Mi hijo Alfonso está conmigo; el miércoles 10 del mes corriente llegó
aquí, acompañado de su esposa, su madre política y su encantadora
pequeñuela, rebosando todos salud y alegría. ¡Gracias mil sean dadas a
Dios! Alfonso está, sin embargo, muy flaco, y esto me mortifica, pero es
preciso que me acostumbre a ello. He estado muy contenta, muy conmovida
y muy ocupada, y a mi edad las grandes agitaciones, sean de alegría o de
pena, resultan peligrosas para la salud, ya quebrantada naturalmente;
sin embargo, como es necesario conformarse y buscar consuelo, éste se
encuentra con facilidad cuando el corazón está contento, lo cual
ciertamente es algo difícil en este mundo; a pesar de esto, no me faltan
motivos para estar disgustada.
No se puede imaginar una criatura más bonita, alegre e inteligente en
todo (con relación a su edad), que mi nieta Julia; es un verdadero
tesoro; está perfectamente educada. Su madre va siendo cada día más
perfecta, sin la menor afectación, va llenando todos sus deberes
religiosos; ha cultivado también mucho su talento y pinta perfectamente;
nos ha traído algunas pinturas bellísimas; entre otras, varias que
representan fielmente la fisonomía de Julia.