II

Durante este conmovedor y breve día de otoño, me esfuerzo para que el

trato de los vivos no me distraiga en modo alguno de mi trato con las

almas de los que no existen. Con placer me interno por los senderos

menos frecuentados del bosque, donde los árboles conservan todavía tanta

cantidad de hojas amarillentas que interceptan los pálidos rayos del

sol, de las cuales también como lluvia constante tantas van cayendo,

hojas muertas que pisamos, que nos dicen que todo está muerto, que todo

muere, que todo morirá. La Naturaleza es durante este mes una inmensa

elegía que se asocia íntimamente con la eterna elegía del corazón

humano.

* * * * *

Voy y vengo por la hierba húmeda sin otro objeto que pisar las huellas

de los seres queridos que no hace mucho iban delante de mí, detrás de mí

o a mi lado por esta senda. Mis pies se paran por sí mismos como si a

cada instante se clavaran en el suelo, delante de los añosos árboles

aislados por el lindero del bosque, debajo de los cuales, por casualidad

o por costumbre, se reunían de ordinario los ancianos, las madres, los

niños, parientes y amigos, cuyas voces creo oír aún, confusas, tiernas o

infantiles entre el murmullo ya sordo, ya argentino del arroyo

inmediato. ¡Ay de mí! no volverán a sentarse en estas raíces, pero han

dejado tal multitud de recuerdos, que hay momentos en que me parece que

sólo están alejados de mí algunos pasos, que he equivocado el árbol o el

claro del bosque para reunirme con ellos, y que voy a verles y oírles al

doblar la senda.

El Manuscrito de mi madre aumentado con las comentarios, prólogo y epílogo · 第 8 / 235 题