casa de Faraón, tan melodiosa como David delante de Saúl, tan
modesta como María, madre de Cristo!_
»_¡Y yo me veo tan triste como Jacob apartado de su hijo, tan
desdichado como Jonás en la ballena, tan probado como Job entre la
paja, tan decaído como Adán perseguido por el ángel!_
»_¡Ay! ¡Nada me curará, á no ser el regreso de la amiga!_»
Cuando Kamaralzamán oyó estos versos, notó como si penetrase en él una
gran frescura que le apaciguara el alma, é hizo seña á su padre para que
invitara al joven á sentarse cerca de él y los dejaran solos. Y
encantado el rey al ver que su hijo interesábase por algo, se apresuró á
invitar á Marzauán á sentarse cerca de Kamaralzamán, y salió de la sala
después de haber guiñado el ojo al visir para indicarle que le siguiera.
Entonces Marzauán se inclinó al oído del príncipe y le dijo: «Alah me ha
guiado hasta aquí para servir de mediador entre tú y la que amas. Y á
fin de convencerte, escucha.» Y dió á Kamaralzamán tales pormenores de
la noche pasada con la joven, que no era posible la duda. Y añadió: «Y
esa joven se llama Budur, y es hija del rey Ghayur, señor de El-Buhur y
El-Kussur. Y es mi hermana de leche.»
Al oir estas palabras, Kamaralzamán se sintió tan aliviado de su
languidez, que notó cómo las fuerzas daban á su alma nueva vida; y se
levantó de la cama, y cogió del brazo a Marzauán y le dijo: «¡Voy á irme
en seguida contigo al país del rey Ghayur!» Pero Marzauán le dijo: «Está
algo lejos, y primero has de recobrar las fuerzas por completo. Después
iremos juntos allá, y tú solo curarás á Sett Budur...»
En este momento de su narración, Schahrazada vio aparecer la
mañana, y se calló discretamente.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ
LA 199.ª NOCHE_
Ella dijo:
»...y tú solo curarás á Sett Budur.»
A todo esto, el rey, impulsado por la curiosidad, volvió á la sala y vió
el rostro radiante de su hijo. Entonces, con la alegría, se le atascó en
la garganta el aliento; y la alegría llegó al delirio cuando oyó que su
hijo le decía: «¡Voy á vestirme al momento para ir al hammam!»
En seguida el rey se echó al cuello de Marzauán y le besó, sin pensar
siquiera en preguntarle de qué receta ó remedio se había servido para
obtener en tan poco tiempo tan buen resultado. Y luego de colmar á
Marzauán de regalos y honores, mandó iluminar toda la ciudad en señal de
alegría, distribuyó prodigiosa cantidad de ropones de honor y obsequios
á sus dignatarios y á toda la servidumbre de palacio, y mandó abrir
todas las cárceles y poner en libertad á los presos. Y de aquella manera
toda la ciudad y todo el reino se llenaron de contento y dicha.
Cuando á Marzauán le pareció que la salud del príncipe estaba
completamente restablecida, le llamó aparte y le dijo: «¡Llegó el
momento de partir, ya que no puedes aguardar más! ¡Haz, pues, tus
preparativos, y vámonos!» El príncipe respondió: ¡Pero mi padre no me
dejará marchar, porque me quiere tanto, que nunca se decidirá á
separarse de mí! ¡Ya Alah! ¡Cuál será entonces mi desolación!
¡Seguramente tendré una grave recaída!» Pero Marzauán contestó: «Ya he
previsto esa dificultad, y me las arreglaré de modo que no haya retraso;
verás qué ardid he discurrido para lograrlo. Dirás al rey que tienes
gana de respirar el aire libre en una cacería de algunos días conmigo,
porque te notas oprimido el pecho desde que no sales de casa. ¡Y
seguramente el rey no te negará el permiso!»
Al oir estas palabras, Kamaralzamán se alegró en extremo, y fué en el
acto á pedir la venia á su padre, quien, efectivamente, para no
afligirle, no se atrevió á negarse. Pero le dijo: «¡Sólo por una noche!
¡Pues una ausencia muy prolongada me mataría de pena!» Después el rey
mandó preparar para su hijo y Marzauán dos magníficos caballos y otros
seis de repuesto, y un dromedario para los bagajes, y un camello cargado
de víveres y odres con agua.
Tras de lo cual, el rey abrazó á su hijo Kamaralzamán y á Marzauán;
llorando les encargó recíproco cuidado, y después de la despedida más
conmovedora, les dejó alejarse de la ciudad con todo su séquito.
Fuera ya de las murallas, los dos camaradas fingieron cazar todo el día
para engañar á los palafreneros y conductores, y al oscurecer armaron
las tiendas y comieron, bebieron y durmieron hasta medianoche. Entonces
Marzauán despertó sigilosamente á Kamaralzamán, y le dijo: «¡Tenemos que
aprovechar el sueño de esta gente para marcharnos!» Cada cual montó en
uno de los caballos de refresco, y se pusieron en camino sin llamar la
atención.
Así anduvieron á buen paso hasta el nacimiento del alba. En aquel
momento Marzauán paró el caballo y dijo al príncipe: «¡Párate también y
apéate!» Y cuando se apeó, le dijo: «¡Quítate pronto la camisa y los
calzones!» Y Kamaralzamán, sin replicar, se despojó de los calzones y la
camisa. Y Marzauán le dijo: «¡Ahora dámelos y aguarda un poco!» Y cogió
las dos prendas y se fué hasta un sitio en que el camino formaba una
encrucijada. Entonces cogió un caballo que había tenido la precaución de
llevarse detrás, y lo metió en el centro de un bosque que se extendía
hasta allí, y lo degolló, y tiñó con su sangre la camisa y los calzones.
Después de lo cual volvió al sitio en que el camino se dividía y tiró
las prendas entre el polvo del camino. Luego volvió hacia Kamaralzamán,
que lo aguardaba sin moverse, y que le preguntó: «Quisiera saber tus
proyectos.» El otro contestó: «Empecemos por tomar un bocado.» Comieron
y bebieron, y Marzauán dijo entonces al príncipe: «¡Verás! Cuando el rey
advierta que transcurren dos días y no regresas, y cuando los
conductores le digan que hemos partido á medianoche, mandará en seguida
en nuestra busca á gente, que no dejará de ver en la encrucijada tu
camisa y tus calzones ensangrentados, y dentro de los cuales he tenido,
además, la precaución de meter algunos pedazos de carne de caballo y dos
huesos rotos. Y así nadie dudará de que una fiera te ha devorado y de
que yo he huído lleno de terror.» Luego añadió: «Indudablemente esa
noticia será un golpe terrible para tu padre; pero en cambio, ¡cuál no
será después su júbilo cuando sepa que vives y estás casado con Sett
Budur!» Kamaralzamán nada tuvo que replicar á esto, y dijo: «¡Oh
Marzauán, tu ocurrencia es excelente y tu estratagema ingeniosa! Pero
¿cómo nos arreglaremos para los gastos?» Marzauán respondió: «¡No te
preocupe eso! He traído conmigo las más hermosas pedrerías, de las
cuales la peor vale más de doscientos mil dinares.»
Y así siguieron viajando durante bastante tiempo, hasta que por fin
avistaron la ciudad del rey Ghayur. Entonces echaron á todo galope los
caballos, y franquearon los muros, y entraron por la puerta principal de
las caravanas.
Kamaralzamán quiso ir en seguida á palacio; pero Marzauán le dijo que
tuviera otro poco de paciencia, y le llevó al khan en donde paraban los
ricos extranjeros, y allí estuvieron tres días completos para descansar
bien de las fatigas del viaje. Y Marzauán aprovechó el tiempo en mandar
fabricar para uso del príncipe un artilugio completo de astrólogo, todo
de oro y materias preciosas; y luego le llevó al hammam, y después del
baño le vistió con un traje de astrólogo, y habiéndole comunicado las
instrucciones necesarias, le guió hasta el pie del palacio del rey, y le
dejó para ir á avisar á su madre la nodriza, á fin de que ésta
advirtiera á la princesa Budur.
En cuanto á Kamaralzamán, llegó hasta el pórtico del palacio...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la
mañana, y se calló discretamente.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ
LA 200.ª NOCHE_
Ella dijo:
...llegó hasta el pórtico del palacio, y ante la muchedumbre hacinada en
la plaza y los guardias y porteros, clamó en alta voz:
_¡Soy el astrólogo ilustre, el mágico digno de memoria!_
_¡Soy la cuerda que levanta los velos más espesos y la llave que
abre armarios y cajones!_
_¡Soy la pluma que traza caracteres en los amuletos y en los libros
de hechicería!_
_¡Soy la mano que extiende la arena adivinatoria y extrae la
curación del fondo de los tinteros!_
_¡Soy el que da sus virtudes á los talismanes y por medio de la
palabra alcanza todas las victorias!_
_¡Desvío hacia los emuntorios todas las enfermedades; no utilizo
inflamatorios, ni vomitorios, ni estornudatorios, ni infusorios, ni
vejigatorios!_
_¡No uso oraciones, jaculatorias, ni palabras evocadoras, ni
fórmulas propiciatorias, y así obtengo curas rápidas y
meritísimas!_
_¡Soy el mágico notorio, digno de recordación; acudid á mí todos!
¡No pido propina, ni óbolo remunerador, pues todo lo hago por la
gloria!_
Cuando los habitantes de la ciudad, los guardias y los porteros oyeron
la proclama, se quedaron estupefactos; pues desde la ejecución
sumarísima de los cuarenta médicos, creían que tal raza se había
extinguido, tanto más cuanto que no habían vuelto á ver médicos ni
magos.
Así es que todos rodearon al joven astrólogo, y al ver su hermosura, y
su tez fresquísima, y sus demás perfecciones, quedaron encantados y
desconsolados al mismo tiempo, porque temieron que sufriera igual suerte
que sus antecesores. Y los que estaban más cerca del carro cubierto de
terciopelo, en el cual se le veía de pie, le suplicaron que se alejase
del palacio, y le dijeron: «Señor mago, ¡por Alah! ¿no sabes lo que te
espera si recorres mucho estos lugares? El rey te mandará para que
pruebes tu ciencia con su hija. ¡Desdichado! ¡Sufrirás entonces la
suerte de todos esos cuyas cabezas cortadas cuelgan precisamente encima
de ti!»
Pero á tales conjuros, respondía Kamaralzamán gritando más alto:
_¡Soy el mago ilustre, digno de recordación! ¡No uso jeringas ni
fumigaciones! ¡Oh vosotros todos, venid á verme!_
Entonces todos los circunstantes, aunque convencidos de la ciencia del
astrólogo, seguían temiendo que fracasara contra aquella enfermedad sin
remedio.
De modo que se pusieron muy tristes, diciéndose unos á otros: «¡Qué
lástima de juventud!»
A todo esto, el rey, al oir el tumulto en la plaza y al ver el gentío
que rodeaba al astrólogo, dijo al visir: «¡Ve pronto á buscar á ese
hombre!» Y el visir ejecutó inmediatamente la orden.
Cuando Kamaralzamán llegó á la sala del trono, besó la tierra entre las
manos del rey, y empezó por dirigirle este ditirambo:
_En ti están reunidas las ocho cualidades que obligan á inclinar la
frente al más sabio_:
_La ciencia, la fuerza, el poderío, la generosidad, la elocuencia,
la sagacidad, la fortuna y la victoria._
Encantado quedó el rey Ghayur cuando hubo oído tales alabanzas, y miró
atentamente al astrólogo. Y era tal la hermosura de éste, que el rey
cerró los ojos un momento, luego los volvió á abrir, y le dijo:
«¡Siéntate á mi lado!» Después le dijo: «¡Mira, hijo mío, mejor estarías
sin ese traje de médico! ¡Y mucho me alegraría de casarte con mi hija si
consiguieras curarla! ¡Pero dudo de que lo logres! ¡Y como he jurado que
nadie conservaría la vida después de haber visto la cara de la princesa,
á no ser que la alcanzara por esposa, me vería obligado, muy contra mi
gusto, á hacerte sufrir la misma suerte que á los cuarenta que te han
precedido! ¡Contesta, pues! ¿Te allanas á las condiciones impuestas?»
Oídas estas palabras, Kamaralzamán dijo: «¡Oh rey afortunado! ¡vengo
desde muy lejos á este país próspero para ejercer mi arte y no para
callar! ¡Sé lo que arriesgo, pero no retrocederé!» Entonces el rey dijo
al jefe de los eunucos: «¡Ya que insiste, guíale á la habitación de la
princesa!»
Entonces ambos fueron al aposento de la princesa, y el eunuco, al ver
que el joven apresuraba el paso, le dijo: «¡Infeliz! ¿Crees de veras que
llegarás á ser yerno del rey?» Kamaralzamán dijo: «¡Así lo espero! Y
además, estoy tan seguro de ganar, que sin moverme de aquí puedo curar á
la princesa, demostrando á toda la tierra mi habilidad y mi sabiduría.»
Oídas estas palabras, el eunuco, en el colmo del asombro, le dijo:
«¡Cómo! ¿Puedes curarla sin verla? ¡Gran mérito el tuyo si es así!»
Kamaralzamán dijo: «Aunque el deseo de ver á la princesa, que ha de ser
mi esposa, me mueva á penetrar inmediatamente en su aposento, prefiero
obtener su curación quedándome detrás del cortinaje de su cuarto.» El
eunuco dijo: «¡Más sorprendente será la cosa!»
Entonces Kamaralzamán se sentó en el suelo, detrás del cortinaje del
cuarto de Sett Budur, sacó del cinturón un pedazo de papel y recado de
escribir, y redactó la siguiente carta...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la
mañana, y se calló discretamente.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ
LA 204.ª NOCHE_
Ella dijo:
...sacó del cinturón un pedazo de papel y recado de escribir, y redactó
la siguiente carta:
«ESTOS RENGLONES SON DE MANO DE KAMARALZAMÁN, HIJO DEL SULTÁN
SCHAHRAMÁN, REY DE LAS TIERRAS Y DE LOS OCÉANOS EN LOS PAÍSES
MUSULMANES DE LAS ISLAS DE KHALEDÁN,
»A SETT BUDUR, HIJA DEL REY GHAYUR, SEÑOR DE EL-BUHUR Y EL-KUSSUR,
PARA EXPRESARLE SUS PENAS DE AMOR.
»Si hubiera de decirte ¡oh princesa! todo lo abrasado que está este
corazón que heriste, no habría en la tierra cañas bastante duras
para trazar sobre el papel afirmación tan osada. Pero sabe ¡oh
adorable! que si se agotara la tinta, mi sangre no se agotaría, y
con su color hubiera de expresarte mi interna llama, esta llama que
me consume desde la noche mágica en que se me apareciste en sueños
y me cautivaste para siempre.
»Dentro de este pliego va la sortija que te pertenecía. Te la mando
como prueba cierta de que yo soy el quemado por tus ojos, el
amarillo como azafrán, el hirviente como volcán, el sacudido por
las desventuras y el huracán, que grita hacia ti _Amán_, firmando
con su nombre, KAMARALZAMÁN.
»Habito en la ciudad en el gran khan.»
Escrita ya la carta, Kamaralzamán la dobló, metiendo en ella
diestramente la sortija; la cerró, y luego entregósela al eunuco, que
fué inmediatamente á dársela á Sett Budur, diciéndole: «Ahí detrás de la
cortina ¡oh mi señora! hay un joven astrólogo tan temerario, que
pretende curar á la gente sin verla. He aquí, por cierto, lo que para ti
me entregó.»
Pero apenas abrió la carta la princesa Budur, cuando reconoció la
sortija, y dió un grito agudo; y después, enloquecida, atropelló al
eunuco y corrió á levantar la cortina, y á la primera ojeada reconoció
también en el joven astrólogo al hermoso adolescente á quien se había
entregado toda durante su sueño. Y tal fué su alegría, que entonces sí
que le faltó poco para volverse loca de veras. Echóse al cuello de su
amante, y ambos se besaron como dos palomos separados durante mucho
tiempo.
Al ver aquello, el eunuco fué á escape á avisar al rey lo que acababa de
ocurrir, diciéndole: «Ese astrólogo joven es el más sabio de todos los
astrólogos. Acaba de curar á tu hija sin verla siquiera, quedándose
detrás del cortinaje.» Y el rey exclamó: «¿Es verdad eso que me
cuentas?» El eunuco dijo: «¡Oh señor mío, puedes ir á comprobarlo con
tus propios ojos!»
Entonces el rey se dirigió inmediatamente al cuarto de su hija, y vió
que, en efecto, era una realidad lo dicho. Y se regocijó tanto, que besó
á su hija entre los dos ojos, porque la quería mucho, y besó también á
Kamaralzamán, y después le preguntó de qué tierra era. Kamaralzamán le
contestó: «De las islas de Khaledán, y soy el propio hijo del rey
Schahramán.» Y refirió al rey Ghayur toda su historia con Sett Budur.
Cuando la oyó, exclamó el rey: «¡Por Alah! Esta historia es tan pasmosa
y maravillosa, que si se escribiera con agujas en el ángulo interior del
ojo, sería motivo de asombro para quienes la leyeran con atención.» E
inmediatamente la mandó escribir en los anales por los escribas más
hábiles de palacio, para que se transmitiera de siglo en siglo á todas
las generaciones futuras.
En el acto mandó llamar al kadí y á los testigos, para que se extendiera
sin demora el contrato de matrimonio de Sett Budur con Kamaralzamán. Y
mandó adornar é iluminar la ciudad siete noches y siete días; y se
comió, y se bebió, y se disfrutó; y Kamaralzamán y Sett Budur llegaron
al colmo de sus anhelos, y se amaron recíprocamente durante mucho tiempo
entre fiestas, bendiciendo á Alah el Bienhechor.
Pero una noche, después de cierto festín al cual habían sido invitados
los principales personajes de las islas exteriores é interiores, y
cuando Kamaralzamán había disfrutado de manera todavía más grata que la
acostumbrada de las suntuosidades de su esposa, tuvo, dormido ya, un
sueño en el cual vió á su padre, el rey Schahramán, que se le aparecía
con la cara bañada en llanto, y le decía tristemente: «¿Cómo me
abandonas así, ya Kamaralzamán? ¡Mira! ¡Voy á morir de dolor!»
Entonces Kamaralzamán se despertó sobresaltado, y despertó también á su
esposa, y empezó á exhalar hondos suspiros. Y Sett Budur, ansiosa, le
preguntó: «¿Qué te pasa, ojos míos? Si te duele el vientre, te haré en
seguida un cocimiento de anís é hinojo. Y si te duele la cabeza, te
pondré en la frente paños de vinagre. Y si has comido demasiado por la
noche, te colocaré encima del estómago un panecillo caliente envuelto en
una servilleta, y te daré á beber un poco de agua de rosas mezclada con
jugo de otras flores...»
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la
mañana, y se calló discretamente.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ
LA 206.ª NOCHE_
Ella dijo:
»...y te daré á beber un poco de agua de rosas mezclada con jugo de
otras flores.» Kamaralzamán contestó: «Tenemos que marcharnos mañana ¡oh
Budur! á mi país, cuyo rey, mi padre, está enfermo. Acaba de
aparecérseme en sueños, y me aguarda allá llorando.» Budur contestó:
«¡Escucho y obedezco!» Y aunque todavía era de noche, se levantó en
seguida y fué en busca de su padre, el rey Ghayur, que estaba en el
harén, y á quien con el eunuco mandó recado de que tenía que hablarle.
El rey Ghayur, al ver aparecer la cabeza del eunuco á aquellas horas, se
quedó estupefacto, y le dijo: «¿Qué desastre vienes á anunciarme, ¡oh
cara de alquitrán!?» El eunuco contestó: «La princesa Budur desea hablar
contigo.» Él contestó: «Aguarda que me ponga el turbante.» Después de lo
cual salió, y dijo á Budur: «Hija mía, ¿qué clase de pimienta has
tragado, para estar en movimiento á estas horas?» Ella contestó: «¡Oh
padre mío! Vengo á pedirte permiso para salir al amanecer hacia el país
de Khaledán, reino del padre de mi esposo Kamaralzamán.» El rey dijo:
«No me opongo, con tal de que vuelvas pasado un año.» Ella dijo: «¡Si,
por cierto!» Y dió gracias á su padre por el permiso, besándole la mano,
y llamó á Kamaralzamán, que también le dió las gracias.
Y al amanecer del día siguiente estaban hechos los preparativos,
enjaezados los caballos y cargados los dromedarios y camellos. Entonces
el rey Ghayur se despidió de su hija Budur y la recomendó mucho á su
esposo, y les regaló numerosos presentes de oro y diamantes, y los
acompañó durante algún tiempo. Tras de lo cual regresó á la ciudad, no
sin haberles encargado, llorando, que se cuidaran mucho, y les dejó
seguir su camino.
Entonces Kamaralzamán y Sett Budur, después del llanto de la despedida,
no pensaron más que en la alegría de ver al rey Schahramán. Y viajaron
el primer día, y el segundo, y el tercero, y así sucesivamente hasta el
día trigésimo. Llegaron entonces á un prado muy agradable, que les gustó
hasta el punto de que mandaron armar el campamento allí para descansar
un día ó dos. Y no bien estuvo dispuesta y armada junto á una palmera la
tienda de Sett Budur, cansada ésta, entró en seguida en ella, tomó un
bocado y no tardó en dormirse.
Cuando Kamaralzamán acabó de dar órdenes y de mandar armar las otras
tiendas mucho más lejos, para que él y Budur pudieran disfrutar del
silencio y la soledad, penetró á su vez en la tienda, y vió dormida á su
joven esposa. Y al verla se acordó de la primera noche milagrosa pasada
con ella en la torre.
Porque en aquel momento Sett Budur aparecía tendida en la alfombra de la
tienda, colocada la cabeza en un almohadón de seda escarlata. No tenía
encima más que una camisa de color claro, de gasa fina, y el ancho
calzón de tela de Mosul. Y de cuando en cuando la brisa entreabría hasta
el ombligo la ligera camisa, y todo el hermoso vientre surgía blanco
como la nieve, ostentando en los sitios delicados hoyuelos lo bastante
anchos para contener cada uno una onza de nuez moscada.
Y Kamaralzamán, encantado, no pudo dejar de recordar estos versos
deliciosos del poeta:
_¡Cuando duermes en la púrpura, tu rostro claro es como la aurora,
y tus ojos como los cielos marinos!_
_¡Cuando tu cuerpo, vestido de narcisos y rosas, se yergue ó se
alarga flexible, no lo igualaría la palmera que crece en Arabia!_
_¡Cuando tu fina cabellera, en la cual arden las pedrerías, cae
maciza ó se despliega leve, no hay seda que valga lo que su tejido
natural!_
Después recordó asimismo este poema admirable, que acabó de llevarle al
límite del éxtasis:
_¡Durmiente! ¡Magnífica es la hora en que las palmas abiertas beben
la claridad! ¡Mediodía sin aliento! ¡Un zángano de oro aspira una
rosa desfallecida! ¡Sueñas! ¡Sonríes! ¡No te muevas!_
_¡No te muevas! ¡Tu delicada piel dorada colorea con sus reflejos
la gasa diáfana; y los rayos del sol, vencedores de las palmas, te
penetran, ¡oh diamante! y al atravesarte te iluminan! ¡Ah! ¡No te
muevas!_
_¡No te muevas! ¡Deja respirar así á tus senos, que se alzan y
descienden como las olas del mar! ¡Oh! ¡Tus senos nevados! ¡Quiero
aspirarlos como la espuma marina y la sal blanca! ¡Ah! ¡Deja
respirar á tus senos!_
_¡Deja respirar á tus senos! ¡El arroyo risueño reprime sus risas;
el zángano interrumpe su zumbido en la flor; y mi mirada quema las
dos uvas color granate de tus pechos! ¡Oh! ¡Deja que mis ojos
ardan!_
_¡Deja que mis ojos ardan! ¡Pero que mi corazón se ensanche bajo
las palmas afortunadas, con tu cuerpo macerado en las rosas y el
sándalo, con todo el beneficio de la soledad y la frescura del
silencio!_
Después de haber recitado estos versos, Kamaralzamán sintió ardiente
deseo de su esposa dormida, de la cual no podía cansarse, así como el
sabor fresco del agua pura es siempre delicioso para el paladar del
sediento. Inclinóse, pues, hacia ella, y le desató el cordón de seda que
le sujetaba el calzón; y alargaba ya la mano hacia la sombra cálida de
los muslos, cuando notó que un cuerpecillo duro le rodaba por entre los
dedos. Lo cogió, y vió que era una cornalina atada á una hebra de seda
precisamente encima del valle de las rosas. Y Kamaralzamán quedó muy
asombrado, y dijo para sí: «¡Si esta cornalina no tuviera virtudes
extraordinarias y no fuera un objeto muy querido para Budur, no la
habría conservado con tanto esmero, ni la habría ocultado precisamente
en el sitio más precioso de su cuerpo! ¡Será para no separarse de ella!
¡Sin duda le ha debido dar esta piedra su hermano Marzauán para
preservarla del mal de ojo y los abortos!»
Luego Kamaralzamán, sin proseguir las caricias empezadas, sintió tal
tentación de examinar mejor la piedra, que desató la seda que la
sujetaba, la sacó, y salió de la tienda para mirarla á la luz. Y vió que
la cornalina, tallada en cuatro facetas, estaba grabada con caracteres
talismánicos y figuras desconocidas. Y al colocársela á la altura de los
ojos para examinar mejor sus pormenores, un ave grande se precipitó de
pronto desde lo alto de los aires, y en un giro rápido como el
relámpago, se la arrancó de la mano...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la
mañana, y se calló discretamente.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ
LA 207.ª NOCHE_
Ella dijo:
...y en un giro rápido como el relámpago, se la arrancó de la mano.
Después fué á posarse, algo más lejos, en la copa de un árbol alto, y le
miró inmóvil y burlona, sujetando con el pico el talismán.