ESCENA III

ELECTRA, _el_ MARQUÉS.

MARQUÉS. Bien por el galán científico... ¡Y qué admirable hallazgo para

ti! Tu amor juvenil necesita un amor viudo, tu imaginación lozana una

razón fría. Al lado de este hombre, será mi niña una gran mujer.

ELECTRA. Seré lo que él quiera hacer de mí. (_Con gran curiosidad._)

Dígame, Marqués, ¿trató usted a la pobrecita mujer de Máximo? No

extrañará usted mi curiosidad... Es muy natural que desee conocer la

vida anterior del hombre que amo.

MARQUÉS. No la traté... la vi en compañía de Máximo una, dos veces. Era

vascongada,[83] desapacible, vulgar, poco inteligente; buena esposa, eso

sí.[84] Pero no debió de ser aquel matrimonio un modelo de felicidades.

ELECTRA. A los padres de Máximo sí les conoció usted.

MARQUÉS. A la madre no la vi nunca: era francesa, señora de gran mérito.

Mi mujer fue su amiga. A Lázaro Yuste sí le traté, aunque no con

intimidad, en España y en Francia, allá por el 68...[85] Hombre muy

inteligente y afortunado en el negocio de minas, y con no poca suerte

también, según decían, en las campañas amorosas. Era hombre de historia.

ELECTRA. En eso no se parece a su hijo, que es la misma corrección.

MARQUÉS. Bien puedes decir que te ha tocado el lote de marido más

valioso y completo: cerebro de gigante, corazón de niño. Por tenerlo

todo, hasta es poseedor de una buena fortuna: lo que le dejó su padre, y

la reciente herencia de sus tíos franceses. ¿Qué más quieres? Pide por

esa boca, y verás como Dios te dice: «Niña, no hay más.»

ELECTRA (_suspirando fuerte_). ¡Ay!... Y ahora dígame, señor Marqués de

mi alma: ¿puedo estar tranquila?

MARQUÉS. Absolutamente.

ELECTRA. ¿Y nada debo temer de las dos personas que...? Ya sabe usted

que se creen con autoridad...

MARQUÉS. Algo podrán molestarnos quizás... Pero ya les bajaremos los

humos.[86]

ELECTRA. ¿El señor de Cuesta...?

MARQUÉS. Es el de menos cuidado. Hoy he hablado con él, y espero que

acabe por apoyarnos resueltamente.

ELECTRA. ¿El señor de Pantoja...?

MARQUÉS. Ése rezongará, nos dará cuantas jaquecas pueda, si se las

consentimos; tocará la trompa bíblica para meternos miedo; pero no le

hagas caso.[87]

ELECTRA. ¿De veras?

MARQUÉS. No puede nada, nada absolutamente.

ELECTRA. Y si me le encuentro por ahí, ¿no tengo por qué asustarme?

MARQUÉS. Como te asustaría un moscardón con su zumbido mareante, que va

y viene, gira y torna...

ELECTRA. Oh, qué alivio para mi pobre espíritu! (_Con entusiasmo

cariñoso._) Señor Marqués de Ronda, Dios le bendiga.

MARQUÉS (_muy afectuoso_). ¡Pobre niña mía! Dios será contigo.

Electra · 第 129 / 170 题