CAPITULO LII.

_El autor camina por tierra, dejando el rio Paraná, y lo que le sucedió

en Tupí._

Dejamos las canoas y el Paraná para ir por tierra en la provincia de la

nacion de Tupís,[53] donde empieza la jurisdiccion del rey de Portugal:

el camino dura seis meses enteros, y hay en él muchos desiertos, montes

y valles que pasar, tan llenos de fieras, que de miedo no podíamos

dormir seguramente.

[Nota 53: _Estos indios conservan el nombre de su poblador Tupí,

Estremeño, segun_ BARCO, _Argentina, conto 1: y aunque no le nombra,

sigue lo mismo_ VASCONCELOS, _Crónica del Brasil, lib. 1, núm. 78 y 79,

de oidas á los indios, y núm. 149, fol. 91._]

Los indios de esta nacion se comen á sus enemigos. Siempre tienen

guerra, que es su mayor deleite: cuando vencen, llevan al pueblo los

vencidos, con tanto acompañamiento como si fuera boda. Si quieren matar

á alguno hacen grandes fiestas; y en tanto que duran, le dan todo cuanto

pide y apetece, y mugeres con que se divierta, hasta la hora en que le

han de matar.

Pasan los dias y las noches en banquetes y comidas, borrachos como las

manadas de puercos de Epicuro, mas torpemente de lo que se puede decir.

Son muy soberbios y altivos; hacen vino de maiz, con que se emborrachan:

es poco diferente su lengua de la de los Cários.

Llegamos á otro lugar, llamado _Careiseba_, habitado tambien de los

Tupís. Estos tienen guerra con los cristianos: los primeros son sus

amigos.

El domingo de Ramos partimos á otro pueblo que estaba á 4 leguas, y en

el camino nos avisaron que nos guardásemos de los de _Careiseba_; y

aunque no teniamos necesidad de bastimento, y con el que habia podíamos

pasar adelante, no quisieron dos de nuestros compañeros, y se fueron al

pueblo contra nuestro consejo: donde apenas entraron, fueron muertos y

comidos de los indios. Acercáronse despues á nosotros 50 vestidos de

cristianos, y á treinta pasos nos hablaron. Guardan los indios esta

costumbre, que quedandose algo lejos del contrario, si habla con él no

se presume que piensa cosa buena. Viendo estas malas señales, tomamos

las armas lo mejor que pudimos, y les preguntamos ¿donde estaban

nuestros compañeros?--Respondieron que estaban en su pueblo, y que nos

rogaban fuesemos á él: pero conociendo su engaño, lo escusamos.

Dierónnos una rociada de flechas, y se volvieron en breve á su pueblo,

de donde salieron 6,000 contra nosotros. Hallábamonos sin mas defensa

que un bosque al lado, cuatro arcabuces y 20 indios Cários, que traia yo

de la Asumpcion; y con tan poca fuerza nos mantuvimos cuatro dias contra

ellos. Disparábannos muchas flechas, y considerando era vana la

resistencia, á la cuarta noche nos emboscamos sin comida y con muchos

indios que nos perseguian. Sucediónos lo que dice el refran:--_la

multitud de los perros es la muerte de las liebres_.

Ocho dias continuos anduvimos vagando por los bosques: de suerte que,

aunque he peregrinado tanto en toda mi vida, nunca he tenido camino mas

áspero, molesto y desazonado. Manteniámonos con miel y raices, y no nos

deteniamos á cazar algunas fieras, porque los indios no nos alcansasen.

En fin llegamos á la nacion _Biesaie_, donde estuvimos cuatro dias, y

nos proveimos de lo que habiamos menester, sin atrevernos á llegar al

pueblo, por ser tan pocos.

En esta nacion está el rio _Urquá_, en que vimos culebras, llamadas en

español _Schebe Eyba Tuescha_,[54] de diez pasos de largo y cuatro palmo

de ancho. Hacen estas serpientes mucho daño, porque si se baña un hombre

en aquel rio, ó quiere pasarle nadando algun animal, la serpiente

envuelve en la cola al hombre ó al animal, y le mete debajo del agua y

se lo come: por esto siempre andan con la cabeza fuera del agua, mirando

si pasa algun hombre ó animal que poder llevarse.

[Nota 54: _Este nombre dá la medida del ningun conocimiento que

tenia del castellano este escritor, y hasta que punto estropeaba los

nombres por su ortográfia._--EL EDITOR.]

Desde aquí anduvimos en un mes 100 leguas, hasta dar en _Scheverveba_,

pueblo en que descansamos tres dias; pero tan descaidos y flacos del

viage y falta de comida, que nunca teniamos en abundancia sino miel. Y

luego empezamos á enfermar, perdidas todas las fuerzas con los largos y

peligrosos viages hechos con gran pobreza y miseria; y lo mas principal,

sin comida conveniente á la naturaleza, ni camas en que descanzar,

porque las que llevábamos á cuestas, como saben todos, eran de algodon,

tegidas como red, de cuatro ó cinco libras de peso; y para dormir las

atabamos á dos árboles, y echándose se descansa en el campo: que es mas

seguro cuando caminan pocos cristianos en Indias, que en las casas y

pueblos de los indios. Desde allí fuimos hasta un pueblo de cristianos

que tenia yo por cuevas de ladrones. Era su capitan Juan Reinville, que

entonces estaba ausente, sin duda por nuestro bien, en el pueblo de San

Vicente, con otros cristianos para cumplir ciertos ajustes que habian

hecho. Estos indios, (con los cuales habitan 800 cristianos en dos

pueblos), están sugetos al rey de Portugal, pero debajo del poder de

Juan de Reinville, que era muy obedecido, porque habia estado en Indias

40 años de gobernador, hecho guerra, y pacificado la provincia; y

juzgaba que nadie mejor que él merecia el gobierno. Y porque no se le

daba siempre, armaba guerras y juntaba en un dia 5,000 indios de guerra,

y el Rey de Portugal no podia juntar 2,000. ¡¡tanta era su autoridad y

poder en estas provincias! Cuando nosotros llegamos, estaba en su casa

un hijo suyo, que nos trató con harto agasajo; y con todo, remediamos á

su gente mas que á los indios, y porque nos salió todo bien, estabamos

muy alegres, dando gracias á Dios de habernos sacado sin peligro de

aquel pueblo.

Viage al Rio de La Plata y Paraguay · 第 63 / 80 题