Tengo una pena grande, por el triste contratiempo que ha ocasionado a
Alfonso un fragmento de su poema «Childe Harold», relativo a Italia. Ha
sido mi hijo gravemente herido en desafío con el coronel Hugo; ¡tiemblo
tanto por su alma como por su vida! yo no sé quién tendrá razón de entre
los dos, pero a los ojos de Dios ambos son culpables; procuraré que
Alfonso se arrepienta de la falta cometida; la vida sólo Dios puede
quitarla y, es un pecado gravísimo el que los hombres cometen cuando
atentan a ella. Se me objetará que el honor es preferible a la vida,
pero no somos los humanos quienes podemos juzgar estos asuntos.
* * * * *
He tenido nuevas noticias de Alfonso que me anuncian su
restablecimiento: dicen que está escribiendo unas poesías muy religiosas
y que las titula «Armonías», de las cuales me han remitido algunos
trozos manuscritos que he leído con sumo agrado. ¡Ah! este es el uso que
yo quisiera que se hiciese siempre del talento, divino como su Creador,
cuando se eleva hacia El.