«El destino de la naturaleza organizada es la perfectibilidad y
¿quién puede asignarle límites? Al hombre le toca dominar el caos,
desparramar en todas partes, durante la vida, las simientes de la
ciencia y de la poesía, á fin de que los climas, los cereales, los
animales y los _hombres_ se suavicen, y para que los gérmenes del
amor y del bien se multipliquen.»