Milly, 6 de julio de 1806.
Otra vez estoy en mi retiro, donde me hallo más en paz con mi especial
manera de ser. Es cierto que amo al mundo, pero también amo el
recogimiento que me proporcionan mi jardín y mi cuartito.
Hemos hecho mis hijas y yo, montadas en asnos, una excursión a las
ruinas y lugares vecinos; hemos bebido leche, hemos charlado largamente
con los aldeanos que me conocen, y que parece que me quieren por
haberles dado consejos y remedios para sus hijos: esto me satisface.
Siempre gusta uno de ser amado, y no deja de ser conveniente y agradable
el cariño de las pobres mujeres del campo; nunca se pierde el tiempo
empleado en hacer el bien y en adquirir simpatías.