¡Oh señor mio Lisandro! ¡oh mi buen señor! ¿qué desastre que es éste
que nos ha venido, con tu muerte tan arrebatada y tan sin pensar,
á todos tus criados, á todos los que en tí nuestras esperanzas
habiamos puesto, á todos los que mantenias y hacias mercedes? ¿Qué
mala ventura es ésta que en un momento nos ha corrido? ¿Qué nueva
tan dolorosa y llena de llantos será ésta que éntre por las puertas
de tu triste madre y de tus parientes, que te tenian por cabeza de
todo el linaje? ¡Oh mi señor y mi bien todo! que en tí tenía yo
padre y madre, en tí esperaba reposo y descanso para mi vejez, sin
tí estoy solo, sin tí quedo huérfano, sin tí viviré todos los dias
de mi vida tristes y amargos. Ay, ay, desdichado, ni sé si llore la
pérdida que me vino con tu tan apresurada muerte, ó tu desastrado
fin y mal acabamiento. ¡Oh mal logrado mancebo! que áun no habias
cumplido veinte y cuatro años, ni sabías qué cosa era mundo, ni bien
gustado de sus placeres, áun no se te entendian sus engaños, y quiso
Dios llevarte ántes de tiempo y sin poder confesar tus pecados; ni
tuviste lugar de hacer testamento, ni ordenar tu ánima, ni pagar
las deudas que debias, ni los dineros que sacaste á cambio para tus
gastos tan supérfluos y demasiados. ¡Oh, mi señor, mi señor! que ya
mis ojos se cansan de llorarte, y no mi corazon de lamentar y plañir
tu tan lastimosa y angustiada muerte, tu llaga tan dolorosa. Veo tu
cuerpo delicadísimo atravesado con una mortal saeta, tus entrañas
rasgadas, tu pecho abierto y todos tus tiernos miembros bañados en
sangre. Véote muerto á manos de tus enemigos, y en su misma casa,
donde sin ninguna mancilla, sin haber alguna lástima de tu fresca
juventud y florida edad, en la cual los tormentos más se sienten,
cruelmente y sin piedad te mataron, y no como quiera, sino con unas
enerboladas frechas, y no bastó con una, mas cinco te tiraron para
que mayor fuese tu dolor. Ay, ay, que más lloro el peligro en que
tu alma va, por haberte tomado la muerte tan arrebatadamente en ese
paso, que no el triste y doloroso acabamiento de tu cuerpo. ¡Oh
compañeros mios! ¡oh criados del mal logrado mi amo! ¡oh señores y
parientes de Lisandro! ¡oh tú, madre desdichada, á cuya noticia áun
su muerte no ha llegado! venid y ayudaréisme á llorar el remate y
postrimería de aquel que era consuelo y esperanza de todos vosotros.
¡Oh mi señor y mi bien! ¿eres tú aquel que yo llevé recien nacido á
la ama, que te criase? ¿eres tú al que volví niño destetado á casa
de tu padre? ¿eres tú el que empuse en buenas doctrinas y crianza,
que parecias un ángel cuando chico? ¿eres tú el que enseñé á los doce
años á correr caballos y otros muchos exercicios, así de letras como
de armas? ¿eres tú el que hasta los veinte y un años fué muy dado á
la virtud, amigo de religion, enemigo del vicio, amador del culto
divino? ¡Ay, ay! que nuestros pecados quisieron que te juntases con
caballeros viciosos y distraidos y te acompañases con ellos, y de
esta manera se te pegasen sus malas y perversas costumbres; y luégo
que perdiste el temor de Dios venístete á meter en el falso Cupido,
el cual, como traidor, cruel y sin ley, te dió el pago que suele
dar á sus muy leales servidores. ¡Oh amor, amor! á tí me vuelvo y
de tí me quiero quexar, pues tanto mal has causado, quién tuviese
lengua para decir los males que haces y los malos recabdos que por tí
se cometen. Aunque toda la elocuencia de los pasados me fuese dada,
no bastaria para explicar la menor parte de los estragos y ruidos y
revueltas y muertes que urdes en las casas, en las repúblicas, en
las provincias y en el reino; bien te apellidó el poeta: ¡oh malvado
amor! ¿qué no fuerzas hacer á los mortales? y con razon, porque no
hay maldad, no hay traicion, no hay bellaquería que no haga y piense
el que está envuelto contigo. Engaña los amigos, mata los parientes,
degüella los padres, desmiembra los hijos, escala las ventanas,
saltea los monasterios, infama las honradas, deshonra las castas,
menosprecia las cosas divinas, gasta la hacienda, roba, derreñega,
perjúrase, trasnocha, vela, trabaja, piensa, llora, sospira, ni
come ni duerme, pierde el alma y el cuerpo. ¿Qué no haces, amor? tú
estragas la hermosura, tú destruyes las fuerzas, tú abates debaxo de
tu bandera los altos deseos, tú consumes el patrimonio, tú huellas
la honra y la fama, tú acortas la vida y acarreas muerte, tú has
metido en el infierno las más ánimas que allá están, tú derruecas
las casas, tú hundes las ciudades, tú ensucias los templos, tú
revuelves los reinos. ¡Oh maldito y perverso amor, que con todas
las virtudes batallas y traes contínua guerra, todas las excluyes
y de ninguna quieres compañía! No guardas la justicia, ántes á
tuerto ó á derecho, con razon ó sin razon, pones en ejecucion tus
deseos robando la ajena mujer, no muestras severidad á sus tiempos,
porque amor y majestad no caben en un subjecto, ni se sientan en
una mesma silla, no miras la igualdad en lo que haces, ni tienes
verdad en lo que dices, ni obediencia á los mayores. No usas de
liberalidad con los que es razon, careces de benignidad, desabrido
para con todos y encogido para hacer bien, desacatas la religion,
no tienes piedad con los que la has de tener, ni humanidad con los
menores y pobres, ni misericordia de los afligidos, porque todo
te ocupas en tu ídolo, ni reverencia á los perlados, ni concordia
ni amistad con los amigos y parientes. Destemplas y desconciertas
la órden de prudencia, no hay en tí providencia, ni miramiento ni
aviso ni consejo, todo tu saber, toda tu viveza, toda tu sagacidad
y cautela, todas tus mañas aplicas á ese tu tan desabrido dulzor,
ni disminuyes la fortaleza, pierdes la confianza y seguridad, no te
aprovechas de la magnanimidad y magnificencia en su oficio, eres
enemigo de constancia y firmeza, fáltate poder para el bien. Huye de
tí la templanza con sus compañeras, modestia, vergüenza, abstinencia,
moderacion, honestidad, regla, sobriedad, castidad y continencia. No
hay en tí fe perfecta ni esperanza ni caridad, ni amor de Dios ni
temor de él, ni entendimiento ni sciencia ni sabiduría. Con todos
los vicios te conciertas, y con ellos tienes paz y tregua, y con
todos ellos te avienes y tratas como vecinos tuyos; tú eres amigo
de soberbia, de vanagloria, de ensalzamiento, de arrogancia, de
ambicion, de porfía, de menosprecio, de rebeldía, de presuncion, de
desobediencia, de irreverencia; tú te enciendes de ira, de ódio,
de discordia, de riña, de injuria, de rancor, de impaciencia, de
pertinacia, de desvergüenza, de malicia, de maldad, de furor, de
enojo; tú estás lleno de envidia, de detraccion y maldicion, de
murmuracion, de aborrecimiento y enemistad. Contigo se acompaña
la pereza, y sus hijas pusilanimidad, tibieza, descuido, torpeza,
negligencia, imprudencia, desproveimiento; tu hermana es la gula y
la embriaguez y la destemplanza y la glotonía y la golosina; tú
eres la mesma luxuria, el mesmo fornicio, el mesmo adulterio, la
mesma lascivia y suciedad, el mesmo incesto y ayuntamiento ilícito,
y el mesmo pecado contra natura, pues eres la mesma causa de estos
torpes y bestiales accesos. ¡Oh cosario amor! que tú perviertes
toda la religion cristiana; tú fuiste causa que David matase al
inocente Urias, tú heciste idolatrar á Salomon, tú quitaste las
fuerzas á Sanson, tú abrasaste la antigua Troya, tú metiste guerra
entre los lacedemonios y mesenios por las vírgines que se robaron,
tú entregaste nuestra España en poder de los moros, porque el rey
don Rodrigo tuvo acceso con Caba, hija del Conde don Julian, por tí
Clitemnestra mató á su marido Agamenon, y Egica, rey de España, á su
capitan Favilla, tudense, por gozar de su mujer, por tí los mantuanos
degollaron á Rodrigo Gonzaga, porque fué tomado en adulterio. Por
otro tanto Ippomenes echó á su hija Limone, que fuese comida de un
hambriento caballo, por tí Fabia, mujer de Fabio Fabricio, mató á
su marido, por tener mejor lugar de executar su apetito y gozar
de los ilícitos abrazos de aquel mancebo Petronio, por tí mataron
al hermoso Faon y á Cornelio Gallo y Quinto Erecio, caballeros
romanos; por tí Moluro fué muerto de Hietto, greciano, porque lo
tomó con su mujer, y Alcibíades, atheniense, de Lisandro; por tí
murió Spensippo, filósofo, y Tigillino, adelantado, y Rodoaldo, rey
de los longobardos, y el papa Juan duodécimo; por tu causa, infiel
amor, los maridos matan á sus mujeres, Chilperico, hijo de Clotario,
mató á su mujer Glosinda, hija de Athanagildo, rey de los godos,
y Mitridates á la suya, llamada Laodices, y á su madre, hermana y
hermanos y hijos, por se casar con Hipsicratea; por tu respecto,
falso amor, las mujeres matan á sus maridos, Loadice mató á su marido
Antiocho Dios, así llamado, rey de Siria, porque tenía por amiga á
Berenice, hija de Ptolomeo, y al adúltero Gandulfo su mujer lo hizo
matar, Clitemnestra y Fabia á los suyos; tú eres causa que las madres
maten á tus mesmos hijos, Medea despedazó á su hermano y degolló á
sus hijos, y Progne á los suyos, y Catilina mató á su mesmo hijo
por casarse con Orestilla; tú haces corromper las vírgines, Ajaz,
hijo de Oileo, contaminó á la profetisa Casandra, hija de Priamo;
Appio Claudio á una doncella vírgen, Dionisio, el más mancebo, á las
vírgines Locrenses, y Domiciano, emperador, á la hija de su hermano,
que vírgen estaba. ¡Oh diabólico vicio! ¡oh intolerable pecado! ¡oh
tirano amor! que á tí digo, á más te extiendes, y á más se ensancha
tu poder, fasta ensuciar con tu raviosa luxuria parientes con
parientas, cuñados con cuñadas, primos con primas, tios con sobrinas,
antenados con madrastras, hermanos con hermanas, hijos con madres,
padres con hijas; Amnon, hijo de David, tuvo acceso con su propia
hermana Thamar, y Cleopatra con su hermano, con el cual despues se
casó, y Macarso, hijo de Eolo, con su hermana Canace, y Myrra, hija
de Cinare, rey de los Ciprios, con su padre, y Menefon con su madre,
y Tereo, rey de Tracia, forzó á Filomela, hija de Pandion, rey de
los Atenienses y hermana de su mujer; Biblis torpemente amó á su
hermano Canno fasta ajuntarse con él, y Themison tuvo que hacer con
su hermana, y Cidon con la suya, y Thistes con Europa, mujer de su
hermano, y Publio Clodio con sus hermanas, y Antiocho Sother, rey
de Siria, con su madrastra Stratonice, y Marco Antonio, emperador,
tuvo conversacion con Faustina, su hermana, y Antonio Caracalla,
emperador, con Julia, su madrastra, y Tholomeo Evergetes amó á su
hermana Berenice, con la cual se casó, y Theodorico, rey de Francia,
con su sobrina, despues de haber muerto al hermano, Júpiter, rey
de Creta, se echó con sus dos hermanas Céres y Juno, y Calígula
contaminó tres hermanas suyas; lo mismo hizo Commodo, emperador, con
sus hermanas, el cual nació en el mesmo dia que Calígula, Phénix,
hijo de Amintor, tuvo parte con la combleza de su padre, y Ruben con
Bala, manceba de su padre, y Ausílena con su tio; Ptolomeo Filadelfo
con Arsinoe, su hermana, y Heródes Antipas con la mujer de su hermano
Filippo, Hipermestra con su hermano, Hemon tomó por mujer á Rhodope,
su hija; Leucon mató á Orilechon, rey del Ponto, su hermano, por
dormir con su mujer, y Valeria Tusculana se acostó por engaños con
su padre Valerio, y Papirio, por nombre Romano, hijo de Papirio
Volucro, empreñó á su hermana Canusia, y Gedica, mujer de Pomminio
Laurentino, amó tanto á su antenado Communio, fasta que se vió con
él, del cual menospreciada, de coraje se ahorcó; lo mesmo hizo Fedra,
tenida en poco de su antenado Hipólito, al cual de corazon amaba.
Sysimbritas, sátrapa de los Persas, dos hijos tuvo de su madre,
Claudio César otros dos de Agripina, hija de Germánico, su hermano
y su madrastra; Cambíses, rey de los Persas, desfloró á una de sus
hermanas, y ésta muerta, estupró otra menor, con la cual se casó y al
cabo mató. Filipo, hermano de D. Alonso décimo, rey de España, siendo
abad y arzobispo de Sevilla, no mirando en el estado que estaba, por
fuerza tuvo que entender con la mujer de su hermano, hija del rey de
Dacia; Nicteo, rey de Etiopia, con su mesma hija Nictimene comunicó
su ilícito amor. Destas torpísimas abominaciones eres tú causa, amor,
y de otras muchas peores que me callo por no ensuciar mi lengua,
fasta los pueblos de Sodoma y Gomorra extiendes tu reino. No cuento
las tacañerías y nefandas maldades y abominables vicios que por tí
cometió el bellaco Neron y el torpe Sardanapalo, y Sotades, poeta, y
Tigillino y Eliogábalo y Demetrio Poliorcetes, hijo de Antígono, y
Quinto Flaminio, consular, y Hipparco, hijo de Pisistrato, y Papirio
y Filipo Macedo y Hostio, príncipe, y Tamira y Semíramis, reina de
los Asirios. ¡Oh desenfrenado amor! si los pecados bestiales que tú
haces me fuese lícito contar, ántes me falleceria tiempo para decir
que materia que dijese. Callo lo que hizo Pigmalion con una imágen
muy hermosa, y aquel mancebo ateniense con la estatua de Fortuna, y
el otro mochacho con la figura de Praxitelis. No diré lo de Cratis,
pastor, con la cabra, á quien el celoso cabron, durmiendo, con los
cuernos mató. Dexo pasar lo que Publio Estello hacia con la yegua, y
Aristo Efeseo con una asna. No hablaré los amores de Pasifae con el
toro, ni otros mil cuentos de exemplos, por no ofender las limpias
orejas. ¡Oh maestro de todos los males! ¡oh asolador y pervertidor
de la naturaleza! ¡oh estrago de las ánimas! ¡oh destruidor del
bien y hacedor del mal! ¿Quién hace todo esto sino tú? ¿quién es
causa de tan terribles hechos sino tú? ¿quién puso osadía á éstos
á que tan malditos yerros y tan perversos desatinos acometiesen,
sino tú? ¿Quién les da fuerzas y ánimo, y pone corazon á que se
atrevan á tantas muertes y á tantos peligros, sino tú? Tú les das
favor y ayuda, tú los incitas y mueves y despiertas, tú, despues,
cuasi burlándote de ellos porque te creyeron, les das el castigo que
merecen los tales locos y ciegos, que te siguen y adoran. No hay
filósofo, no hay poeta, no hay orador, no hay sancto, no hay sabio
que de tí no escriba mil vituperios, no piensa que ha hecho algo el
que no da su puntada en labrar los males que causas; los libros
están llenos de avisos y consejos que huyamos de tí como de cosa
ponzoñosa. El sabio Salomon unas veces te llama pestilencia, otras
veces red y lazo en que se prenden los ánimos libres, otras veces
dice que trastornas el seso y juicio y discrecion del hombre, y que
por tí muchas ánimas preciosas se perdieron. Sanct Jerónimo te nombra
olvido de la razon y feo vicio y cercano á locura, así te bautiza
Aristóteles, Séneca y Plutarco. Petrarca te define por contrarios,
que eres un fuego escondido, una agradable llaga, un sabroso veneno,
una dulce amargura, una deleitable dolencia, un alegre tormento, una
dulce y fiera herida, una blanda muerte. Séneca, trágico, dice que
eres una blanda pestilencia, una grande fuerza de la voluntad, un
sotil calor del ánimo. Valerio Máximo dice que tú á muchos forzaste
á padecer y hacer cosas ilícitas y torpes, y que esta dulzura,
comun á todos los otros brutos animales, es la raíz y principio
de todos los males, el mesmo dice. Esta luxuria es la que echó á
perder á Anníbal, capitan valeroso, y á él y á toda su hueste y
exército entregó en poder de los romanos, y Xerxes perdió su imperio
por enviciarse en este deleite; pues ¿qué cosa haber puede más
empecible y dañosa que este vicio, con el cual se huellan y pisan
las virtudes, y las victorias se pierden, y la gloria se convierte
en infamia, y las fuerzas del ánimo y del cuerpo se conquistan?
El divino Platon dice que, como los peces con el cebo, así los
hombres con el amor se toman. Tulio dice que empide el consejo, y
es enemigo de razon, y ciega los ojos del entendimiento, y trae el
cuerpo á vejez. El mesmo dice, aquellos acusamos y juzgamos ser
dignos, que todos aborrezcan los que dados á los halagos y deleites
de la triste vida, no miran ni proveen que dolores y tormentos
por ello recibirán. Ovidio dice que estás lleno de solicitud y
congoja. Terencio dice que en el amor reinan estos vicios, injurias,
sospechas, enemistades, treguas, paz, guerras, que es cosa que en sí
no tiene órden ni consejo. Diógenes Cínico lo llamó negocio de los
ocios, porque esta pasion principalmente ocupa á los dados á ocio y
holgura, que miéntras se desocupan de virtuosos exercicios vienen á
caer en la cosa más trabajosa del mundo. Caton, el más viejo, decia
que el ánimo enamorado vive en ajeno cuerpo. Sant Agustin dice lo
mesmo, que el alma más está donde ama que donde da vida. Pues ¿cuál
es ya el loco y atreguado que viendo los males que hace el amor,
no huya dél y lo aborrezca como auctor y causa de todos los malos
recabdos que en la vida se hacen? Si afea el cuerpo, si disminuye
la hacienda, si abrevia la vida, si destroza la honra y destruye
la fama, si infierna el alma, si destierra las virtudes y coge los
vicios, si desbarata y desconcierta las familias y repúblicas, si
quiebra las amistades, si derrueca las ciudades, si revuelve los
reinos, si causa tantas muertes, tantos estupros, tantos adulterios,
tantos incestos, tantos sacrilegios, tantas bestiales luxurias y tan
abominables pecados, ¿por qué no nos apartaremos del amor? ¿por qué
no lo echamos de nosotros? ¿por que todos nos abrazamos con él? ¿por
qué no lo despedimos de nuestros corazones, pues tantos sabios lo
vituperan, diciendo mil leyes de él, manifestando sus malos afectos
y dañosas obras, y tantos exemplos de desastres que han venido á
los que el amor siguieron, á ello nos mueven, y agora lo vemos en
lo que pararon estos sabrosos y desdichados amores? Murió Lisandro,
generoso caballero, dispuesto, mancebo, rico y valeroso. Murió
Roselia, gentil dama, mujer moza, de casta, y sublimada en próspero
y alto estado; murió su doncella, muy querida y encubridora de su
yerro; murió Oligides, escudero privado del malogrado mi amo, el
cual, como más culpante por haber dado entrada á su perdicion cayó de
las almenas y se despeñó y se hizo menuzos; murió la maldita y falsa
alcahueta Celestina, miembro de Satanas; murió su sobrina Drionea,
mujer enamorada y buena discípula que habia sacado la vieja para
que sucediese en su lugar en todas sus alcahueterías y hechicerías.
Sacarán mañana á justiciar á Brumandilon, taimado rufian y gran
fanfarron, y á Siro, mozo de espuelas, y los ahorcarán por ladrones y
homicidas. Todo esto causas, amor, cuyo ancho poder, porque á mí no
me sojuzgue, determino irme á servir á Dios á un yermo, donde esté
apartado de tu furia y de los placeres y halagos y deleites de la
vida, para conseguir la suma bienaventuranza, _ad quam Deus optimus
maximus nos vebat_.
¶ Aquí se acaba la tregicomedia de Li-
sandro y Roselia, llamada Elicia, y por
otro nombre quarta obra y tercera
Celestina, nuevamente impresa.
Acabóse á veinte dias del mes
de Deciembre. Año del nas-
cimiento de nuestro Sal-
vador Jesuchristo de
mil y quinientos y
quarenta y dos
años.
✠
CARTA DE UN AMIGO DEL AUTOR, EN QUE LE PIDE PERDON PORQUE
HIZO IMPRIMIR LA OBRA SIN SU LICENCIA.
Aquel soberano rey Salomon, guiado por el saber y cordura de que
sobre todos los nacidos le quiso Dios extremar, entre muchos
saludables consejos que para nuestra salud escribe, y entre las
maravillosas doctrinas que para reparo de la mundana vida nos enseña,
y entre las monstruosidades y milagros que más su entendimiento
agotaban, solas tres cosas él halló que hartura no reciben, y la
última que nunca dice bástame. Y sin dubda, aunque comparar las
pequeñitas arenas de mi pobre juicio al inestimable saber de aquel
valeroso rey, soberbia parezca, y temeridad grande querer añadir lo
que él tan cumplido escribió, no pienso ser esta extrañeza de que
Salomon se espanta ménos de mirar en el hombre, á quien Dios, sobre
todas las cosas sensibles, príncipe quiso hacer. Cuyos ojos así
como nunca se cansan de ver, ni los otros sentidos de sentir, así
la voluntad no se harta jamas de desear, por cuya razon pienso no
seré tenido por de poco juicio, ni me será reputado á atrevimiento el
dón que á vuestra merced quiero suplicar me conceda; pues mi deseosa
voluntad con otra cosa no piensa hartar su hambre ni contentar su
apetito, si no fuere con las sobras que del alto entendimiento suyo á
los que poco sabemos se nos pueden comunicar. No fué pequeña merced
para mí la que recebí de su liberalidad con inviarme aquella obra que
se llama _Elicia y cuarta parte de Celestina_, que su sotil juicio
compuso, porque por ella veo ser verdadera la estimacion que de su
entendimiento siempre tuve, pareciéndome que pues que en una materia
tan fuera de su experiencia tanto se aventajó sobre todos los que han
escripto, no es ménos de que en las cosas de peso todos se queden muy
atras de su saber. Gran consuelo recibí leyéndola, y gran edificacion
para el ánima notando la manera de su proceder, y con cuánto ingenio
y sotil elocuencia pinta las cosas que más á pecar nos atraen, y los
engaños de las vanas gentes, y las adulaciones de los servidores,
y la hipocresía de los esforzados. De suerte que, como en espejo
claro, podamos ver por esta pequeña muestra que de su juicio nos
quiso dar, de qué peligros apartemos nuestros sentidos, y á quien
fiemos las personas más, y con quién comuniquemos nuestros secretos,
y en qué distribuyamos las haciendas. Pero como mi voluntad sea de la
condicion del fuego, que nunca dice bástame, no me contento con la
merced recebida, sin pedir otra mayor, la cual será tan provechosa
á todos los hombres cuanto señalada para mí. Esto es pedirle perdon
del atrevimiento tan osado que tuve en hacer imprimir sin su licencia
esta obra, pareciéndome que con su gravedad no podria acabar que
con su licencia se hiciera, y tambien que, emprimiéndola, todos
quedarian muy aprovechados, y yo glorioso con haber alcanzado que
esta merced, por mi atrevida diligencia, á todos se les comunicase. Y
para esto le suplico mire ser dicho de la Summa Verdad, que ninguno
encienda la candela y la ponga debaxo del celemin, pero sobre el
candelero para que todos vean la luz. Así que, mi señor, pues ve la
ceguedad que todos tenemos viviendo en la escuridad del mundo, y
revueltos en sus lazos y arterías, yo le suplico no tenga por mal
que vuestra merced encendió la candela componiendo esta obra, que yo
la ponga en el candelero, imprimiéndola, para que á todos aprovechen
los consejos y avisos que en ella van escriptos. Que aunque otro
provecho no se sacase sino loar y conocer el poder de aquel Señor,
que tan vivo y claro juicio le dió, sería harto; y en esperanza de su
consentimiento, acabo besando sus generosas manos, suplicándole otra
vez este dón me conceda, aunque ninguna cosa ya me puede hacer más
suyo de lo que soy. De Madrid, á veinte y dos de Noviembre de mil y
quinientos y cuarenta y dos años.