_Los mismos_; DON URBANO, _que viene de la casa, con sombrero_.
DON URBANO. Marqués, Dios le guarde.
MARQUÉS. ¿Puedo hablar con usted, querido Urbano?
DON URBANO. ¿Será lo mismo después de misa? (_A Electra._) Pero,
chiquilla, ¿estás con esa calma? Ya tocan.
ELECTRA. No tengo más que ponerme el sombrero. Medio minuto, tío.
(_Entra corriendo en la casa._)
MARQUÉS. Fijaremos la fecha de la boda, y se extenderá en regla el acta
de consentimiento.
DON URBANO. Mejor será que trate usted ese asunto con Evarista.
MARQUÉS. Pero, amigo mío, ha llegado la ocasión de que usted haga
frente[88] a ciertas ingerencias que anulan la autoridad del jefe de la
familia.
DON URBANO. Querido Marqués, pídame usted que altere, que trastorne todo
el sistema planetario, que quite los astros de aquí para ponerlos allá;
pero no me pida cosa contraria a los pareceres de mi mujer.
MARQUÉS. Hombre, no tanta, no tanta sumisión... Yo insisto en que debo
tratar este asunto particularmente con usted, no con Evarista.
DON URBANO. Véngase usted con nosotros a misa y hablaremos.
MARQUÉS. Sí que iré.