CAPITULO XXI.

_De la ciudad de Lambaré, y como fué sitiada y rendida._

La ciudad de estos indios, que llaman estos moradores Lambaré, está

rodeada de dos cercas de palos, del grueso de un hombre, puestos de doce

en doce pasos, hincados en la tierra; quedando fuera tanto como la

altura de un hombre con la espada y brazo levantados; y á quince pasos

tenian hechos fosos y hoyos de tres estados de hondo, cubiertos con

ramas y tierra, y en medio de cada uno, una lanza fijada, aguda. Este

aparato es para coger á los cristianos, porque dejando Juan de Ayólas 60

hombres en guarda de los bergantines, fué en contra la ciudad, en

órden, con 300 soldados bien prevenidos, y llegando á un tiro de bala

del egército de los indios, que eran 4,000 armados con arcos y flechas,

nos enviaron á decir que nos volviésemos á las naves, y nos darian

bastimento y lo demas que necesitásemos para volver á nuestra tierra

cuanto antes. Despreciamos esta oferta, por ser muy á propósito este

provincia para nosotros, por la abundancia de bastimentos, y

especialmente porque en cuatro años continuos no habiamos comido pan,

sino carne y pescado solamente, y muchas veces escasísimamente.

Empezaron los Cários á disparar contra nosotros, y no quisimos hacerles

mal, sino darles á entender que queriamos ser sus amigos: no quisieron

aquietarse por no haber experimentado nuestras espadas ni los arcabuces.

Acercámonos y disparamos la artilleria, á cuyo estruendo y estrago,

viendo que caian tantos muertos sin saber de que, y las disformes

heridas y agugeros en sus cuerpos, espantados con gran temor, huyeron

tumultariarmente, cayendo unos sobre otros en los hoyos, mas de 300,

dándose gran prisa á meterse en su pueblo.

Sitiamos la ciudad, y se defendieron los indios fuertemente, hasta el

tercero dia, matando 16 españoles: pero temiendo el daño de sus mugeres

é hijos que tenian consigo, pidieron perdon y las vidas, y se entregaron

á nuestra voluntad, ofreciendo hacer lo que les mandásemos, y admitimos

la paz. Regalaron al capitan Oyolas con siete indias, la mayor de 18

años, y seis ciervos, rogándole que nos quedásemos con ellos. A los

soldados dieron dos indias para que los sirviesen, y comida y otras

cosas necesarias: y de este modo quedamos amigos. Entróse al pueblo el

dia de la Asumpcion, del año de 1539, y le dimos el nombre del dia, y

así se llama hoy.

Viage al Rio de La Plata y Paraguay · 第 32 / 80 题