_Los mismos_; MÁXIMO, _el_ MARQUÉS, _por la izquierda_.
MARQUÉS. Aquí aguardaremos.
MÁXIMO (_viendo a Evarista_). ¡Ay, quién está aquí! Tía... (_La saluda
con afecto._)
EVARISTA (_respondiendo al saludo del Marqués_). Marqués... ¿Con
que[104] al fin hay esperanzas de ganar la batalla?
MARQUÉS. No lo sé... Luchamos con una fiera de muchísimo sentido.
EVARISTA. ¿Y tú, Máximo, crees...?
MÁXIMO. Que el monstruo sabe mucho, y es maestro consumado en estas
lides. Pero... confío en Dios.
EVARISTA. ¿Tú también...?
MÁXIMO. Naturalmente: en Dios confía quien adora la verdad. Por la
verdad combatimos. ¿Cómo hemos de suponer que Dios nos abandone? No
puede ser, tía.
DON URBANO. Al pasar por estos patios, ¿has visto a Electra?
MÁXIMO. No.
DOROTEA (_asomada el ventanal_). Ahora pasa. Viene del cementerio.
MÁXIMO (_corriendo al ventanal con Don Urbano_). ¡Ah, qué triste, qué
hermosa! La blancura de su hábito le da el aspecto de una aparición.
(_Llamándola._) ¡Electra!
DON URBANO. Silencio.
MÁXIMO. No puedo contenerme. (_Vuelve a mirar._) ¿Pero vive...? ¿Es ella
en su realidad primorosa, o una imagen mística digna de los altares?...
Ahora vuelve... Eleva sus miradas al cielo... Si la viera desvanecerse
en los aires como una sombra, no me sorprendería... Baja los ojos...
detiene el paso... ¿Qué pensará? (_Sigue contemplando a Electra._)
MARQUÉS (_que ha permanecido en el proscenio con Evarista_). Sí, señora:
falso de toda falsedad.
EVARISTA. Mire usted lo que dice...
MARQUÉS. O el venerable Don Salvador se equivoca, o ha dicho a sabiendas
lo contrario de la verdad, movido de razones y fines a que no alcanzan
nuestras limitadas inteligencias.
EVARISTA. Imposible, Marqués. ¡Un hombre tan justo, de tan pura
conciencia, de ideas tan altas, faltar a la verdad...!
MARQUÉS. ¿Y quién nos asegura, señora mía, que en el arcano de esas
conciencias exaltadas no hay una ley moral cuyas sutilezas están muy
lejos de nuestro alcance? Absurdos hay en la vida del espíritu como en
la naturaleza, donde vemos mil fenómenos cuyas causas no son las que lo
parecen.
EVARISTA. ¡Oh, no puede ser, y no y no! Casos hay en que la mentira
allana los caminos del bien. ¿Pero hemos llegado a un caso de éstos? No,
no.
MARQUÉS. Para que usted acabe de formar juicio, óigame lo que voy a
decirle. Virginia me asegura que de Josefina Perret, sin que en ello
pueda haber mixtificación ni engaño... nació el hombre que ve usted
ahí... Y lo prueba, lo demuestra como el problema más claro y sencillo.
Además, yo he podido comprobar que Lázaro Yuste faltó de Madrid desde el
63 al 66.
EVARISTA. Con todo, Marqués, no cabe[105] en mi cabeza...
MARQUÉS (_viendo aparecer a Pantoja por la derecha_). Aquí está.
MÁXIMO (_volviendo al proscenio_). Ya está aquí la fiera.
DOROTEA. Con permiso de los señores, me retiro. (_Se va por la
izquierda. Pantoja permanece un instante en la puerta._)