EVARISTA. ¿Qué? dímelo.
ELECTRA. Una cosa... (_Con timidez infantil, manoseando la muñeca y sin
atreverse a declarar su secreto._) Una cosa...
EVARISTA (_severa y afectuosa_). Ea, ya es intolerable tanta puerilidad.
(_Le quita la muñeca._) ¡Ay! Electra, niña boba y discreta, eres un
prodigio de inteligencia y gracia, cuando no el modelo de la necedad; tu
alma se la disputan ángeles y demonios. Hay que intervenir, hija; hay
que mediar en esa lucha, dando muchos palos a los demonios, sin reparar
en que puedan caer sobre ti y causarte algún dolor... (_La besa._) Vaya,
formalidad. Necesitas ocuparte en algo, distraer tu imaginación... No
olvides que a las cinco... Vete arreglando ya...
ELECTRA. Sí, tía.
EVARISTA. Tiempo de sobra tienes: tres cuartos de hora.
ELECTRA. No faltaré.
EVARISTA. Y pocas bromas, Electra... ¡Cuidado!... (_Vase por el foro;
lleva la muñeca cogida de un brazo, colgando._)