DON URBANO. Dámele a mí.
ELECTRA. No.
PANTOJA (_imperioso, a José_). Usted, recójale.
ELECTRA. Que no... Es mío.
EVARISTA. ¡Pero, hija, que tenemos que irnos...!
ELECTRA. Váyanse. (_Le molesta el sombrero, que tropieza en la frente
del niño, al besarle; con rápido movimiento se lo quita y lo arroja
lejos. Sigue paseando al niño, huyendo de los que quieren quitárselo._)
EVARISTA. Basta ya. ¿Vienes o no?
ELECTRA(_sin hacer caso, hablando con el pequeñuelo, que le echa los
brazos al cuello y la besa_). Amor mío, duérmete. No temas, hijo... No
te suelto.
EVARISTA. ¿Pero vamos o no?
ELECTRA. Yo no voy... ¿Tienes hambre, sol mío? ¿tienes sed? Ved cómo a
mí se agarra el pobrecito pidiéndome que no le abandone. ¡Egoístas! ¿No
sabéis que no tiene madre?
PANTOJA. Pero alguien tendrá que le cuide...
EVARISTA (_imperiosa, a los criados_). Ea, basta. Llevadle pronto a su
casa.
ELECTRA (_con resolución, sin dejarse quitar el chiquillo_). ¡A casa, a
casa! (_Con paso decidido y sin mirar a nadie, corre hacia el jardín, y
sale. Todos la miran suspensos, sin atreverse a dar un paso hacia
ella._)
PANTOJA. ¡Qué escándalo!
EVARISTA. ¡Qué falta de sentido!
MARQUÉS (_aparte_). Sentido le sobra. Ha encontrado su camino.