Hoy he quedado convencida de que camino aceleradamente hacia la
eternidad.
Las virtudes en que yo pienso fijar especialmente la atención este año,
son la dulzura y la humildad. Me parece que son las principales. Quiero
hablar poco de mí, sobrellevar con paciencia las contrariedades y las
humillaciones que pueda soportar sin menoscabo de la dignidad humana, no
rebuscar en mi tocado vanidad alguna, no reprender a mis hijos y a otras
personas con acritud ni enredarme nunca en discusiones; quiero asimismo
no decir jamás una palabra que pueda molestar al prójimo, presente o
ausente. Estos son mis proyectos durante este año; si puedo cumplirlos
fielmente, habré empleado bien el tiempo.