EVARISTA. ¿En las Ursulinas de Bayona?[43]

ELECTRA. Sí... mi madre se me aparecía.

EVARISTA. En sueños, naturalmente.

ELECTRA. No, no: estando yo tan despierta como estoy ahora. (_Deja la

muñeca sobre una silla._)

EVARISTA. Electra, mira lo que dices...

ELECTRA. Cuando estaba yo muy triste, muy solita o enferma; cuando

alguien me lastimaba dándome a entender mi desairada situación en el

mundo, venía mi madre a consolarme. Primero la veía borrosa,

desvanecida, confundiéndose con los objetos lejanos, con los próximos.

Avanzaba como una claridad... temblando... así... Luego no temblaba,

tía... era una forma quieta, quieta, una imagen triste; era mi madre: no

podía yo dudarlo. Al principio la veía vestida de gran señora,

elegantísima. Llegó un día en que la vi con el traje monjil. Su rostro

entre las tocas blancas; su cuerpo, cubierto de las estameñas obscuras,

tenían una majestad, una belleza que no puede imaginar quien no la

vio...

EVARISTA. ¡Pobre niña, no delires!...

ELECTRA. Al llegar cerca de mí, alargaba sus brazos como si quisiera

cogerme. Me hablaba con una voz muy dulce, lejana, escondida... no sé

como explicarlo. Yo le preguntaba cosas, y ella me respondía... (_Mayor

incredulidad de Evarista_.) ¿Pero usted no lo cree?

EVARISTA. Sigue, hija, sigue.

ELECTRA. En las Ursulinas[44] tenía yo una muñeca preciosa a quien

llamaba también Lulú; y mire usted que misterio, tía: siempre que andaba

yo por la huerta, al caer la tarde, solita, con mi muñeca en brazos, tan

melancólica yo como ella, mirando mucho al cielo, era segura, infalible,

la visión de mi madre... primero entre los árboles, como figura que

formaban los grupitos de hojas; después... dibujándose con claridad y

avanzando hacia mí por entre los troncos obscuros...

EVARISTA. ¿Y ya mayorcita, cuando vivías en Hendaya...[45] también...?

ELECTRA. Los primeros años nada más. Jugaba yo entonces con muñecas

vivas: los pequeñuelos de mi prima Rosaura, niño y niña, que no se

separaban de mí: me adoraban, y yo a ellos. De noche, en la soledad de

mi alcoba, los niños dormiditos, aquí ellos... yo aquí.

(_Señala el sitio de las dos camas._) Por entre las dos camas pasaba mi

madre, y llegándose a mí...

EVARISTA. ¡Oh! no sigas, por Dios. Me da miedo... Pero esas visiones,

hija, se concluyeron cuando fuiste entrando[46] en edad...

ELECTRA. Cuando dejé de tener a mi lado muñecas y niños. Por eso quiero

yo volverme ahora chiquilla, y me empeño en retroceder a la edad de la

inocencia, con la esperanza de que siendo lo que entonces era, vuelva mi

madre a mí, y hablemos, y me responda a lo que deseo preguntarle... y me

dé consejo...

EVARISTA. ¿Y qué dudas tienes tú para...

ELECTRA (_mirando al suelo_). Dudas... cosas que una no sabe y quiere

saber...

EVARISTA. ¡Qué tontería! ¿Y qué asunto tan grave es ese sobre el cual

necesitas consulta, consejo...?

Electra · 第 65 / 170 题