_En que se dan algunas nociones preliminares á la suerte de picar._
Sería una impertinente repeticion tratar en esta segunda parte del arte
de torear de las querencias de los toros, de los tres estados que se les
advierte en la plaza, y de otras menudencias que quedan ya espuestas y
desenvueltas con la estension que merecen en la parte que corresponde al
toreo de á pie.
Asi es que suponiendo, como es natural, conocidas ya estas nociones
indispensables, podríamos pasar á esplicar las suertes de á caballo
refiriéndonos á ellas en nuestra esplicacion; pero aun cuando es verdad
que casi todas las generalidades del toreo de á pie convienen
exactamente al de á caballo, tambien lo es que para este debemos hacer
algunas previas advertencias que sirvan de base particular á la
esplicacion de las suertes.
Lo primero de que debemos hablar es de la division de los terrenos. Es
bastante dificil á la verdad fijar el terreno del toro y el del diestro
en la suerte de picar, pues siendo muy diferentes las posiciones en que
se ejecuta, apenas se encuentran reglas que los marquen con fijeza. No
obstante, hay una que las mas veces nos los presentará: esta, pues, nos
dice que el terreno del toro es generalmente el de la izquierda del
picador, y su entrada en él por delante de la cabeza del caballo; el del
diestro no es precisamente el de su derecha, sino aquel por donde
atendiendo á la clase de toro que va á picar, deje mas pronto
descubierta la salida, la cual debe procurar siempre que sea buscando
los cuartos traseros del toro.
Vemos, pues, que en estas suertes no está bien marcada la division, y
que no es uno constantemente el terreno del diestro ni el del toro,
mientras que en las de á pie estan perfectamente divididos, de lo que
resulta en mucha parte la mayor perfeccion que ha adquirido aquel ramo
del arte de torear con respecto al que nos ocupa.
La necesidad, pues, que tiene el torero de conocer en cada suerte cuál
es su terreno y cuál el del toro, es la que nos ha obligado á insistir
sobre la materia, y la que en lo sucesivo nos hará detener en cada
suerte sobre el particular.
Por variadas que sean las suertes de picar, tienen todas de comun una
multitud de circunstancias, y las diferencias que las dividen en clases
se toman únicamente de los accesorios, digamos asi, mientras que todo lo
esencial, lo que se verifica en el centro, es igual, por lo que daremos
algunas aclaraciones que faciliten su inteligencia.
El mérito de la suerte de picar consiste principalmente en que el toro
no llegue al caballo, y lo hiera ó lo mate; y esto, como se ve
claramente, necesita no solo habilidad, sino la fuerza competente. De
aqui tambien se deduce que á los toros pegajosos que reunan mucho poder
en la cabeza, y que sean secos metiendo, no habrá hombre en el mundo que
con la vara de detener los mantenga desviados y les dé la salida, por lo
que muchos picadores diestros en este caso hacian lo que se conoce con
el nombre de picar á _caballo levantado_, único medio de evitar la
cogida; esto, que tiene sin duda mas mérito artístico que dejarse caer
al suelo por el toro, y que solo pueden hacerlo los que sean muy
ginetes, y con ciertos caballos, es no obstante recibido con disgusto
por algunos.
Asi es que cualquiera que sea la suerte que se esté ejecutando, debe el
diestro conducirse asi: citar al toro, dejarlo llegar á la vara sin
mover el caballo, y conforme llegue á jurisdiccion y humille, ponerle la
puya, cargarse sobre el palo, y despedirlo, si puede, en el encontronazo
por la cabeza del caballo, que hasta ahora no debe haberse movido, pero
que conforme está el toro en disposicion de tomar su terreno, se le hace
girar por la izquierda, y se sale con pies. Con respecto á la salida del
diestro hay infinitas variaciones, que marcaremos conforme vayamos
esplicando las suertes en que tienen lugar.
Este modo de picar, que llaman _sin perder tierra_, es el que gusta, y
efectivamente es muy bonito, pero á mi parecer no debe ejecutarse sino
con los toros que veremos luego rempujan poco en el encontronazo, pues
con los demas es inevitable la cogida. Esto es lo que constituye
esencialmente la suerte de picar; sin embargo, hay varios modos de
ejecutarla, que aun cuando convienen en casi todo lo que hemos dicho
arriba, tienen no obstante algunas diferencias, que bastan para hacer
clases que deben ser conocidas con particularidad.
Por tanto, vamos á dar una circunstanciada esplicacion de ellas en sus
correspondientes capítulos.