_De la ciudad de Lambaré, y como fué sitiada y rendida._
La ciudad de estos indios, que llaman estos moradores Lambaré, está
rodeada de dos cercas de palos, del grueso de un hombre, puestos de doce
en doce pasos, hincados en la tierra; quedando fuera tanto como la
altura de un hombre con la espada y brazo levantados; y á quince pasos
tenian hechos fosos y hoyos de tres estados de hondo, cubiertos con
ramas y tierra, y en medio de cada uno, una lanza fijada, aguda. Este
aparato es para coger á los cristianos, porque dejando Juan de Ayólas 60
hombres en guarda de los bergantines, fué en contra la ciudad, en
órden, con 300 soldados bien prevenidos, y llegando á un tiro de bala
del egército de los indios, que eran 4,000 armados con arcos y flechas,
nos enviaron á decir que nos volviésemos á las naves, y nos darian
bastimento y lo demas que necesitásemos para volver á nuestra tierra
cuanto antes. Despreciamos esta oferta, por ser muy á propósito este
provincia para nosotros, por la abundancia de bastimentos, y
especialmente porque en cuatro años continuos no habiamos comido pan,
sino carne y pescado solamente, y muchas veces escasísimamente.
Empezaron los Cários á disparar contra nosotros, y no quisimos hacerles
mal, sino darles á entender que queriamos ser sus amigos: no quisieron
aquietarse por no haber experimentado nuestras espadas ni los arcabuces.
Acercámonos y disparamos la artilleria, á cuyo estruendo y estrago,
viendo que caian tantos muertos sin saber de que, y las disformes
heridas y agugeros en sus cuerpos, espantados con gran temor, huyeron
tumultariarmente, cayendo unos sobre otros en los hoyos, mas de 300,
dándose gran prisa á meterse en su pueblo.
Sitiamos la ciudad, y se defendieron los indios fuertemente, hasta el
tercero dia, matando 16 españoles: pero temiendo el daño de sus mugeres
é hijos que tenian consigo, pidieron perdon y las vidas, y se entregaron
á nuestra voluntad, ofreciendo hacer lo que les mandásemos, y admitimos
la paz. Regalaron al capitan Oyolas con siete indias, la mayor de 18
años, y seis ciervos, rogándole que nos quedásemos con ellos. A los
soldados dieron dos indias para que los sirviesen, y comida y otras
cosas necesarias: y de este modo quedamos amigos. Entróse al pueblo el
dia de la Asumpcion, del año de 1539, y le dimos el nombre del dia, y
así se llama hoy.