¡Oh! fuente cristalina--Que saliendo de la roca--Formando hermosa
cascada--Bañas el florido prado--Y en el mármol de Carrara--Murmuras con
impaciencia--Por salir a la pedrera.--El delfín que oculto entre la
hiedra--Arrojaba por la nariz la blanca espuma, ha desaparecido.
Centenarias hayas que prestan su sombra--Al lecho por donde juegas en
ondas--Te sirven de templo--Y de corona, las hojas secas de otoño y el
verde musgo.--La vieja pila de mármol ha sido destrozada--Pero tú,
siempre generosa--Devuelves bien por mal a los que te
ofendieron--Ofreciéndoles la frescura de tus aguas, limpias como el
cristal.--Cuando veo filtrarse cual rocío entre los guijarros--Las gotas
cristalinas formando mil colores--Las ideas de mi niñez vuelven a mi
imaginación--Y los recuerdos del pasado, me llenan de tristeza.--¿Cómo
quieres que no busque a tu lado alegrías y tristezas?--Mudo testigo que
recuerdas hechos y edades pasadas--¡Cuántos lances has mezclado en tus
murmullos!--¡Cómo han corrido mis pensamientos tras de tus ondas!--Aquí
me tienes otra vez, fuente deliciosa.--Yo soy aquél que en otro tiempo
turbaba tu tranquilidad, con regocijo infantil. Yo soy quien a la sombra
de los árboles que te rodean, soñé con la gloria cuya senda veo hoy
oculta por negros nubarrones.--Mientras lloro ausencias y
muertes--Reclina la cabeza sobre las piedras que te circundan.--Yo soy
aquél, que rendido de cansancio--Llegó a ti, con el rostro oculto entre
las manos--Derramando lágrimas que empañan tu pureza cristalina--A
confiarte tu pesares; porque tú sola contestas a tus lamentos.--A
escuchar las armonías que producen tus cascadas.--Pero ¡ah! que no
pueden tus olas seguir a mis ideas--Rápidas como el viento que arrebata
la hojarasca que se extiende a tus pies.--Algunas veces, trepando por la
escarpada pendiente--Llego al punto donde tienes tu nacimiento--Y te
contemplo cual hija de las nubes, flotando entre vapores.--Fuera
imposible sin ti, la vida en estas soledades.--Calmas la sed del césped
que, al besarte, bebe tus cristales gota a gota.--Y aunque el duro
pedernal intente devorarte en su seno--Te alejas juguetona, y corres a
llevar tus virginales perlas--A los más profundos huecos de las
montañas.--Reflejando en el camino el hermoso transparente del cielo--El
desierto se anima con tu presencia--Y a un aliento de tus aguas--Se
inclina el árbol añoso--Cobijándote en sus ramas.--A tu lado, los
alegres pajarillos cantan sus amores--Y los hombres han de arrodillarse
para beber de tus aguas.--«Aquí beberá el caminante», dijo una voz. Y
tú, fiel a esta consigna--Avisas al hombre cuando por tu lado pasa--Con
el sordo murmullo que produce el líquido, al caer en el recipiente.--Y
al que se detiene a contemplarte--Le dices satisfecha:--Este prodigio
que admiras, obra de Dios es.--Mis murmullos son el himno que
constantemente elevo al autor de la Naturaleza. Yo siento en el corazón,
¡oh, fresca fuentecilla!--Tantas ideas como ondas tiene tu pilón.--Y al
aproximar mis labios a tus aguas--Brotar de mi pecho el amor, y
escaparse el ruego de mi boca con acento rápido--Y exclamo: Señor, te
adoro, acepta mi triste llanto.--Hoy contemplo tus riberas--Bien
distintas por cierto de ayer.--El viento se ha llevado las hojas, y
hasta el cisne ha cambiado su blanco plumaje.--No tardará mucho tiempo
en ver caer mis blancos cabellos sobre ti--Cuando vengas a visitarme,
apoyándote en los troncos de las hayas tus eternas
compañeras.--Entonces, contemplándote de nuevo, reflexionaré todo lo
pasajero de esta vida.--Comparándola con tus gotas que convertidas en
olas--Mueren en el mar después de haber corrido alegres el
camino--Cubierto de flores unas veces, de espinas otras.--Y así es la
vida, ¡Dios mío!--Tras de la noche la aurora.--Y las olas corren
siempre--Cual la vida seductora.
* * * * *
Posteriormente he visto que mi pobre madre también meditaba sobre la
fuente del Bosque y por cierto, más cuerdamente que yo.
Continuemos el _diario_.