EUBULO.

¡Oh señor mio Lisandro! ¡oh mi buen señor! ¿qué desastre que es éste

que nos ha venido, con tu muerte tan arrebatada y tan sin pensar,

á todos tus criados, á todos los que en tí nuestras esperanzas

habiamos puesto, á todos los que mantenias y hacias mercedes? ¿Qué

mala ventura es ésta que en un momento nos ha corrido? ¿Qué nueva

tan dolorosa y llena de llantos será ésta que éntre por las puertas

de tu triste madre y de tus parientes, que te tenian por cabeza de

todo el linaje? ¡Oh mi señor y mi bien todo! que en tí tenía yo

padre y madre, en tí esperaba reposo y descanso para mi vejez, sin

tí estoy solo, sin tí quedo huérfano, sin tí viviré todos los dias

de mi vida tristes y amargos. Ay, ay, desdichado, ni sé si llore la

pérdida que me vino con tu tan apresurada muerte, ó tu desastrado

fin y mal acabamiento. ¡Oh mal logrado mancebo! que áun no habias

cumplido veinte y cuatro años, ni sabías qué cosa era mundo, ni bien

gustado de sus placeres, áun no se te entendian sus engaños, y quiso

Dios llevarte ántes de tiempo y sin poder confesar tus pecados; ni

tuviste lugar de hacer testamento, ni ordenar tu ánima, ni pagar

las deudas que debias, ni los dineros que sacaste á cambio para tus

gastos tan supérfluos y demasiados. ¡Oh, mi señor, mi señor! que ya

mis ojos se cansan de llorarte, y no mi corazon de lamentar y plañir

tu tan lastimosa y angustiada muerte, tu llaga tan dolorosa. Veo tu

cuerpo delicadísimo atravesado con una mortal saeta, tus entrañas

rasgadas, tu pecho abierto y todos tus tiernos miembros bañados en

sangre. Véote muerto á manos de tus enemigos, y en su misma casa,

donde sin ninguna mancilla, sin haber alguna lástima de tu fresca

juventud y florida edad, en la cual los tormentos más se sienten,

cruelmente y sin piedad te mataron, y no como quiera, sino con unas

enerboladas frechas, y no bastó con una, mas cinco te tiraron para

que mayor fuese tu dolor. Ay, ay, que más lloro el peligro en que

tu alma va, por haberte tomado la muerte tan arrebatadamente en ese

paso, que no el triste y doloroso acabamiento de tu cuerpo. ¡Oh

compañeros mios! ¡oh criados del mal logrado mi amo! ¡oh señores y

parientes de Lisandro! ¡oh tú, madre desdichada, á cuya noticia áun

su muerte no ha llegado! venid y ayudaréisme á llorar el remate y

postrimería de aquel que era consuelo y esperanza de todos vosotros.

¡Oh mi señor y mi bien! ¿eres tú aquel que yo llevé recien nacido á

la ama, que te criase? ¿eres tú al que volví niño destetado á casa

de tu padre? ¿eres tú el que empuse en buenas doctrinas y crianza,

que parecias un ángel cuando chico? ¿eres tú el que enseñé á los doce

años á correr caballos y otros muchos exercicios, así de letras como

de armas? ¿eres tú el que hasta los veinte y un años fué muy dado á

la virtud, amigo de religion, enemigo del vicio, amador del culto

divino? ¡Ay, ay! que nuestros pecados quisieron que te juntases con

caballeros viciosos y distraidos y te acompañases con ellos, y de

esta manera se te pegasen sus malas y perversas costumbres; y luégo

que perdiste el temor de Dios venístete á meter en el falso Cupido,

el cual, como traidor, cruel y sin ley, te dió el pago que suele

dar á sus muy leales servidores. ¡Oh amor, amor! á tí me vuelvo y

de tí me quiero quexar, pues tanto mal has causado, quién tuviese

lengua para decir los males que haces y los malos recabdos que por tí

se cometen. Aunque toda la elocuencia de los pasados me fuese dada,

no bastaria para explicar la menor parte de los estragos y ruidos y

revueltas y muertes que urdes en las casas, en las repúblicas, en

las provincias y en el reino; bien te apellidó el poeta: ¡oh malvado

amor! ¿qué no fuerzas hacer á los mortales? y con razon, porque no

hay maldad, no hay traicion, no hay bellaquería que no haga y piense

el que está envuelto contigo. Engaña los amigos, mata los parientes,

degüella los padres, desmiembra los hijos, escala las ventanas,

saltea los monasterios, infama las honradas, deshonra las castas,

menosprecia las cosas divinas, gasta la hacienda, roba, derreñega,

perjúrase, trasnocha, vela, trabaja, piensa, llora, sospira, ni

come ni duerme, pierde el alma y el cuerpo. ¿Qué no haces, amor? tú

estragas la hermosura, tú destruyes las fuerzas, tú abates debaxo de

tu bandera los altos deseos, tú consumes el patrimonio, tú huellas

la honra y la fama, tú acortas la vida y acarreas muerte, tú has

metido en el infierno las más ánimas que allá están, tú derruecas

las casas, tú hundes las ciudades, tú ensucias los templos, tú

revuelves los reinos. ¡Oh maldito y perverso amor, que con todas

las virtudes batallas y traes contínua guerra, todas las excluyes

y de ninguna quieres compañía! No guardas la justicia, ántes á

tuerto ó á derecho, con razon ó sin razon, pones en ejecucion tus

deseos robando la ajena mujer, no muestras severidad á sus tiempos,

porque amor y majestad no caben en un subjecto, ni se sientan en

una mesma silla, no miras la igualdad en lo que haces, ni tienes

verdad en lo que dices, ni obediencia á los mayores. No usas de

liberalidad con los que es razon, careces de benignidad, desabrido

para con todos y encogido para hacer bien, desacatas la religion,

no tienes piedad con los que la has de tener, ni humanidad con los

menores y pobres, ni misericordia de los afligidos, porque todo

te ocupas en tu ídolo, ni reverencia á los perlados, ni concordia

ni amistad con los amigos y parientes. Destemplas y desconciertas

la órden de prudencia, no hay en tí providencia, ni miramiento ni

aviso ni consejo, todo tu saber, toda tu viveza, toda tu sagacidad

y cautela, todas tus mañas aplicas á ese tu tan desabrido dulzor,

ni disminuyes la fortaleza, pierdes la confianza y seguridad, no te

aprovechas de la magnanimidad y magnificencia en su oficio, eres

enemigo de constancia y firmeza, fáltate poder para el bien. Huye de

tí la templanza con sus compañeras, modestia, vergüenza, abstinencia,

moderacion, honestidad, regla, sobriedad, castidad y continencia. No

hay en tí fe perfecta ni esperanza ni caridad, ni amor de Dios ni

temor de él, ni entendimiento ni sciencia ni sabiduría. Con todos

los vicios te conciertas, y con ellos tienes paz y tregua, y con

todos ellos te avienes y tratas como vecinos tuyos; tú eres amigo

de soberbia, de vanagloria, de ensalzamiento, de arrogancia, de

ambicion, de porfía, de menosprecio, de rebeldía, de presuncion, de

desobediencia, de irreverencia; tú te enciendes de ira, de ódio,

de discordia, de riña, de injuria, de rancor, de impaciencia, de

pertinacia, de desvergüenza, de malicia, de maldad, de furor, de

enojo; tú estás lleno de envidia, de detraccion y maldicion, de

murmuracion, de aborrecimiento y enemistad. Contigo se acompaña

la pereza, y sus hijas pusilanimidad, tibieza, descuido, torpeza,

negligencia, imprudencia, desproveimiento; tu hermana es la gula y

la embriaguez y la destemplanza y la glotonía y la golosina; tú

eres la mesma luxuria, el mesmo fornicio, el mesmo adulterio, la

mesma lascivia y suciedad, el mesmo incesto y ayuntamiento ilícito,

y el mesmo pecado contra natura, pues eres la mesma causa de estos

torpes y bestiales accesos. ¡Oh cosario amor! que tú perviertes

toda la religion cristiana; tú fuiste causa que David matase al

inocente Urias, tú heciste idolatrar á Salomon, tú quitaste las

fuerzas á Sanson, tú abrasaste la antigua Troya, tú metiste guerra

entre los lacedemonios y mesenios por las vírgines que se robaron,

tú entregaste nuestra España en poder de los moros, porque el rey

don Rodrigo tuvo acceso con Caba, hija del Conde don Julian, por tí

Clitemnestra mató á su marido Agamenon, y Egica, rey de España, á su

capitan Favilla, tudense, por gozar de su mujer, por tí los mantuanos

degollaron á Rodrigo Gonzaga, porque fué tomado en adulterio. Por

otro tanto Ippomenes echó á su hija Limone, que fuese comida de un

hambriento caballo, por tí Fabia, mujer de Fabio Fabricio, mató á

su marido, por tener mejor lugar de executar su apetito y gozar

de los ilícitos abrazos de aquel mancebo Petronio, por tí mataron

al hermoso Faon y á Cornelio Gallo y Quinto Erecio, caballeros

romanos; por tí Moluro fué muerto de Hietto, greciano, porque lo

tomó con su mujer, y Alcibíades, atheniense, de Lisandro; por tí

murió Spensippo, filósofo, y Tigillino, adelantado, y Rodoaldo, rey

de los longobardos, y el papa Juan duodécimo; por tu causa, infiel

amor, los maridos matan á sus mujeres, Chilperico, hijo de Clotario,

mató á su mujer Glosinda, hija de Athanagildo, rey de los godos,

y Mitridates á la suya, llamada Laodices, y á su madre, hermana y

hermanos y hijos, por se casar con Hipsicratea; por tu respecto,

falso amor, las mujeres matan á sus maridos, Loadice mató á su marido

Antiocho Dios, así llamado, rey de Siria, porque tenía por amiga á

Berenice, hija de Ptolomeo, y al adúltero Gandulfo su mujer lo hizo

matar, Clitemnestra y Fabia á los suyos; tú eres causa que las madres

maten á tus mesmos hijos, Medea despedazó á su hermano y degolló á

sus hijos, y Progne á los suyos, y Catilina mató á su mesmo hijo

por casarse con Orestilla; tú haces corromper las vírgines, Ajaz,

hijo de Oileo, contaminó á la profetisa Casandra, hija de Priamo;

Appio Claudio á una doncella vírgen, Dionisio, el más mancebo, á las

vírgines Locrenses, y Domiciano, emperador, á la hija de su hermano,

que vírgen estaba. ¡Oh diabólico vicio! ¡oh intolerable pecado! ¡oh

tirano amor! que á tí digo, á más te extiendes, y á más se ensancha

tu poder, fasta ensuciar con tu raviosa luxuria parientes con

parientas, cuñados con cuñadas, primos con primas, tios con sobrinas,

antenados con madrastras, hermanos con hermanas, hijos con madres,

padres con hijas; Amnon, hijo de David, tuvo acceso con su propia

hermana Thamar, y Cleopatra con su hermano, con el cual despues se

casó, y Macarso, hijo de Eolo, con su hermana Canace, y Myrra, hija

de Cinare, rey de los Ciprios, con su padre, y Menefon con su madre,

y Tereo, rey de Tracia, forzó á Filomela, hija de Pandion, rey de

los Atenienses y hermana de su mujer; Biblis torpemente amó á su

hermano Canno fasta ajuntarse con él, y Themison tuvo que hacer con

su hermana, y Cidon con la suya, y Thistes con Europa, mujer de su

hermano, y Publio Clodio con sus hermanas, y Antiocho Sother, rey

de Siria, con su madrastra Stratonice, y Marco Antonio, emperador,

tuvo conversacion con Faustina, su hermana, y Antonio Caracalla,

emperador, con Julia, su madrastra, y Tholomeo Evergetes amó á su

hermana Berenice, con la cual se casó, y Theodorico, rey de Francia,

con su sobrina, despues de haber muerto al hermano, Júpiter, rey

de Creta, se echó con sus dos hermanas Céres y Juno, y Calígula

contaminó tres hermanas suyas; lo mismo hizo Commodo, emperador, con

sus hermanas, el cual nació en el mesmo dia que Calígula, Phénix,

hijo de Amintor, tuvo parte con la combleza de su padre, y Ruben con

Bala, manceba de su padre, y Ausílena con su tio; Ptolomeo Filadelfo

con Arsinoe, su hermana, y Heródes Antipas con la mujer de su hermano

Filippo, Hipermestra con su hermano, Hemon tomó por mujer á Rhodope,

su hija; Leucon mató á Orilechon, rey del Ponto, su hermano, por

dormir con su mujer, y Valeria Tusculana se acostó por engaños con

su padre Valerio, y Papirio, por nombre Romano, hijo de Papirio

Volucro, empreñó á su hermana Canusia, y Gedica, mujer de Pomminio

Laurentino, amó tanto á su antenado Communio, fasta que se vió con

él, del cual menospreciada, de coraje se ahorcó; lo mesmo hizo Fedra,

tenida en poco de su antenado Hipólito, al cual de corazon amaba.

Sysimbritas, sátrapa de los Persas, dos hijos tuvo de su madre,

Claudio César otros dos de Agripina, hija de Germánico, su hermano

y su madrastra; Cambíses, rey de los Persas, desfloró á una de sus

hermanas, y ésta muerta, estupró otra menor, con la cual se casó y al

cabo mató. Filipo, hermano de D. Alonso décimo, rey de España, siendo

abad y arzobispo de Sevilla, no mirando en el estado que estaba, por

fuerza tuvo que entender con la mujer de su hermano, hija del rey de

Dacia; Nicteo, rey de Etiopia, con su mesma hija Nictimene comunicó

su ilícito amor. Destas torpísimas abominaciones eres tú causa, amor,

y de otras muchas peores que me callo por no ensuciar mi lengua,

fasta los pueblos de Sodoma y Gomorra extiendes tu reino. No cuento

las tacañerías y nefandas maldades y abominables vicios que por tí

cometió el bellaco Neron y el torpe Sardanapalo, y Sotades, poeta, y

Tigillino y Eliogábalo y Demetrio Poliorcetes, hijo de Antígono, y

Quinto Flaminio, consular, y Hipparco, hijo de Pisistrato, y Papirio

y Filipo Macedo y Hostio, príncipe, y Tamira y Semíramis, reina de

los Asirios. ¡Oh desenfrenado amor! si los pecados bestiales que tú

haces me fuese lícito contar, ántes me falleceria tiempo para decir

que materia que dijese. Callo lo que hizo Pigmalion con una imágen

muy hermosa, y aquel mancebo ateniense con la estatua de Fortuna, y

el otro mochacho con la figura de Praxitelis. No diré lo de Cratis,

pastor, con la cabra, á quien el celoso cabron, durmiendo, con los

cuernos mató. Dexo pasar lo que Publio Estello hacia con la yegua, y

Aristo Efeseo con una asna. No hablaré los amores de Pasifae con el

toro, ni otros mil cuentos de exemplos, por no ofender las limpias

orejas. ¡Oh maestro de todos los males! ¡oh asolador y pervertidor

de la naturaleza! ¡oh estrago de las ánimas! ¡oh destruidor del

bien y hacedor del mal! ¿Quién hace todo esto sino tú? ¿quién es

causa de tan terribles hechos sino tú? ¿quién puso osadía á éstos

á que tan malditos yerros y tan perversos desatinos acometiesen,

sino tú? ¿Quién les da fuerzas y ánimo, y pone corazon á que se

atrevan á tantas muertes y á tantos peligros, sino tú? Tú les das

favor y ayuda, tú los incitas y mueves y despiertas, tú, despues,

cuasi burlándote de ellos porque te creyeron, les das el castigo que

merecen los tales locos y ciegos, que te siguen y adoran. No hay

filósofo, no hay poeta, no hay orador, no hay sancto, no hay sabio

que de tí no escriba mil vituperios, no piensa que ha hecho algo el

que no da su puntada en labrar los males que causas; los libros

están llenos de avisos y consejos que huyamos de tí como de cosa

ponzoñosa. El sabio Salomon unas veces te llama pestilencia, otras

veces red y lazo en que se prenden los ánimos libres, otras veces

dice que trastornas el seso y juicio y discrecion del hombre, y que

por tí muchas ánimas preciosas se perdieron. Sanct Jerónimo te nombra

olvido de la razon y feo vicio y cercano á locura, así te bautiza

Aristóteles, Séneca y Plutarco. Petrarca te define por contrarios,

que eres un fuego escondido, una agradable llaga, un sabroso veneno,

una dulce amargura, una deleitable dolencia, un alegre tormento, una

dulce y fiera herida, una blanda muerte. Séneca, trágico, dice que

eres una blanda pestilencia, una grande fuerza de la voluntad, un

sotil calor del ánimo. Valerio Máximo dice que tú á muchos forzaste

á padecer y hacer cosas ilícitas y torpes, y que esta dulzura,

comun á todos los otros brutos animales, es la raíz y principio

de todos los males, el mesmo dice. Esta luxuria es la que echó á

perder á Anníbal, capitan valeroso, y á él y á toda su hueste y

exército entregó en poder de los romanos, y Xerxes perdió su imperio

por enviciarse en este deleite; pues ¿qué cosa haber puede más

empecible y dañosa que este vicio, con el cual se huellan y pisan

las virtudes, y las victorias se pierden, y la gloria se convierte

en infamia, y las fuerzas del ánimo y del cuerpo se conquistan?

El divino Platon dice que, como los peces con el cebo, así los

hombres con el amor se toman. Tulio dice que empide el consejo, y

es enemigo de razon, y ciega los ojos del entendimiento, y trae el

cuerpo á vejez. El mesmo dice, aquellos acusamos y juzgamos ser

dignos, que todos aborrezcan los que dados á los halagos y deleites

de la triste vida, no miran ni proveen que dolores y tormentos

por ello recibirán. Ovidio dice que estás lleno de solicitud y

congoja. Terencio dice que en el amor reinan estos vicios, injurias,

sospechas, enemistades, treguas, paz, guerras, que es cosa que en sí

no tiene órden ni consejo. Diógenes Cínico lo llamó negocio de los

ocios, porque esta pasion principalmente ocupa á los dados á ocio y

holgura, que miéntras se desocupan de virtuosos exercicios vienen á

caer en la cosa más trabajosa del mundo. Caton, el más viejo, decia

que el ánimo enamorado vive en ajeno cuerpo. Sant Agustin dice lo

mesmo, que el alma más está donde ama que donde da vida. Pues ¿cuál

es ya el loco y atreguado que viendo los males que hace el amor,

no huya dél y lo aborrezca como auctor y causa de todos los malos

recabdos que en la vida se hacen? Si afea el cuerpo, si disminuye

la hacienda, si abrevia la vida, si destroza la honra y destruye

la fama, si infierna el alma, si destierra las virtudes y coge los

vicios, si desbarata y desconcierta las familias y repúblicas, si

quiebra las amistades, si derrueca las ciudades, si revuelve los

reinos, si causa tantas muertes, tantos estupros, tantos adulterios,

tantos incestos, tantos sacrilegios, tantas bestiales luxurias y tan

abominables pecados, ¿por qué no nos apartaremos del amor? ¿por qué

no lo echamos de nosotros? ¿por que todos nos abrazamos con él? ¿por

qué no lo despedimos de nuestros corazones, pues tantos sabios lo

vituperan, diciendo mil leyes de él, manifestando sus malos afectos

y dañosas obras, y tantos exemplos de desastres que han venido á

los que el amor siguieron, á ello nos mueven, y agora lo vemos en

lo que pararon estos sabrosos y desdichados amores? Murió Lisandro,

generoso caballero, dispuesto, mancebo, rico y valeroso. Murió

Roselia, gentil dama, mujer moza, de casta, y sublimada en próspero

y alto estado; murió su doncella, muy querida y encubridora de su

yerro; murió Oligides, escudero privado del malogrado mi amo, el

cual, como más culpante por haber dado entrada á su perdicion cayó de

las almenas y se despeñó y se hizo menuzos; murió la maldita y falsa

alcahueta Celestina, miembro de Satanas; murió su sobrina Drionea,

mujer enamorada y buena discípula que habia sacado la vieja para

que sucediese en su lugar en todas sus alcahueterías y hechicerías.

Sacarán mañana á justiciar á Brumandilon, taimado rufian y gran

fanfarron, y á Siro, mozo de espuelas, y los ahorcarán por ladrones y

homicidas. Todo esto causas, amor, cuyo ancho poder, porque á mí no

me sojuzgue, determino irme á servir á Dios á un yermo, donde esté

apartado de tu furia y de los placeres y halagos y deleites de la

vida, para conseguir la suma bienaventuranza, _ad quam Deus optimus

maximus nos vebat_.

¶ Aquí se acaba la tregicomedia de Li-

sandro y Roselia, llamada Elicia, y por

otro nombre quarta obra y tercera

Celestina, nuevamente impresa.

Acabóse á veinte dias del mes

de Deciembre. Año del nas-

cimiento de nuestro Sal-

vador Jesuchristo de

mil y quinientos y

quarenta y dos

años.

✠

CARTA DE UN AMIGO DEL AUTOR, EN QUE LE PIDE PERDON PORQUE

HIZO IMPRIMIR LA OBRA SIN SU LICENCIA.

Aquel soberano rey Salomon, guiado por el saber y cordura de que

sobre todos los nacidos le quiso Dios extremar, entre muchos

saludables consejos que para nuestra salud escribe, y entre las

maravillosas doctrinas que para reparo de la mundana vida nos enseña,

y entre las monstruosidades y milagros que más su entendimiento

agotaban, solas tres cosas él halló que hartura no reciben, y la

última que nunca dice bástame. Y sin dubda, aunque comparar las

pequeñitas arenas de mi pobre juicio al inestimable saber de aquel

valeroso rey, soberbia parezca, y temeridad grande querer añadir lo

que él tan cumplido escribió, no pienso ser esta extrañeza de que

Salomon se espanta ménos de mirar en el hombre, á quien Dios, sobre

todas las cosas sensibles, príncipe quiso hacer. Cuyos ojos así

como nunca se cansan de ver, ni los otros sentidos de sentir, así

la voluntad no se harta jamas de desear, por cuya razon pienso no

seré tenido por de poco juicio, ni me será reputado á atrevimiento el

dón que á vuestra merced quiero suplicar me conceda; pues mi deseosa

voluntad con otra cosa no piensa hartar su hambre ni contentar su

apetito, si no fuere con las sobras que del alto entendimiento suyo á

los que poco sabemos se nos pueden comunicar. No fué pequeña merced

para mí la que recebí de su liberalidad con inviarme aquella obra que

se llama _Elicia y cuarta parte de Celestina_, que su sotil juicio

compuso, porque por ella veo ser verdadera la estimacion que de su

entendimiento siempre tuve, pareciéndome que pues que en una materia

tan fuera de su experiencia tanto se aventajó sobre todos los que han

escripto, no es ménos de que en las cosas de peso todos se queden muy

atras de su saber. Gran consuelo recibí leyéndola, y gran edificacion

para el ánima notando la manera de su proceder, y con cuánto ingenio

y sotil elocuencia pinta las cosas que más á pecar nos atraen, y los

engaños de las vanas gentes, y las adulaciones de los servidores,

y la hipocresía de los esforzados. De suerte que, como en espejo

claro, podamos ver por esta pequeña muestra que de su juicio nos

quiso dar, de qué peligros apartemos nuestros sentidos, y á quien

fiemos las personas más, y con quién comuniquemos nuestros secretos,

y en qué distribuyamos las haciendas. Pero como mi voluntad sea de la

condicion del fuego, que nunca dice bástame, no me contento con la

merced recebida, sin pedir otra mayor, la cual será tan provechosa

á todos los hombres cuanto señalada para mí. Esto es pedirle perdon

del atrevimiento tan osado que tuve en hacer imprimir sin su licencia

esta obra, pareciéndome que con su gravedad no podria acabar que

con su licencia se hiciera, y tambien que, emprimiéndola, todos

quedarian muy aprovechados, y yo glorioso con haber alcanzado que

esta merced, por mi atrevida diligencia, á todos se les comunicase. Y

para esto le suplico mire ser dicho de la Summa Verdad, que ninguno

encienda la candela y la ponga debaxo del celemin, pero sobre el

candelero para que todos vean la luz. Así que, mi señor, pues ve la

ceguedad que todos tenemos viviendo en la escuridad del mundo, y

revueltos en sus lazos y arterías, yo le suplico no tenga por mal

que vuestra merced encendió la candela componiendo esta obra, que yo

la ponga en el candelero, imprimiéndola, para que á todos aprovechen

los consejos y avisos que en ella van escriptos. Que aunque otro

provecho no se sacase sino loar y conocer el poder de aquel Señor,

que tan vivo y claro juicio le dió, sería harto; y en esperanza de su

consentimiento, acabo besando sus generosas manos, suplicándole otra

vez este dón me conceda, aunque ninguna cosa ya me puede hacer más

suyo de lo que soy. De Madrid, á veinte y dos de Noviembre de mil y

quinientos y cuarenta y dos años.

Tragicomedia de Lisandro y Roselia llamada Elicia, y por otro nombre cuarta obra y tercera Celestina. · 第 28 / 33 题