_De la suerte del señor Zaonero._
Hemos por fin llegado á la suerte de picar cuyos principios estan
perfectamente conformes con los que sirven de base al toreo de á pie.
Hasta ahora, todas las que llevamos esplicadas tienen algo de violento,
y si esceptuamos la anterior, llegan á ponerse de tal modo, que no hay
medio de evitar la cogida. Esta es la razon porque mueren tantos
caballos cuando los toros son pegajosos, y porque los picadores ponen
tantas veces mal de su grado las costillas en el suelo.
Para verificar esta suerte se espera á que el toro esté en la misma
disposicion que dijimos debia hallarse para la verónica con la capa,
pero deberá ser el costado derecho el que tenga el terreno de adentro,
para que cuando el diestro se ponga en suerte, que será del mismo modo
que dijimos se debia poner el peon para capear, quede con la vara hácia
el de afuera. Situados asi perfectamente en la rectitud como se dijo
para la capa, y guardando la distancia que las piernas del toro
indiquen, se le cita, y conforme llega á jurisdiccion y humille, se le
pone la vara, se carga un poco el cuerpo sobre el palo, y se mete el
caballo en el terreno de adentro, con todo lo cual el toro, que se halla
castigado y con su terreno franco y á la vista, lo toma y sigue con pies
sin obligar á que el diestro haga uso de los del caballo. He descrito la
suerte ni mas ni menos que como se hace con los toros boyantes; vamos á
ver si con los demas es tan segura y sencilla.
Los toros pegajosos son buenísimos para esta suerte; se les hace del
mismo modo, con la sola diferencia de meter algo mas el caballo en el
terreno de adentro y con mas prontitud, con lo cual se hallan despedidos
y castigados en el encontronazo y sin el bulto delante, de manera que no
tienen otro remedio ya que seguir su viaje, y el picador tampoco tiene
precision de salir con pies.
Los toros que recargan, que son tan dificiles de lidiar en las suertes
anteriores, y que con tanta frecuencia dan cogidas en los remates, se
torean con la mayor facilidad y segurísimamente haciéndoles la de que
hablamos como se dijo para los boyantes, sin otra diferencia mas, si no
que despues de partidos los terrenos, en vez de pararse y dejar ir al
toro, se debe salir con todos los pies para evitar el recargo. Haciendo
la suerte de esta manera, cuando el toro se vuelva para recargar está
el diestro apartado veinte varas, y si quisiera hacer por él, la
delantera que lleva, y la superioridad que tiene un caballo sobre un
toro en la carrera, le asegura no ser alcanzado.
Los toros abantos dan poco que recelar en esta suerte, la cual no sufre
alteracion particular para ejecutarse con ellos.
Por la esplicacion que acabamos de dar de la suerte del señor Zaonero se
ve que tiene una multitud de semejanzas con las suertes de á pie, pero
muy particularmente con la verónica.
En ella estan divididos los terrenos del mismo modo que en esta, y se
guarda igualmente la distancia que marquen las piernas del toro; se le
cita en su rectitud, se le deja tambien venir por su terreno, y asi que
llega á jurisdiccion y humilla se le hace la suerte y toma cada cual su
terreno respectivo: con mucha razon, pues, la llamaria yo la _verónica
de picar_.
La semejanza de estas suertes nos obliga á detenernos algo sobre algunas
modificaciones que deben hacerse en la que nos ocupa relativas á las
diferentes clases de toros, segun la division hecha para el toreo de á
pie. En efecto, siendo en todo igual á la verónica con la capa, deberá
sufrir alguna variacion el modo de hacerse, segun que sea boyante, que
se ciñe &c., el toro con quien se ejecute.
Partiendo, pues, del modo como se hace á los boyantes, que es el tipo de
la suerte, diremos que á los que se ciñen no hay que hacerles mas
variacion en cuanto al modo de recibirlos que la de sesgar un tanto el
caballo cuando lleguen á la vara, y darles el remate segun la clase á
que pertenezcan en la clasificacion para la pica.
Los toros que ganan terreno pueden dar que hacer alguna vez por colarse
al de adentro; para evitar esto es indispensable situarse rigorosamente
en su rectitud y lo mas sobre corto posible, pero nunca menos de tres
varas, y hacerles en lo demas la suerte como á los que se ciñen. En
observando estos preceptos se conseguirá siempre buen remate; pero si se
desentienden, y se mete el toro en el terreno de adentro, es menester
hacerle la suerte de picar que hemos llamado en su rectitud, que como no
tiene las mejores proporciones, segun se ha visto, y hay ademas en este
caso la contra de hacerla en oposicion con los terrenos, suelen tener
muy buen éxito.
Los toros de sentido, que tanto cuidado dan en las suertes de á pie, en
las de á caballo, y en especialidad en la que estamos esplicando, no dan
ninguno si no se les une ser pegajosos ó que recargan, pues muchas veces
son boyantes y aun abantos para la vara: de todos modos será bueno salir
con pies en el remate.
Nos hemos detenido bastante en esta suerte para hacer manifestar sus
ventajas, y ver si en algun modo podemos contribuir á que se establezca
en las plazas: es una fatalidad grande que sea tan poderoso el influjo
del hábito en los picadores, que les impida hacer una reforma tan
ventajosa para ellos mismos.
No faltará alguno que me diga que á pesar de lo ventajosa que parece la
suerte, como que todavía no se ha ejecutado, no podemos asegurar que su
éxito es cual suponemos, y aun quizás que me acuse de haber comprometido
en cierto modo la vida del que intentare practicarla animado por la
brillante perspectiva con que la he pintado. Pero esta objecion
careceria de fundamento, lo primero, porque estando los principios
fundamentales de la suerte en perfecta armonía con los ya conocidos como
ciertos y esperimentados como seguros, ó por mejor decir, siendo unos
mismos, no puede menos de corresponder la práctica con la teórica; lo
segundo, porque la esperiencia ha confirmado mil veces esta
correspondencia. ¿Qué aficionado no ha visto muchas veces salir un toro
trocado, y por no haber dado tiempo al picador para salirse de la suerte
tener este que recibirlo, que abrir el caballo para darle la salida por
el terreno de afuera y echar al toro por el de adentro? ¿Quién no ha
observado alguna vez ir el diestro á dar un puyazo en los medios de la
plaza y tomar el toro para su salida el terreno de la derecha,
precisando al picador á seguir por el de la izquierda con opuesto viaje?
Diariamente somos testigos de estas suertes que el toro proporciona, y
cuyo éxito es feliz, á pesar de hacerse con los terrenos cambiados, sin
estar el diestro prevenido para hacerlas, y lo que es mas, sin tener ni
aun la idea mas remota de que se pueda poner en práctica. ¿Y estas
suertes son otra cosa que la que el señor Zaonero ha propuesto?
Ciertamente que no.