_De la lanzada á pie._
Esta suerte, aunque ya casi no se ve, tuvo sin embargo tanta nombradía
antiguamente, por la mucha serenidad que se necesita para practicarla,
que debemos dar una ligera noticia de ella.
Para ejecutarla debe usarse de una lanza, cuyo palo tenga de largo de
tres y media á cuatro varas, y de grueso sobre tres pulgadas de
diámetro, de una madera muy fuerte, y que no salte, ni sea quebradiza.
La lanza propiamente tal deberá tener un palmo de largo, y el grueso y
ancho correspondientes.
Se situará el diestro á unas seis varas distante de la puerta del toril,
teniendo la rodilla derecha en tierra, y el regaton de la lanza haciendo
punto de apoyo en un hoyo, que de antemano debe haberse hecho en
tierra: la punta debe estar alta, sobre tres cuartas ó poco mas, para
que corresponda á la frente del toro, que es donde debe clavarse. Toda
la habilidad de la suerte se reduce, como se ve, á que el toro se clave
la lanza; y por si esto no sucede, y trata de acometer al bulto, se debe
tener un capote para defenderse.