Ahora bien, sin perjuicio de las oportunas explicaciones, ya

NOTA DE TRANSCRIPCIÓN

* En el texto las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las

versalitas como MAYÚSCULAS.

* Los errores obvios de imprenta han sido corregidos sin avisar.

* En los textos antiguos:

- Se ha respetado la ortografía recibida, con las excepciones

siguientes, para guardar la coherencia ortográfica dentro de

un mismo poema:

p. 149: parescer → paresçer (“Quando ha de paresçer”)

p. 273: MAGNIFICENGIA → MAGNIFICENCIA (“De todo fuy vençedor”)

p. 302: vencedor → vençedor (“De todo fuy vençedor”)

p. 379: de algo → dalgo (“Fija dalgo parescia”)

- Se han insertado los acentos y signos de puntuación ocultados

por las capitulares ornamentales.

* En las introducciones, notas, índices y otros textos escritos en

castellano reciente:

- Se ha respetado la ortografía original, normalizándola a la

grafía de mayor frecuencia.

- Se ha normalizado la puntuación de las citas bibliográficas.

- Se ha unificado la grafía de todas las menciones de un mismo

verso.

- Se han normalizado a tres puntos los puntos suspensivos.

* En el original impreso existen dos notas LIII: se han renombrado

como LIIIa y LIIIb.

COLECCION

DE

LIBROS ESPAÑOLES

RAROS Ó CURIOSOS.

TOMO CUARTO.

CANCIONERO

DE

LOPE DE STÚÑIGA,

CÓDICE DEL SIGLO XV.

AHORA POR VEZ PRIMERA PUBLICADO.

[Ilustración]

MADRID,

IMPRENTA Y ESTEREOTIPIA DE M. RIVADENEYRA,

calle del Duque de Osuna, núm. 3.

1872.

[Ilustración]

ADVERTENCIA PRELIMINAR.

El libro que hoy damos á luz, y que ha permanecido inédito hasta

ahora, hace mucho tiempo que es objeto de la atencion y curiosidad

de eruditos y literatos, así nacionales como extranjeros. Todos le

citan, y muy pocos han leido el preciado códice; de modo que la

obra es conocida solamente por su reputacion ó nombradía entre los

aficionados á este linaje de estudios. Exceptuando alguna que otra

composicion publicada en el _Cancionero general_, impreso en 1511,

en el _Ensayo de una Biblioteca Española de libros raros y curiosos_

y en la _Historia crítica de la literatura española_, por el señor

Amador de los Rios, bien puede asegurarse que el público sólo conoce

de este apreciabilísimo Cancionero _el índice_ completo que en sus

adiciones y notas dieron á luz los traductores de Ticknor, Sres.

Gayángos y Vedia. Estas breves indicaciones bastan para demostrar

que el vivo interes que inspira la publicacion del _Cancionero

de Stúñiga_ está plenamente justificado bajo el doble aspecto

bibliográfico y literario.

En efecto, las colecciones de poesías llamadas Cancioneros generales,

en que figuran los nombres de muchos poetas y trovadores, se ostentan

en nuestra historia literaria como la manifestacion importantísima

_del ideal_ que concibe la mente como una realizacion apetecible

y consoladora, en oposicion á la prosáica y dolorosa realidad de

la vida efectiva. Tal es el verdadero punto de vista bajo el cual

deben estudiarse atentamente estas interesantísimas colecciones.

Por desgracia, no se ha tenido en cuenta este criterio, y sólo

así podemos explicarnos las gárrulas declamaciones y los juicios

aventurados que por propios y extraños se han emitido á propósito de

nuestros Cancioneros. Escritores tan ilustrados y tan concienzudos

como el Sr. Marqués de Pidal entre los españoles, y como Mr.

Jorge Ticknor entre los extranjeros, no han podido sustraerse del

todo á la poderosa influencia de rutinarias censuras y vulgares

preocupaciones, sin cesar repetidas, y acreditadas, por último, como

calificadas verdades. Uno y otro afirman con lamentable seguridad

que la poesía cortesana de los Cancioneros es de mal gusto, que las

composiciones son cansadas é indigestamente eruditas, y que en el

género amatorio aquellos poetas y trovadores sólo aciertan á expresar

en conceptos metafísicos y alambicados, con pedantesco lenguaje y

métrico artificio, un amor no bien sentido, afectos convencionales, y

pasiones hiperbólicas siempre y afectadas. En verdad que no merecen

tan severas calificaciones los dulces y quejumbrosos versos de

Manrique, Macías, Rodriguez del Padron y Sanchez de Badajoz; pero aun

admitiendo como generalmente exacta y justa la crítica que precede,

todavía sostendremos, con muy valederas razones á nuestro parecer,

que la tal crítica, meramente externa, es de muy corto alcance, y no

penetra en la interioridad sustancial de aquella poesía, con tanto

desden llamada cortesana, olvidando lastimosamente que si en el órden

moral _la intencion_ es la que mata ó salva, en materia de artes y

literatura es _la significacion_ íntima, contenida en las formas, la

que decide al fin de la valía é importancia de las producciones.

El hecho más culminante que resalta en los Cancioneros consiste en

la casi total carencia de alusiones á la vida de actualidad, como

hoy se dice, con relacion á las empresas guerreras, pasos honrosos,

discordias civiles, bandos y rivalidades que á la sazon agitaban

la córte de Castilla. Los más esforzados paladines, como Suero de

Quiñones, Estúñiga, Valera y el mismo condestable Don Álvaro de Luna,

al trocar la lanza por la péñola, escribian sus trovas ó decires

como almibarados galanes ó discretos donceles, alardeando á la par

de ingenio y de cortesía. Jamas se les ocurre, no ya mencionar sus

propias hazañas, lo cual pudiera atribuirse á noble modestia, sino

recordar siquiera los nombres ilustres de los héroes de la patria,

como el Cid, Bernardo del Carpio, Fernan Gonzalez y tantos otros

afamados guerreros, terror de la morisma y gloria de Castilla.

Pues bien; este hecho, que tanto se ha censurado, deduciendo de

aquí, algunos con extrañeza, y otros casi con indignacion, que la

poesía culta era un verdadero extravío, una planta exótica, ó á lo

sumo una bella flor artificial sin savia y sin aroma; este hecho,

decimos, viene á confirmar de la manera más cumplida nuestra opinion

y nuestro aserto. Despues de la caida del imperio romano al empuje

de las diversas razas que se precipitan del Norte cual torrente

irresistible, surgen nuevas nacionalidades, precisamente al mismo

tiempo que aparecen nuevas lenguas. Si el territorio es la condicion

necesaria para la existencia _física_, por decirlo así, de una

nacionalidad, la lengua y la literatura son el medio indispensable

para la existencia _moral_ de una patria. Con el nuevo idioma nació

tambien la nueva poesía, nodriza intelectual de las naciones en su

cuna. La trasformacion, sin embargo, no podia ser súbita, porque la

vida se desenvuelve sucesivamente como las infinitas gradaciones de

la luz desde la alborada hasta la plenitud magnífica del dia. Por

esta razon se verificaban en la sociedad dos fenómenos diametralmente

opuestos: el latin, que desfallecia hasta ser lengua muerta, y el

habla vulgar, que crecia vigorosa y lozana hasta llegar á ser la

hermosa lengua de Cervántes.

Entre tanto, existian en la sociedad dos lenguas: una erudita,

oficial, órgano de la ciencia y de la autoridad, y en la cual

escribian sus producciones literarias las clases instruidas y

superiores; y otra lengua vulgar, rústica, usada en el trato comun

de las gentes, y en la cual los juglares narraban las hazañas de los

héroes, de donde provienen esos riquísimos tesoros literarios, que

entre nosotros se llaman romances. Habia tambien, por consiguiente,

dos géneros de poesía muy diversos, la poesía popular, esencialmente

narrativa é histórica, y la poesía culta, necesariamente lírica,

filosófica é imitadora á su modo de los clásicos modelos de la

antigüedad griega y latina. Hé aquí rapidísimamente indicados los

orígenes de las dos fases fundamentales de nuestra literatura, porque

tampoco es cierto lo que tantas veces se ha repetido, afirmándose

que eran dos literaturas absolutamente distintas y extrañas la una

á la otra. La diferencia consistia en dos aspectos necesarios de la

misma unidad nacional. La poesía popular reflejaba en sus cantos los

hechos visibles, efectivos, notorios, históricos, de la nacion, que

se revelaba por sus propios actos ante las otras nacionalidades, y

en este sentido aquella poesía ostentaba un carácter más determinado

y un colorido más local. Era Castilla, que se veia á sí propia en

sus hazañosos hechos y se escuchaba á sí misma en sus epicos cantos.

A su vez, la poesía culta, como toda poesía lírica, reflejaba los

sentimientos individuales del poeta, sus aspiraciones, sus penas,

sus alegrías, sus amores, sus celos, sus desengaños, y sus ideas

y creencias acerca del alma, del destino, de la fortuna, de la

Providencia, del libre albedrío, de la vida, de la muerte y de la

inmortalidad; ideas que no son patrimonio exclusivo de una raza

ó nacion, sino que permanecen constantemente en el fondo de la

conciencia humana. Por esto semejante poesía afectaba un carácter

más cosmopolita, más universal y ubícuo, ménos local y nativo. Era

el hombre que independientemente de sus calidades accidentales

de español, frances ó italiano, se revelaba subjetivamente,

mediante sus cantos, en sus afectos, en sus ideas morales y en sus

aspiraciones áun no realizadas en su vida social y política, y ahora

se comprenderá perfectamente lo que antes hemos dicho con relacion

á la poesía de nuestros Cancioneros generales, que contienen la

manifestacion _del ideal_ que aquella culta sociedad buscaba fuera

del momento histórico en que actualmente la nacion vivia. La realidad

histórica del presente, por grandiosa que sea, se aparece siempre

á nuestro espíritu como prosáica, porque es muy difícil para el

combatiente, entre el polvo y el humo de la lucha, sorprender y

saborear la belleza de la batalla. La poesía es siempre un hermoso

misterio que oscila y flota, como un embeleso divino, en las aereas y

mágicas regiones de los recuerdos y de las esperanzas.

Cada una de aquellas dos fases supremas y fecundas de nuestra

poderosa y genial literatura cumplia un fin altísimo y necesario de

la vida nacional. La poesía vulgar deslindaba de los otros pueblos,

y, por decirlo así, caracterizaba y circunscribia á la nacion, en

tanto que la poesía culta dulcificaba las costumbres, refinaba la

sociedad, rechazaba la rudeza, elogiaba la cortesanía, limitaba

el imperio de la fuerza bruta, divinizaba á la mujer, cantaba con

entusiasmo el amor y estudiaba con perseverancia incansable los

autores griegos y latinos, conservando así el inapreciable tesoro de

la erudicion antigua é incorporando á la nueva civilizacion el caudal

humanitario de las precedentes civilizaciones.

Se ha criticado sin piedad, y seguirá criticándose todavía, al

Marqués de Santillana, á Juan de Mena y á otros insignes poetas de

aquel siglo por sus pedantescos alardes de clásica erudicion, sin

considerar que en la prolongada y lóbrega noche de la Edad Media tal

vez se hubiera perdido hasta la noticia de los principales autores,

lumbreras de la antigüedad, sin este prurito de erudicion y de citas,

empeño justificado y oportunísimo entónces, por más que al presente

nos parezca afectado é intempestivo, pues que cada cita hecha en

aquella época podia salvar del olvido una obra importante ó un autor

ilustre.

La diferencia, pues, de ambos géneros era necesaria, fundamental

y orgánica, porque cada una de estas dos tendencias diferentes

obedecia á una mision providencial é inevitable; y prueba de ello

es que la diversidad no consistia en las dos distintas lenguas,

latina y castellana, sino en la esencia misma de las cosas, supuesto

que cuando á fines del reinado de San Fernando, la lengua vulgar,

que habia ido creciendo y perfeccionándose, llegó á destronar

completamente al latin y á usarse en los instrumentos públicos, en

las leyes y en la poesía misma, no por eso desapareció la diferencia

intrínseca de los dos géneros, popular y erudito, ó, por mejor decir,

nacional y civilizador, porque no nos cansarémos de repetir que la

poesía cortesana, de una manera más ó ménos consciente, aspiraba á

la realizacion de _un ideal_ más justo y humano en las relaciones

sociales, y con este motivo se nos ocurre notar un hecho que encierra

decisiva importancia para demostrar hasta la evidencia nuestras

afirmaciones.

En efecto; bajo el punto de vista político y civil es imposible

imaginar una condicion más abatida que la de los pecheros, villanos

y conversos, á quienes los grandes señores y caballeros trataban con

indecible desden y altanería; pero he aquí que un infeliz plebeyo

demostraba genio y aptitud para cultivar la gaya ciencia, y al punto

el trovador era recibido en los salones y palacios de magnates,

príncipes y reyes, se le aplaudia, se le contestaba muy cortesmente á

sus respuestas y decires, se le hacian mercedes, se le trataba como

á un igual, y con mucha frecuencia como á un verdadero amigo. Como

individuo de la nacion, el tal plebeyo subsistia en su mismo estado

de nulidad é impotencia; pero como hombre, adquiria desde luégo

cierto influjo con sus relaciones amistosas y con sus producciones

literarias, porque la sociedad cambiaba súbitamente de aspecto para

el trovador ingenioso. Así vemos alternar y figurar promiscuamente

en salones y Cancioneros los nombres de los más ilustres señores y

potentados de Castilla con el converso Juan Alfonso de Baena, Anton

de Montero, el ropero de Córdoba, Maese Juan el guarnicionero,

Mondragon el mozo de espuela, Martin el tañedor, y Juan Poeta ó de

Valladolid, hijo de una mesonera. Este simpático y hermoso rasgo de

costumbres en aquella época, entre la nobleza más orgullosa del mundo

y más preciada de su condicion y linaje, mereceria por sí solo que se

inventase la locucion, si ya no estuviera inventada, de _república de

las letras_.

En medio de la rudeza de aquellos tiempos, y entre los horrores de

la violencia de la anarquía y del feudalismo, aquellos terribles

guerreros, como impulsados por el espíritu generoso de la cultura

humana, se complacian en trasportarse á las regiones ideales de

un estado social más perfecto, en donde sólo dominasen las justas

y torneos del ingenio, la emulacion del honor y la virtud, las

delicadas competencias del amor y del sentimiento, la igualdad

y reciprocidad de inefables ternezas, y en que desapareciesen

completamente las preocupaciones nobiliarias, los privilegios del

poder y de la fortuna, y los feroces abusos de la fuerza material,

que á la sazon por todas partes imperaba. Nunca, en ningun período

histórico, han podido aplicarse con mayor fundamento y oportunidad

que en aquél las célebres palabras de Ciceron: _Oh præclaram

emendatricem vitæ poeticam!_

Bella y patriótica es sin duda la poesía popular de los Romanceros,

porque allí están narrados todos los grandiosos hechos de los héroes

y todos los grandes sucesos de la nacionalidad española; pero ni

los individuos ni los pueblos pueden realizar ó ejecutar todo

el contenido de su alma, porque hay cosas que únicamente están

destinadas á ser pensadas, sentidas y expresadas de una manera digna

de memoria, es decir, literariamente, y ese contenido eminentemente

subjetivo, que es el poema de la inteligencia y del corazon, se

encuentra en los Cancioneros generales. En este sentido Aristóteles

ha dicho, con tanta profundidad como exactitud, que la poesía es más

verdadera que la historia.

En la necesidad de resumir brevemente nuestras ideas sobre este

punto, por más que la materia sea muy abundante, nos limitarémos á

decir que la poesía popular cantaba y fortificaba el sentimiento de

nacionalidad, y que la poesía culta favorecia el progreso social; que

la una servia á la patria y la otra á la civilizacion, y finalmente,

que si la poesía narrativa de los Romanceros revelaba la verdad de la

historia, la poesía lírica de los Cancioneros revelaba la verdad del

alma.

Ahora bien; durante aquella edad predominantemente poética, en

que reyes, infantes, príncipes y grandes señores hacian gala de

cultivar la gaya ciencia, se publicaron bajo sus auspicios muchos

Cancioneros. El rey de Castilla D. Juan II, de quien se conservan

algunas canciones y esparzas, fué grande amigo y favorecedor de

poetas y trovadores. El Infante de Antequera, que más tarde llegó

á ser D. Fernando I de Aragon, cuando fué á coronarse á Zaragoza,

llevó consigo una cohorte de trovadores y poetas castellanos, entre

los cuales se contaban el docto D. Enrique de Villena, el célebre

Marqués de Santillana, el discreto Ferrant Manuel de Lando y el

famoso Villasandino. Por último, el gran rey adorado y divinizado por

los poetas de aquella época, D. Alonso V de Aragon, hijo del Infante

de Antequera, fué acompañado en su famosa expedicion á Nápoles por

tan numeroso séquito de poetas y trovadores, que casi ellos solos

formaron con sus cántigas y decires el renombrado _Cancionero de

Stúñiga_, que se conserva manuscrito en la Biblioteca Nacional, y que

hoy tenemos la satisfaccion de dar por primera vez á la estampa.

Este precioso códice está escrito en vitela de excelente calidad,

consta de 165 fólios, y lleva la signatura M. 48 de la Biblioteca

Nacional. Su letra es evidentemente de la segunda mitad del siglo

XV, y está encuadernado en pasta de la época, de color de púrpura,

con exquisita variedad de labores en seco. En su portada lució su

buen gusto un hábil miniaturista, que supo llevar el dibujo á toda

la perfeccion de que entónces era capaz el arte, segun se observa

en las cuatro figuras, que representan la Religion, la Justicia, la

Esperanza y la Fe, modelos acabados de gracia y elegancia. Es muy

de sentir que haya quedado por hacer el escudo á que las figuras

servirian de tenantes, porque por él podríamos venir en conocimiento

del personaje para quien este _Cancionero_ se escribiera, que

personaje de gran cuenta sería cuando todo lujo se creyó poco,

llegándose á perfumar sus folios con alguna disolucion persistente,

que ha hecho durar hasta ahora su fragancia. La orla de la portada,

la inicial con que empieza el _Cancionero_ y la del fólio 41 son

notables por el gusto y primor de sus dibujos, por su perfecta

ejecucion y por la delicadeza y tino con que se alterna el oro

sentado con los colores más vivos, sin abusar nunca ni desentonar la

conveniente armonía de las tintas. En los demas folios las iniciales

de cada composicion son de oro sobre fondo de colores, y las de cada

estrofa sencillas mayúsculas, pero alternando siempre una de oro y

otra azul, habiendose buscado y obtenido en todas la variedad más

completa y agradable.

En suma, este _Cancionero_ constituye un códice de la mayor riqueza

y lujo, digno de figurar en los estantes de la biblioteca de un D.

Pedro Tenorio, ó de una aristocratica dama de la córte de D. Juan II

de Castilla.

Diósele sin duda el nombre impropio de _Cancionero de Stúñiga_, sin

más razon ni motivo que comenzar el códice con dos composiciones de

aquel ilustre caballero. Contiene gran número de producciones de

poetas castellanos, gallegos, aragoneses y catalanes. Hubo un momento

crítico en nuestra historia literaria, en que todos los trovadores

y poetas cristianos de la Península alternaban en cancioneros,

justas poéticas, festejos y solemnidades patrióticas ó religiosas,

sin que en lo más mínimo sirviesen de obstáculo para esta intimidad

y comunicacion las diferencias de dialectos que ya de muy antiguo se

usaban. Al contrario, era entónces muy frecuente que los trovadores

catalanes y aragoneses compusieran decires y canciones en castellano,

y que á su vez los poetas de Castilla hicieran composiciones en

gallego ó lemosin. Diríase que en aquella hora solemne de la historia

todos los vates españoles se habian dado una cita misteriosa en

el ameno y delicioso campo de la _gaya ciencia_, para concertar

fraternalmente todos los elementos y todos los medios de constituir

nuestra poderosa nacionalidad literaria. Bajo los auspicios

del ilustrado Alfonso V, los catalanes y aragoneses penetraron

decididamente por las vias de los provechosos estudios clásicos,

hácia los cuales tambien los impulsaba el prestigio creciente de la

poesía castellana, que habian elevado al más alto punto de crédito

y nombradía el docto Juan de Mena y el esclarecido Marqués de

Santillana. A mayor abundamiento, desde la coronacion del Infante de

Antequera se habian estrechado más y más los vínculos del comercio

intelectual entre ambas córtes de Aragon y de Castilla, y más tarde

la famosa expedicion á Nápoles fué para catalanes, aragoneses y

castellanos la epopeya comun de su gloria en los combates y de sus

triunfos en el Parnaso. En el _Cancionero de Stúñiga_ palpitan á cada

instante los recuerdos de aquella expedicion gloriosa, celébrase la

hermosura de las damas italianas, se canta en todos los tonos esa

hermosa pasion, que es á la vez el orígen de la vida y la fuerza

civilizadora de los pueblos, y se llora tambien en lastimosas

endechas la muerte de los valientes que sucumben en la batalla.

La composicion que empieza:

Las trompas sonaban al punto del dia,

ofrece un cuadro animado y conmovedor de los funerales de Jaumot

Torres, capitan de ballesteros, que murió heroicamente en Cerinola.

No carece de invencion y fantasía la composicion de Juan de Andújar,

que principia:

Cómo procede fortuna.

_Los Siete Gozos de Amor_ es una composicion original, discreta y

bien sentida. El ingenio, la galantería, la gracia, el picaresco

desenfado y las deliciosas penas del amor resplandecen en _El

Testamento_, de Alfonso Enriquez, en _El Juego de Naipes_, de

Fernando de la Torre, en _Las Estrenas_, de Lope de Stúñiga, en _Las

condiciones de las Donas_, de Torrellas, y en las sentimentales

estrofas de Rodriguez del Padron y del enamorado Macías, que vino

á ser el romántico y bello prototipo de los amantes. Por último,

debemos consignar una circunstancia muy notable de este _Cancionero_,

cual es la de contener dos romances, género de composiciones que

nunca ó rarísima vez se encuentra en las innumerables colecciones de

poesías manuscritas que, anteriores al siglo XVI, se conservan en

nuestros archivos y bibliotecas. Ambos romances son de Carvajal. El

uno de ellos está compuesto á nombre de la Reina de Aragon, esposa

de Alfonso V, la cual llora el mal de ausencia con extraordinaria

vivacidad de sentimiento. El segundo romance está hecho con mucha

tristeza y dolor por la partida de su amada, y justo es decir que

el poeta acierta á expresar su pasion con tanta naturalidad como

energía, cuando exclama:

Visitaré los lugares

Do mi sennoría estaba,

Besaré la cruda tierra

Que mi sennora pisaba,

Et diré triste de mí:

Por aquí se paseaba,

Aquí la vide tal dia,

Aquí comigo fablaba.

· · · · · · · ·

¿Dónde estás tú, mi sennora?

¿Vives, como yo, penada?

¿Quien privó la vuestra vista

De mirar et ser mirada?

En resúmen, el _Cancionero de Stúñiga_ entraña y significa dos

grandes acontecimientos de suprema importancia para nuestra

literatura, á saber: la famosa expedicion á Nápoles y la íntima

alianza de los poetas castellanos con los trovadores catalanes y

aragoneses, quienes todos juntos á su vez recibieron la saludable

influencia de la Italia, que ya se habia adelantado gloriosamente por

el camino de las bellas letras á todas las demas naciones de Europa.

Este _Cancionero_ abunda, ademas, en inapreciables indicaciones

históricas, que la crítica y la erudicion sabrán utilizar desde

luégo, y finalmente, abraza un período harto interesante de la

poesía española del siglo XV, que sin la existencia de tan preciado

códice nos sería completamente desconocido. Esta consideracion sube

de punto, si tenemos en cuenta que de muchos poetas y trovadores de

aquella época no se conservan más noticias que las contenidas en el

presente _Cancionero de Stúñiga_.

Ahora bien, sin perjuicio de las oportunas explicaciones, ya

bibliológicas, ya biográficas, que damos en las _Notas_ al final de

la obra, cúmplenos consignar aquí el método que hemos seguido en la

publicacion de este códice, en cuyo texto abundan las equivocaciones,

que provienen de estar escrito por un italiano, como lo prueba la

composicion bilingüe del fólio 152, y áun la misma encuadernacion

revela evidentemente que está hecha en Italia. Estas equivocaciones

han podido influir alguna vez para que no hayamos acertado á

interpretar algunos vocablos, que muy bien pudiera suceder nos sean

completamente desconocidos, áun admitiendo que no haya error en

la escritura. De todos modos, hemos preferido no incluirlos en el

_Glosario_, á proponer caprichosas ó infundadas conjeturas, que en

vez de ilustrar el texto, hubieran contribuido á oscurecerlo más en

algunos pasajes. Diversas, y áun de todo punto contradictorias, son

las opiniones que profesan los más ilustrados críticos de Europa

respecto al sistema ó método que debe seguirse en la publicacion de

este linaje de obras. Sostienen muchos críticos alemanes que los

códices deben publicarse con una fidelidad fotográfica, reproduciendo

los textos sin la más mínima alteracion, con la misma ortografía,

con la puntuacion que tuvieren, y hasta con sus mismas erratas, á

fin de que el público no carezca absolutamente de ninguno de los

datos necesarios y auténticos para formar con acierto su juicio. Al

contrario, los críticos franceses asientan que los códices deben

darse á luz ámpliamente comentados é ilustrados, corregidos en su

ortografía, rectificados en sus errores y despojados en lo posible

de todo cuanto pueda hacer difícil y áun enojosa su lectura, á fin

de convidar más gratamente al público á que venga á saborear las

desconocidas bellezas literarias de otras edades.

La explicacion plausible y naturalísima de estas dos contrarias

opiniones la encontramos fácilmente en las diferencias

características del genio frances, que ante todo aspira á la

claridad y popularizacion de las ideas; y del genio aleman, que

con preferencia se propone penetrar en la esencialidad de las

cosas, cuidando más de la exactitud incontrovertible de sus

conocimientos, que de agradar á toda clase de lectores. Ambos

sistemas nos parecen demasiado exclusivos, y en este punto acaso

hayamos tenido la fortuna de elegir el término discreto entre ambas

encontradas opiniones, supuesto que por una parte hemos permanecido

escrupulosamente fieles al texto del códice, conservando su misma

ortografía respecto á la escritura de las palabras, y por otra nos

hemos permitido alguna libertad en cuanto á la puntuacion, que hemos

acomodado al uso corriente, con la única mira de aclarar su sentido y

facilitar su lectura, consiguiendo de este modo, á nuestro parecer,

casi todas las ventajas de los dos citados sistemas.

En nuestra patria no carece de partidarios la escuela francesa,

y algunos críticos distinguidos recomiendan tambien la necesidad

y conveniencia de publicar los códices expurgados, anotados y

corregidos; pero nosotros creemos que esta opinion, sin duda muy

respetable, no puede ni debe seguirse ni aplicarse en nuestra España,

donde vemos con dolor que, por incuria, ignorancia ó malicia,

desaparece cada dia alguna de nuestras preciosidades literarias.

Triste y aun vergonzoso para un español es decirlo, pero en esta

nacion, en que se han perdido casi todas las obras de D. Enrique

de Villena; en esta nacion, en que nos vemos obligados á mendigar

de gobiernos extranjeros que nos permitan copiar ó que nos presten

por un breve plazo para su publicacion el _Cancionero de Baena_ y

otras obras que hace poco tiempo conservábamos en nuestros archivos

y bibliotecas; en la nacion en que tal sucede con mengua de nuestro

decoro, lo importante es publicar sin dilacion todo lo inédito que

se pueda y lo merezca, salvando así del olvido, de un incendio, de

una inadvertencia ó de una infamia, tantos y tantos inapreciables

manuscritos y códices como luchan todavía con el polvo y los gusanos.

Ahora bien, cuando estos monumentos literarios estén ya resucitados

mediante la imprenta; cuando ya pertenezcan al dominio público,

enhorabuena que entónces personas competentes los estudien, comenten

é ilustren, segun la obra ó el género lo requiera ó demande. Tal

ha sido la razon principalísima que nos ha impulsado á incluir en

nuestra coleccion el _Cancionero de Stúñiga_, no ménos importante

que el de Baena para la historia literaria de nuestra patria.

F. DEL V.

J. S. R.

[Ilustración]

[Ilustración]

A la diligencia y saber del Excmo. Señor D. Juan Eugenio

Hartzenbusch, debemos la revelacion del nombre del hasta ahora

encubierto autor de la _Tragicomedia de Lisandro y Roselia_; á

continuacion verán nuestros lectores la carta que noticiándolo

tuvimos la honra que dicho señor nos dirigiera.

_Madrid, 14 de Octubre de 1872._

EXCMO. SR. MARQUÉS DE LA FUENSANTA DEL VALLE.—SR. D. JOSÉ SANCHO

RAYON.

Muy señores mios y mis buenos amigos: Han querido ustedes que vea la

luz pública la carta que tuve el gusto de dirigirles con fecha de 2

de Junio último; bien que añadiéndole algo: ahí va, pues, de nuevo mi

epístola, con ensanche y cogidos, para hacerla ménos indigna de la

publicidad.

Razon tenian ustedes: Maximiliano _Calvi_ no es el autor de la

tragicomedia _Lisandro y Roselia_; aunque, á mi parecer, la tuvo muy

presente cuando escribió su _Tractado de la hermosura y el amor_[1]:

trozos hay en él con los mismos pensamientos, con el propio lenguaje

casi, que otros de la tragicomedia. Debí reparar en que tras el

apellido _Calvi_, que se lee en la página penúltima del libro, por

ustedes reimpreso (la tragicomedia citada), tomando la sílaba _Cal_

de las iniciales de los versos 11, 12 y 13 de dicha página, y la

sílaba _vi_ de la primera del verso 14; debí notar, digo, que el

verso 15 principia con el adverbio _no_: de modo que realmente me

decian las coplas _Calvi, no_; «no es _Calvi_ el autor de _Lisandro

y Roselia_»: como si hubiese corrido por los años de 1542 engañosa

voz, que importaba rectificar, de que un Fulano _Calvi_ habia escrito

aquel drama. Conjeturas puramente de imaginacion; vamos á lo

positivo.

[1] En Milan, por Paulo Gotardo Poncio, el año 1576.

El libro de la _Tragicomedia de Lisandro y Roselia_, libro llamado

_Elicia_ por segundo nombre, concluye con la copla siguiente:

Si el nombre glorioso quisierdes saber

Del que esto compuso, tomad el trabajo,

Cual suele tomar el escarabajo,

Cuando su casa quiere proveer.

Del quinto renglon debeis proceder,

Donde notamos los hechos ufanos

De aquel que por nombre entre los humanos

Vengador de la tierra pudo tener.

Quiere esto decir en prosa que, para saber quién es el autor del

drama, se ha de partir del _quinto renglon_ (de una copla), donde

se alude á los hechos gloriosos del que mereció se le apellidase

_Vengador de la tierra_.

¿Quién fué este señor?

Ovidio, en el libro IX de sus _Transformaciones_, verso 241, escribe,

refiriéndose á Hércules: «Timuere Dei pro _vindice terræ_.»

Séneca, en su tragedia _Hercules Œtæus_, versos 321 y 322:

Vindicem tellus suum

_Defendet omnis_.

Versos 1416 y 1417 de la propia tragedia:

Vindicem _saltem precor_

_Servate_ terris.

Versos 1837 y 1838 de la misma:

Vindicem _amisi parens_

Terræ _atque pelagi_.

_Vindex_ significa _defensor_ ó _vengador_ ó cosas así, que convienen

á Hércules, á quien van dirigidos los versos ó hemistiquios arriba

apuntados y otras expresiones análogas. Hércules, pues, fué llamado,

entre diferentes denominaciones, _vengador de la tierra_.

El vengador de la tierra, Hércules, fué llamado tambien _Alcídes_.

El nombre _Alcídes_ se halla en el sexto verso de la copla 4.ª,

impresa en el libro _Lisandro y Roselia_ (página 297), donde se hace

referencia á las grandes hazañas del hijo de Júpiter, habido en

Alcmena.

Y contando desde el _verso quinto_ de dicha copla hácia atras, ó

cuesta arriba, á semejanza del escarabajo cuando lleva reculando la

bola, que, segun Samaniego[2],

[2] En la fábula _El Águila y el Escarabajo_.

Fabrica diestramente

Del material en que contínuamente

Trabajando se halla,

Cuyo nombre se sabe, aunque se calla,

Y que, segun yo pienso,

Para los dioses no es muy buen incienso;

tomando (repito) desde el quinto verso de dicha copla, el cual

principia con la sílaba _es_, hasta el quinto verso de la misma

página, el cual principia con la sílaba _ca_, una, dos ó tres letras,

las primeras de cada verso, resulta:

Es

Ta

O

Bra

Con

Pu

So

San

Cho

De

Mu

Ni

No

Na

Tu

Ral

De

Sa

La

Man

Ca:

cláusula que (suprimido el rengloneo por sílabas y expresada con la

ortografía corriente) nos deja leer: _Esta obra compuso Sancho de

Munino, natural de Salamanca_.—Parece que el autor de _Lisandro y

Roselia_ es casi tocayo de usted, Sr. D. José.

Aquí termina el descubrimiento, que es bien poca cosa, no teniendo

noticia alguna del tal Sr. D. Sancho, cuyo sobrenombre no habia oido

yo en mi vida; aunque en el _Ensayo sobre apellidos castellanos_,

obra de mi amigo el Sr. D. José Godoy Alcántara, premiada por la

Academia Española, se hallan (página 132) los nombres _Muninus_,

_Monnino_ y otros, que parecen como precursores del apellido

_Moñino_, célebre ya en España desde la época de Cárlos III, que hizo

á su insigne ministro, D. José _Moñino_, Conde de Floridablanca.

Quizá el mismo Sancho se llamaria, no _Munino_, sino _Muñino_; y su

amigo, el autor del acróstico por sílabas, no repararia en usar _n_

por _ñ_, atendida la dificultad de encontrar vocablo que principiase

con la sílaba _ñi_. En Salamanca, donde he pasado unos dias á fines

de Agosto, no me han dado razon de nuestro recien aparecido Sancho;

queda, no obstante, con deseo de hacer allí averiguaciones más de

una persona, de cuya inteligencia y actividad nos debemos prometer

satisfactorio resultado. Y en verdad que harto merece el autor de

_Lisandro y Roselia_ el trabajo que cueste llegar á descubrir algo de

su vida y hechos, porque, si bien aparece en su obra demasiadamente

aficionado á picante y verdura, el libro es de lo mejor que en su

tiempo se escribió en castellano. El autor se muestra doctísimo en

todo género de letras, conocedor profundo del corazon humano, hábil

pintor de costumbres, y personaje por muchos títulos distinguido,

cuando el autor del acróstico le llama respetuosamente _generoso

señor_. Tambien hubo de ser sujeto de cuenta este amigo suyo, autor

nada ménos que de un poema en cuatro libros, cuyo protagonista era

Héctor, obra que, segun Sancho nos dice (si no fué broma), estuvo

en poder del impresor Juan de Junta para que la publicara. ¿Sería

el amigo de Sancho algun _Calvi_, ó quizá un _Calvino_? Porque, en

aquel tiempo áun podia llevar en España impunemente este último

sobrenombre cualquier cristiano viejo. Sancho pudo tambien tener

otro que el de _Munino_ ó _Muñino_, pues entónces se tomaban los

apellidos, poco ménos que á gusto del portador: he repasado por eso

la _Memoria histórica de la Universidad_ de Salamanca, que publicó

tres años há mi antiguo compañero, D. Alejandro Vidal; y entre los

Rectores de aquellas aulas famosísimas he visto un _Don Sancho_, que

fué cuatro veces Rector en los años 1569, 1572, 1585 y 1588; pero

aquel personaje, sobre no ser de Salamanca, llamarse _Dávila_ por

padre y _Toledo_ por madre, nació cuatro años despues de impreso el

drama de _Elicia_. Dejemos al tiempo la tarea de ofrecer noticias de

uno y otro escritor.

Y permítanme ustedes que al darles afectuosas gracias por la

publicacion de obra tan estimable, y la enhorabuena por el excelente

gusto y esmero con que han hecho edicion tan linda, señale aquí

algunas erratas, que noté al paso al leer el libro, y que serán,

por supuesto, de la impresion original, por ustedes resucitada.

Cualquiera echará de ver que _Ticion_ (página 22), _Lypariso_

(página 183), _Tramiseno_ (página 221) y _Loadice_ (pág. 273), son

equivocaciones en lugar de _Ticio_, _Cipariso_, _Trasimeno_ (el lago

de este nombre) y _Laodice_; tambien se advertirá que el nombre

_Lanace_, impreso así en la página 182, es el mismo de _Cánace_, que

se halla en la página 274; pero no es tan fácil conocer que el nombre

_Macarso_, que se lee en la misma página 274, y el de _Macharco_ de

la página 182, son el de _Macareo_, hermano de _Cánace_, personaje

mitológico de no ejemplar memoria, como varios otros del libro:

_Canno_ (página 274) es _Cauno_ (error tan fácil de cometer como

de perdonar); _Menefon_ debe ser _Menefron_; _Thistes_, _Tiéstes_,

y _Europa_, _Erope_. Alguna otra cosilla pudiera notar; pero sobra

lo dicho para venir al fin que me propongo con estos impertinentes

reparos. Necesitaba yo, señores, hablar de erratas con cualquiera

pretexto, para salvar aquí una gordísima, que benignamente se me ha

notado, cometida en un Discurso que leí en la Academia Española,

donde estampé que el pronombre _Nós_ era... _¡segunda persona de

plural!_ Habia corregido con mucho cuidado las pruebas del Discurso;

corregí, con mayor detenimiento aún, la reimpresion del mismo; y en

él y en ella salió y se ve la que he llamado _errata_, sin serlo de

imprenta, sino despropósito de este pobre viejo, que no está ya para

nada, aunque siempre muy deseoso de servir á ustedes, cuyas manos

besa:

JUAN EUGENIO HARTZENBUSCH.

[Ilustración]

[Ilustración]

_LOPE DE STÚÑIGA._

Á cabo de mis dolores,

Fin de largas cruesas,

Principio de mis amores,

Comienço de mis tristesas,

Ayas piedat et mesura

Contra mí,

Que de tu sola figura

Me vençí.

De tí me viene pesar

Et desigual padescer,

Tú fuelgas con mi penar

Et penas con mi plaser.

¡Oh sennor, cuál enemigo

Haber pudiera

Que más danno del que digo

Me fisiera!

Tanto terrible fuerte

Es mi pena dolorida,

Que vida será mi muerte,

Et muerte será mi vida;

Que los mis tristes gemidos

Non son tales

Para sin muerte sofridos

Ser sus males.

De tí es preçiado mi mal

Et querida la mi pena,

Pones con ira mortal

En mi libertad cadena.

¡Oh cuytado pecador

De mí, que só

Tan firme, cual amador

Nunca naçió!

Oh vida, que la tu vida

Es vida con la qual muero,

Et vida que non olvida

La contra de lo que quiero;

Non quieras dolor tan fuerte

Que me fiera,

Porque mi querida muerte

Non me quiera.

Tú quieres lo que non quiero,

Quiero lo que tú fisieres,

Quieres la muerte que muero,

Yo quiero, pues tú la quieres;

Et quiero ser bien querido

Yo de tí,

¿Quieres tú, triste perdido

Ver á mí?

Non sé si meior me fuera

Nasçer come soy nascido,

Ó que iamas non nasciera

Para te haber conoscido;

Pues con muerte çessaras

El mi dolor,

Mas tú, que nunca cobraras

Tal servidor.

Tú fases la mi salud

De muerte ser temedora,

Por guarda de tu vertud

Eres buena et mal fechora;

¿Quál es más contrariedat

Al coraçon

Que tener mal et bondat

Sin division?

Pero tú nunca te mueves

Para darme galardon,

Pésete porque non debes

Complir la mi peticion.

É tu pesar me dará

Tal esperança,

La qual vivir me fará

Syn mal andança.

Agora, sempre, despues,

Mira mis quexas sumarias,

Rescibe, pues que asy es,

Mis lágrimas et pregarias;

É quiérate desplaser,

Porque bondat

Non te consiente faser

Mi voluntat.

_Fyn._

Non te desplega saber

Que honestad

Te fase palaçio ser

De castitad.

_LOPE DE STÚÑIGA._

¡Oh triste partida mia,

Causa de secretos males!

¡Oh cuidados desiguales,

Que destruyen mi alegría!

¡Oh qué tanto bien sería

Un partir de aquesta vida,

Porque en fin de mí partida

Et mi vida fenescida,

Non muriese cada dia!

Mis males eran nascidos

Ante de mi nasçimiento,

En los signos de sabidos

Et planeta de perdidos

Fué mi triste fundamiento;

Et la rueda de fortuna,

Con el signo más esquivo,

Con la más menguante luna,

Me fadaron en la cuna

Para ser vuestro captivo.

Non porque vuestra figura

Con muchas virtudes dos

La cordura con mensura

Nin la vuestra fermosura

Eran nascidas, nin vos,

Mas porque habia de ser

Mandado de Dios asy

Que nasciesse mi querer

Para tanto vos querer,

Mucho más que quiero á mí.

É despues fuestes nasçida,

Nasçida con tal poder,

Con el qual muere mi vida

Syn poder ser defendida

De tan gran pesar haber

Como yo tengo queriendo,

Como yo tengo pensando,

Nunca cesso, maldiciendo

Mi vida, que bien serviendo

Muere ya desesperando.

Que de muerte la quiteis

Non vos demando, querida,

Et si vos morir la veis,

Non negais que lo mateis

Nin seréis della servida;

Que merçed non pediria

De vida tan aborrida,

Porque muy meior sería

De perderla en este dia

Que assy verla destruida.

Como fueron assignados

Mis dias para ser vuestro,

Aunque fueron apartados,

Ya por fuerza son tornados

Á servirvos más que muestro;

Piense vuestro pensamiento

Piedat muy virtuosa,

Et matad mi grand tormento,

Non por mi merescimiento,

Mas por vos ser piadosa.

Non poderian los amores

Del mundo todos iuntados

El mayor con mis dolores,

Nin se ygualen amadores

Nin pueden ser ygualados,

Porque mi querer sobrado

Á todos passa en amar

Tanto que pienso cuitado

De morir arrebatado

Ó muerto m’han de fallar.

Si servitio merescistes

Non meresco grand pesar,

Et si vos me conoscistes

Para darme dias tristes,

Non vos dejo de loar;

Que, par Dios, despues de aquella

Devota vírgen María,

De las otras sois estrella,

Nunca nasció tal donsella

Como vos, sennora mia.

_Fyn._

Non dexedes assí finar

Vida que ya muerte fuesse:

Vos, mi bien, quered usar

Con el miedo de matar,

Osaréis si vos pluguiesse,

Plaser que teme bondat

Por ganar mi alma vuestra

Despendiendo crueldat,

Pues mi pena con verdat

Es mayor que se vos muestra.

_IOHAN DE MENA._

Guay de aquel hombre que mira

Vuestro gesto triste ledo,

Si delante non se tira,

En él pone vuestra ira

Non ménos amor que miedo;

La ira non conveniente

De fermosa os face fea,

Mas vuestro gesto plasiente,

Bien mirado por la gente,

Con sanna más vos arrea.

Yo vos he visto sannosa,

Yo vos he visto pagada,

Mas iamas fallo tal cosa

Por do ménos que fermosa

Vos faga ser alterada;

Tal me vos siempre mostrays

Por mi ventura fadada,

Qual, aunque non querays,

Fuerça es que padescays

Desamando ser amada.

Dubdo que pueda pensar

Vuestra grand beldat partir

Nin que vos pueda parar

Ménos bella el grand llorar

Que fermosa el buen reyr;

Nin calor más non enciende

Vuestra ymágen estranna

Nin frior la reprehende,

Nin la noche la ofende,

Nin la mannana la danna.

Siempre estais de un estante

Et iamas en una tema,

Syempre es vuestro semblante

En una forma constante,

Non communa, mas estrema;

Como es norte firmesa

Sobre todas las estrellas,

Assy vuestra gentilesa

Es el norte de bellesa

Sobre cuantas naçen bellas.

Solamente con cantar

Dis que enganna la serena,

Mas yo non puedo pensar

Quál manera de engannar

Á vos non vos venga buena;

Ca vos me engannays reyendo,

Et me engannays llorando,

Engannaysme dormiendo,

É más me matays n’os veyendo

Que me penays mirando.

Si ántes oviérades sydo,

Fisiera rason humana,

Segun el gesto garrido,

Vos ser madre de Cupido

É gosar de la mançana;

Que si Páris conosciera

Que tan fermosa sennora

Por nascer áun estoviera,

Para vos, sy lo supiera,

La guardára fasta agora.

Quanto más bella se pára

De las estrellas la luna,

Tanto vuestra linda cara

Se muestra perla muy clara

Sobre las fermosas una;

Como el fénix fiso Dios

En el mundo sola un ave,

Assy quiso que entre nos

Sola tal fuéssedes vos

De fermosura la nave.

É vos, que desque naçistes

Las beldades se consumen,

Vos, que nascida fesistes

Ser envidiosas et tristes

Las que de bellas presumen;

É pues luz de las fermosas

Quiere razon que vos llamen,

Síguense de aquí dos cosas:

Las damas que estén sannosas,

Los hombres que más vos amen.

La vuestra clara presençia

Á las presentes absenta

Et defasse con prudençia

Quanto saber é sciençia

Vivo seso representa;

Mas teneys otros errores

Ó yo soy del todo loco,

Que de remediar amores,

Segund muestran mis dolores,

Vos sabeys, sennora, poco.

Pues tales factiones tanto

Son en vos como perdidas,

Si me acuesto ó me levanto

En el mi terrible planto

Solas lloro yo dos vidas;

La mia porque se alabe

Que muere por bien amar,

La vuestra porque non sabe

De la beldat que le cabe

Nin se quiere aprovechar.

Ya por Dios este pensar

Non vos tenga así engannada,

É quered considerar

Sy deleyte es desear,

Quanto más ser deseada;

Aunque rabio por memoria,

Sed vos Diana de palmas,

En haber de mi victoria,

Non habrés pena nin gloria

Más que en el limbo las almas.

Pues si yo tanto vos quiero

Vuestra bellesa lo fase;

Que m’ha fecho assy guerrero

De un amor tan verdadero,

Que aunque me pesa me plase;

Y hé plaser y dolor,

Por haber della tal guerra

Ordenando fué Amor,

Ó fasedme vencedor,

Ó metedme so la tierra,

_Fyn._

Yo vos supplico et ruego

Que me libreys desta pena,

Que si muero en este fuego,

Non fallaréys asy luégo

Cada dia un Iohan de Mena.

_IOHAN DE MENA._

Ya non sufre mi cuidado

Llagas de tantas feridas,

Un vivir atribulado

Non se cuenta entre las vidas.

¡Oh syn ventura nascido!

¡Quánt bueno fuera el morir

Si pudiera ser venido

Quando yo ove tenido

Más cobdicia en el vivir!

Un danno que nunca cansa,

Un dolor vuelto con sombra,

Un mal que nunca se amansa,

Sennores, ¿cómo se nombra?

Si segun mi llaga fuerte

Mi danno se entitulasse,

Presumo, segun mi suerte,

La mi muy rabiosa muerte

Que sin nombre se quedasse.

Vengamos á vos, sennora,

Remedio de mis pesares,

Aunque cruel causadora

De mis penas singulares,

Vengan mis quexas gimiendo,

Los mis gemidos quexando,

La mi vida maldisiendo,

Porque mis males viviendo

Mueran mis ojos llorando.

Nin maldigo á quien me yerra

Nin á mal tanto profundo,

Mas blasfemo de la tierra

Porque me sufre en el mundo;

Ca si muriera al nasçer

Ó nasçido si muriera,

Non me pluguiera plaser,

Nin me diera yo al querer

Nin el querer á mí se diera.

Pues mi mal non se resiste

Por mi bien nin por su miedo,

Volverme contra mí triste,

Pues ya contra vos non puedo.

Et diré, ved qué diré;

Desespero si esperaba,

É si dixierdes por qué,

Dir vos hé, porque fallé

La muerte que non buscaba.

Ya el universo gentío

Bien dise de mi persona

El triste martirio mio

Ser digno de grand corona;

Y vos, por quien se padesce

Un dolor tan adversario

Mirad si vos bien paresce

De quien non vos lo meresce

Que digays lo contrario.

Por vos me plugo la vida,

Por vivir vuestro captivo,

É por vos non ser servida

Me desplase porque vivo;

Et pues fuestes vos por quien

Me prendió la tal cadena,

Llamadme disiendo, ven,

Ordenando de mi bien

Quanto mi mal desordena.

Si la sanna que mostró

El vuestro gesto sereno,

Non por amores, yo no

Oviera seydo tan bueno;

Nin algund grado de amar

Non plega á Dios que penseis

Ya por á mí meiorar,

Por ménos cuytas me dar

Nin por más que me cuyteis.

¿Dó nunca dispuso amor

Lealtad y tanta fe

Con tal sobra de dolor

Qual de mí recontaré?

Ca segund mi desear

Et mi mucho desplaser,

¿A dó fallaré mi par

Que perdon tan singular

Non se me dexe vencer?

Vos, mi bien, tan solamente

Sois la que non se convençe

De mí, de quien tanta gente

Por sobra de amor se vençe;

¡Oh males mal despendidos!

¡Oh malvada ingratitud!

Dad ya fin á mis gemidos,

Pues salud á los vencidos

Es non esperar salud.

Mis penas mirando luégo,

Quiero que de vos se teman

Aquellas flamas de fuego

Que ménos arden que queman;

Y á lo qual por fama rasa

Bien ha fecho ser notorio,

Quemándome en esta brasa,

Vuestro deseo ser causa

Para mí de purgatorio.

Fijas de madres ajenas,

Á mí, que de vos me venço,

Non distes fin á mis penas,

Nin vos á mí buen comienço;

Mas pues sois de castidat

Un tal elegido vaso,

Vos desidme una verdat,

Si pensais sin piedat

Ser cruel en este caso.

Piedat sea tamanna

Cuanto cruesa fué grande,

Obedesca vuestra sanna

Humildat por do se mande;

É que sea como digo

Derecha razon lo muestra,

Non en són de castigo,

Mas por mí triste, que sygo

La mi vida por la vuestra.

Poder de grand poderío

Es obrar con non poder,

Ca el poder ya es poderío

Do non es más fuerça que ser;

Por ende, si pido aquello

Que de honestad non podeys,

Vos, mi bien, pensad en ello,

Con quanta razon querello

Pensarlo poder deveys.

Mas los muy ardientes çirios,

Que queman la mi persona,

Non quirien por tres martirios

Darme más de una corona;

La qual es de tres metales,

Fe, amor et lealtad,

Con tres íes por sennales,

Cuyos esmaltes son tales,

Una en una es mi verdat.

Quered de querer leal

Á quien tal querer vos quiere,

É sofrió un tan buen mal

Que da goso cuando fiere;

Porque pueda yo haber nombre

Causa de goso tamanno,

Vos fased tanto hombre

Que de mi plaser se asombre

Quien se espanta de mi danno.

Si me preguntan algunos

Por mi sennora, les muestro,

Por contentar á los unos,

Otra alguna en nombre vuestro;

Que vuestro rostro y color

Es beldad que asy conquista,

Que yo habria grand temor

Ser espada matador

Para ellos vuestra vista.

De otra nombrar pensando

En algund caso que toca

Al vuestro nombre, fablando

Se me va luégo la boca;

Tanto que á los que desplase

Me lo notan á grand mengua,

Mas á mí, que satisfase,

En grado syn fin me plase

Del tal yerro de mi lengua.

Cancionero de Lope de Stúñiga: Códice del siglo XV. · 第 1 / 13 段