_Del ver llegar los toros._
Inútil sería cuanto hemos dicho hablando de las suertes, si no
llamásemos muy particularmente la atencion sobre esta importante parte
del arte de torear.
Consistiendo todas sus reglas en hacer á tiempo los correspondientes
movimientos para librarse del toro, y correspondiendo á cada uno de los
que este hace en la suerte uno del torero con que lo elude, es evidente
que es menester tener la vista fija siempre en él para combinar muy á
tiempo aquellos movimientos, y á esto es á lo que los toreros han
llamado _ver llegar los toros_. Pasemos, pues, á marcar en cada una de
las suertes esplicadas el modo y el momento de verlos llegar con
perfeccion.
En las suertes de capa hay que atender, primero al momento en que entra
el toro en jurisdiccion, y humilla; segundo al instante en que mete la
cabeza en el engaño; y tercero al tiempo en que estando fuera tira la
cabezada. Se debe atender á lo primero, porque nos muestra si es preciso
enmendar el terreno, ó cambiarlo, ó bien permanecer tranquilo, porque
la res camina sencillamente por el suyo: á lo segundo, porque marca
cuándo debemos cargarle la suerte, y hacer el quiebro que divide los
terrenos; y á lo tercero, para tirar los brazos á tiempo, y darles el
remate largo ó corto, por alto ó por bajo, segun lo requiera el carácter
del toro, y para dejarlo prevenido para segunda suerte.
Si hemos visto lo necesario que es el ver llegar á los toros en las
suertes de capa, debemos inferir lo útil que será en todas las de
banderillas. En efecto, el que banderillea debe observar el momento en
que el toro llega á jurisdiccion, humilla, tira el achazo, sufre el
destronque y se repone, y le reconoce el viaje; para embrocar,
cuadrarse, meter los brazos y salir con pies, á tiempo todo y cuando sea
necesario, pues el buen éxito de la suerte consiste en acomodar con
oportunidad á cada movimiento del toro que él nos marca el arte para
burlarlo, en atencion á que nos pone en situacion de conseguir nuestra
idea, sin tener ni aun remotamente algun peligro, y será imposible el
verificarlo sin estarlo observando exactamente para ver el momento en
que efectúa los movimientos que nos sirven de guia. Por tanto, sin este
requisito, inseparable é hijo del valor, jamas se toreará con perfeccion
y seguridad.
El ver llegar los toros no es menos necesario en la suerte de recorte
que en las anteriores. El que recorta debe tener muchísimo cuidado en
observar con exactitud cuándo entra en el centro del quiebro, y el
momento de la humillacion y colada del toro, para hacerle aquel á tiempo
y meterse en su terreno, concluyendo asi la suerte con seguridad.
Tambien deberá volver la cara para observar la salida del toro, ver si
se repone pronto y si le observa el viaje, para salir ó no con pies,
segun el caso lo exija. El menor descuido en esto puede acarrear muchos
daños: las suertes son segurísimas, en usando á tiempo de las reglas y
movimientos que posee el arte para lograr un éxito feliz: para esto es
indispensable prestar mucha atencion á los movimientos que los toros
hacen, que son los que marcan el movimiento oportuno de ejecutar
nosotros los que han de inutilizarlos, resultando la seguridad de ellas
de la exacta ejecucion de dichos movimientos, segun las reglas
infalibles de la tauromaquia.
En efecto, jamas peligrará el que use de ellas á tiempo, para lo cual es
indispensable el ver llegar los toros, pues si ellos son los que nos
marcan las reglas de que debemos usar, y el momento de su aplicacion,
¿se podrá ejecutar seguramente sin este requisito suerte alguna?
Ciertamente que no; y es tanto mas necesario en la de recortes, como que
en ella no tenemos clase alguna de engaño para nuestra defensa, la cual
está toda en hacer el quiebro muy á tiempo, lo que es imposible sin ver
llegar al toro.
Este requisito es cuando menos tan necesario en la suerte de parcheo
como en la de banderillas, y consiste en observar al toro lo mismo que
dijimos en aquella, y son tambien los mismos movimientos, pues como ya
hemos visto, la suerte es una en lo esencial, y solo se diferencia por
los accidentes.
En los pases de muleta es indispensable á lo menos ver llegar los toros,
y tanto mas cuanto se separa en ella el cuerpo del engaño, pues si por
falta de ver llegar se adelanta la suerte, y antes de que el toro tome
el engaño se mete el diestro en su terreno é intenta rematarla, por
sencillo que sea, como no está empapado en ningun objeto, y advierte
dentro el bulto mayor, irá á rematar sobre él y lo embrocará por la
espalda, siendo inevitable la cogida como el toro conserve los pies. Asi
es que se hace indispensable estarle observando exactamente, y ver el
momento en que llega á jurisdiccion y toma el engaño para hacer la
suerte á tiempo, siendo mejor en esta atrasarse un poco que adelantarse,
pues como ya he dicho es espuestísimo.
Si es necesario en todas las suertes ver llegar los toros, tanto mas lo
será en la de muerte, por ser mas complicada que otra alguna. En efecto,
es preciso observar en ella, lo primero, cuándo llega el toro á
jurisdiccion; lo segundo, cuándo humilla; lo tercero, cuándo llega á la
espada; lo cuarto, cuándo está en el centro; lo quinto, cuándo sale de
él; y lo sesto, cuándo remata. En no observando muy exactamente estos
movimientos no puede salir la suerte con la limpieza y seguridad que sus
reglas garantizan: es pues de primera necesidad atenderlos y medirlos
para hacer el quiebro y salirse del centro muy á tiempo, dejando ademas
clavada la espada en el momento que en su lugar dijimos.
Cuanto llevo dicho en este capítulo sobre lo útil que es ver llegar los
toros en las suertes, se debe entender de todas las demas que se
conocen, pues no hay una que sea segura si falta este requisito.