1.º de julio de 1824.
Hemos dejado ayer la casa de campo de Perrieres, que nuestros buenos
amigos los Cortembert nos habían facilitado: está situada sobre la
colina que domina Mâcón y el Saona.
La traslación ha sido muy penosa; sin embargo, he creído recuperar a mi
hija cuando la he vuelto a ver en nuestra casa de Mâcón; la he colocado,
en mi cuarto, está allí muy bien; la temperatura es agradable y por la
tarde salimos un ratito al jardín. No recibo visitas, así es que,
vivimos igualmente retiradas como en los Perrieres.
Nuestra misa, a la misma hora que la del príncipe de Hohenloe, ha sido
edificante, pero todo me dice que no hay nada que esperar, ni de la
oración misma. ¡No me atrevo a pensar cómo ha de salir de aquí este
ángel, ni por qué lecho ha de trocar el que ahora ocupa!
Alfonso, su esposa y su hijita Julia acaban de llegar; me encuentro
perfectamente retratada en la cara de Julia. ¡Qué dicha tan grande es la
de vernos revivir y florecer de nuevo, cuando nos sentimos decrecer y
perder la flor de la juventud! Es verdaderamente lo que era yo a su
edad, ¡yo misma, en mi inocencia y en la apacible edad primera!
Mi Susana, que ya no es más que un ángel, ha recibido a Dios, este
último lunes, con el aparato ordinario de esta santa y terrible
ceremonia; yo creí que se hubiera trastornado algo, pero, por la gracia
de Dios, ni se asustó, ni sufrió su semblante la menor alteración; al
contrario, ha redoblado su tranquilidad y su alegría; todo el día
pareció transparentarse en su mirada cierto fondo de dicha: la noche
antes nos dijo: «Hablemos de mi tranquilidad; yo he hecho cuanto he
podido por mi conciencia, y todo lo que he podido por mi salud. Dios
hará ahora todo lo que él querrá: yo me abandono a El.»
A pesar de esto, ella no ha perdido la esperanza, y nosotros
procuraremos alimentarla, porque fuera muy cruel el hacérsela perder:
líbreme Dios de intentarlo siquiera. El tiempo que habrá de vivir, que
sea con la mayor tranquilidad posible... Dios, que en la forma del santo
viático habita en ella, dispondrá como le plazca de esta tierna planta
agostada en flor.
* * * * *
En medio del dolor que el estado de mi hija me proporciona, he tenido
una alegría por la visita de Alfonso y su esposa, los cuales se
encuentran muy bien: llegaron el jueves 29 volviendo a salir el sábado
para Saint-Point. La estancia en la casa de nuevas personas, fatiga
siempre a la pobre Susana, a pesar de cuantas precauciones se tomen para
evitarlo.
Alfonso volvió el martes, estando con nosotros hasta ayer, y volverá el
lunes nuevamente, dejándonos lo menos posible durante estos tristes
instantes: su buen corazón me consuela y anima mucho.