_De las cualidades que debe tener el torero de á caballo._
Si hemos visto que es indispensable para ser torero de á pie reunir
ciertas cualidades, y saberlas arreglar de modo que se saque de ellas el
partido que se necesita, para torear á caballo son necesarias otras, sin
las cuales no se dará un paso acertado y seguro.
El torero de á caballo debe tener _valor, un físico doble y robusto, un
perfecto conocimiento del arte_, y ser ademas _ginete consumado_.
Todo lo que hemos dicho del _valor_ con relacion á los, toreros de á
pie, debe entenderse para los de á caballo, y asi remitimos al lector al
capítulo primero de la primera parte, en que hallará cuanto corresponde
al asunto.
Debe ademas el torero de á caballo ser forzudo, porque si bien para las
suertes de á pie se necesita mas ligereza que fuerza, para las de á
caballo es indispensable esta, y con tanta mas razon en el dia, que solo
se usa de la vara de detener. Cuando hablemos luego de las suertes en
particular, se verá las ventajas que saca en todas ellas un picador de
fuerzas, y que estas no solo le sirven para contrarestar las del toro,
sino tambien para habérselas con el caballo, principalmente cuando se
hallan los dos en el suelo.
Asi es que por muy ginete que sea el diestro, y por mucho conocimiento y
valor que tuviere, no podrá, careciendo de la fuerza, resistir el
encontronazo, ni mucho menos despedir al toro por la cabeza del caballo,
y no hará suerte en que no tenga que sufrir una cogida de mas ó menos
consideracion. Ademas, que como los toros se consienten siempre que dan
cogidas, y se crecen al palo cuando no encuentran castigo, se le
presentará como bravos y pegajosos una gran parte de ellos, que si
hubieran sentido bien el hierro, hubieran bajado la cabeza y se hubieran
hecho blandos y aun cobardes. Llevará por tanto un sin número de
porrazos, de que al cabo vendrá á ser víctima, y jamas habrá podido
hacer alarde de las buenas cualidades que por otra parte lo adornaban.
Yo conozco muchos que se hallan en este caso, y que no son estimados,
porque ademas de no lucir su trabajo por la falta de poder, matan muchos
caballos, y perjudican á los compañeros por consentir los toros; y por
el contrario conozco algunos otros que no siendo tan diestros, tienen
bastante opinion únicamente por el mucho brazo y el mucho castigo que
dan á las reses. Si, como yo deseo, se introdujese otro arreglo en las
corridas de toros, y los toreros de á caballo hicieran algunas otras
suertes en que la destreza, el conocimiento y el valor tuviesen la
principal parte, y la fuerza jugara apenas papel, tendríamos mas toreros
hábiles y mas motivos de diversion.
Las frecuentes caidas que dan ademas los picadores, y la clase de ropa
que llevan de medio cuerpo abajo, exigen de su parte un físico reforzado
para resistirlas mas, sostener la otra, y manejarse con alguna facilidad
cuando se hallen en tierra.
Advierto con respecto á los toreros de á caballo una fatalidad que no
puedo menos de patentizar aqui, que es su lugar oportuno, y encarecer
con las mayores veras su remedio: generalmente hablando los picadores no
tienen el conocimiento que deben de su profesion, y esta es la fatalidad
de que me quejo. Tenemos, es indudable, diestros de á caballo que no
tienen que envidiar á los Laureanos, Corchados, Perez &c., y vemos con
satisfaccion que no faltan picadores jóvenes que nos aseguren
reemplazar con ventajas quizás á los que actualmente se conocen como los
mejores. Esto no obstante, vemos diariamente salir á picar hombres con
muy buenas proporciones, pero sin mas conocimiento que el que han
adquirido en el campo derribando reses, y sin otra práctica de tomar por
delante, que la de haber dado algunos puyazos en las tientas á becerros
herales ó utreros. Por brillante que sea la disposicion de estos, por
mucha que sea su aplicacion, y por muy decidida que sea su aficion, se
pasará mucho tiempo antes que posean el conocimiento del arte
indispensable para torear con seguridad, y los aficionados é
inteligentes no podrán menos que estar disgustados presenciando un
aprendizage, y viendo que los toreros de á pie tienen á cada momento que
estar diciendo al picador lo que debe hacer, y dónde debe ponerse. Yo
bien sé que los picadores no tienen sino muy rara ocasion de tomar por
delante, y por tanto que en las plazas es donde únicamente pueden
soltarse y adquirir la práctica, por lo cual debe haber esta tolerancia
de parte del público; pero tambien sé que pudieran cuando llegan á
presentarse en el cerco venir adornados del conocimiento de los toros,
de las suertes, y en fin, de cuanto el arte encierra en sí, y que solo
les faltase la práctica, que en este caso la adquiririan muy pronto. No
cesaré, pues, de encarecer la necesidad que tiene el diestro del
conocimiento del arte, sin el cual no debe aventurarse á salir á la
plaza, so pena de esperimentar un noviciado peligroso y lleno de azares.
Pocas ventajas sacaria el picador que reuniese los requisitos
antecedentes, si le faltase el de ser ginete consumado. Digo ginete
consumado, porque de nada sirve saberse tener en el caballo y agarrarse
bien á la silla; esto basta únicamente para no caerse, pero para picar
es necesario ademas de una muy buena mano izquierda, y de tener mucha
fuerza en las rodillas, penetrar las intenciones del caballo, dominarlo,
conocer si está incómodo, cuál puede ser la causa, y si es el brazo,
ponérselo mas ó menos suave, segun lo requiera: es menester tambien que
sepa hacerlo girar, ya sobre las manos, ya sobre las piernas, segun la
necesidad que haya de ello, como asimismo de hacerlo andar hácia atras y
á los costados, sirviéndose para todo esto tanto de la mano como de la
espuela, y usando de todas las ayudas con el debido conocimiento, y solo
cuando el caso lo exigiese, pues de lo contrario se exaspera el caballo
y se pone en defensa, lo cual es espuestísimo delante del toro. Baste
pues lo dicho, y el considerar que el picador tiene que montarse y salir
á picar en caballos que no conoce, y que acaso no han servido para
montar hasta entonces, para convencerse de lo indispensable que le es
ser ginete consumado.