Belley, 23 de octubre de 1803.
He podido conseguir de mi marido y de mis hermanos permiso para
trasladar a mi Alfonso del colegio de Lyón al de los Jesuitas
establecido en Belley, al lado de la frontera de la Saboya. Yo misma le
he acompañado; y después de haberlo dejado bajo la confianza de los
padres, he llorado mucho.