Los defectos de que trata la crítica alemana, principalmente el último,
nacian de la propia condicion de toda nuestra literatura de aquel
siglo. Bajo el cetro de Felipe II, en que floreció el génio, todo en la
sociedad española estaba predispuesto al órden, bajo el rudo principio
de la disciplina, que es el carácter más relevante del progreso y de
la educacion pública, y de la autoridad y de la subordinacion, que
estrechan los vínculos de la nacionalidad. Dominaba en la literatura
Horacio, que era la autoridad clásica, la autoridad tradicional, la
autoridad de los antiguos; para las investigaciones de la moral y de
la metafísica, reinaba la autoridad de los textos sagrados, de la
Escritura y de los Santos Padres; para la política, el rey. No era
solamente la Inquisicion la que imponia trabas á las licencias de la
imaginacion y del pensamiento, sino el sentido público, las costumbres
generales que prohibian á la mente humana dilatarse en aquellos
asuntos que no se podrán nunca examinar sin peligro. Sin embargo,
no promovian quejas semejantes limitaciones, que se respetaban sin
esfuerzos, tanto más cuanto que no por eso faltaba á la fantasía y áun
á la reflexion seria y madura, extenso campo donde vaciar sus obras,
como lo justifican las de nuestros filósofos y místicos, juristas é
historiadores, médicos y matemáticos, novelistas y poetas. ¿No es, por
ventura, completo en todas sus partes el cuadro de nuestro movimiento
intelectual en la monarquía de Felipe II? Aquella literatura,
diametralmente opuesta en sus tendencias y caracteres á la del dia, era
propia de una sociedad sana y tranquila y de unos escritores probos é
ingénuos, que no proponiendose por tema constante de sus producciones
hacer la felicidad pública, ni dirigir los gobiernos y los pueblos,
como hoy acontece en el libro, en el teatro, en la cátedra, en el
foro, se contentaba únicamente con _deleitar sin corromper_. ¿Llena
este objeto la donosa narracion de las _Aventuras del escudero Márcos
de Obregon_? La opinion unánime de los críticos, que dejo apuntada,
elocuentemente lo acredita.
Pellicer en la _Vida de Cervantes_ ha querido encontrar el orígen del
_Márcos de Obregon_ en un movimiento de emulacion del anciano maestro
hácia el génio divino del autor inmortal del _Quijote_. Preciso es
confesar que el diligente biógrafo no ha dado pruebas bastantes de lo
que aseveraba, sino meras conjeturas que bien pudieran estrellarse
en la nocion que tenemos de la amistad y el respeto recíproco que
en vida uno y otro se profesaban. En el _Canto de Caliope_, en el
_Viaje_ y en la _Adjunta al Parnaso_ no sólo habia Cervantes celebrado
el raro estilo en que ESPINEL llevaba el cetro, y su envidiable
capacidad ya con la pluma, ya con la lira, sino que haciendo mérito
de los viejos afectos que con él le unian, en la _Adjunta_ cariñoso
exclamaba:--«Al famoso ESPINEL dará vuesa merced mis encomiendas, como
á uno de los más antiguos y verdaderos amigos que yo tengo.»--Á su vez
VICENTE ESPINEL en la _Casa de la Memoria_, le habia rendido análogo
tributo, reconociendo que ni la desgracia, ni el mar, ni el cautiverio
pudieron evitar al vuelo colosal de Cervantes tocar las altas cimas
de la gloria. Por otra parte, en las realidades de la vida, los dos
simultáneamente confluian á la proteccion misericordiosa del cardenal
arzobispo de Toledo, D. Bernardo de Sandoval y Rojas, de quien Salas
Barbadillo en la dedicatoria de _La Estafeta del dios Momo_ descubrió
recibian uno y otro pension contínua «para que pasasen su vejez con
menos incomodidad.» ¿Es presumible siquiera que ESPINEL pretendiera
aquel favor por el camino de una envidiosa rivalidad, como Pellicer
deja entrever en la alusion á los escuderos pedigüeños y habladores
de que en la dedicatoria al prelado hablaba cuando decia:--«No será
Márcos de Obregon el primer escudero hablador que ha visto V. S.
Ilma., ni el primero que con humildad se ha prostrado á besar el pié
de quien tan bien sabe dar la mano para levantar caidos?» Por Zoilo
que ESPINEL fuese, y en que CERVANTES lo estimara, lícito es creer
que Pellicer necesitó una gran fuerza de sutil suspicacia para notar
la malicia en las palabras apuntadas, y mucho más para sorprender una
alusion del escudero Márcos de Obregon al escudero Sancho Panza. ¡Eran
muy distintos escuderos! Ademas cuando ESPINEL ponia su dedicatoria
á los pies del cardenal Sandoval, hacia tiempo que acerca de lo de
Zoilo inválido, Lope de Vega ya habia escrito al Duque de Sesa, su
Mecenas:--«Merece ESPINEL que V. E. le honre por hombre ingenioso en el
verso latino y castellano, fuera de haber sido único en la música: que
su condicion ya no será áspera, pues la que más lo ha sido en el mundo,
se templa con los años ó se disminuye con la flaqueza.»
ESPINEL fué el primero en descubrir lealmente el fin que se habia
propuesto para escribir su _Obregon_:--«El intento mio, dice, fué ver
si acertaria escribir en prosa algo que aprovechase á mi república,
deleitando y enseñando, siguiendo aquel consejo de mi maestro Horacio;
porque han salido algunos libros de hombres doctísimos en letras
y opinion, que la abrazan tanto con sola la doctrina que no dejan
lugar por donde pueda el ingenio alentarse y recibir gusto, y otros
tan enfrascados en parecerles que deleitan con burlas y cuentos
entremesibles, que despues de haberlos leido, revuelto, aechado y aun
cernido, son tan fútiles y vanos, que no dejan otra cosa de sustancia
ni provecho para el lector, ni de fama y opinion para sus autores.»
Por si esto no es bastante, ESPINEL añade:--«Yo querria en lo que he
escrito que nadie se contentare con leer la corteza, porque no hay en
todo mi escudero hoja que no lleve objeto particular, fuera de lo que
suena.»--Difícil es apreciar, con tres siglos de distancia por medio y
una absoluta carencia de toda historia literaria, todo lo que mediante
esta advertencia haya en el _Márcos de Obregon_ de circunstancial,
local y adecuado á la época en que se dió á la estampa. La crítica no
puede ya apreciarlo, desprovista de los necesarios antecedentes, sino
en lo que la obra de ESPINEL tiene de universal, de perenne, de eterno.
Reducirla al estrecho círculo de las circunstancias en que apareció,
no es ya posible, cuando con bizarro empuje ha logrado dominar los
límites del tiempo, abrirse paso en la atencion de otras generaciones,
y difundirse hasta romper las barreras de los idiomas extraños. Es
preciso, pues, considerarla, y así los analistas precedentes la han
considerado, como monumento de una literatura universal.
¿Y quién duda que llena todas sus condiciones de una manera brillante?
No es el _Márcos de Obregon_ una novela moderna que analiza, sino
una narracion por exceso subjetiva, en que el autor, haciendo el
protagonista, aunque con supuesto nombre, desarrolla la trama
indeclinable de una existencia real luchando con la naturaleza, con
la sociedad y los obstáculos civiles. En vano será buscar en ella esa
variedad de caracteres que el arte agrupa con maña, no como los produce
la naturaleza; en vano las agitaciones de la pasion que la musa trágica
del drama exalta y acumula para producir los cuadros de negra tristeza
que dan á la vida un tinte patético de desesperacion y romanticismo:
ni siquiera el autor se propone sistematizar la desgracia, de manera
que persiguiendo sin descanso y bajo todas las formas á una misma
víctima, resulte la existencia sometida al despótico yugo de una ley
fatal eterna é inexorable. El escudero _Márcos de Obregon_ es un tipo
comun, que en medio de la sociedad tradicional antigua, se adelanta
á la figura del hombre de nuestras democracias modernas, donde los
triunfos sobre las adversidades contingentes de la vida real se gradúan
por los triunfos que sobre cada individuo alcanza su propia voluntad,
su propio albedrio, sin necesidad de sacarle de otra escena que de la
ordinaria en que la existencia se desenvuelve, ni de hacerle remontar
con plumas de Ícaro á las cimas de mitológicos heroismos. Gira, pues,
el interes de la obra entre la observacion constante de la vida y la
leccion fecunda de la experiencia; no estudia al hombre, como debe
estudiarle quien se propone dictar preceptos; tiende en su fondo y en
su forma á una contínua perfeccion, hasta hacer desear la paz de una
existencia laboriosa, modesta y solitaria; de este modo, siendo una
narracion, aunque ingeniosa, siempre sencilla, hallándose sus episodios
todos solícitamente sometidos á la enérgica ley de la realidad, pasma y
asombra la portentosa flexibilidad de un talento que ha sabido bordar
de pensamientos profundos las fruslerías pueriles del estudiante
sin libros, las trivialidades inocentes del calavera sin aventuras,
las empresas solitarias del soldado sin batallas y los egoismos sin
objeto del corazon sin hogar y del espíritu sin familia. ESPINEL quiso
en el _Márcos de Obregon_ realizar una obra superior á los ensayos
brillantes de su juventud, y no puede negársele la categoría de un
talento original. Por eso cuando algunos creyeron pudiera incurrir en
el hastío de tantas insípidas producciones, como diariamente acometian
los serviles imitadores del _Lazarillo de Tórmes_ y del _Guzman de
Alfarache_, viósele elevarse con propio vuelo sobre el nivel de sus
rivales, y la crítica de su siglo, representada por la voz pujante
del reverendo Padre Maestro Fray Hortensio Félix Paravicino, declaró,
como antes he consignado, que de los libros de este argumento, las
_Relaciones de la vida del escudero Márcos de Obregon_ son la mejor
cosa que nuestra lengua tendrá. Esta opinion persevera insistente
despues de tres siglos, y en ella estriba la secreta razon de por
qué se ha propagado por uno y otro continente, se ha traducido al
frances, al ingles, al aleman y se han multiplicado hasta aquí y aún se
multiplican hoy dia sus ediciones.