EVARISTA. No puedo... (_Se sienta, llorosa y abatida._)

PANTOJA. Naturalmente, a usted no puede inspirar Electra el inmenso

interés que a mí me inspira. (_Empleando suaves resortes de

persuasión._=) Si por el pronto[91] causara enojos a la niña su

apartamiento de las alegrías mundanas, no tardará en hacerse a la paz, a

la quietud venturosa... Yo la dotaré ampliamente. Cuanto poseo será para

ella, para esplendor de su santa casa... Electra será nombrada

Superiora, y bajo mi autoridad gobernará la Congregación...[92] (_Con

profunda emoción._) ¡Qué feliz será, Dios mío, y yo qué feliz!

(_Quédase como en éxtasis._)

EVARISTA. Comprendo, sí, que al no acceder yo a lo que usted pretende de

mí, privo a esa criatura de llegar al estado más perfecto en la

condición humana... Bien conoce usted mis sentimientos. ¡Con cuánto

gusto trocaría la opulencia en que vivo por la gloria de dirigir

obscuramente una casa religiosa de mucho trabajo y humildad!... Siempre

admiré a usted por su protección a La Penitencia;[93] le admiré más al

saber que redoblaba usted sus auxilios cuando mi pobre Eleuteria,

traspasada de dolor cual nueva Magdalena,[94] buscaba en ese instituto

la paz y el perdón. En el acto de usted vi la espiritualidad más pura.

PANTOJA. Sí: cuando su desgraciada prima de usted entró en aquella casa,

mi protección no sólo fue más positiva, sino más espiritual. Nunca vi a

Eleuteria después de convertida, pues de nadie, ni aun de mí mismo, se

dejaba ver. Pero yo iba diariamente a la iglesia, y platicaba en

espíritu con la penitente, considerándola regenerada, como lo estaba yo.

Murió la infeliz, a los cuarenta y cinco años de su edad. Gestioné el

permiso de sepultura en el interior del edificio, y desde entonces

protegí más la Congregación,[95] la hice enteramente mía, porque en ella

reposaban los restos de la que amé.

EVARISTA. Y ahora, el que bien podremos llamar fundador, todos los días,

sin faltar uno, visita la santa casa y el cementerio humilde y poético

donde reposan las Hermanas difuntas...

PANTOJA (_vivamente_). ¿Lo sabe?

EVARISTA. Lo sé... Y ronda el patio florido, a la sombra de cipreses y

adelfas...

PANTOJA. Es verdad. ¿Y cómo sabe...?

EVARISTA. Ronda y divaga el fundador, rezando por sí y por la pobre

pecadora, implorando el descanso de ella, el descanso suyo.

PANTOJA. ¡Oh! sí... Allí reposarán también mis pobres huesos. (_Con gran

vehemencia._) Quiero, además, que así como mi espíritu no se aparta de

aquella casa, en ella resida también, por el tiempo que fuera menester,

el espíritu de Electra... No la forzaré a la vida claustral; pero si

probándola, tomase gusto a tan hermosa vida y en ella quisiese

permanecer, creería yo que Dios me había concedido los favores más

inefables. ¡Oh, qué fin tan hermoso, qué grandeza y qué alegría!

EVARISTA (_con emoción muy viva_). ¡Grandeza, sí, idealidad

incomparable!

PANTOJA. ¿Duda usted todavía de que mis fines son elevados, de que no me

mueve ninguna pasión insana?

EVARISTA. ¿Cómo he de dudar eso?

PANTOJA. Pues si mi plan le parece hermoso, ¿por qué no me auxilia?

EVARISTA. Porque no tengo poder para ello.

PANTOJA. ¿Ni aun asegurándole que la reclusión de la niña tendrá

carácter de prueba...?

EVARISTA. Ni aun así. No, Don Salvador, no cuente conmigo... (_Luchando

con su conciencia._) Reconozco la elevación, la hermosura de sus

ideas... Con ellas simpatizo... Ecos y caricias de esas ideas siento yo

en mi alma; pero algo debo también a la vida social, y en la vida

social y de familia es imposible lo que usted desea.

PANTOJA (_disimulando su enojo_). Está bien. Paciencia. (_Caviloso y

sombrío, se pasea._)

EVARISTA (_después de una pausa_). ¿Qué piensa usted?... ¿Renuncia...?

PANTOJA (_con naturalidad y firmeza_). No, señora...

EVARISTA. ¿Yo cómo...?

PANTOJA. No lo sé... No me faltará una idea... Yo veré...

(_Resolviéndose._) Evarista: me hará usted el favor de escribir una

carta a la Superiora de La Penitencia.[96]

EVARISTA. Diciéndole...

PANTOJA. Que venga inmediatamente con dos Hermanas...

EVARISTA. ¿Por qué no le escribe usted?

PANTOJA. Porque tengo que acudir a otra parte.

EVARISTA. ¿Y ello ha de ser pronto?

PANTOJA. Al instante...

Electra · 第 133 / 170 题