguales, que ambos eran pobres. Caminando

una tarde de verano por aquellos llanos y vegas, pereciendo de sed,

llegaron á un pozo, donde habiendo refrescado, vieron una pequeña

piedra, escrita en letras góticas ya medio borradas por la antigüedad,

y por los piés de las bestias, que pasaban y bebian, que decian dos

veces: _Conditur unio, conditur unio._ El que sabia poco, dijo: ¿Para

qué esculpió dos veces una cosa este borracho? (que es de ignorantes

ser arrojadizos). El otro calló, que no se contentó con la corteza, y

dijo: Cansado estoy, y temo la sed; no quiero cansarme más esta tarde.

Pues quedaos como poltron, dijo el otro. Quedóse, y habiendo visto

las letras, despues de haber limpiado la piedra, y descortezado el

entendimiento, dijo: _Unio_ quiere decir union, y _unio_ quiere decir

perla preciosísima; quiero ver qué secreto hay aquí, y apalancando

lo mejor que pudo, alzó la piedra, donde halló la union del amor de

los dos enamorados de Antequera, y en el cuello de ella una perla más

gruesa que una nuez, con un collar que le valió 4,000 escudos: tornó á

poner la piedra y echó por otro camino.

Algo prolijo, pero importante es el cuento, para que sepan cómo se han

de leer los autores, porque ni los tiempos son unos, ni las edades

están firmes. Yo querria en lo que he escrito que nadie se contentase

con leer la corteza, porque no hay en todo mi _Escudero_ hoja que no

lleve objeto particular, fuera de lo que suena. Y no solamente ahora lo

hago; sino por inclinacion natural en los derramamientos de la juventud

lo hice en burlas y veras; edad que me pesa en el alma que haya pasado

por mí, y plegue á Dios que lleguen los arrepentimientos á las culpas.

[Ilustración]

Vida del escudero Marcos de Obregón · 第 21 / 101 题