DOROTEA (_con decisión, defendiéndose_). A mirar por ti, a devolverte la
salud, la vida... Disponte a salir de esta sepultura, y llévame contigo.
ELECTRA (_trémula_). Hermana... no te alejes de mí.
DOROTEA. Este instante decide de tu suerte. Volverás al mundo... verás a
Máximo.
ELECTRA. ¿Cuándo?
DOROTEA. Ahora... le verás entrar por allí... (_Señala a la izquierda._)
¡Silencio... valor...! No me detengas... No te muevas de aquí. (_Vase
corriendo por la izquierda._)
ELECTRA. ¡Jesús mío, Virgen santa!... ¿Será cierto que...? Por aquí...
por aquí vendrá... (_Cree ver a Máximo en la obscuridad._) ¡Ah!...él
es... ¡Máximo! (_Hablando como en sueños, se aparta como lo haría de un
ser real._) Apártate de mí... déjame... No puedo quererte como hermano,
no puedo... En el fuego está el crisol, donde quiero fundir un corazón
nuevo... ¿No ves que no puedo mirarte...? ¿A qué me miras tú...? No me
llevarás al mundo... Aquí busco la verdad. Mi madre me llama. (_Con
acento desesperado._) ¡Madre, madre! (_Vuélvese de cara al fondo. Al
sonar las últimas palabras de Electra, aparece la Sombra de Eleuteria,
hermosa figura vestida de monja. Electra, de espaldas al público, y con
los brazos en cruz, la contempla._) ¡Oh! (_Larga pausa_.)