_Todo el mundo he trastornado._
Mosen Juan de Villalpando, caballero aragones, fué hijo de Ruy García
de Villalpando, señor de Estupiñan y Spluga de San Quílez, y de su
segunda mujer, doña María de Deza, señora de Peñalba, hija de los
señores de Castrillo. El ser su madre castellana hizo que el hijo
estuviese mucho tiempo en este país, donde, ya hombre, tomó parte en
las revueltas de aquellos tiempos, siempre á favor de los Infantes de
Aragon, hasta que por muerte de su padre heredó sus estados y vivió
ya en ellos, siendo progenitor de los Marqueses de Osera. Su hermana
Catalina casó en Toro con Martin Lopez Portocarrero, y ya viuda,
otorgó testamento en la misma ciudad, á 4 de Noviembre de 1493, en el
cual se encuentra una cláusula que por lo curiosa copiamos aquí:
«Item, digo é confieso que al tiempo que Diego Lopez, mi fijo,
fallesció, estando del mal de la muerte, de que fallesció, me dixo
que Catalina, la que despues parió en la cárcel, que cierto estaba
dél preñada; é yo créolo, porque despues, veyendo al niño, en alguna
cosa paresce al dicho Diego Lopez, mi fijo. É porque la más de la
gente dirá que es su fijo, é ser pobre, le mando é dexo para con que
se crie, la mi heredad, que yo tengo é poseo, que es á la Soterraña,
que renta nueve cargas de pan, mitad trigo, mitad cebada.» Da despues
encargo á su otra hermana doña Mayor de cumplir esta obligacion,
instituyéndola heredera para en el caso de que muriese su nieto D.
Juan Rodriguez Portocarrero, á quien instituye su heredero en todos
sus bienes, señoríos, etc., «y en ciertos florines que me eran
debidos por mosen Juan de Villalpando, mi hermano, en el reino de
Aragon, en la villa de Estopeñan, que es en dicho reino.» Gutierre
de Argüello, á quien se dirige Villalpando en la composicion que da
lugar á esta nota, era hermano del arzobispo de Zaragoza, D. Alfonso
de Argüello, castellanos los dos. Acusado el prelado de tener tratos
con el rey de Castilla D. Juan II, se le redujo á prision con otros
varios vecinos de Zaragoza, y murió ó fué muerto en la prision;
no así Gutierre, que se refugió en su patria.—SALAZAR Y CASTRO,
_Historia de la casa de Lara_; EL MISMO, _Advertencias históricas_;
ZURITA, _Anales de Aragon_, libro XII.
XXXI. _Pág. 158._ MOSEN REBELLAS.
_En Castilla es proesa._
Mosen Juan Ribellas ó Ribelles, caballero catalan, acompañó como
caballerizo á D. Alfonso de Aragon cuando su expedicion á Italia, y
cayó prisionero de los genoveses en la batalla naval de Ponza. Puesto
en libertad, continuó sirviendo á su Rey, con quien estuvo tambien en
Castilla, segun se desprende de los versos suyos que hoy conocemos,
en que celebra el agasajo y largueza de los grandes y de la córte de
D. Juan II.—AMADOR DE LOS RIOS, _Historia crítica de la Literatura
española_, tomo VI.
XXXII. _Pág. 162._ JOHAN DE TORRES.
_Non sabes, Johan de Padilla._
Muy jóven todavía, acompañó Juan de Torres á Alfonso de Aragon,
sirviéndole como paje cuando la segunda expedicion de este Rey á
Nápoles, en 1432, única noticia que de él tenemos.—_Coleccion de
documentos inéditos para la Historia de España_, tomo XIII, pág. 495.
XXXIII. _Pág. 168._ SUERO DE RIBERA.
_Gentil sennor de Centellas._
El personaje á quien Ribera dirige su composicion es D. Frances
Gilabert de Centellas, llamado tambien D. Ramon de Riuses, conde de
Oliva, caballero valenciano, que acompañó al Rey de Aragon cuando
su segunda expedicion á Nápoles, llevando cuatro hombres de armas
montados á su costa y á quien el mismo rey don Alfonso dió el mando
de cuatro galeras de Nápoles, con las que despues de prestar muchos
servicios, en 1454, uniéndose al general Bernaldo de Vilamarin,
que mandaba diez, derrotaron la escuadra genovesa, compuesta de
diez y seis naos y diez galeras, al mando de Juan Filipo de Flisco,
apresando siete de estas últimas, y haciendo que encallasen las
tres restantes: tuvo lugar esta batalla en la isla de Ponza, lugar
tan fatal años anteriores al mismo Alfonso V.—ZURITA, _Anales de
Aragon_.—_Documentos inéditos_, tomo XIII, pág. 486.
XXXIV. _Pág. 172._ DIEGO DE VALERA.
_Adios, mi libertad._
Historiador, moralista y poeta, valiente y cumplido caballero,
distinguido patricio ó ciudadano, mosen Diego de Valera fué uno de
los hombres más notables de tu tiempo; nació en Cuenca en 1412,
segun él mismo da á entender al final de la _Crónica de España_,
que escribió en el Puerto de Santa María: crióse en la córte de
Castilla, protegido por los Stúñigas; su viveza y temprano ingenio
llamaron la atencion de don Juan II, que le nombró su doncel.
Ganoso de señalarse en las armas el que ya habia dado muestra de
lo que valia como poeta, salió de Madrid en 1435, acompañado de
Lope de Stúñiga, para tomar parte, á las órdenes de Fernan Álvarez,
señor de Valdecorneja, en la empresa de Huelma, subiendo por una
de las escalas puestas á la villa en compañía de su amigo Stúñiga.
Malogróse la empresa por haber sido sentidos por los moros, pero
Valera, en premio de su arrojo, fué armado caballero por el señor de
Valdecorneja. Vuelto á la córte, lo vemos en 1437 solicitar del Rey
licencia para un largo viaje por Europa, y D. Juan se la concede,
dándole cartas expresivas para los reyes sus aliados ó deudos. Llegó
á Francia en ocasion en que Cárlos VII luchaba heroicamente para
reconquistar la mayor parte de su reino, dominado por los ingleses;
acompañó á este Rey durante el sitio de Montereau, y despues de
ganada la ciudad por asalto, siguió su viaje á Bohemia, donde
gobernaba á la sazon Alberto de Habsbourg, quinto de este nombre,
llamado por sus contemporáneos el Ilustre, elegido emperador de
Alemania por muerte de su suegro Segismundo, con el nombre de Alberto
II; fué recibido con distincion por este Príncipe, que al ver que
Valera renunció al sueldo que le ofrecia, diciendo queria servirle
en la guerra contra los hussistas, en que estaba empeñado, como
cualquier otro de los _continos de su casa_, le regaló una tienda
y un carro toldado, con el caballo que lo tiraba y dos hombres que
lo sirviesen. En el año siguiente, oponiéndose estos sectarios á la
eleccion de Alberto como rey de Bohemia, reunieron sus fuerzas al
mando de Jorge Podiebrad, pero fueron dispersadas cerca de Tabor por
el Emperador, que se hizo coronar en Praga, el 20 de Junio de 1438,
rey de Bohemia. Valera que se encontró en la batalla y coronacion,
sostuvo tambien dignamente en otra ocasion el honor de su rey y de
su nacion: Cenando una noche en compañía de Alberto y otros muchos
señores, uno de ellos, Gaspar Schlick, dijo que el Rey de Castilla
no debia llevar bandera real en su ejército, porque habia visto en
Portugal la que á su abuelo habian ganado los portugueses en la
batalla de Aljubarrota. Enterado de estas palabras Valera, despues de
contestar cumplidamente al Conde, bajo el punto de vista del derecho,
le desafió, lo cual no tuvo efecto por haberle dado una satisfaccion
cumplida, dando lugar con este motivo á que el Emperador dijese á
Valera que no solamente _era caballero, mas caballero é dotor_. Hasta
fines de 1438 permaneció en Alemania, despidiéndose entónces del
Emperador para volver á Castilla, y Alberto, no sólo le dió cartas
para el Rey, en que le decia lo bien que le habia servido, sino que
ademas de regalarle espléndidamente y haberlo nombrado de su Consejo,
lo agració tambien con las condecoraciones del imperio, entre ellas
la del Águila, fundada por él, dándole de ésta el collar de oro, que
sólo podian llevar los caballeros que habian combatido en cuatro
batallas campales. Vuelto á España, D. Juan, que ya sabía por D.
Martin Enriquez, que tambien habia estado en Alemania y habia vuelto
ántes que Valera, los sucesos de éste, al presentársele, le concedió
el _collar de las escamas, que él daba á muy pocos_, y el yelmo del
torneo, entregándole cien doblas para que se lo hiciese, y mandando
que desde allí en adelante se le llamase Mosen Diego, título entónces
el de Mosen muy honorífico, pues equivalia á Señor.
Encargó D. Juan á Valera en 1440 que fuese en su nombre á
cumplimentar á su tia la reina de Dacia, al rey de Inglaterra Enrique
VI y á Felipe el Bueno, duque de Borgoña; pero coincidiendo esta
embajada con la llegada á la córte de un faraute de este último
Príncipe, que publicaba la empresa ó armas que deseaba sostener micer
Pierres de Brefemonte, señor de Charin, en la villa de Dijon, Valera
suplicó al Rey le permitiese tomar parte en ella; acordóselo D. Juan,
regalándole, ademas del caballo y otras prendas, lo suficiente para
su manutencion durante un año, tiempo que se calculó suficiente para
su viaje; partió para él Mosen Diego, que, si bien no pudo cumplir
su encargo para la reina de Dacia, pues habia muerto, hizo las demas
embajadas, saliendo tan airosamente en su empresa, que el Duque de
Borgoña le regaló doce tazas y dos servillas, que pesaban cincuenta
marcos de plata.
Vuelto á la córte de D. Juan, es destinado por éste al servicio
del Príncipe heredero D. Enrique, y al ver los males que aquejaban
al reino en aquel turbulento reinado, dirige desde Segovia al Rey
notable carta, dándole consejos sobre la gobernacion del Estado, en
que hablándole con el respeto del súbdito, no por eso le adula ni
deja de decirle la verdad, expresándole unas veces _que el reinar es
más bien cargo que gloria_, y otras que, _dexando toda parcialidad
e aficion_, ponga _todos los hechos en justa balanza_; no desagradó
al Rey la franqueza, ni tampoco á la mayor parte de sus consejeros,
si bien uno de ellos, D. Gutierre Álvarez, arzobispo de Toledo y
parcial del Condestable, de quien ya Valera se separaba, expresó
su dictámen con estas palabras: _Digan á Mosen Diego que nos embie
gente ó dineros, que consejo no nos fallece_; sigue siendo, sin
embargo, el hombre en quien sólo tiene confianza el Rey, hasta el
punto de que, despues del escandaloso suceso de Medina, segun nos
dice en su _Crónica_, «como por entónces no hoviese persona de quien
se confiase, mandóme ir al Condestable, que estaba en Escalona, por
le hazer saber cierto trato que tenía para salir de Tordesillas, del
cual al Condestable no plugo. E de allí yo me volví para Cuenca,
porque assí quedó concertado entre su Alteza é mí, donde estove
hasta que salió de Tordesillas é se fué á Portillo, é de allí se
partió á Palencia, é el Cardenal D. Pedro Cervántes con él.» Lo
mismo que le servia Valera para entenderse con el Condestable, quiso
utilizarlo, sin que este último lo supiese, en su segundo casamiento,
enviándolo á Francia para concertarlo con una hija de Cárlos
VII, pero la indiscrecion de Pedro Fernandez de Lorca, que debia
suministrar los fondos para el viaje y lo reveló al Condestable, hizo
que éste, que ya tenía arreglado dar por esposa al Rey á la hija del
de Portugal, Doña Isabel, se opusiese, y abusando de la influencia
que áun conservaba con D. Juan, desbaratase el proyecto realizando el
suyo, sin creer entónces labraba su ruina, pues, como dice Valera:
_pensando por alli segurar su estado, traxo el cuchillo con que
se cortó la cabeza_. Sintióse el Rey de ello, y no estuvo tampoco
muy comedido en sus quejas don Álvaro, empezando desde entónces á
declinar su privanza. Mosen Diego sigue al servicio del Rey, pues
no consiguió apartarlo de él el Condestable, y nos cuenta en su
_Crónica_ que la víspera de la batalla de Olmedo servia al Rey su
plato cuando los enviados del Rey de Navarra hicieron á D. Juan el
_requirimiento_ en que los grandes expresaban sus agravios. Vencidos
éstos, presos muchos de ellos, el Rey convoca Córtes en Valladolid
para dar cuenta en ellas de su reconciliacion con el Príncipe
heredero, que despues de la batalla habia vuelto á separarse de su
padre; de las penas que debian imponerse á los rebeldes, y gracias
que, por el contrario, debia otorgar á los que habian seguido su
bandera. Valera, que en union de Gomez Carrillo habia sido electo
procurador por Cuenca, es el único que se opone con laudable entereza
á que se cometa la iniquidad de condenar á quien no se habia oido, y
dirigiéndose al Rey, pronuncia, entre otras, palabras tan notables
como éstas: «Sería cosa razonable que vuestra Alteza mandase llamar
todos estos caballeros, así los ausentes como los presos, que por
sus procuradores pareciesen en vuestro alto Consejo, é la causa
allí se ventilase..., en lo cual á mi ver se ganarian dos cosas,
la primera que se guardaban las leyes, que quieren que ninguno sea
condenado sin ser oido y vencido; la segunda, que no se pudiese por
vos, señor, decir lo que Séneca dice, que muchas veces acaece ser la
sentencia justa y el juez injusto, y esto es cuando se da sin ser
la parte oida.» No desagradó al Rey lo dicho, ántes al contrario,
como Fernando de Rivadeneira se levantase colérico diciendo: «Voto
á Dios, Diego de Valera, vos os arrepintais de lo que aveis dicho»;
el Rey con grande enojo le mandó callar, y sin querer ya oir á los
demas procuradores dejó las Córtes y se fué á Tordesillas; volvieron
á Valladolid los procuradores, desde donde Valera dirigió al Rey una
carta en que insistia en su opinion. Desde esta época Valera abraza
ostensiblemente el partido de los grandes contra el Condestable, y
es uno de los instrumentos más activos de su ruina; la proteccion
que desde niño le habia dispensado la poderosa casa de Stúñiga, hace
que, pasando al servicio de ésta, vea y concierte entre el Príncipe,
el Conde de Haro, el de Placencia, el de Benavente y el Marqués de
Santillana, la trama que dió por resultado en Búrgos la prision del
Condestable, en la cual toma parte personalmente con grave riesgo de
su vida, salvando la de los criados y servidores de D. Álvaro, que
éste le habia encomendado, rogándole no recibiesen injuria de obra ni
de palabra; pasa á Béjar por encargo de Álvaro de Stúñiga con objeto
de que recogiese la herencia de su padre el Conde de Placencia, que
estaba para espirar, y despues de cumplir este encargo, acompaña
á Sevilla á Pedro de Stúñiga, hijo de D. Álvaro, que contrajo
matrimonio en dicha ciudad con Doña Teresa de Guzman, hija de los
Duques de Medina Sidonia; allí permanece ocho meses, hasta que
sabiendo la muerte de D. Juan Segundo vuelve á la córte, y ve que
el reinado de D. Enrique dejaba muy atras al anterior en escándalos
y concusiones. La rectitud de alma de Valera y la elevacion é
independencia de su carácter no le consienten sufrir tal espectáculo,
y retirándose á vivir á Palencia, da muestra de su generosa
indignacion en la notabilísima carta que dirige al Rey, 20 de Julio
de 1462, en que le dice: «Dais, señor, las dignidades eclesiásticas y
seglares á ombres indignos, non mirando serviçios, virtudes, linajes,
çiençias ni otra cosa alguna, salvo por solo voluntad: é lo que peor
es que muchos afirman que se dan por dineros, lo qual quanta infamia
sea, á vuestra persona real e á vuestro claro juicio asaz debe ser
manifiesto... todos los pueblos, á vos sujetos, reclaman á Dios,
demandando justicia, como non la fallen en la tierra vuestra. Et
dicen que como los corregidores van ordenados para faser justiçia
é dar á cada uno lo que suyo es, que los más de los que hoy tales
officios exerçen son ombres ynprudentes, escandalosos, robadores e
cohechadores, é tales, que vuestra justicia venden publicamente por
dinero, syn amor de Dios ny vuestro; e áun de lo que más blasfeman
es que en algunas cibdades é villas de vuestros reynos, vos, señor,
mandays poner corregidores, non los aviendo menester, ni seyendo por
ellas demandado, lo que es contra las leyes de vuestros regnos.»
Predícele á dónde le llevan sus desaciertos, diciendo más adelante:
«Non deveys, señor, olvidar al rey D. Pedro, que fué quarto abuelo
vuestro, el qual, por su dura é mala governaçion, perdió la vida y
el reyno con ella»; y si D. Enrique no tuvo el mismo fin, presenció
Valera su destitucion en Ávila, y el que no pudiera heredarlo á quien
llamaba hija suya. No toma parte alguna en los sucesos de aquel
reinado, hasta que en los de los Reyes Católicos lo vemos volver á
ser atendido como su mérito merece; nombrado su maestresala, acompaña
á D. Fernando en la batalla de Toro, despues de la cual, ademas de
darle 30.000 maravedises por su cargo, se le nombró Corregidor de
Segovia, y despues del Puerto de Santa María, con el cargo, ademas,
de la armada estacionada en él, cuyo mando dió á su hijo Cárlos,
justificando éste á poco su nombramiento por la victoria que alcanzó
contra la escuadra portuguesa junto á Alcazarzaquil. Hiciéronle,
ademas, donacion de la finca llamada la Grillera, á orillas del
Júcar, cerca de Cuenca, escuchando deferentes sus consejos en la
empresa de la conquista del reino de Granada, de que fué uno de los
más ardientes promovedores. La última noticia que tenemos de él es de
1.º de Marzo de 1486, fecha de una carta dirigida al Rey Católico,
ocupado á la sazon en el sitio de Velez Málaga, siendo, por lo tanto,
de presumir que muriese poco despues.
Valera es conocido como historiador, que es donde brilló más su
talento y de lo que escribió más; ménos como poeta y moralista;
algunas de sus obras se han perdido por desgracia, muchas permanecen
inéditas, proponiéndonos nosotros publicar alguna en esta coleccion,
entre ellas sus notabilísimas cartas.—_Crónica de España_, abreviada
por MOSEN DIEGO DE VALERA.—_Crónica de D. Juan II._—COLMENARES,
_Historia de Segovia_.—MUÑOZ, _Historia de Cuenca_.—AMADOR DE LOS
RIOS, _Historia de la Literatura española_.—_Tratado de las epístolas
embiadas por_ MOSEN DIEGO DE VALERA, _en diversos tiempos á diversas
personas_.—_Biblioteca Nacional_, F. 108.
XXXV. _Pág. 173. El Planto que fiso la Pantasilea._
_Yo sola membrança sea._
Publicó esta obra, como del Marqués de Santillana, el Sr. Amador
de los Rios, quien dice despues en la página 550, tomo VI de la
_Historia de la Literatura española_: «Algunos Cancioneros atribuyen
esta querella al docto Marqués de Santillana, y en este concepto la
insertamos entre sus poesías en la edicion de sus obras (Madrid,
1852). Ciertos datos adquiridos despues nos inspiran no despreciables
dudas, por lo cual la conservamos aquí como anónima, segun se halla
en el códice que examinamos.» En el llamado de Stúñiga, que nosotros
publicamos, como ven nuestros lectores, tampoco consta quién fuese su
autor, y lo mismo sucede en los códices números 7.819 y 7.825 de la
Biblioteca Imperial de París.
XXXVI. _Pág. 180._ ALFONSO ENRIQUEZ. _Testamento suyo._
_En el nombre de Dios de Amor._
Hijo bastardo del desgraciado hermano de D. Pedro el Cruel, D.
Fadrique, Maestre de Santiago, el triunfo de su tio D. Enrique hizo
á D. Alfonso Enriquez uno de los grandes más poderosos de Castilla,
Señor de Medina, de Rioseco, Castroverde, Aguilar de Campoó,
Valdunquillos y Bolaños, y Adelantado mayor de Leon. El cariño de su
primo D. Juan I, no contento con esto, hizo que tomase gran empeño
en que casase con Doña Juana de Mendoza, viuda de D. Diego Gomez
Manrique, Adelantado mayor de Castilla, llamada la Rica Hembra, de
quien D. Alfonso hacia tiempo estaba enamorado. Resistió tenazmente
esta señora los deseos del amante y el mandato del Rey, diciendo que
personas de su calidad, siendo viudas, no repetian el matrimonio;
pero lo que no pudieron conseguir ruegos ni mandatos, lo consiguió el
mismo D. Alfonso, que al verse desdeñado, bien sea porque el dolor lo
cegase, ó porque, conociendo el carácter de ella, fingiese arrebatada
cólera; es lo cierto que puso airado la mano en el rostro de Doña
Juana, quien, porque no se dijese habia habido un hombre que, no
siendo su marido, habia tenido semejante osadía consintió luégo en
casarse; union por otra parte, tan fecunda, que tuvieron doce hijos.
Fué D. Alfonso uno de los poetas más celebrados de su tiempo por
sus composiciones amorosas, así como tambien caballero generoso y
espléndido; su pasion por Doña Juana no le impidió el querer á otras
muchas, dando lugar en su vejez, con sus excesos, á estos versos que
están al final del _Centon Epistolario_.
OTRAS AL ALMIRANTE EN AQUEL MAL CASO.
El viejo que quiere mozo
E sobrado con mujeres
Parecer,
El gozo le cae en un pozo;
Ca más duelos que placeres
Va á tener.
Bien lo sentis vos, señor,
Ca no han pasado seis dias
Que bebistes
Aquel maldito licor,
Que con falsas correntías
Lo volvistes.
E del fedor de las heces
Que alcanzó en su celda á oler,
Mal pecado;
Predicando Villacreces,
Os lo dió bien á entender
Disfrazado.
Alcanzó cinco reinados, pues naciendo en 1354, murió en Guadalupe en
1429, y en los cuatro tuvo siempre gran influencia.—SALAZAR Y CASTRO,
_Historia de la Casa de Lara_.—_Centon Epistolario del Bachiller
Cibdareal._
XXXVII. _Pág. 185._ ÇAPATA.
_Pues que fuistes la primera._
Véase lo que decimos en la nota XXV.
XXXVIII. _Pág. 188._ MACÍAS.
_El gentil ninno Narciso._
P. SARMIENTO, _Memorias para la Historia de la poesía y poetas
españoles_.—OCHOA, _MSS. Españoles_. Copiamos á continuacion lo
que referente á este ingenio dice D. Tomás Antonio Sanchez en su
_Coleccion de poesías castellanas anteriores al siglo XV_, tom. I,
pág. 138:
«Macías el Enamorado, bien conocido de nuestros poetas antiguos y
modernos por sus amores, fué gallego, paisano de Juan Rodriguez del
Padron, vecinos ambos, acaso, del lugar de este apellido, como lo
da á entender este poeta en la última copla de los _Siete gozos de
amor_, diciendo:
»Si te place que mis dias
Yo fenezca mal logrado,
Tan en breve,
Plégate que con Macías
Ser merezca sepultado.
Y decir debe,
Do la sepultura sea:
_Una tierra los crió_,
Una muerte los llevó,
Una gloria los posea.
»Se puede dudar si Macías es nombre ó apellido. Antiguamente se
decia Macías por Matías como observó el erudito D. Gregorio Mayans
en los _Orígenes de la lengua castellana_, y áun hoy á los Matías
los llaman Macías en muchos lugares de tierra de Salamanca. En un
códice antiguo manuscrito del Real Monasterio del Escorial, en
que se trata del _Credo_ compuesto por los Apóstoles, San Matías
es llamado Sant Macías. Macías, siendo escudero del famoso Enrique
de Villena, se enamoró de una criada de su amo, éste la casó,
hallándose Macías ausente, con un hidalgo de Porcuna, pero no por eso
cesaron los amores de Macías. No pudiendo el hidalgo sufrir estos
amores, dió cuenta á su amo, el cual, despues de muchas reprensiones
infructuosas, resolvió ponerlo preso en Arjonilla, lugar del órden de
Calatrava, de que D. Enrique era Maestre, cinco leguas de Jaen. Preso
allí en duras cadenas, lo estaba mucho más en los antiguos amores de
su señora, á quien desde la prision escribia lastimosas canciones.
Hay una de ellas en un libro de trovas que se guarda en el Escorial,
de donde la sacó Argote de Molina y la trae en la _Nobleza de
Andaluzia_, y es la primera de las cuatro que le atribuye el Marqués
de Santillana:
»Cativo de miña tristura,
Ya todas prenden espanto,
E preguntan, ¿qué ventura
Foy que me atormenta tanto?
Mas non sé, no, mundo amigo,
Qué mais de meu quebranto
Diga de esto que vos digo,
Que bem ser nunca debia,
Al pensar que faz solia.
»Cuidí subir en alteza
Por cobrar mayor estado,
É caí en tal pobreza
Que moiro desamparado,
Con pesar é con deseio;
Que vos direy mal fadado
Lo que yo he ben ovejo,
Quando ó loco cay mas alto
Subir, prende mayor salto.
»Pero que pobre sandece,
Porque me deu á pesar,
Miña locura así crece,
Que moiro por entonar:
Pero más non á verey,
Si non ver y desciar,
É por en, así direy:
Quen cárcel sole viver,
En cárcel cobeja morer.
»Miña ventura en demanda
Me puso atan dudada,
Que mi corazon me manda
Que seya siempre negada;
Pero mays non saberan
De miña coyta lazdrada,
É por en así dirán:
Can rabioso é cosa brava
De su señor sé que traba.
»Estas coplas llegaron á manos del hidalgo, el cual, irritado, fué á
Arjonilla, y tuvo modo de arrojar á Macías una lanza con que le quitó
la vida. Su cuerpo fué sepultado en la iglesia de Santa Catalina de
dicho lugar, y en su sepultura quedó la lanza y una memoria en esta
letra:
»Aquesta lanza sin falla,
¡Ay coytado!
Non me la dieron del muro
Nin la prise yo en batalla;
Mal pecado.
»Mas viniendo á tí seguro,
Amor falso y perjuro
Me firió, é sin tardanza,
É fué tal la mi andanza
Sin ventura.