LOS BAÚLES MAGOS

En París, como en Madrid, al llegar este mes, los teatros sufren esa

crisis económica que nuestros comediantes llaman «la cuesta de Enero»,

pues siempre las festividades pascuales trajeron consigo gastos

imprudentes que desequilibraron el «haber» de las familias; con la

diferencia que allí dicho malestar es menos intenso, por lo mismo que la

población flotante es muy considerable y se renueva mucho.

Los contratos que actores y empresarios firmaron á fines del pasado

Septiembre, terminan ahora, con las primeras claridades del día que

desvanece en la imaginación infantil el encanto brujo de la Noche de

Reyes. Momentos son estos de grave inquietud y trasiego para los

servidores de la farándula: en las _terrases_ de los cafés cosmopolitas

del _Boulevard_, como en los aireados «mentideros» de la calle de

Sevilla, por la tarde, y de la Puerta del Sol, á última hora de la

noche, las buenas y las malas noticias revuelan como bandada de pájaros

sobre bancal de trigo, las discusiones de los descontentos arrecian, y

las ofertas de empresarios fantásticos llueven que es bendición para

desvanecerse horas después como por ensalmo diabólico. Hay que asegurar

el trabajo durante los meses que aún faltan hasta el 30 de Mayo, día que

señala, con la llegada del verano, la clausura de los principales

teatros cortesanos y la completa renovación de las compañías. Por ahora

sólo se trata de cambiar ligeramente el personal de cada coliseo, para

«refrescar» un poco el cartel y así atraer mejor la atención ingrata del

público. Los comediantes que se hallan á disgusto en Madrid, buscan en

provincias compromisos ventajosos; y otros, por el contrario, que

pasaron en ciudades de segundo y tercer orden la primera mitad del

invierno, regresan á la corte con propósitos de éxito y de lucro.

Este vaivén febricitante dura poco, que ni los empresarios pueden

descuidar sus negocios, ni los representantes diligentes desaprovechan

la ocasión de robustecer sus compañías con la adquisición de los buenos

artistas que hallan desocupados. Las «bajas» habidas en los teatros

provincianos, acuden á cubrirlas los comediantes residentes en Madrid y

viceversa; es un cambio rapidísimo de intereses, un flujo y reflujo

pintoresco y alegre, con alegría zumbadora de enjambre, que recorre toda

la nación de un extremo á otro.

Ya los mejores teatros quedaron tomados, ya las compañías principales

salieron... Y en los «mentideros» madrileños sólo quedan los malos

comediantes, los fracasados; ó los inadaptables, los ariscos, los

orgullosos, que no aceptaron las proposiciones que recibieron por

juzgarlas despreciables y hasta ofensivas á sus merecimientos.

Ellos son los que forman después esos negocios efímeros que en el

_argot_ de bastidores se denominan «bolos», y que puede durar ocho días,

dos, uno... Para esto sus organizadores buscan una actriz ó actor de

cierto prestigio, cuyo nombre presta autoridad al cartel, y el resto de

la compañía se improvisa de cualquier modo, utilizando indistintamente

artistas de verso y de zarzuela. La víspera del viaje la compañía se

reúne á ensayar, y para facilitar el trabajo se eligen obras de las que

figuran en el repertorio de todas las compañías: _La Dolores_, _Juan

José_, _Marina_, _Los sobrinos del capitán Grant_... El montaje exacto

de las mismas es lo de menos; lo importante es que los artistas se

conozcan y se acoplen bien, para que el conjunto no padezca mucho. Así,

el ensayo se limita generalmente á repetir las escenas más difíciles,

las culminantes: todo lo demás queda encomendado á su inspiración, al

artificio embaucador de las decoraciones y de la batería.

Y llega la noche, esa noche impregnada de extraña melancolía en que los

pobres comediantes, al volver del ensayo con los párpados cargados de

sueño, se aplican á sacar de su equipaje los trajes que han de necesitar

para el éxodo que emprenderán al siguiente día.

Muchas, muchísimas veces, he asistido á esta operación llena de

evocaciones tristes. ¡Ah, los buenos, los aventureros, los sufridos

baúles magos!... Arcas de hechicería donde se dieron cita armas de todas

clases, pelucas de todos colores, trajes de vivos matices pertenecientes

á épocas separadas en la historia universal por siglos; y en cuyos

costados hay etiquetas con el nombre de ciudades distanciadas entre sí

por millares de leguas. ¡Baúles magos! Al abriros el comediante á quien

acompañasteis en su peregrinación por el mundo, recibe como un perfume

de cosas idas, de luces extintas, de aplausos perdidos en la frialdad

infinita de lo olvidado. Y el artista suspira. Sobre todo las mujeres.

¡Pobres actrices!... Uno tras otro van apareciendo el traje con que

representaron _La niña boba_, las tocas monjiles de «Doña Inés», la

rubia peluca de «María Antonieta», la falda corta y las medias blancas

de «la Dolores...»; y cada objeto despierta en ellas los recuerdos,

punzadores como espinas, de cien noches triunfales. Ya está el hatillo

hecho; ya nada falta; ahora, á dormir, que la noche va muy de vencida y

hay que madrugar.

Y á la mañana siguiente todos se reúnen en la estación: ellas locuaces y

nerviosas, ellos simpáticos, con sus semblantes afeitados y sus

sombreros blandos de fieltro; y todos alegres, por efecto de la

costumbre que tienen de fingir.

--¿Vámonos?

--Vámonos.

Suenan un silbido y una campana. El tren se pone en movimiento. Allá va

la farándula, imagen de la vida...

El teatro por dentro Autores, comediantes, escenas de la vida de bastidores, etc. · 第 4 / 48 题