Milly, 3 octubre de 1828.
Desde el lunes, 22 de septiembre, estoy aquí completamente sola; he
venido para presenciar nuestra pobre vendimia. Alfonso, Mariana, su
madre y Julia, partieron el miércoles 17 para Montculot, en donde les
han hecho un recibimiento como a los antiguos señores de otros tiempos.
Fueron a darles la bienvenida las mujeres vestidas de blanco, y los
hombres disparando al aire sus fusiles. Ellos han dado una brillante
fiesta campestre en los grandes jardines del castillo, pues se confunden
con los grandes bosques de las inmediaciones.
Desde Monculot ha salido Alfonso para París, en donde ha sido llamado
por sus amigos para consultarle sobre lo que llaman golpe de Estado.
Alfonso asegura que fracasarán y que los Borbones, a quienes ama como
yo, habrán de sucumbir ante el espíritu público en el caso que acepten
la batalla. Acaso tenga razón; muchas veces se ve mejor el estado del
país desde fuera que desde dentro.
Por mi parte, estoy aterrada por esta fiebre que veo recrudecerse todas
las mañanas en los periódicos de ambos partidos; se me figura que no
puede haber nada sólido ni duradero en un gobierno, cuando con sus
desaciertos convierte en un caos la opinión pública.