XCIV

Nuevamente sonríe a mi madre la dicha, y sólo satisfacción y contento

rebosan sus escritos. El día 13 de octubre de 1815 se publicaron los

esponsales de su segunda hija Eugenia, con M. Coppens de Hondschoote,

joven oficial, teniente coronel del regimiento que guarnece Mâcón, hijo

del antiguo señor de la villa de Hondschoote en Flandes. Una simpatía

mutua condujo el asunto rápidamente a su desenlace. Celebrose la boda en

Mâcón en el mismo día en que se inauguró una iglesia nueva. En la

descripción de esta ceremonia de familia se adivina una alegría maternal

inexplicable.

* * * * *

Acordose que la boda se celebraría en la iglesia nueva que debía

bendecirse en igual día; pertenecíamos a esta parroquia y estaba muy

cerca de nuestra casa. Luego, después de la bendición nupcial, que

atrajo mucha gente a la iglesia, nos retiramos. Todos mis hijos venían

junto a mí; Cecilia y Alfonso habían llegado hacía poco; mi pequeñita

Alicia estaba también; el tiempo era precioso: nos acompañaba toda la

oficialidad con su música tocando alegres aires. Eugenia estaba

encantadora: llevaba un vestido de tul bordado, un velo de raso blanco,

una guirnalda de lirios y rosas blancas y un ramo de las mismas flores;

estaba verdaderamente hermosa. Su marido, que tiene una arrogante

figura, iba radiante de satisfacción. Las calles estaban atestadas de

gente, así como la iglesia y sus alrededores; al volver, tuve muchísimo

miedo de que hubiese alguna desgracia, pero se tomaron muchas

precauciones para evitar los accidentes que la aglomeración de gentes

pudiera ocasionar.

Casi todo el pueblo estaba invitado a pasar la velada en nuestra casa.

Como es natural, hube de trabajar mucho para preparar el recibimiento a

tan numerosa concurrencia. Había dispuesto la sala comedor, que es muy

grande, para salón de baile; la hice tapizar de un tejido verde, e

iluminar muy bien. El coronel nos mandó la música del regimiento, que

fue colocada en una habitación contigua, produciendo muy buen efecto,

combinada con el salón; mandé quitar la cama de mi cuarto que es muy

espacioso, e hice colocar una mesa para setenta cubiertos

aproximadamente, y otras dos en las que podían acomodarse otros tantos

entre una y otra. En un gran gabinete situado junto a mi dormitorio,

había igualmente otra mesa para que los caballeros pudieran cenar a

media noche con toda libertad. Todo esto me dio mucho trabajo

ciertamente, pero yo lo hice con mucho gusto y todo salió perfectamente.

Todo el mundo se retiró a la hora conveniente; estuve bastante agitada y

no fui yo seguramente la única. Cesó la algazara, acompañamos a los

novios al dormitorio y yo me retiré igualmente, después de rogar a Dios

por mis hijos y por mí.

Al día siguiente, asistí a la misa mayor, en que oí un buen sermón

pronunciado con motivo de la inauguración de la nueva iglesia.

El Manuscrito de mi madre aumentado con las comentarios, prólogo y epílogo · 第 154 / 235 题