CAPITULO VIII.

_De la suerte del señor Zaonero._

Hemos por fin llegado á la suerte de picar cuyos principios estan

perfectamente conformes con los que sirven de base al toreo de á pie.

Hasta ahora, todas las que llevamos esplicadas tienen algo de violento,

y si esceptuamos la anterior, llegan á ponerse de tal modo, que no hay

medio de evitar la cogida. Esta es la razon porque mueren tantos

caballos cuando los toros son pegajosos, y porque los picadores ponen

tantas veces mal de su grado las costillas en el suelo.

Para verificar esta suerte se espera á que el toro esté en la misma

disposicion que dijimos debia hallarse para la verónica con la capa,

pero deberá ser el costado derecho el que tenga el terreno de adentro,

para que cuando el diestro se ponga en suerte, que será del mismo modo

que dijimos se debia poner el peon para capear, quede con la vara hácia

el de afuera. Situados asi perfectamente en la rectitud como se dijo

para la capa, y guardando la distancia que las piernas del toro

indiquen, se le cita, y conforme llega á jurisdiccion y humille, se le

pone la vara, se carga un poco el cuerpo sobre el palo, y se mete el

caballo en el terreno de adentro, con todo lo cual el toro, que se halla

castigado y con su terreno franco y á la vista, lo toma y sigue con pies

sin obligar á que el diestro haga uso de los del caballo. He descrito la

suerte ni mas ni menos que como se hace con los toros boyantes; vamos á

ver si con los demas es tan segura y sencilla.

Los toros pegajosos son buenísimos para esta suerte; se les hace del

mismo modo, con la sola diferencia de meter algo mas el caballo en el

terreno de adentro y con mas prontitud, con lo cual se hallan despedidos

y castigados en el encontronazo y sin el bulto delante, de manera que no

tienen otro remedio ya que seguir su viaje, y el picador tampoco tiene

precision de salir con pies.

Los toros que recargan, que son tan dificiles de lidiar en las suertes

anteriores, y que con tanta frecuencia dan cogidas en los remates, se

torean con la mayor facilidad y segurísimamente haciéndoles la de que

hablamos como se dijo para los boyantes, sin otra diferencia mas, si no

que despues de partidos los terrenos, en vez de pararse y dejar ir al

toro, se debe salir con todos los pies para evitar el recargo. Haciendo

la suerte de esta manera, cuando el toro se vuelva para recargar está

el diestro apartado veinte varas, y si quisiera hacer por él, la

delantera que lleva, y la superioridad que tiene un caballo sobre un

toro en la carrera, le asegura no ser alcanzado.

Los toros abantos dan poco que recelar en esta suerte, la cual no sufre

alteracion particular para ejecutarse con ellos.

Por la esplicacion que acabamos de dar de la suerte del señor Zaonero se

ve que tiene una multitud de semejanzas con las suertes de á pie, pero

muy particularmente con la verónica.

En ella estan divididos los terrenos del mismo modo que en esta, y se

guarda igualmente la distancia que marquen las piernas del toro; se le

cita en su rectitud, se le deja tambien venir por su terreno, y asi que

llega á jurisdiccion y humilla se le hace la suerte y toma cada cual su

terreno respectivo: con mucha razon, pues, la llamaria yo la _verónica

de picar_.

La semejanza de estas suertes nos obliga á detenernos algo sobre algunas

modificaciones que deben hacerse en la que nos ocupa relativas á las

diferentes clases de toros, segun la division hecha para el toreo de á

pie. En efecto, siendo en todo igual á la verónica con la capa, deberá

sufrir alguna variacion el modo de hacerse, segun que sea boyante, que

se ciñe &c., el toro con quien se ejecute.

Partiendo, pues, del modo como se hace á los boyantes, que es el tipo de

la suerte, diremos que á los que se ciñen no hay que hacerles mas

variacion en cuanto al modo de recibirlos que la de sesgar un tanto el

caballo cuando lleguen á la vara, y darles el remate segun la clase á

que pertenezcan en la clasificacion para la pica.

Los toros que ganan terreno pueden dar que hacer alguna vez por colarse

al de adentro; para evitar esto es indispensable situarse rigorosamente

en su rectitud y lo mas sobre corto posible, pero nunca menos de tres

varas, y hacerles en lo demas la suerte como á los que se ciñen. En

observando estos preceptos se conseguirá siempre buen remate; pero si se

desentienden, y se mete el toro en el terreno de adentro, es menester

hacerle la suerte de picar que hemos llamado en su rectitud, que como no

tiene las mejores proporciones, segun se ha visto, y hay ademas en este

caso la contra de hacerla en oposicion con los terrenos, suelen tener

muy buen éxito.

Los toros de sentido, que tanto cuidado dan en las suertes de á pie, en

las de á caballo, y en especialidad en la que estamos esplicando, no dan

ninguno si no se les une ser pegajosos ó que recargan, pues muchas veces

son boyantes y aun abantos para la vara: de todos modos será bueno salir

con pies en el remate.

Nos hemos detenido bastante en esta suerte para hacer manifestar sus

ventajas, y ver si en algun modo podemos contribuir á que se establezca

en las plazas: es una fatalidad grande que sea tan poderoso el influjo

del hábito en los picadores, que les impida hacer una reforma tan

ventajosa para ellos mismos.

No faltará alguno que me diga que á pesar de lo ventajosa que parece la

suerte, como que todavía no se ha ejecutado, no podemos asegurar que su

éxito es cual suponemos, y aun quizás que me acuse de haber comprometido

en cierto modo la vida del que intentare practicarla animado por la

brillante perspectiva con que la he pintado. Pero esta objecion

careceria de fundamento, lo primero, porque estando los principios

fundamentales de la suerte en perfecta armonía con los ya conocidos como

ciertos y esperimentados como seguros, ó por mejor decir, siendo unos

mismos, no puede menos de corresponder la práctica con la teórica; lo

segundo, porque la esperiencia ha confirmado mil veces esta

correspondencia. ¿Qué aficionado no ha visto muchas veces salir un toro

trocado, y por no haber dado tiempo al picador para salirse de la suerte

tener este que recibirlo, que abrir el caballo para darle la salida por

el terreno de afuera y echar al toro por el de adentro? ¿Quién no ha

observado alguna vez ir el diestro á dar un puyazo en los medios de la

plaza y tomar el toro para su salida el terreno de la derecha,

precisando al picador á seguir por el de la izquierda con opuesto viaje?

Diariamente somos testigos de estas suertes que el toro proporciona, y

cuyo éxito es feliz, á pesar de hacerse con los terrenos cambiados, sin

estar el diestro prevenido para hacerlas, y lo que es mas, sin tener ni

aun la idea mas remota de que se pueda poner en práctica. ¿Y estas

suertes son otra cosa que la que el señor Zaonero ha propuesto?

Ciertamente que no.

Tauromaquia completa, ó sea, El arte de torear en plaza · 第 69 / 119 题