Milly, 17 de abril de 1810.
He pasado sola, en Milly, un día delicioso. Hace un tiempo precioso.
Nunca he paseado tanto. He leído el primer volumen de un libro
interesantísimo; se titula _Itinerario de París a Jerusalén_, por M. de
Chateaubriand. Es una obra excelente.
Ayer fui a Changrenon a hacer una visita a madame Rambuteau, en compañía
de la cual se encuentran actualmente M. de Narbonne, su padre, su marido
y su hermana. Tenía curiosidad de volver a ver a M. de Narbonne, quien
había sido en otra época muy amigo de mi hermano mayor (secretario en la
embajada de Holanda y hombre distinguido). He hablado con él, y parece
persona muy amable; dicen que goza de la consideración del Emperador. Se
habla de él para el ministerio de Relaciones Exteriores. Ha hecho una
grande acogida a Alfonso, y le ha comprometido a que vaya a visitarle
cuando esté en París; pero tengo para mí que esto puede acarrear más
daño que utilidad. Yo no pido para mis hijos las grandezas de este
mundo; únicamente deseo para ellos un modesto y tranquilo bienestar,
adquirido en el cumplimiento estricto de sus deberes.