CAPITULO XIII.

_Del ver llegar los toros._

Inútil sería cuanto hemos dicho hablando de las suertes, si no

llamásemos muy particularmente la atencion sobre esta importante parte

del arte de torear.

Consistiendo todas sus reglas en hacer á tiempo los correspondientes

movimientos para librarse del toro, y correspondiendo á cada uno de los

que este hace en la suerte uno del torero con que lo elude, es evidente

que es menester tener la vista fija siempre en él para combinar muy á

tiempo aquellos movimientos, y á esto es á lo que los toreros han

llamado _ver llegar los toros_. Pasemos, pues, á marcar en cada una de

las suertes esplicadas el modo y el momento de verlos llegar con

perfeccion.

En las suertes de capa hay que atender, primero al momento en que entra

el toro en jurisdiccion, y humilla; segundo al instante en que mete la

cabeza en el engaño; y tercero al tiempo en que estando fuera tira la

cabezada. Se debe atender á lo primero, porque nos muestra si es preciso

enmendar el terreno, ó cambiarlo, ó bien permanecer tranquilo, porque

la res camina sencillamente por el suyo: á lo segundo, porque marca

cuándo debemos cargarle la suerte, y hacer el quiebro que divide los

terrenos; y á lo tercero, para tirar los brazos á tiempo, y darles el

remate largo ó corto, por alto ó por bajo, segun lo requiera el carácter

del toro, y para dejarlo prevenido para segunda suerte.

Si hemos visto lo necesario que es el ver llegar á los toros en las

suertes de capa, debemos inferir lo útil que será en todas las de

banderillas. En efecto, el que banderillea debe observar el momento en

que el toro llega á jurisdiccion, humilla, tira el achazo, sufre el

destronque y se repone, y le reconoce el viaje; para embrocar,

cuadrarse, meter los brazos y salir con pies, á tiempo todo y cuando sea

necesario, pues el buen éxito de la suerte consiste en acomodar con

oportunidad á cada movimiento del toro que él nos marca el arte para

burlarlo, en atencion á que nos pone en situacion de conseguir nuestra

idea, sin tener ni aun remotamente algun peligro, y será imposible el

verificarlo sin estarlo observando exactamente para ver el momento en

que efectúa los movimientos que nos sirven de guia. Por tanto, sin este

requisito, inseparable é hijo del valor, jamas se toreará con perfeccion

y seguridad.

El ver llegar los toros no es menos necesario en la suerte de recorte

que en las anteriores. El que recorta debe tener muchísimo cuidado en

observar con exactitud cuándo entra en el centro del quiebro, y el

momento de la humillacion y colada del toro, para hacerle aquel á tiempo

y meterse en su terreno, concluyendo asi la suerte con seguridad.

Tambien deberá volver la cara para observar la salida del toro, ver si

se repone pronto y si le observa el viaje, para salir ó no con pies,

segun el caso lo exija. El menor descuido en esto puede acarrear muchos

daños: las suertes son segurísimas, en usando á tiempo de las reglas y

movimientos que posee el arte para lograr un éxito feliz: para esto es

indispensable prestar mucha atencion á los movimientos que los toros

hacen, que son los que marcan el movimiento oportuno de ejecutar

nosotros los que han de inutilizarlos, resultando la seguridad de ellas

de la exacta ejecucion de dichos movimientos, segun las reglas

infalibles de la tauromaquia.

En efecto, jamas peligrará el que use de ellas á tiempo, para lo cual es

indispensable el ver llegar los toros, pues si ellos son los que nos

marcan las reglas de que debemos usar, y el momento de su aplicacion,

¿se podrá ejecutar seguramente sin este requisito suerte alguna?

Ciertamente que no; y es tanto mas necesario en la de recortes, como que

en ella no tenemos clase alguna de engaño para nuestra defensa, la cual

está toda en hacer el quiebro muy á tiempo, lo que es imposible sin ver

llegar al toro.

Este requisito es cuando menos tan necesario en la suerte de parcheo

como en la de banderillas, y consiste en observar al toro lo mismo que

dijimos en aquella, y son tambien los mismos movimientos, pues como ya

hemos visto, la suerte es una en lo esencial, y solo se diferencia por

los accidentes.

En los pases de muleta es indispensable á lo menos ver llegar los toros,

y tanto mas cuanto se separa en ella el cuerpo del engaño, pues si por

falta de ver llegar se adelanta la suerte, y antes de que el toro tome

el engaño se mete el diestro en su terreno é intenta rematarla, por

sencillo que sea, como no está empapado en ningun objeto, y advierte

dentro el bulto mayor, irá á rematar sobre él y lo embrocará por la

espalda, siendo inevitable la cogida como el toro conserve los pies. Asi

es que se hace indispensable estarle observando exactamente, y ver el

momento en que llega á jurisdiccion y toma el engaño para hacer la

suerte á tiempo, siendo mejor en esta atrasarse un poco que adelantarse,

pues como ya he dicho es espuestísimo.

Si es necesario en todas las suertes ver llegar los toros, tanto mas lo

será en la de muerte, por ser mas complicada que otra alguna. En efecto,

es preciso observar en ella, lo primero, cuándo llega el toro á

jurisdiccion; lo segundo, cuándo humilla; lo tercero, cuándo llega á la

espada; lo cuarto, cuándo está en el centro; lo quinto, cuándo sale de

él; y lo sesto, cuándo remata. En no observando muy exactamente estos

movimientos no puede salir la suerte con la limpieza y seguridad que sus

reglas garantizan: es pues de primera necesidad atenderlos y medirlos

para hacer el quiebro y salirse del centro muy á tiempo, dejando ademas

clavada la espada en el momento que en su lugar dijimos.

Cuanto llevo dicho en este capítulo sobre lo útil que es ver llegar los

toros en las suertes, se debe entender de todas las demas que se

conocen, pues no hay una que sea segura si falta este requisito.

Tauromaquia completa, ó sea, El arte de torear en plaza · 第 49 / 119 题