¿Termina verdaderamente con la muerte la biografía de VICENTE ESPINEL?
No hay escritor español sobre cuyas obras más se haya discutido. Todo
el siglo XVII permaneció ESPINEL en el más profundo olvido, sobre todo
desde que con la muerte de Lope de Vega Carpio y de don Francisco Gomez
de Quevedo desaparecieron tambien sus dos últimos amigos. Desde el
primer tercio del siglo XVIII volvió á estar otra vez ESPINEL en moda;
pero de la manera más desagradable que pueden ponerse á la polémica
del dia las obras y el ingenio de un autor. Ademas de la invencion de
la quinta cuerda de la guitarra, debíase á nuestro poeta la de una
nueva combinacion métrica y rítmica en nuestra poesía, combinacion de
tal llaneza y flexibilidad de estructura, que muy luego fué aceptada
por todos nuestros poetas, inundando el Parnaso con las composiciones
escritas en el nuevo metro. Llamóse este, _décima_ ó _Espinela_, de
su inventor ESPINEL, como los versos sáficos de Safo[19]. Aunque esta
verdad no admitia réplica y todo el mundo la sabia, la erudicion
pedante, esa que no se entretiene sino en fátuas fruslerías y que no
se para en deslustrar glorias, con tal de hacer entender que el que
hace de ella su profesion posee la quinta esencia de la más sutil
sabiduría, trató de arrebatar este parco honor á la memoria del poeta,
pretendiendo sostener que las estrofas de diez versos octosílabos eran
conocidas y usadas desde mucho antes que ESPINEL viniese al mundo. No
era así enteramente: antes de ESPINEL se componian estas estrofas con
la reunion de dos _quintillas_, completamente distintas entre sí, en
la segunda de las cuales se pareaban indeclinablemente los consonantes
de los dos primeros versos. Cualquiera de los poetas de casi todo el
siglo XVI nos ofrece abundantes ejemplos de este género de composicion.
El mismo Miguel de Cervantes Saavedra coetáneo de ESPINEL, las prodigó
bastante, antes de conocer la invencion de su docto amigo; y hé aquí
cómo las construia, segun se encuentran entre los versos laudatorios
que preceden al antes referido _Cancionero de Lopez Maldonado_.
Bien donado sale al mundo
Este libro, dó se encierra
La paz de amor y la guerra
Y aquel fruto sin segundo
De la castellana tierra,--
Que, aunque la da Maldonado,
Vá tan rico y bien donado
De ciencia y de discrecion;
Que me afirmo en la razon
De decir que es bien-donado.
El sentimiento amoroso
Del pecho más encendido
En fuego de amor, y herido
De su dardo ponzoñoso,
Y en la lid suya cogido;--
El temor y la esperanza
Con que el bien y el mal se alcanza
En las empresas de amor
Aquí muestra su valor,
Su buena ó su mala andanza...
Cito la composicion que conozco más perfecta y que más se acerca á la
estructura de la _décima_ inventada por ESPINEL, por lo mismo que la
diferencia que entre una y otra combinacion métrica existe, es tan
fácil de observar. La _décima_ de ESPINEL constituye una composicion
tan perfecta como el _soneto_, sin sus pretensiones heróicas, por cuya
razon ha sido siempre preferida á éste para expresar un pensamiento
completo, aunque más sencillo que el que al _soneto_ corresponde. La
décima se compone de dos estrofas de cuatro versos octosílabos cada
una con consonantes del primero con cuarto, y del segundo con tercero,
entre las que se introducen otros dos versos octosílabos auxiliares
del pensamiento para ligar entre sí la tésis y la conclusion: los
consonantes de estos dos auxiliares se ligan el primero con el cuarto y
el segundo con el séptimo. La tésis de la composicion, en la _décima_,
se presenta y desenvuelve en la primera redondilla; el silogismo para
la prueba del pensamiento se establece en los dos versos posteriores, y
la segunda cuarteta completa con perfeccion el raciocinio poético. Esto
no era lo conocido ni practicado antes de ESPINEL, aparte del elemento
armónico en la rima de su nueva composicion. ESPINEL sólo nos dejó un
modelo de su obra: aquellos versos que comienzan así:
No hay bien que del mal me guarde
Temeroso y encogido,
De sin razon ofendido,
Y de ofendido cobarde.
Y aunque mi queja ya es tarde,
Y razon me la defiende,
Más en mi daño se enciende:
Que voy contra quien me agravia,
Como el perro, que con rábia
Á su propio dueño ofende.
Ya esta suerte, que empeora,
Se vió tan en las estrellas,
Que formó de mí querellas,
De quien yo las formo ahora.
Y es tal la falta, señora,
De este bien, que de pensallo
Confuso y triste me hallo,
Que si por vos me preguntan
Los que mi daño barruntan,
De pura vergüenza callo...
¡Lástima grande que un nombre tan ilustre como el de D. Gregorio Mayans
y Císcar fuese el que se distinguiera más en esta clase de acérrima
oposicion al mérito de esta invencion!
No habia de estar, sin embargo, solo entre los impugnadores de las
obras del infortunado poeta de Ronda. Al fin de las _Rimas_, impresas
en 1591, ESPINEL, que presumia de gran latino y de buen discípulo de
Horacio, habia publicado una traduccion de la _Epístola á los Pisones_,
dedicada á D. Pedro Manrique de Castilla, de la casa de los Vargas, que
fueron siempre tan favorecedores suyos. Era la primera traduccion del
_Arte poética de Horacio_ que se hacia en castellano y una tambien de
las primeras en las lenguas neolatinas. Comentaristas del preceptista
del Lacio los habia á centenares dentro y fuera de España; pero estos
comentarios estaban escritos en latin bárbaro moderno y abundaban
más en audacias pedantescas que en sabia doctrina para la mejor
inteligencia del texto. Por último, todos los datos que resultan del
exámen de la traduccion de ESPINEL, y sobre todo el de su defectuosa
versificacion castellana, inducen á sospechar que esta fué ensayo de
sus primeros aleteos poéticos, probablemente practicado en las mismas
escuelas rondeñas de Juan Cansino, antes de visitar por vez primera las
celebradas aulas de Salamanca. Ni en bien ni en mal se habia ocupado
la crítica de esta produccion, ciertamente la menos pretenciosa de
ESPINEL, cuando proyectando D. Juan José Lopez Sedano comenzar la
publicacion de su _Parnaso Español_ en 1768, ocurriósele encabezar su
obra con la produccion poética del _Arte de Horacio_, hecha por nuestro
poeta. Verdaderamente ningun editor que publica un libro, empieza por
desacreditarlo; antes bien lo encomia y prepara á fin de que obtenga el
favor del público. Esto hizo Lopez Sedano con aquella obrilla, y esto
bastó para alborotar los nervios al famoso D. Tomás Iriarte, que no
tardó en abrir en las _Gacetas_ de la época la polémica más descomunal
contra la traduccion, contra el editor, contra ESPINEL y contra
el _Parnaso_. El secreto de esta contienda estaba en que Iriarte,
valiéndose de un inmenso catálogo de traductores y comentaristas,
principalmente franceses, posteriores al poeta de Ronda, los más
modernos y aun casi modernísimos, habia emprendido una nueva traduccion
del _Arte poética_ en verso castellano, y él, como apasionado autor,
la creia la mejor cosa que se habia hecho en el mundo. Por otra parte
con la discusion arrebatada, casi escandalosa, lograba llamar y aun
interesar la opinion hácia su nueva obra.
La traduccion de Iriarte no oscureció la de ESPINEL, aunque el nombre
de éste fué objeto de toda clase de irreverencias, y el migajon de
la disputa se contiene en varios folletos de la época, de estéril y
cansada lectura. La primera impugnacion de Iriarte se halla en el tomo
IV de la _Coleccion de obras en verso y prosa de D. Tomás Iriarte_,
(Madrid: impr. de Benito Cano: 1777). Contestó Lopez de Sedano en las
_Notas_ al tomo IX y último del _Parnaso Español_, (Madrid: impr. de D.
Antonio de Sancha: 1778, pág xlvj á ljv). Replicó nuevamente Iriarte
en el tomo VI de sus obras (1783) con un largo folleto titulado:
«_Donde las dan las toman_, diálogo joco-serio sobre la traduccion del
_Arte poética_ de Horacio y sobre la impugnacion que de aquella obra
publicó D. Juan José Lopez de Sedano al fin del tomo IX del _Parnaso
Español_,» y finalmente en dos volúmenes en octavo y bajo el pseudónimo
del doctor D. Juan María Chavero y Eslava, vecino de la ciudad de
Ronda, dió Lopez de Sedano en 1785 á las prensas de D. Félix de Casas
y Martinez, en Málaga sus «_Coloquios de la Espina_ entre D. Tirso
Espinosa, natural de la ciudad de Ronda y un amanuense natural de la
villa del Espinar, sobre la traduccion de la Poética de Horacio hecha
por el licenciado VICENTE ESPINEL y otras espinas y flores del _Parnaso
Español_.» La disputa fué cansada, larga y fatigosa, y aquí no queda
más espacio que para dar la noticia ya apuntada.
Lo mismo casi tengo que hacer con la cuestion más importante que
suscita el nombre de ESPINEL, despues de la larga y honda polémica de
carácter nacional á que han dado ocasion los raptos verificados en sus
obras por el novelista francés Mr. Alain René Le Sage y la publicacion
del _Gil Blas de Santillana_. Dos acusaciones casi simultáneas cayeron
en el siglo último sobre el autor francés poco escrupuloso, que ha
usurpado á la fama española una de esas reputaciones, que en la
esfera intelectual los frívolos escritores de Francia deben con suma
frecuencia á los robos que practican sobre las literaturas extranjeras.
La primera de estas denuncias se hizo en la misma Francia, por uno de
los hombres de más verdadero mérito propio que aquel país ha producido;
por el mismo Mr. Voltaire, el cual describiendo el siglo de Luis XIV,
al llegar á la figura, poco noble por sus escritos de Mr. Le Sage, y al
referirse á su novela del _Gil Blas_, que por aquel tiempo alborotaba
á la opinion dentro y fuera de su país, decia textualmente:--«_il est
entiérement pris du roman espagnol intitulé_ LA VIDAD DEL ESCUDIERO DOM
MÁRCOS D’OBREGO.[20]» Cuidaron los franceses, solícitos guardadores del
honor patrio, de tener velada esta acusacion de Voltaire, la cual no
demuestra ciertamente la ligereza que le han atribuido despues en su
juicio los escritores que por defender el prestigio de la literatura
nacional se han puesto del lado del plagiario, sino por el contrario,
que aunque Voltaire no se habia detenido en hacer un prolijo cotejo
capítulo por capítulo entre la obra de ESPINEL y la de LE SAGE, ni
una ni otra le eran desconocidas y aun que guardaba bien frescas y
puntuales reminiscencias de las dos.
En 1787 apareció en Madrid bajo el pseudónimo de D. Joaquin Federico
Is-salps, anagrama del nombre del P. Jesuita José Francisco de Isla,
una traduccion española de la obra de Le Sage, que ya habia recorrido
el mundo, hallando por todas partes aplausos é imitadores, con el
título de _Aventuras de Gil Blas de Santillana, robadas á España, y
adoptadas en Francia por Mr. Le Sage: restituidas á su patria y á
su lengua nativa por un español celoso que no sufre se burlen de su
nacion_. En su _Conversacion preliminar_ el P. Isla no atribuia á
ESPINEL la paternidad de la obra; pero sostenia que habia sido sacada
de original español. Por último, sin tener conocimiento de las obras,
ni mucho menos de los juicios de Voltaire, el diligente vicario de
Ronda, secretario que habia sido del obispo de Málaga, D. Jacinto
José de Cabrera y Rivas, hombre frenéticamente entusiasta del autor
de _Márcos de Obregon_, mantuvo de 1793 hasta 1819 frecuente trato
literario con Don José Lopez de la Torre Ayllon y Gallo, con el que
sostenia que el autor verdadero del _Gil Blas_ era VICENTE ESPINEL, en
corroboracion de lo cual le trasladaba repetidos pasajes de aquella
obra y su correspondencia idéntica con otros del _Márcos de Obregon_,
para que se viera la verdad de lo que aseveraba. No habian dejado de
causar impresion por Europa las indicaciones del P. Isla á las que se
unieron otros trabajos publicados en Paris por el escritor español
don Juan Antonio Llorente. Entonces á título _de abogado defensor de
la nacion francesa_, como él mismo se decia, salió á la palestra el
conde Francisco de Neufchateau, miembro del Instituto de Francia y
Ministro del Interior que habia sido, ante cuyo adversario elevando
Llorente nuevas _Observaciones críticas_ al seno de la misma Academia
francesa, generalizó la erudita discusion, logrando tomaran parte en
ella los literatos de todas las naciones. En esta cuestion, aunque
literaria, del mismo modo que en todas cuantas afectan á España,
harto visiblemente se han dibujado en el campo de la contienda las
simpatías históricas y tradicionales. Quiso hacer la crítica británica
alianza con la de Francia, y Walter Scott, hallándose en la cima de su
crédito, declaró sin exámen, que Le Sage era un escritor completamente
original; M. Everet, norte-americano aspiró á poner la cuestion en la
balanza de la justicia; el aleman Ludwig Tieck aplicó á su censura
todos los recursos de un análisis concienzudo y demostró que en el
_Gil Blas_ todo eran raptos de la literatura española, á escepcion del
estilo ligero, irónico y gracioso del escritor frances. Despues de la
defensa de Llorente, España no ha vuelto á decir una palabra, y en tal
estado se hallaria el asunto, si los escritores franceses viéndose
horriblemente cogidos en el doble lazo del análisis y de la crítica,
no se hubieran resuelto espontáneamente á transigir. Todos los pasajes
hurtados á la novela y á la comedia española por Mr. Le Sage, están ya
perfectamente deslindados. Gran parte de ellos, en efecto, corresponden
á las _Relaciones de la vida del Escudero Márcos de Obregon_ del
maestro VICENTE ESPINEL, como Voltaire con gran firmeza de penetracion
y de criterio aseveró: de modo que la ligereza sólo ha estado en
aquellos escritores que sin exámen negaran lo que tan fácilmente habia
de corroborar despues el más leve trabajo de comparacion. Mr. Baret en
estudios especiales sobre este asunto fija en diez los lugares del _Gil
Blas_ en que el _Márcos de Obregon_ fué traducido por Le Sage; pero
en esto no ha hecho sino seguir servilmente lo apuntado por el aleman
Tieck, el cual declara en el prólogo de su traduccion de la obra de
ESPINEL, que por la pérdida de algunos papeles donde conservaba sus
apuntes, no ha podido puntualizar todas sus observaciones de la manera
que lo habia hecho en la idea del prefacio de _Gil Blas_ donde se ha
tomado la anécdota de los estudiantes de la introduccion del _Márcos
del Obregon_; en la historia del barbero Diego de la Fuente; en la
aventura de la cortesana Camila; en la de la casa de los ladrones; en
la de los amores del barbero con D.ª Margelina, etc. Con esto se ha
dado por concluido el pleito.
Ciertamente se me tachará de dejar aquí la cuestion incompleta,
cuando ningun lugar parece más oportuno para dilucidarla. No puede
ser así, sin embargo; trabajos de esta índole para ser completos
demandan el auxilio de largos textos, y necesitaria para un cómodo
desenvolvimiento de los estudios que tengo practicados, un tomo de
mayores proporciones que la suma de todo el actual. No es, sin embargo,
obligacion que declino, y me reservo llenarla, como antes dije, en
coyuntura mejor. Entre tanto no puedo menos de sentirme lisonjeado en
haber sido el primero en bosquejar aquí, como ya queda bosquejado, el
rápido cuadro de una vida bastante ignorada hasta ahora por nuestros
hombres de letras, y que de todas maneras resulta siempre interesante.
Autores que, como VICENTE ESPINEL, tienen la honra de que sus obras
periódicamente se reproduzcan y frecuentemente promuevan polémicas
como las que dejo reseñadas, son siempre primeras figuras en el vasto
teatro de la literatura brillante de su nacion. Sus producciones
nunca palidecen; y en todo momento en que se impriman de nuevo, su
aparicion será oportuna. Las ediciones del _Gil Blas de Santillana_ no
podrian fácilmente enumerarse. Todos los idiomas cultos del mundo han
vertido del frances esta novela, y el lápiz y el buril harto se han
ensayado en trazar los pintorescos cuadros de sus variados episodios.
Nunca alcanzará, sin embargo, esta obra francesa el rango de la
inmortal española de MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA. La razon es óbvia:
el brillante ingenio español del siglo de Felipe II fué el creador
sublime de un libro que perpétuamente hablará al corazon y á la mente
de todas las generaciones, de todos los hombres, de todos los pueblos.
El _Gil Blas de Santillana_, aunque en círculo más estrecho, pues
está desprovisto de idealidad, será tambien un libro universal; pero
no su pretendido autor, pues suprimidos diversos ingenios españoles,
de quienes tomó las diversas partes de su obra, y muy principalmente
VICENTE ESPINEL que en el _Márcos de Obregon_ le proporcionó los
mejores materiales, queda de todo punto suprimido, como Voltaire
pretendia, el carácter buscon y plagiario del decantado Le Sage.
_Juan Perez de Guzman._
Madrid 5 de Mayo de 1881.
[Ilustración]