Ayuntamiento hacia rendir guardia de honor al Santo Patron en el
tabernáculo que al efecto se levantaba en la Santa Iglesia Catedral y
en los dias 24 y 25 de Junio se llevaban á sus piés las llaves de la
ciudad, en reconocimiento á su soberana proteccion. Estos actos, de un
homenage tan tierno como respetuoso, han desaparecido con los años,
porque no afectando al dogma murieron junto con las costumbres que les
habian dado vida; y hoy que los actos religiosos se verifican, con muy
raras excepciones, únicamente dentro de los templos, se ha suprimido
tambien la procesion que en otros tiempos se efectuaba. Así pues la
fiesta religiosa se reduce al decenario, salve, misa y panegírico del
Santo Precursor.
El Ayuntamiento, no pudiendo ni alterar ni aumentar nada á estas
funciones y deseando sin embargo que, al cumplir con el sagrado deber
que le han legado sus antecesores, se comprendiese que no podia
haberse olvidado de él y antes por el contrario lo habia visto con la
predileccion que exijen las venerandas prácticas de nuestra sacrosanta
religion, acordó dar á dichos actos toda la pompa y solemnidad que
fuera posible y al efecto hizo adornar el altar del Santo con flores
y luces; la orquesta de capilla tocó completa en todo el decenario y
para la misa se aumentaron hasta cincuenta instrumentos entre los que
se contaban casi todos nuestros principales profesores y doce voces;
habiendo pronunciado el panegírico del Patron uno de nuestros mejores
oradores sagrados.
De mas está decir que la concurrencia á todos los actos religiosos
fué cual era de esperarse en un pueblo que tanto gusta de todas las
prácticas de la religion y mucho mas tratándose de San Juan Bautista,
á quien se venera como el especial protector é intercesor en favor de
la Isla; y sobre todo cuando el sentimiento religioso excitado por el
temor que en todos los ánimos habian producido los pasados conflictos,
llevaba á todos los corazones á buscar el consuelo inagotable y puro
que solo se encuentra á los piés de aquel que con su palabra crió
el universo y lo sostiene por su sola voluntad. En especial para la
misa el templo se vió lleno como pocas veces sucede; y no fué esta
circunstancia la que menos contribuyó á que la fiesta quedara tan
solemne como se lo habia prometido el Ayuntamiento y lo deseaba la
poblacion que mitigaba así sus penas todavia no pasadas del todo.
El lector me permitirá que me ocupe por un momento de la música de la
misa; el arte, como antes he tenido ocasion de decirlo, goza del raro
privilegio de herir el alma en sus mas delicadas fibras; y por eso no
es extraño que la religion haga uso de la música que con sus brillantes
armonías nos arrebata á veces entusiasmada y rápidamente hasta las
alturas celestiales en que nuestra fé nos hace contemplar los coros de
alados ángeles y querubines postrados ante el acatamiento del Altísimo;
ó nos conduce dulce y misteriosamente con tiernas melodías hasta las
profundidades mas recónditas de nuestra propia alma para que derramemos
en ella el llanto regenerador del arrepentimiento.
Los ecos melodiosos de la música son un misterioso amuleto, á cuyo
contacto brotan en nuestra alma las ideas de lo bueno, tal vez porque
lo bueno y lo bello son hermanos é hijos de la verdad que nunca nos
hiere con mas fuerza y esplendidez que cuando, en alas de fervorosa
oracion, levantamos el corazon, contrito y humillado, hasta donde se
halla Aquel que es la verdad misma.
La misa ejecutada, por segunda vez, en la festividad de San Juan, es
obra de mi apreciado amigo el Maestro de Capilla D. Felipe Gutierrez
que la escribió en 1861 dedicándola al que era y es todavia dignísimo
Obispo de esta Diócesis, el Excmo. é Illmo. Sr. D. Fr. Benigno Carrion
de Málaga.
El Sr. Gutierrez es demasiado conocido como Músico en la Isla y aun
fuera de ella; pero eso no me excusa de tener la grata complacencia
de reconocerle y proclamarle como un hijo distinguido del arte. Rico
de sentimiento, fecundo en la concepcion y conocedor profundo de los
secretos de la armonía, sus obras brillan con toda la riqueza de una
fantasía ardiente y segura en su vuelo.
La misa de San Juan es sin duda una de sus mejores composiciones y
por esta razon como por el objeto con que fué escrita, que es el
mismo que tiene este libro, he creido deber ocuparme de ella con
algun detenimiento; esperando de mi amigo Gutierrez lo que antes he
esperado de mi amigo Oller, que, en obsequio á mis rectas intenciones,
sabrá disimular á un profano en el arte el que pretenda, no hacer un
juicio crítico, pues no alcanza á tanto mi pretension, sino emitir
una opinion que, aun cuando basada en el buen sentido y en la aficion
decidida por todas las bellas artes, no puede apoyarse en los sólidos
conocimientos que le serian necesarios para no errar tan frecuentemente.
Los kiries de la misa de que me ocupo están basados en un himno que
oimos entonar en la Iglesia en canto llano, y tienen por solo este
motivo esa solemnidad, esa elevacion, esa pureza que distingue á todos
los himnos religiosos, que no por contar muchos años y aun siglos de
existencia han llegado á envejecer; pues, por el contrario, siempre
se oyen con el mismo gusto que la vez primera y como si fuesen cantos
nuevos.
La Gloria es brillante, siendo de sentirse únicamente que no se hagan
desaparecer los primeros compases del _andante_ con que empieza, porque
hay en ellos cierta lasitud que se aviene muy mal con la viveza del
resto de la composicion, que podria dar principio sin inconveniente
alguno por el _allegro_ que sigue inmediatamente. Tanto este aire,
como los demás que continuan hasta llegar al _Quoniam_, revelan el
buen gusto y la fecundidad del compositor, pues abundan los trozos de
melodías originales y del mas exquisito sentimiento. El aria de tenor
que comprende el _Quoniam_ se resiente bastante de falta de novedad;
pero, tal vez temiéndolo, el autor ha estado muy acertado embelleciendo
todo este trozo con una preciosa glosa del primer violin, en que nos
da á conocer su ingenio, á la vez que el perfecto conocimiento que
tiene de la instrumentacion y del valor y partido que puede sacarse de
cada uno de los instrumentos.
La Gloria termina con un _moderato maestoso_ de cantos dulces y
expresivos, en que se revela el alma del poeta, poniendo de manifiesto
sus gustos puros y modestos. Hay en esos cantos un eco ternísimo que
despierta en el corazon de los que conocemos al autor el recuerdo de
sus estimables virtudes, al mismo tiempo que la sencillez que distingue
todos sus actos. Mi amigo Gutierrez además, que tan asíduamente estudia
los grandes maestros músicos, sabe perfectamente que esa sencillez es
la que hace que tanto gusten las obras religiosas de Miné, como gustan
por igual razon en pintura las obras de Velazquez; y conoce muy bien el
partido que debe sacar de tan distinguida cualidad.
Da fin la pieza con un presto final, para el _In gloria Dei patris_.
_Amen_, del género fugado tan propio de la música de Iglesia; y en
el que demuestra Gutierrez sus extensos y seguros conocimientos como
compositor, haciendo gala de su rica imaginacion así en los _motivos_,
como en la _esposicion_ y los _episodios_; cuya variedad y buen gusto
cierran dignamente tan brillante composicion.
El _Credo_ es de un género muy superior al _gloria_, en términos de
que, en mi humilde juicio, se rompe la unidad de mérito que debiera
reinar en el conjunto de la misa; pero probablemente el autor se ha
visto arrastrado á ello por la abundancia de sentimientos que dominan
en el primero, de tan distinto carácter entre sí y de tanta grandeza
todos ellos. El Credo, que contiene los principales misterios de
nuestra Santa Religion, no ha podido menos de conmover profundamente el
alma sensible del músico; y de aquí que su obra haya salido riquísima
de contrastes de grande efecto y de armonías muy variadas, que la hacen
elevar, en mi sentir, al género de música clásica. Sobre todo brilla
en ese sentido el trozo que comprende el _Incarnatus_ y que lleno de
magestad y firmeza produce sin duda en el corazon de los oyentes la
profunda veneracion que tan elevado misterio exige.
El _allegro_ del _Resurrexit_ corresponde perfectamente á la alegría
de la Iglesia y de los fieles por la resurreccion del Salvador, que
envolvia en sí la regeneracion del mundo; y es sorprendente por la
novedad del canto con que concluye, en el que parece se alejan los
sonidos hasta terminar por no percibirse; siguiendo inmediatamente
otro canto que imita, como á igual distancia de aquel, el eco lejano
de un órgano de Iglesia: la primera vez lo ejecutan los instrumentos
de metal; y la segunda, mas cercano al sitio de donde aquellos parten,
lo repiten las voces y todos los instrumentos. El efecto en ambas
veces es prodigioso; y toda esta parte de la obra es de un carácter
tan verdaderamente religioso que al oirla se llena el alma de ese
recogimiento místico que lo acerca á uno á la Divinidad.
La música toda de la misa está llena de muchas y variadas glosas y de
solos de instrumentos que contribuyen á embellecerla: pero, aunque
profano, me atrevo á aconsejar á mi amigo Gutierrez que no prodigue
tanto las unas y los otros, ni prolongue tanto los últimos como lo ha
hecho con el solo de fiscorno que antecede al _Benedictus_, porque
esto no da mas resultado que el distraer á los fieles del verdadero
objeto que los lleva al templo, sobre todo cuando, como esta vez, son
ejecutados por un buen Maestro; y son recursos que no necesita su rica
imaginacion.
La misa es una obra completa y suficiente para formar un juicio
favorable de su autor, quien sin duda alguna está llamado á esperar
la gloria pura y esplendente que guarda el arte para los que saben
gustarlo con la delicadeza de sentimiento que distingue á mi amigo
Gutierrez. Hoy sin embargo que nos ha hecho conocer con otra obra
distinguida, del género dramático, que se ha dado al estudio de
la música clásica alemana, me atrevo no á aconsejarle, pues no me
considero facultado para tanto, sino simplemente á indicarle que tenga
especial cuidado en el estudio de la música alemana moderna porque en
medio de su originalidad y de las infinitas bellezas en que abunda,
sobre todo en armonía, se resiente algun tanto de ese mal que por
desgracia se ha apoderado de todos los conocimientos humanos y que en
literatura se conoce con el nombre de realismo. El buen criterio de mi
amigo Gutierrez y el conocimiento que tiene de los grandes maestros
músicos alemanes del siglo pasado y principios del presente, le deben
servir de guia en sus estudios, y evitarle el que caiga en el defecto
que he indicado.
Por mas que no me lo permita el objeto de este capítulo de mi reseña,
me veo forzado á no terminarlo sin expresar el sentimiento que me
domina al ver que no hay una academia de música en nuestra Ciudad,
apesar de la aficion que en ella se nota por tan bello arte; y gracias
á que la existencia de la orquesta de capilla dé motivo, de tiempo en
tiempo, para que el público se ocupe de alguna obra religiosa que lo
merezca. En lo profano hay sin embargo tambien mucho bueno que estudiar
y que admirar.
[Ilustración]
XIV.
_Carreras de San Juan._
He aquí el punto culminante de las antiguas fiestas populares de
nuestra Ciudad; lo que ha sido causa de alegría y de pesar para el
pueblo; y lo que en otro tiempo constituia la principal diversion
en los festejos del San Juan. Desde esa época á hoy las cosas, no
obstante, han variado mucho, puesto que sin prohibicion de ningun
género vemos que ya no se corre á caballo en las noches de las vísperas
y dias de San Juan y San Pedro, como en otro tiempo se corria; y vemos
que el pueblo, que tan frio se muestra para las carreras, se aficiona y
mucho á otras clases de fiestas que no entraban nunca en el programa de
las que celebraron sus antepasados.
En el presente año apenas veinte caballos recorrian las calles en las
citadas noches; y si no hubiera sido por algunos pocos que se veian
en la plaza dispuestos para ser alquilados, aunque no encontraron
alquiladores, nada hubiera hecho presumir que nos hallábamos en
aquellos dias en que este pueblo corriendo frenéticamente por las
calles parecia un pueblo de locos, como nos dice el historiador Fr.
Iñigo.
¿En qué consiste esta variacion? ¿Por qué se ha perdido la aficion á
las corridas de caballos que eran en otro tiempo la diversion favorita?
El lector recordará que algo he dicho antes de ahora acerca de las
causas que han motivado la variacion; y bien obvias deben ser, en mi
humilde juicio, para todo el que se detenga á estudiar el cambio que ha
sufrido nuestro pueblo en la media centuria últimamente transcurrida.
Hasta principios de este siglo casi estuvo la Isla completamente
incomunicada con el resto del mundo, sin que la visitaran mas que los
poquísimos buques que hacian el monopolio mercantil de América y los
corsarios y piratas que desgraciadamente no eran tan escasos como
aquellos. Mas de una vez fueron incendiadas por estos últimos las
humildes poblaciones que se habian levantado en las costas; y el temor
de que semejantes escenas se reprodujeran, obligó á los habitantes á
desparramarse por el interior de los campos, sin pensar por el momento
en formar grupo alguno de poblacion; y buscando por el contrario cada
cual el sitio mas recóndito donde guarecerse. Pero como no era posible
que de esta manera viviesen gentes que habian gustado de los placeres
de la sociedad, ni era dable tampoco que se concretasen á residir en
determinada porcion de terreno sin pasar nunca mas allá; necesitando
hacer los cambios propios del hombre social y anhelando por las
relaciones que constituyen su trato mas noble, hubieron de encontrarse
en el caso de moverse en todos sentidos, segun la conveniencia de
cada dia y de cada atencion; y para conseguir este objeto en medio
de un terreno escabroso y sin recursos para proporcionarse vias de
comunicacion no habia mas que un animal que pudiera servir al hombre;
este animal era el caballo. El caballo debió llegar á ser por estas
razones una necesidad mas perentoria á veces que el alimento; y no es
extraño que gozara de tanta predileccion entre todos los habitantes
de la Isla: la familia, para establecerse en esta, debia tener la
casa en que albergarse y el caballo en que moverse; sin este último
recurso no se concebia ni podia concebirse la vida en el campo, como no
se concebia ni podia concebirse sin la casa ó choza en que ponerse á
cubierto de la intemperie.
Por eso el caballo fué objeto de tantas distinciones, de tantos
cuidados, de tanta estimacion; y por eso así como casi puede decirse
que formaba parte de la familia, tambien tomaba parte en todas las
fiestas y regocijos. No solo por el animal que en tanta estima se tenia
sino tambien por las personas, que se veian obligadas á saber montarlo
y manejarle con la ligereza y seguridad que exigian los diversos
lances de la vida, el caballo figuraba en todas partes y para todo se
hacia uso de él. No era pues posible que al tratarse de las fiestas
del Patron se olvidase aquel noble animal y mucho menos cuando de él
se necesitaba para concurrir á aquellas. Esta misma circunstancia era
un nuevo motivo para que cada cual tratase de traer su mejor caballo,
ó que cuidase el que poseia con mas esmero al aproximarse la fiesta,
ya por lo que en ello influiría indispensablemente el amor propio, ya
tambien porque en muchos obraria la esperanza de hacer un negocio mas ó
menos lucrativo, segun lo que gustara el animal que presentaba.
Y como de todos los pueblos de la Isla concurria gente á la ciudad, no
debe admirar que se reuniese un número considerable de caballos y que
estos fuesen de los mejores, porque precisamente era aquella la ocasion
de lucirse. Excitados con el espectáculo los habitantes de la Capital,
que no tenian la necesidad de poseer caballos, y animados por la misma
privacion en que estaban todo el año para montar, proporcionaban á los
_jíbaros_, ó campesinos pobres, la ocasion de traer sus jamelgos que
encontraban fácil alquiler; y así se reunia un número prodigioso de
ginetes en las noches antes citadas, porque de tarde no se atrevian á
correr sino los que podian lucir buenos caballos.
En esas carreras tumultuosas y sin órden, preciso será confesar,
aun en contra de la respetable opinion de nuestro historiador, que
acontecian frecuentes desgracias; y algunas personas se encuentran
todavia lisiadas por consecuencia de ellas. Así tenia que suceder
corriéndose á todo escape por las estrechas calles de nuestra ciudad,
en grupos demasiado numerosos y á veces hasta en sentido opuesto, que
nunca faltan en estos casos, imprudentes, que, al pagar su falta, hacen
víctimas de ella á otros que ninguna culpa tuvieron.
Hacian todavia mas peligrosas las carreras las _candeladas_ ú hogueras
que se encendian en las esquinas ó sea en el centro de las confluencias
de las calles, y en las que mas de un caballo, ciego por la velocidad
de la carrera y por el mismo resplandor de las llamas, precipitó alguna
vez ginete y _cumarracha_. Por mas que parezca hasta algo bárbaro
el uso de estas hogueras, preciso será á convenir en que no fueron
invencion de nuestro pueblo, puesto que las han encendido casi todos
los de la tierra y desde la mas remota antigüedad las encendian tambien
muchos pueblos del Oriente, justamente en los mismos dias de San Juan
y de San Pedro, ó sea en el solsticio de verano, aunque lo hacian
en honor del Sol. Aquí, sin duda, siguiendo tan añeja tradicion la
encontraron muy propia para alumbrar las carreras, en aquellos tiempos
en que nada alumbraba las calles de la ciudad.
Uno de los principales atractivos de estas carreras eran á no dudarlo
las _cumarrachas_, que así se llamaban las compañeras que se llevaban
á la grupa y que se sostenian en equilibrio sin mas que sujetarse del
borde de las _banastillas_[12]. No conozco la etimología de la palabra
_cumarracha_, pero si se ha de juzgar por las dos voces de que se
forma, _cuma_ y _racha_, su significacion ofende hasta el pudor del
menos delicado y da una pobre idea de aquella costumbre que muchos
califican de inocente, sin recordar tal vez que en la conciencia
pública existia la conviccion de que nada ganaban con ella ni las
familias ni la moral pública; y que aun cuando hubiera muchos que
gozaran con toda pureza de la extraña impresion de llevar junto á sí
á la amada de su corazon y encontraran un nuevo placer en el mismo
peligro que podia proporcionarles la ocasion de salvarla valerosamente
de él; otros y no pocos por desgracia solo veian un motivo para burlar
la vigilancia materna y sembrar en medio de la fiesta los gérmenes de
un profundo dolor que no tardaba mucho en pronunciarse.
[12] Especie de montura que forma una banasta de cada
lado en la parte superior.
El pueblo, que siempre tiene, por decirlo así, frases gráficas para
expresarlo todo, cada vez que veia una _cumarracha_ exclamaba en
seguida: _¡á la cantera!_[13] ó _¡cuidado con la cantera!_, segun el
carácter del que gritaba; y estas simples palabras envolvian la idea de
escenas que yo no permitiria jamas que mi pluma reprodujera, porque
aun á traves de los años y existiendo solo como recuerdos ofenderian al
público.
[13] Lugar fuera de poblado que se halla en el campo
del Morro y donde se arrojaban las basuras de la
poblacion.
En vista de lo expuesto, que estoy cierto nadie podrá rechazar como
falso, creo que las carreras de San Juan eran un espectáculo, no diré
salvage como lo he oido calificar por algunos, pero sí impropio de un
pueblo culto; y esta es la razon porque á medida que el nuestro ha ido
adelantando en el camino de la civilizacion ha ido dejando aquellas
costumbres que no pueden menos de rechazar sus nuevos gustos cada vez
mas cultos; y justo será añadir que de veinte años á esta parte, en
aquellos en que ha habido carreras, han presentado estas una fisonomía
bastante distinta de la que en otras épocas ofrecian; lo cual prueba
la trasformacion de las costumbres, que se efectúa, aquí lo mismo que
todas partes, desapercibida y lentamente.
Lenta y desapercibidamente tambien fueron cesando las carreras
hasta que concluyeron del todo, sin que las contradicciones que
esperimentaron hace algunos años sirvieran mas que para reanimarlas
momentáneamente, cual las últimas llamaradas de una lámpara próxima á
apagarse. Hoy ya no es posible hacer revivir esta diversion, porque
ni las condiciones ni los gustos del pueblo son los que fueron en las
épocas en que tan concurridas y animadas eran las carreras.
Aunque el caballo sea todavia muy necesario por las razones que he
indicado al hablar del concurso de estos animales; la distinta manera
de ser de la poblacion, sino reconcentrada por lo menos agrupada en
su mayor parte en las costas, en donde los intereses mercantiles é
industriales superan á los agrícolas, por mas que no puedan vivir sin
ellos; no teniendo la misma necesidad de moverse que cuando se hallaba
desparramada por el interior; ó aun cuando la tenga, poseyendo la
facilidad de hacerlo por mar; el caballo ha perdido su importancia
en una considerable estension de terreno, en la que casi no figura
mas que como artículo de lujo; y de aquí el que no se le tenga en
ese territorio en la estimacion de que otro tiempo disfrutó y por
consiguiente que se vea con indiferencia la mejora de sus razas: de
donde proviene que no se vean con el mismo interes que antes aquellas
fiestas que no eran en realidad, como ya he tenido ocasion de decirlo,
mas que unas ferias anuales.
Agréguese á esto que, á medida que iba desapareciendo la necesidad
de andar á caballo en todo el territorio del litoral, se iba tambien
perdiendo el gusto y el hábito de montar, como no podia menos de
acontecer; y se comprenderá fácilmente que haya dejado de ser diversion
para el público lo que en otro tiempo lo fué y tan predilecta.
¿Hemos ganado ó hemos perdido con este cambio?
Bajo el punto de vista de la conveniencia nada hay que decir porque
las cuestiones de interes se resuelven por sí solas en el sentido
favorable para este y ya vemos que al paso que se adelanta en las vias
y medios de comunicacion se va relegando el caballo, hasta el estremo
de que en los paises mas adelantados solo sirve hoy para los trabajos
agrícolas ó para solaz de algunas pocas personas que se hallan en
posicion de gastar su tiempo y su dinero en objetos y pasatiempos de
lujo. En general el caballo no se estima en la actualidad mas que como
un motor, aplicable solo en ciertos casos; y es indudable que á este
punto se tenderá tambien en nuestra Isla á proporcion que aumente en
ella el progreso material. Nada hay por consecuencia que justifique la
diversion de las carreras de caballos bajo el punto de vista de los
intereses; si bien creo que deben sostenerse los concursos de esos
animales, no tan solo porgue hay una gran parte de la Isla que los
necesita como medios de locomocion, sino tambien porque, de cualquier
modo que se los considere, debe siempre tenderse á mejorar su raza,
tratando de que predominen en ellos las cualidades que mas útiles
puedan ser.
En el concepto de fiesta solo tengo que exponer que no habiendo nada
que coarte la libertad del pueblo para entregarse á las carreras de
caballos como antes lo hacia, prueba es de que ya no gusta de ellas,
como en otro tiempo gustaba; y entre la diversion en que por lo
menos se corria el peligro de una caida que lo inutilizara á uno y
los sencillos espectáculos de bailes, funciones dramáticas y otros en
que hasta pueden mejorarse las costumbres, nadie podrá titubear en la
eleccion, como no ha titubeado el pueblo al decidirse por los últimos,
dando así una prueba de muy buen sentido.
Creo pues en conciencia y con la lealtad que siempre trato de observar
que hemos ganado con que desaparezcan las carreras de caballos, como
ganaremos todavia mas el dia que se acaben las jugadas de gallos, por
mas que en estos momentos lluevan sobre mí las censuras, que no temo en
verdad porque las ataco por el bien del país y con la confianza de que
han de desaparecer.
Las carreras de caballos y las riñas de gallos eran las dos diversiones
típicas de esta poblacion antiguamente; las primeras han terminado al
dar los primeros pasos en el progreso material; cuando se dén algunos
mas en el progreso moral é intelectual terminarán tambien las segundas
sin que nadie las prohiba y solo porque las ha de rechazar por sí solo
el mismo pueblo que tanto las acoge hoy.