III.

Los defectos de que trata la crítica alemana, principalmente el último,

nacian de la propia condicion de toda nuestra literatura de aquel

siglo. Bajo el cetro de Felipe II, en que floreció el génio, todo en la

sociedad española estaba predispuesto al órden, bajo el rudo principio

de la disciplina, que es el carácter más relevante del progreso y de

la educacion pública, y de la autoridad y de la subordinacion, que

estrechan los vínculos de la nacionalidad. Dominaba en la literatura

Horacio, que era la autoridad clásica, la autoridad tradicional, la

autoridad de los antiguos; para las investigaciones de la moral y de

la metafísica, reinaba la autoridad de los textos sagrados, de la

Escritura y de los Santos Padres; para la política, el rey. No era

solamente la Inquisicion la que imponia trabas á las licencias de la

imaginacion y del pensamiento, sino el sentido público, las costumbres

generales que prohibian á la mente humana dilatarse en aquellos

asuntos que no se podrán nunca examinar sin peligro. Sin embargo,

no promovian quejas semejantes limitaciones, que se respetaban sin

esfuerzos, tanto más cuanto que no por eso faltaba á la fantasía y áun

á la reflexion seria y madura, extenso campo donde vaciar sus obras,

como lo justifican las de nuestros filósofos y místicos, juristas é

historiadores, médicos y matemáticos, novelistas y poetas. ¿No es, por

ventura, completo en todas sus partes el cuadro de nuestro movimiento

intelectual en la monarquía de Felipe II? Aquella literatura,

diametralmente opuesta en sus tendencias y caracteres á la del dia, era

propia de una sociedad sana y tranquila y de unos escritores probos é

ingénuos, que no proponiendose por tema constante de sus producciones

hacer la felicidad pública, ni dirigir los gobiernos y los pueblos,

como hoy acontece en el libro, en el teatro, en la cátedra, en el

foro, se contentaba únicamente con _deleitar sin corromper_. ¿Llena

este objeto la donosa narracion de las _Aventuras del escudero Márcos

de Obregon_? La opinion unánime de los críticos, que dejo apuntada,

elocuentemente lo acredita.

Pellicer en la _Vida de Cervantes_ ha querido encontrar el orígen del

_Márcos de Obregon_ en un movimiento de emulacion del anciano maestro

hácia el génio divino del autor inmortal del _Quijote_. Preciso es

confesar que el diligente biógrafo no ha dado pruebas bastantes de lo

que aseveraba, sino meras conjeturas que bien pudieran estrellarse

en la nocion que tenemos de la amistad y el respeto recíproco que

en vida uno y otro se profesaban. En el _Canto de Caliope_, en el

_Viaje_ y en la _Adjunta al Parnaso_ no sólo habia Cervantes celebrado

el raro estilo en que ESPINEL llevaba el cetro, y su envidiable

capacidad ya con la pluma, ya con la lira, sino que haciendo mérito

de los viejos afectos que con él le unian, en la _Adjunta_ cariñoso

exclamaba:--«Al famoso ESPINEL dará vuesa merced mis encomiendas, como

á uno de los más antiguos y verdaderos amigos que yo tengo.»--Á su vez

VICENTE ESPINEL en la _Casa de la Memoria_, le habia rendido análogo

tributo, reconociendo que ni la desgracia, ni el mar, ni el cautiverio

pudieron evitar al vuelo colosal de Cervantes tocar las altas cimas

de la gloria. Por otra parte, en las realidades de la vida, los dos

simultáneamente confluian á la proteccion misericordiosa del cardenal

arzobispo de Toledo, D. Bernardo de Sandoval y Rojas, de quien Salas

Barbadillo en la dedicatoria de _La Estafeta del dios Momo_ descubrió

recibian uno y otro pension contínua «para que pasasen su vejez con

menos incomodidad.» ¿Es presumible siquiera que ESPINEL pretendiera

aquel favor por el camino de una envidiosa rivalidad, como Pellicer

deja entrever en la alusion á los escuderos pedigüeños y habladores

de que en la dedicatoria al prelado hablaba cuando decia:--«No será

Márcos de Obregon el primer escudero hablador que ha visto V. S.

Ilma., ni el primero que con humildad se ha prostrado á besar el pié

de quien tan bien sabe dar la mano para levantar caidos?» Por Zoilo

que ESPINEL fuese, y en que CERVANTES lo estimara, lícito es creer

que Pellicer necesitó una gran fuerza de sutil suspicacia para notar

la malicia en las palabras apuntadas, y mucho más para sorprender una

alusion del escudero Márcos de Obregon al escudero Sancho Panza. ¡Eran

muy distintos escuderos! Ademas cuando ESPINEL ponia su dedicatoria

á los pies del cardenal Sandoval, hacia tiempo que acerca de lo de

Zoilo inválido, Lope de Vega ya habia escrito al Duque de Sesa, su

Mecenas:--«Merece ESPINEL que V. E. le honre por hombre ingenioso en el

verso latino y castellano, fuera de haber sido único en la música: que

su condicion ya no será áspera, pues la que más lo ha sido en el mundo,

se templa con los años ó se disminuye con la flaqueza.»

ESPINEL fué el primero en descubrir lealmente el fin que se habia

propuesto para escribir su _Obregon_:--«El intento mio, dice, fué ver

si acertaria escribir en prosa algo que aprovechase á mi república,

deleitando y enseñando, siguiendo aquel consejo de mi maestro Horacio;

porque han salido algunos libros de hombres doctísimos en letras

y opinion, que la abrazan tanto con sola la doctrina que no dejan

lugar por donde pueda el ingenio alentarse y recibir gusto, y otros

tan enfrascados en parecerles que deleitan con burlas y cuentos

entremesibles, que despues de haberlos leido, revuelto, aechado y aun

cernido, son tan fútiles y vanos, que no dejan otra cosa de sustancia

ni provecho para el lector, ni de fama y opinion para sus autores.»

Por si esto no es bastante, ESPINEL añade:--«Yo querria en lo que he

escrito que nadie se contentare con leer la corteza, porque no hay en

todo mi escudero hoja que no lleve objeto particular, fuera de lo que

suena.»--Difícil es apreciar, con tres siglos de distancia por medio y

una absoluta carencia de toda historia literaria, todo lo que mediante

esta advertencia haya en el _Márcos de Obregon_ de circunstancial,

local y adecuado á la época en que se dió á la estampa. La crítica no

puede ya apreciarlo, desprovista de los necesarios antecedentes, sino

en lo que la obra de ESPINEL tiene de universal, de perenne, de eterno.

Reducirla al estrecho círculo de las circunstancias en que apareció,

no es ya posible, cuando con bizarro empuje ha logrado dominar los

límites del tiempo, abrirse paso en la atencion de otras generaciones,

y difundirse hasta romper las barreras de los idiomas extraños. Es

preciso, pues, considerarla, y así los analistas precedentes la han

considerado, como monumento de una literatura universal.

¿Y quién duda que llena todas sus condiciones de una manera brillante?

No es el _Márcos de Obregon_ una novela moderna que analiza, sino

una narracion por exceso subjetiva, en que el autor, haciendo el

protagonista, aunque con supuesto nombre, desarrolla la trama

indeclinable de una existencia real luchando con la naturaleza, con

la sociedad y los obstáculos civiles. En vano será buscar en ella esa

variedad de caracteres que el arte agrupa con maña, no como los produce

la naturaleza; en vano las agitaciones de la pasion que la musa trágica

del drama exalta y acumula para producir los cuadros de negra tristeza

que dan á la vida un tinte patético de desesperacion y romanticismo:

ni siquiera el autor se propone sistematizar la desgracia, de manera

que persiguiendo sin descanso y bajo todas las formas á una misma

víctima, resulte la existencia sometida al despótico yugo de una ley

fatal eterna é inexorable. El escudero _Márcos de Obregon_ es un tipo

comun, que en medio de la sociedad tradicional antigua, se adelanta

á la figura del hombre de nuestras democracias modernas, donde los

triunfos sobre las adversidades contingentes de la vida real se gradúan

por los triunfos que sobre cada individuo alcanza su propia voluntad,

su propio albedrio, sin necesidad de sacarle de otra escena que de la

ordinaria en que la existencia se desenvuelve, ni de hacerle remontar

con plumas de Ícaro á las cimas de mitológicos heroismos. Gira, pues,

el interes de la obra entre la observacion constante de la vida y la

leccion fecunda de la experiencia; no estudia al hombre, como debe

estudiarle quien se propone dictar preceptos; tiende en su fondo y en

su forma á una contínua perfeccion, hasta hacer desear la paz de una

existencia laboriosa, modesta y solitaria; de este modo, siendo una

narracion, aunque ingeniosa, siempre sencilla, hallándose sus episodios

todos solícitamente sometidos á la enérgica ley de la realidad, pasma y

asombra la portentosa flexibilidad de un talento que ha sabido bordar

de pensamientos profundos las fruslerías pueriles del estudiante

sin libros, las trivialidades inocentes del calavera sin aventuras,

las empresas solitarias del soldado sin batallas y los egoismos sin

objeto del corazon sin hogar y del espíritu sin familia. ESPINEL quiso

en el _Márcos de Obregon_ realizar una obra superior á los ensayos

brillantes de su juventud, y no puede negársele la categoría de un

talento original. Por eso cuando algunos creyeron pudiera incurrir en

el hastío de tantas insípidas producciones, como diariamente acometian

los serviles imitadores del _Lazarillo de Tórmes_ y del _Guzman de

Alfarache_, viósele elevarse con propio vuelo sobre el nivel de sus

rivales, y la crítica de su siglo, representada por la voz pujante

del reverendo Padre Maestro Fray Hortensio Félix Paravicino, declaró,

como antes he consignado, que de los libros de este argumento, las

_Relaciones de la vida del escudero Márcos de Obregon_ son la mejor

cosa que nuestra lengua tendrá. Esta opinion persevera insistente

despues de tres siglos, y en ella estriba la secreta razon de por

qué se ha propagado por uno y otro continente, se ha traducido al

frances, al ingles, al aleman y se han multiplicado hasta aquí y aún se

multiplican hoy dia sus ediciones.

Vida del escudero Marcos de Obregón · 第 14 / 101 题