53 [crd][crd][cr].

Traduciendo según el método empleado, obtenemos:

.good,

lo que nos prueba que la primera letra es una _A_, y que las dos

primeras palabras son _A good_ (Un buen).

Es tiempo ya de arreglar nuestra clave en forma tabular, según lo que

hemos descubierto, para evitar confusión. Resulta así:

El 5 representa la a

[cr] " " d

8 " " e

3 " " g

4 " " h

6 " " i

* " " n

[crd] " " o

( " " r

; " " t

? " " u

Tenemos representadas, por consiguiente, nada menos que once de las

letras más importantes, y es inútil proseguir relatando los detalles de

la solución. Lo que he dicho basta para demostraros que claves de esta

naturaleza pueden ser descifradas fácilmente, y daros a la vez una idea

de su desenvolvimiento racional. Podéis estar seguro de que el ejemplar

que tenemos ante los ojos pertenece a la especie más sencilla de

jeroglíficos. Sólo me resta ahora facilitaros la traducción completa de

los caracteres trazados en el pergamino, tal como yo la he solucionado.

Hela aquí:

Un buen vidrio desde el hotel del obispo en el asiento del diablo

cuarenta y un grados trece minutos norte nordeste tronco principal

séptima rama este tiro por el ojo izquierdo de la calavera línea

recta desde el árbol siguiendo el tiro cincuenta pies.

--Pero el enigma continúa en tan mala condición como antes,--dije

yo.--¿Cómo es posible extraer ningún significado a toda esta jerga de

_asientos del diablo, calaveras y hoteles de obispos?_

--Hay que confesar,--repuso Legrand,--que el asunto reviste aspecto

grave, si se le considera con mirada superficial. Así, mi primera

tentativa fué dividir esta oración en las frases imaginadas naturalmente

por el autor del jeroglífico.

--¿Puntuarla, queréis decir?

--Algo por el estilo.

--Pero ¿cómo era posible realizarlo?

--Reflexioné que el escritor había corrido las palabras unas tras otras

sin división alguna _intencionalmente_ para aumentar las dificultades de

la solución y que, una vez en este terreno, un hombre no muy avisado se

sentiría predispuesto verosímilmente a exagerar la precaución. Cuando en

el curso de su composición llegara al final de una frase que

naturalmente requiriese un punto o una pausa, inclinaríase más bien a

trazar sus caracteres más juntos allí que en cualquiera otra parte. Si

observáis el manuscrito, encontraréis cinco casos de amontonamiento

mayor de lo acostumbrado. Actuando bajo esta sugestión, hice la división

como sigue:

Un buen vidrio desde el hotel del obispo en el asiento del

diablo--cuarenta y un grados trece minutos--norte nordeste--tronco

principal, séptima rama este--tiro por el ojo izquierdo de la

calavera--línea recta desde el árbol siguiendo el tiro cincuenta

pies.

--A pesar de la división me quedo a obscuras,--dije.

--También me dejó a mí a obscuras por algunos días,--replicó

Legrand--durante los cuales practiqué pesquisas diligentes en los

alrededores de la isla de Súllivan tratando de averiguar si existía

algún edificio conocido por el nombre de "Hotel del Obispo." No habiendo

obtenido informe alguno sobre este punto, me preparaba a extender la

esfera de investigación procediendo en forma metódica cuando una mañana

me entró en la cabeza repentinamente la idea de que "Hotel del Obispo"

podía referirse a una antigua familia llamada Bessop,[3] que desde

tiempo inmemorial había poseído una antigua casa solariega a cuatro

millas aproximadamente hacia el norte de la isla. Me dirigí, en

consecuencia, a aquella posesión y recomencé mis pesquisas entre los

negros más viejos del lugar. Al fin una de las mujeres más ancianas

dijo que había oído hablar de un sitio llamado el "Castillo de Bessop" y

que podía guiarme hasta allá, pero que aquello no era castillo ni

hostería sino una roca muy escarpada.

Ofrecí pagarle bien, y después de alguna vacilación consintió en

acompañarme hasta aquel paraje. Lo encontramos con gran dificultad; y

luego que la hube despachado, procedí al examen del lugar. El _castillo_

consistía en un amontonamiento irregular de rocas, entre las cuales se

destacaba una, tanto por su altura como por su posición aislada y su

forma artificial. La escalé hasta la cumbre, sintiéndome luego

completamente desorientado acerca de lo que debería emprender a

continuación.

--Mientras me hallaba hundido en mis reflexiones cayeron mis ojos sobre

un estrecho borde en la pared oriental de la roca, quizá a una yarda más

abajo del sitio en que me hallaba colocado en la cima. Este borde se

proyectaba cerca de dieciocho pulgadas y no tenía más que un pie de

ancho, mientras que un nicho labrado en el peñasco justamente sobre

aquella parte saliente le hacía asemejarse rústicamente a uno de

aquellos asientos de respaldar cóncavo que usaban nuestros antecesores.

No tuve la menor duda de que aquel era el "asiento del diablo" a que

aludía el manuscrito, y de que me apoderaba así de todo el secreto del

enigma.

Comprendía que el "buen vidrio" no podía referirse a otra cosa que a un

telescopio, porque la palabra _vidrio_ rara vez se emplea por los

marinos en otro sentido. De allí deduje inmediatamente que era

necesario usar un telescopio y que existía determinado punto de vista,

_que no admitía variación_, desde el cual debía usarse. Tampoco vacilé

un momento en la certidumbre de que las frases "cuarenta y un grados

trece minutos" y "norte nordeste," se indicaban como la dirección en que

había de nivelarse el telescopio. Excitado en gran manera por estos

descubrimientos, corrí a la casa, me procuré un anteojo y regresé a la

roca.

Dejéme caer en el borde saliente y encontré que era imposible sentarse a

no ser en cierta posición particular. Este hecho confirmó mis

conjeturas. Procedí a emplear el telescopio. Por supuesto los "cuarenta

y un grados y trece minutos" sólo podían aludir a la altura sobre el

horizonte visible, puesto que la dirección horizontal estaba claramente

indicada por las palabras "norte nordeste." Establecí esta dirección por

medio de una brújula de bolsillo; y enderezando el telescopio en ángulo

de cuarenta y un grados de elevación, tan aproximado como era posible

calcular, lo moví cautelosamente arriba y abajo hasta que atrajo mi

atención una hendedura circular o abertura en el follaje de cierto árbol

elevado que sobresalía entre todos sus compañeros a la distancia. En el

centro de esta abertura aparecía una mancha blanca cuya naturaleza no

pude discernir de pronto. Ajustando el lente del telescopio, miré otra

vez, y entonces advertí que era un cráneo humano.

Ante tal descubrimiento sentí la confianza total de haber solucionado el

enigma; porque la frase "tronco principal, séptima rama este" podía

referirse únicamente a la posición del cráneo en el árbol; en tanto que

"tiro por el ojo izquierdo de la calavera" admitía asimismo sólo una

interpretación con referencia a la manera de encontrar el tesoro

enterrado. Comprendí que la indicación era arrojar un objeto pesado por

el ojo izquierdo de la calavera, y que una línea recta tirada desde el

punto más cercano del árbol siguiendo el _tiro_, o sea el sitio donde el

proyectil hubiera caído, y extendida a cincuenta pies de distancia,

indicaría un lugar determinado; y en aquel lugar determinado pensé yo

que era por lo menos _posible_ que existiera algún depósito valioso.

--Todo esto está admirablemente claro,--dije,--y aun cuando muy

ingenioso, es sencillo y explícito. ¿Qué hicisteis luego de haber dejado

el "Hotel del Obispo?"

--Bien; anoté cuidadosamente los detalles del árbol y regresé a la casa.

Apenas abandoné el "asiento del diablo," desvanecióse la abertura

circular, y no pude volver a encontrarla por más que me volviera en uno

u otro sentido. Lo que representa para mí el ingenio mayor en todo este

asunto es el hecho, del cual he llegado a convencerme por repetidos

ensayos, de que el espacio abierto circular en cuestión no es visible de

ningún otro punto sino de aquel que procura el estrecho borde sobre el

frente de la roca.

En esta expedición al "Hotel del Obispo" estuve acompañado de Júpiter

quien había observado indudablemente la abstracción de mis maneras en

las últimas semanas y tenía gran cuidado de no dejarme solo. Pero al

día siguiente logré escapar a su vigilancia levantándome muy temprano y

me largué a las colinas en busca del árbol. Después de mucho trabajo

logré encontrarlo. Cuando volví a casa por la noche, mi criado se

proponía administrarme una corrección. El resto de la aventura lo

conocéis tan bien como yo.

--Imagino,--dije,--que en la primera tentativa de excavación errasteis

el sitio por la estupidez de Júpiter de hacer caer el insecto por el ojo

derecho de la calavera en vez del izquierdo.

--Precisamente. Este error nos daba una diferencia de dos pulgadas y

media en el sitio del _tiro_, es decir, en la posición de la estaca que

quedaba cerca del árbol. Si el tesoro hubiera estado enterrado bajo el

_tiro_, la diferencia habría sido de poca monta, pero aquel punto y el

punto más cercano del árbol servían sólo para establecer una línea de

dirección; de consiguiente, el error, aunque insignificante al

principio, aumentaba conforme avanzaba la línea, de manera que al llegar

a los cincuenta pies estábamos completamente fuera de la pista. De no

haber tenido mis convicciones bien sentadas de que existía un tesoro

enterrado por cualquier parte en los alrededores, toda nuestra labor

habría sido en vano.

--¡Pero vuestra grandilocuencia y vuestras maneras haciendo revolotear

el insecto eran tan extraordinarias! Yo estaba seguro de que habíais

perdido el juicio. Y luego ¿por qué insistir en que Júpiter dejara caer

el escarabajo en vez de una bala por el ojo de la calavera?

--¡Ah! Vamos, si he de hablar con franqueza; sentíame algo molesto por

vuestras evidentes sospechas respecto al estado de mi razón, y resolví

castigaros suavemente, a mi manera, tratando de embrollaros y

desconcertaros un poquillo. Por esto hacía revolotear al escarabajo y

ordené a Júpiter que lo arrojara desde el árbol. Una observación vuestra

acerca de su gran peso me sugirió esta última idea.

--Sí, comprendo; y ahora sólo resta un punto por dilucidar. ¿Qué hemos

de creer con respecto de los esqueletos hallados en la excavación?

--En esta materia no estoy más adelantado que vos mismo. La única forma

plausible de explicación, aun cuando sea horrible pensar en atrocidad

semejante, es que Kidd (dado que fuera él quien ocultó este tesoro, lo

que para mí está fuera de duda) debió tener alguien que lo ayudara en

esta empresa. Pero, concluída la labor, juzgó quizá conveniente eliminar

a todos los testigos del secreto. Probablemente bastaron dos golpes de

azadón mientras sus coadjutores estaban ocupados en el fondo del

agujero; quizá si necesitó una docena, ¿quién podría asegurarlo?

Cuentos Clásicos del Norte, Primera Serie · 第 32 / 42 题