CUESTA (_cogiéndole las manos_). Mujercita juguetona, ven aquí. ¡Qué
dicha tan grande verte!
ELECTRA. ¿Me quiere usted mucho, Don Leonardo? ¡Si viera usted cuánto me
gusta que me quieran!
CUESTA. Lo que más importa, hija mía, es que tengamos formalidad... que
las personas timoratas no hallen nada que censurar... Me han dicho...
creo yo que habrá exageración... me han dicho que hormiguean los
novios...
ELECTRA. ¡Ay, sí! ya casi no acierto a contarlos. Pero yo no quiero más
que a uno.
CUESTA. ¡A uno! ¿Y es...?
ELECTRA. ¡Oh! Mucho quiere usted saber.
CUESTA. ¿Le conozco yo?
ELECTRA. ¡Ya lo creo!
CUESTA. ¿Ha hecho su declaración de una manera decorosa?
ELECTRA. ¡Si no ha hecho declaración!... No me ha dicho nada... todavía.
CUESTA. Tímido es el mocito. ¿Y a eso llama usted novio?
ELECTRA. No debo darle tal nombre.
CUESTA. ¿Y usted le ama, y sabe o sospecha que es correspondida?
ELECTRA. Eso... lo sospecho... No puedo asegurarlo.
CUESTA. ¿Y no podrá decirme... a mí, que...?
ELECTRA. ¡Ay, no!
CUESTA. Por Dios, tenga usted confianza conmigo.
ELECTRA. Ahora no puedo. Tengo que vestirme.
CUESTA. Bueno: ya hablaremos.
ELECTRA (_medrosa, mirando al foro_). ¿Vendrá mi tía?
CUESTA. Vístase usted... y mañana...
ELECTRA. Sí, mañana. Adiós. (_Corre hacia la derecha. Movida de una
repentina idea, da media vuelta._) Antes tengo que... (_Aparte._) No
puedo vencer la tentación. Quiero darle otro besito. (_Vase corriendo
por la izquierda. Cuesta la sigue con la vista. Suspira._)