Ha sido nombrado mi esposo miembro de una comisión que debe ser
portadora de la adhesión del consejo general del departamento a los pies
del trono; partieron el 28 de abril. Voy a salir inmediatamente para
Lyón, pues quisiera estar allí para ver pasar a la señora duquesa de
Orleans, que se dice vendrá dentro de pocos días.
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Este viaje no se efectuó, porque mi padre volvió de París después de
haber visto los príncipes, a los cuales era y fue invariablemente
adicto, pero sin alardear de ello. Se le ofrecieron grados y pensiones a
los que tenía derecho y que fueron repartidos entre los oficiales que
igual que él se habían separado de sus regimientos por no jurar lo
contrario a lo que su conciencia les dictaba. Todo lo rehusó mi padre,
pues decía que no quería gravar el estado de la nación cobrando un
sueldo que en aquellos momentos no necesitaba, tanto más, cuanto la
Francia se encontraba arruinada por el pago de tanta indemnización como
los invasores exigían. Léese en el _diario_ de mi madre su admiración
vivamente expresada por el modesto y patriótico desinterés de mi padre.
Pasadas estas agitaciones, vuelve a la soledad, donde únicamente goza su
alma de completa tranquilidad.