_Del salto sobre el testuz._
Parece que el famoso Lorencillo, cuya ligereza sabemos que fue
estremada, lo ejecutaba con mucha limpieza, y que su discípulo, el
célebre y desgraciado José Cándido, no le cedia en nada dando esta clase
de salto.
Se puede hacer esta suerte de dos modos, ó bien estando parado, citando
al toro, y esperándolo hasta que entre en jurisdiccion y humilla para
recoger el bulto, en cuyo momento se le pone el pie en la raiz de los
cuernos y en el medio de la cabeza ó testuz, para librarlo todo de un
salto y caer por la cola, saliendo con todos los pies, ó bien, y es lo
menos frecuente, salir á él con diferente viaje, y cuando se llegue á
embrocar dar el salto del modo dicho. De cualquiera de ellos es una
suerte muy lucida, y que necesita que el diestro reuna en un grado muy
superior las cualidades necesarias para torear.
Los mejores toros para ejecutar esta suerte son por supuesto los
boyantes, pero tampoco deben dar ninguna clase de cuidado los que se
ciñen, los que ganan terreno, y hasta los que rematan en el bulto, en
teniendo la precaucion de que conserven piernas y tengan la cabeza bien
puesta, pues muchos toros la tienen muy descompuesta por naturaleza.
Los toros que dan mas cuidado en esta suerte son los revoltosos, pues
por el mucho celo que tienen por los objetos, y la fuerza con que hemos
dicho se sostienen sobre las manos en toda clase de suertes, pueden
detenerse un poco, alzar la cabeza, ver el bulto por cima, saltar y
engancharlo; ó bien, por solo detenerse, no dejar el centro libre y caer
el torero sobre él. Asi es que encargo muy particularmente que no se
haga esta suerte con esta clase de toros.