12 de septiembre de 1818.

Alfonso recibió ayer un paquete de cartas de su mejor y más íntimo

amigo, M. de Virieu, quien le llama a París inmediatamente. El ha

vendido su caballo para hacerse con cien pesos; yo le he dado además

todas las economías que poseo. Ya ha partido. M. Virieu, quien ha

ingresado en la carrera diplomática y se interesa por Alfonso tanto como

él mismo, le decía en sus cartas que el conde de Lagarde, nuestro

embajador en España, estaba decidido a llevarle consigo a Madrid.

¡Quiera Dios que este proyecto se realice!

* * * * *

Todo ha fracasado. Alfonso acaba de volver más descorazonado que nunca

por los acontecimientos que le vuelven a sepultar nuevamente en la

inacción y la oscuridad. M. de Lagarde, que le conoce, y que hubiera

deseado llevarle consigo, no le ha sido posible, y ha partido, para

Madrid, dejando a mi pobre hijo en el mayor desconsuelo.

¡Si yo pudiera obtener para mi hijo la resignación que yo poseo! Pero el

es joven y es natural que sus pensamientos sean distintos a los míos.

El proyectado casamiento de mi Cesarina, resulta decididamente

irrealizable, me he visto obligada a decírselo así a este pobre joven.

La familia se ha obstinado en la negativa más absoluta; estoy

desesperada y he llorado mucho; el pobre joven parece resuelto a esperar

aún contra toda esperanza. También Cesarina está muy triste, pero bien

penetrada de su deber; teme, dice, que si fuerza por sí misma las

repugnancias, el descontento de aquellos de quienes nosotros dependemos

recaiga sobre mí. ¡Lástima grande que así se rompan las esperanzas de

dos almas puras que sentían una hacia la otra cierta inclinación

natural, por cierto bien inocente! Afortunadamente, el tal efecto no

constituía para Cesarina una pasión absoluta, y si únicamente una

simple disposición amorosa, y el reconocimiento natural en quien se ve

amada con vehemencia. ¡Pobre muchacho!

Me han hablado de otro matrimonio para mi hija con un hombre de mucho

mérito que ha pedido su mano; he conferenciado con ella sobre el

particular, y parece que se presta a la realización de dicho proyecto;

creo que ha reflexionado y está resuelta. No he podido comprender si

ella se ha manifestado condescendiente por sacarme de apuros o si ve

alguna razón de conveniencia particular: yo procuraré estudiar este

asunto con detenimiento. Alfonso me dice (y tiene mucha razón), que no

haga violencia alguna contra los sentimientos y afecciones que pueda

profesar a otra persona.

Me dice también mi hijo, que si es necesario él me apoyará contra todas

las oposiciones de la familia, hasta el momento en que sea completamente

libre de seguir sus inclinaciones naturales; Cesarina, al oír esto ha

contestado que no había experimentado más que el natural sentimiento en

toda persona reconocida a otra a quien ha inspirado una pasión, y que

seguiría sin pesar alguno la voluntad de la familia, que se uniría sin

repugnancia al hombre apreciable que se le destinaba; parece, por lo

tanto, que hay en ello tanta reflexión como simpatía. ¡Feliz el marido a

quien la Providencia le depare tan angelical criatura!

* * * * *

Al poco tiempo, o sea el 21 de febrero de 1819, se ve que la obediencia

de Cesarina se trocó en verdadera felicidad, al menos en apariencia.

El Manuscrito de mi madre aumentado con las comentarios, prólogo y epílogo · 第 169 / 235 题