ELECTRA (_eligiendo las flores más bonitas para formar el ramo_). Hoy,
Virgen mía, mi ofrenda será mayor: debiera ser tan grande que dejara sin
una flor el jardín de mis tíos; quisiera poner hoy ante tu imagen todas
las cosas bonitas que hay en la Naturaleza, las rosas, las estrellas,
los corazones que saben amar... ¡Oh, Virgen santa, consuelo y esperanza
nuestra, no me abandones, llévame al bien que te he pedido, al que me
prometiste anoche, hablándome con la expresión de tus divinos ojos,
cuando yo con mis lágrimas te decía mi ansiedad, mi gratitud...!
PATROS (_presurosa por el fondo_). No traigo carta; pero sí un recadito
que vale más.
ELECTRA. ¿Qué?...¿Sale?
PATROS. Ahora mismo, en cuanto se vayan unos señores que ya estaban
despidiéndose... Que le espere usted aquí, y hablarán un ratito... Tiene
que ir a una conferencia telefónica.
ELECTRA (_mirando al fondo_). ¿Vendrá ya? (_Siente pasos._) Me parece...
PATROS. Ya viene.
ELECTRA (_dándole el ramo_). Toma... Para la Virgen.
PATROS. Ya, ya.
ELECTRA (_deteniéndola_). Pero no se lo pongas a la Virgen del
oratorio... Cuidado, Patros... A la del oratorio no, sino a la mía, a la
que tengo en la cabecera de mi cama. Por Dios, no te equivoques.