CAPITULO III.

_En que se dan algunas nociones preliminares á la suerte de picar._

Sería una impertinente repeticion tratar en esta segunda parte del arte

de torear de las querencias de los toros, de los tres estados que se les

advierte en la plaza, y de otras menudencias que quedan ya espuestas y

desenvueltas con la estension que merecen en la parte que corresponde al

toreo de á pie.

Asi es que suponiendo, como es natural, conocidas ya estas nociones

indispensables, podríamos pasar á esplicar las suertes de á caballo

refiriéndonos á ellas en nuestra esplicacion; pero aun cuando es verdad

que casi todas las generalidades del toreo de á pie convienen

exactamente al de á caballo, tambien lo es que para este debemos hacer

algunas previas advertencias que sirvan de base particular á la

esplicacion de las suertes.

Lo primero de que debemos hablar es de la division de los terrenos. Es

bastante dificil á la verdad fijar el terreno del toro y el del diestro

en la suerte de picar, pues siendo muy diferentes las posiciones en que

se ejecuta, apenas se encuentran reglas que los marquen con fijeza. No

obstante, hay una que las mas veces nos los presentará: esta, pues, nos

dice que el terreno del toro es generalmente el de la izquierda del

picador, y su entrada en él por delante de la cabeza del caballo; el del

diestro no es precisamente el de su derecha, sino aquel por donde

atendiendo á la clase de toro que va á picar, deje mas pronto

descubierta la salida, la cual debe procurar siempre que sea buscando

los cuartos traseros del toro.

Vemos, pues, que en estas suertes no está bien marcada la division, y

que no es uno constantemente el terreno del diestro ni el del toro,

mientras que en las de á pie estan perfectamente divididos, de lo que

resulta en mucha parte la mayor perfeccion que ha adquirido aquel ramo

del arte de torear con respecto al que nos ocupa.

La necesidad, pues, que tiene el torero de conocer en cada suerte cuál

es su terreno y cuál el del toro, es la que nos ha obligado á insistir

sobre la materia, y la que en lo sucesivo nos hará detener en cada

suerte sobre el particular.

Por variadas que sean las suertes de picar, tienen todas de comun una

multitud de circunstancias, y las diferencias que las dividen en clases

se toman únicamente de los accesorios, digamos asi, mientras que todo lo

esencial, lo que se verifica en el centro, es igual, por lo que daremos

algunas aclaraciones que faciliten su inteligencia.

El mérito de la suerte de picar consiste principalmente en que el toro

no llegue al caballo, y lo hiera ó lo mate; y esto, como se ve

claramente, necesita no solo habilidad, sino la fuerza competente. De

aqui tambien se deduce que á los toros pegajosos que reunan mucho poder

en la cabeza, y que sean secos metiendo, no habrá hombre en el mundo que

con la vara de detener los mantenga desviados y les dé la salida, por lo

que muchos picadores diestros en este caso hacian lo que se conoce con

el nombre de picar á _caballo levantado_, único medio de evitar la

cogida; esto, que tiene sin duda mas mérito artístico que dejarse caer

al suelo por el toro, y que solo pueden hacerlo los que sean muy

ginetes, y con ciertos caballos, es no obstante recibido con disgusto

por algunos.

Asi es que cualquiera que sea la suerte que se esté ejecutando, debe el

diestro conducirse asi: citar al toro, dejarlo llegar á la vara sin

mover el caballo, y conforme llegue á jurisdiccion y humille, ponerle la

puya, cargarse sobre el palo, y despedirlo, si puede, en el encontronazo

por la cabeza del caballo, que hasta ahora no debe haberse movido, pero

que conforme está el toro en disposicion de tomar su terreno, se le hace

girar por la izquierda, y se sale con pies. Con respecto á la salida del

diestro hay infinitas variaciones, que marcaremos conforme vayamos

esplicando las suertes en que tienen lugar.

Este modo de picar, que llaman _sin perder tierra_, es el que gusta, y

efectivamente es muy bonito, pero á mi parecer no debe ejecutarse sino

con los toros que veremos luego rempujan poco en el encontronazo, pues

con los demas es inevitable la cogida. Esto es lo que constituye

esencialmente la suerte de picar; sin embargo, hay varios modos de

ejecutarla, que aun cuando convienen en casi todo lo que hemos dicho

arriba, tienen no obstante algunas diferencias, que bastan para hacer

clases que deben ser conocidas con particularidad.

Por tanto, vamos á dar una circunstanciada esplicacion de ellas en sus

correspondientes capítulos.

Tauromaquia completa, ó sea, El arte de torear en plaza · 第 64 / 119 题